sábado, 5 de noviembre de 2016
Libro Contando con tu Alma (Eric Rolf) Capitulo-3
COMUNICACIÓN-Capítulo -3 (NUMERO-3)
”El 3 llega al escenario después del 1 (exterior) y el 2 (interior). Está indeciso, no sabe con quién ir, no sabe si quedarse en el exterior o en el interior.
Duda, porque no está cómodo ni dentro ni fuera; por fin, encuentra su camino desapegándose de ambos, en el puente entre uno y otro, en la oscilación entre interior y exterior.
Este continuo viaje es la fuente del proceso creativo y su comunicación.” Viendo el 1, el 2 y el 3 formando un primer triángulo, el 3 aparece haciendo de enlace entre el 1 y el 2, es un número de puente.
Los nueve números forman tres triángulos y el 3, 6 y 9 son el final de cada triángulo. El 3 duda más que el 1 y el 2, que tienen más fe.
El 3 dispone de una fuente de fuerza creativa que se canaliza a través del miedo. El 1 “es”, el 2 “le apoya”, y el 3, que empieza entre ellos, acaba soltándose de ambos, se quita de en medio y centra su camino en el puente entre ambos.
El 3 debe encontrar un equilibrio dinámico, ya que tiende a tirar de un lado y del otro del puente, en lugar de quedarse.
Así que esta vez, o en este periodo, tenemos un camino de viaje entre extremos. Una de las formas en que esto se manifiesta es que a veces parecemos muy cerebrales y otras muy sentimentales, aunque no somos en extremo ni uno ni otro.
A través de ese viaje, entre el exterior y el interior, nos damos cuenta de cosas que, luego, tenemos la necesidad de compartir. Sentimos el deseo de expresarnos a través de compartir con los demás nuestras experiencias.
Cuanto más profundo sea ese viaje interior, más tesoros encontramos y mayor es la necesidad de comunicarlos.
Si reprimimos esta comunicación, estamos reteniendo una fuerza que puede ser autodestructiva.
No la podemos parar y se va a comunicar de una u otra manera.
Podemos expresarla a través de palabras, del arte, o de alguna otra forma de dar; pero, si nos reprimimos, intentar detener una energía tan fuerte que quiere salir, va a tener impacto directo sobre nosotros mismos, en nuestro cuerpo, es posible que manifestando, por ejemplo, problemas de columna[5], estómago o intestinales.
El motivo de esta represión suele ser el temor a la no aceptación, nos parece que el mundo no está preparado para lo que nosotros queremos comunicar.
Tendemos a ver el mundo como algo no amistoso, en cierta forma peligroso, como si al descuidarnos nos fuese a perjudicar. En su aspecto más leve, el mundo externo nos molesta, es una traba. La raíz de esto son las diferencias que observamos en el paso entre el mundo interior y exterior.
Nuestra evolución pasa por aceptar y darnos cuenta de que el mundo físico está ahí para apoyarnos.
A través de nuestra imaginación exploramos las posibilidades del futuro. Lo hacemos a través de un proceso que es como salirse del cuerpo porque éste se queda atrás, no se mueve, no realiza ninguna acción.
Exploramos el futuro interiormente recogiendo los frutos de esa visión que son los sentimientos y las emociones de esa experiencia no física.
Como ya tenemos el fruto, no sentimos la necesidad de vivirlo físicamente en el mundo exterior y eso puede hacer que ese futuro no se manifieste más allá de nuestra imaginación.
En consecuencia, no somos muy activos exteriormente, el movimiento va por dentro, en el modo en cómo percibimos el mundo exterior.
El gran interrogante de esta percepción es cómo se crean los acontecimientos externos, es decir, si somos víctimas de una gran casualidad, si funciona la ley causa efecto externamente, o si cada uno crea su propia realidad y, si es así, cómo se hace. Este proceso de viaje, entre interior y exterior, se manifiesta también en conflictos de tiempo en términos de pasado y futuro.
Tenemos una visión del futuro que se relaciona con un fruto o resultado que no existe en este momento. Si nos apuntamos a esta visión desde el presente realizando una acción que representa un primer paso en este proceso, vamos bien, pero si queremos disfrutar en el presente con los frutos del futuro, entonces la visión se convierte en una más de nuestras fantasías y nos apegamos a ella con un deseo que no ayuda a su realización.
El deseo de que ocurra o el miedo a que no ocurra, nos provoca un salto al pasado, nos ponemos a pensar en lo que puede pasar, cómo lo vamos a hacer, lo que nos ha pasado otras veces y cómo vamos a evitar que pase lo que no queremos que pase:
Lástima, ya estamos perdidos, nuestra visión ha perdido su rumbo. Pasamos por etapas de mucha inseguridad, ya que somos muy vulnerables a esa oscilación natural y tenemos problemas cuando queremos identificarnos con algo que sea concreto, porque no somos ni una cosa ni otra.
Por ejemplo, de pequeños los demás nos confunden con información contradictoria, a veces nos dicen que somos muy buenos y otras muy malos, que hacemos las cosas muy bien y otras muy mal.
Nos comparamos con los demás y vemos diferencias en todas las direcciones.
Eso hace que nos identifiquemos con los extremos, nos llena de dudas y nos impide la auto aceptación, porque si no sabemos quién somos ¿cómo nos vamos a aceptar?
La ventaja de no tener una identidad rígida, es decir, de no saber muy bien quién somos, es que nos permite la flexibilidad de movernos en cualquier dirección.
Seguimos la lógica que nos enseñan, hasta un punto que para nosotros deja de tener sentido, y entonces no encontramos nada donde agarrarnos. Buscamos explicaciones, y todas tienen algo de sentido, pero no encajan con nuestra propia experiencia de la realidad.
Muchas veces, nos parece que los otros tienen asumidas cosas que no tienen porque ser así, o que funcionan por costumbre de una manera y no se han planteado hacerlo de otra.
Quizá ellos se han creído lo que les han contado y no han querido hacerse más preguntas.
Vemos personas muy activas externamente que, aplicando la ley causa-efecto, relacionan claramente los resultados que obtienen con el esfuerzo de sus acciones iniciales.
Para nosotros no está tan claro, porque vivimos el proceso con mucha inseguridad. Por una parte, dudamos sobre qué acción debemos realizar, y por otra, dudamos que esa acción vaya a conducir al resultado que queremos obtener.
El proceso se complica cuando tenemos algunas experiencias en las que algo interno ha producido un resultado espectacular con muy poca acción externa y sin ningún esfuerzo.
Llegamos a la conclusión de que ahí hay algo más que causa-efecto, parece que hay algo extraño, o mágico, o una intervención divina.
Un ejemplo de esto es un niño descubriendo el cine; la película está dentro de la cinta, así que puede ver que lo que ocurre dentro se proyecta fuera.
Visto desde dentro hacia fuera es un proceso creativo, visto al revés es para dudar del fenómeno externo como causa.
Otro ejemplo son los microbios. Visto externamente, aplicando la ley causa-efecto, parece que los microbios son causa de enfermedades.
Visto de dentro a fuera, los microbios sólo se utilizan para la creación de la enfermedad[6].
La duda es científica, la creación es artística; para nosotros la vida es un arte, más que una ciencia.
Nuestro camino es ir dándonos cuenta, poco a poco, que no es necesario luchar en el mundo externo, que es más fácil una especie de conquista amorosa de nuestro mundo interior, y si profundizamos y tenemos éxito en esta conquista, no hay que preocuparse por el exterior, porque se cuida solo.
Nos va bien el ejercicio físico, practicar algún deporte, caminar con ritmo o bailar, cualquier movimiento que nos sirva para estirar y fluir.
El problema es que no lo solemos hacer; no nos gusta hacerlo, lo que nos gustaría es haberlo hecho, y también disfrutar del componente social, el club y el espacio que rodea estas actividades ociosas o lúdicas.
Cuando se hace ejercicio físico, una de las cosas que ocurre es que se respira más, uno es más consciente de su cuerpo y de su respiración, y eso nos sirve para desapegarnos más de nuestro cuerpo, porque lo sentimos más fuerte.
Es decir, si una persona se siente débil, teme que cualquier cosa pueda hacerle daño: un poco de frío, un poco de viento, algo que come, el contacto con animales o desconocidos… se vuelve paranoico.
No confía en su cuerpo y, en consecuencia, está muy apegado a él. Una forma de desapegarse más del cuerpo es sentirse más fuerte y una metáfora que sirve es hacer ejercicio con el cuerpo para sentirlo más vivo, más presente, más consciente.
Ese desapego, a través del movimiento, nos ayuda a quitarnos de en medio, nos da más confianza y así permitimos que más vida pase a través nuestro.
Es útil hacernos a menudo la pregunta: ¿Qué siento y qué necesito ahora mismo? "¡Ahora me gustaría hacer esto!" Podemos actuar como cuando éramos niños, que hacíamos y expresábamos inmediatamente lo que se nos ocurría.
Eso nos sirve para aprender a expresarnos a nosotros mismos, nuestros sentimientos y necesidades.
Sirve para dejar de ser mentiroso con uno mismo, no contarse cada día las mismas cosas. Cuando no nos apetece hacer algo, o no nos atrevemos, nos solemos contar un cuento, una justificación para no actuar, una mentira.
El problema es que si cada día nos contamos la misma historia, de tanto repetirla, vamos a acabar creyendo que es verdad.
Ésa es la manera en la que se perpetúan nuestras limitaciones. Uno siente el impulso de que debería hacer algo, pero no se atreve. Para no actuar y quedarse tranquilo, uno prefiere explicarse la historia de que no es capaz de hacerlo o de que saldrá mal y que es mejor no hacerlo.
Es importante decir que SI a los giros y cambios de nuestra vida; esto representa aceptar la metáfora de que la vida cambia constantemente. A través del proceso de decir SI, pasamos por experiencias, interiores y exteriores, en las que hallamos tesoros que luego queremos compartir con los demás.
Cuando nos soltamos, nuestra actitud ante la vida es que “todo es posible" y eso lo hace posible.
DESAFÍOS
Uno de nuestros desafíos es dejar de juzgar al otro, porque, sea quien sea, es muy fácil hacerlo.
Estamos en un camino que hace puente entre extremos, si nos identificamos con uno de los dos lados, juzgamos al que está en el otro lado.
Podemos juzgar a cualquiera, con sólo cambiarnos de lado. Somos muy críticos y hasta podemos ser cínicos, hasta que no profundizamos suficiente y descubrimos el tesoro.
Para no caer en juzgar, el truco es hacerlo al revés: en lugar de cambiarte de lado para criticar, cambias de lado para ponerte al lado de la persona que ibas a criticar y miras desde ahí.
No es necesario darle la razón, sólo mirar la obra de arte desde otra perspectiva, que no habías mirado, y decir: ¡Interesante! Nuestro don es la comunicación y uno de los desafíos relacionados con ella es hablar demasiado, otro es levantar la voz.
A veces, creemos que no hay otra manera de poder expresar lo que sentimos que no sea a través de gritos.
La fuente de la creatividad es la energía bruta, que se puede ver como un pozo de petróleo. Esa energía bruta, como el petróleo, no sirve hasta que no se refina para ser utilizada como gasolina o perfume. Cuando discutimos, parece que es la otra persona la que nos provoca la explosión de ese pozo y perdemos el control. Esto lo podemos vivir como una pérdida de estribos y ataque de cólera, donde lo más fácil es echarle la culpa al otro.
Cuando nos encontramos en medio de una discusión, parece que la otra persona o algo que ha hecho, ha estimulado nuestro pozo de energía. Bien, buena noticia, hay más petróleo a nuestra disposición; nuestro desafío entonces es aprovecharlo para algo útil, algo que nos beneficie a nosotros y a los demás. Ya que el pozo se ha destapado, quizá podemos aprovechar para meternos dentro y mirar lo que hay allí.
Si lo hacemos vamos a encontrar un regalo.
Si no descubrimos nuestro regalo, el enfado va a continuar, aunque ya no esté delante la persona con la que hemos discutido.
Aún en ese caso, gritar aparenta la liberación de esa energía descontrolada, pero no está ayudando a liberar lo que ha causado esa tensión desbordada, sino al contrario, le da más peso. Es una energía profunda, porque sale al exterior desde muy adentro, pero sale sin haberse refinado; es como derramar petróleo directamente en el suelo.
El beneficio de gritar nos sale muy caro, porque le damos más atención a lo que hemos gritado y así, en lugar de liberarse, coge más fuerza, más protagonismo en nuestra vida.
Es fácil de entender, aunque un poco más difícil de hacer:
No hay que reprimir esa energía y tampoco hay que utilizarla contra otros. La solución es observar esa energía, ese enfado, para permitir que se exprese sin causar daños.
El proceso pasa por desvincular[7] el hecho que motiva el enfado de las sensaciones físicas que produce, observando y centrándose en ellas.
Es un proceso interior de autoconocimiento.
A través de la observación, esa energía bruta se puede refinar, canalizar y aprovechar.
Otro aspecto que deriva del don de la comunicación, que se puede ver como un desafío, es que solemos exagerar las cosas, adornar los hechos para hacerlos más atractivos.
A veces, nos creemos estas mismas fantasías.
También se nos da bien mentir.
Creemos que hay mentiras útiles y tenemos la gracia de convertir la mentira en arte… No somos muy responsables y esto se podría enfocar como desafío, o como un don, porque ser demasiado responsable es también un desafío, aunque no suele ser nuestro caso...
La base de esa poca responsabilidad es que no tomamos algunas cosas tan en serio como lo hacen la mayoría de personas.
Por ejemplo, si de pequeños no nos creímos que podía venir el lobo a comernos, es normal que anduviésemos por el bosque de forma “irresponsable”. Si nos ponemos negativos nos cerramos a un punto de vista, convirtiendo nuestra visión en algo muy material y entonces queremos controlarlo todo.
Es un control parecido al del director de cine, que quiere que el actor haga bien su papel, porque así lo tiene puesto en su guión. Esto puede pasar en el caso que queramos que el otro haga algo, exactamente como le hemos dicho.
Pero si nos abrimos y podemos compartir nuestra visión con el otro, en términos de cualidades, vamos a darle mucho más espacio y permitir que exprese también su creatividad.
A nosotros también nos molesta mucho que quieran controlar todos los detalles de lo que estamos haciendo.
Si alguien nos quiere controlar, ¡por lo menos que lo haga bien! Nuestra forma de controlar es como la del artista sobre su obra. Interiormente, sabemos que cuando el artista se inspira no es él, así que la obra no es suya, pero entonces, ¿de quién es? Cuando perdemos la inspiración y baja nuestro nivel de conciencia, decimos: “¡esta obra es mía!”.
Es como un explorador que encuentra algo y dice: “¡esto para mí!”. Igual de absurdo que descubrir una estrella y no querer compartirla. Entramos en el juego de intentar protegerla con derechos de autor, patentes y otras cosas que se nos ocurren, porque somos también muy creativos para eso; es una creatividad mal enfocada que nos hace perder mucha energía. Es un problema de creerse pobre, de ser temeroso.
Uno se encierra para proteger su obra, en lugar de abrirse y permitir que más energía pase a través de él.
Todo eso se arregla con un poco más de imaginación, al darnos cuenta de que no importa que nos copien una idea, porque tenemos la fuente.
En este sentido, el desafío es soltar el apego que tenemos por nuestras creaciones, lo que serían los frutos de nuestro proceso, como si fueran hijos nuestros.
Otra cosa que hacemos es esperar que el otro nos lea la mente, y así podemos estar un tiempo esperando para que nos entienda.
Ahí se nos pasa por alto que si el otro no sabe leer mentes, que es lo más habitual, lo tiene muy difícil para entendernos… NIÑEZ
El niño 3 no se siente nada identificado con sus padres, los quiere, pero es como si no le cayeran bien.
Al principio le parecen muy distintos a él, puede llegar a pensar que, realmente, se equivocaron en la maternidad y lo pusieron en una cuna que no era la suya.
Una de sus características es que tiene un sentimiento de inseguridad personal alto.
Eso lo produce, entre otras circunstancias, que sus padres le hacen sentir unas veces el mejor, y otras el peor; eso se repite con frecuencia, creándole inestabilidad y confusión.
Escoge una familia que, aunque le quieren, lo juzgan mucho y lo llevan a los extremos, de forma que el niño nunca sabe dónde agarrarse. Eso puede vivirse de forma dura en la infancia, aunque la parte positiva es que el niño es bastante flexible, porque no adopta un esquema de identidad fijo.
Eso le sirve para apoyar su proceso creativo, que no viene de él sino a través de él, es un proceso de quitarse de en medio.
De pequeño es muy miedoso y muy atrevido a la vez.
Se siente cobarde, pero se arriesga, porque cree que sus amigos no tienen miedo. El miedo le llama la atención ¿cómo es que los otros, en la misma circunstancia, no tienen miedo?
Y, entonces, lo quiere explorar y se atreve, pasando de tener mucho miedo a estar muy excitado.
Es soñador, tiene pesadillas y sueña con monstruos; también fantasioso y muy inocente de pequeño. No responde nada bien a la crítica externa, porque no la suele tomar como una motivación o un desafío para mejorar, al contrario, le duele y se siente herido personalmente.
Necesita apoyo, hablar y poder explicarse, no críticas.
El a su vez es muy contestón y criticón; esa es su forma de responder a la crítica.
Se mueve entre extremos, a veces tímido y frío, y a veces lo opuesto, muy expresivo y emotivo.
No actúa de forma equilibrada, va de un extremo al otro. También se da cuenta, bastante pronto, de su sexualidad.
El niño lo experimenta como un descubrimiento de una fuente de energía sin refinar que es necesario explorar.
PROFESIÓN
El 3 está en la primera parte del proceso creativo, el viaje entre interior y exterior, explorando su fuerza creativa bruta y expresándolo al mundo verbalmente, sin manifestar físicamente esa creatividad.
El continuo viaje, entre interior y exterior, le permite cambiar de identidad con facilidad, así podría ser un actor excelente que destacaría más por la calidad de su interpretación, y no tanto por ser una gran estrella del espectáculo.
También buen vendedor porque puede vender cualquier cosa y aunque lo que vendiera no tuviera ninguna utilidad, tienen el don de convencer al otro.
Le va bien cualquier profesión relacionada con la comunicación, como sería periodista, reportero, orador, abogado, profesor o escritor.
En general, para lo que se entiende por “trabajar”, no sirve, si no le gusta lo que hace, es el número con menos dones para el “trabajo”. Tampoco es su punto fuerte llevar negocios, pero puede ser consejero de empresa, porque lo suyo son las ideas y la comunicación.
El problema es que huye del papeleo y de la parte administrativa como gato escaldado.
El 3, aunque no le gusta, sabe hacerlo y puede cometer el error de comprometerse a hacerlo, y luego fracasar, porque si algo no le gusta no lo va a hacer mucho tiempo.
Si trabaja mucho, está más relacionado con el miedo a un mundo no amistoso, que con el trabajo en sí, con creencias de que el mundo es una lucha y la necesidad de sufrir para conseguir lo que uno quiere.
Eso puede hacerle empezar a trabajar joven, porque le han dicho que hay que ganarse la vida y si no se espabila se va a morir de hambre.
Al principio se cree toda esa fantasía negativa de que el mundo es una lucha y, claro, cree que si uno va a ser mayor, así es como habrá que comportarse.
Pronto se da cuenta de que más que “trabajar” le gustan otras cosas y tarda un tiempo hasta que asimila que esas cosas están muy bien y se permite hacerlas.
Cuando algo le gusta y lo hace sin resistencia, entonces ya deja de ser trabajo, ya es un gusto, una diversión.
Los 3 tienen el sentido del gusto desarrollado, les gusta saborear.
SALUD
Podrían tener problemas de oído, por engancharse en sus fantasías y no querer escuchar el resto. Por la subida de energía bruta sin refinar, problemas en el estómago, que es el área de las emociones. Si sigue subiendo, problemas respiratorios por resistencia a aceptar la vida, problemas de dientes por no expresar, y si llega a la cabeza, dolores o también migrañas. Esta energía de la que hablamos es el “kundalini” o la fuerza de la vida, que asciende naturalmente desde la base de la columna hasta la coronilla.
Si bloqueamos esta energía se producen síntomas físicos en la zona del cuerpo donde interrumpimos su paso.
Esos síntomas son la metáfora de que nos cerramos en el área concreta de la vida que representa esa zona[8].
RELACIONES
Los números que se relacionan mejor con el 3 son el 6, 5, 8 y 1. La relación que tiene el 3 con el 6 es de una amistad bonita.
El 6, en cierta manera, es el doble del 3; lo que descubre el 3, el 6 lo manifiesta en el mundo, lo hace bonito.
El 3 es irresponsable de cara al mundo y el 6 es muy responsable; eso les puede servir para equilibrar.
El 3 es como el niño que pone toda su atención en lo que está delante en ese instante y no se preocupa del mañana en absoluto; eso le parece al 6 irresponsable y dice ¡Se debería hacer algo!
Y el 3 contesta ¡pues hazlo tú! Ahí están enfocando la energía uno contra el otro en lugar de equilibrarse. El 3 y el 5 dan una combinación que suma 8, una relación con poder y espacio, pero también con el desafío de la manipulación.
El 3 y el 8 puede ser una buena combinación de creatividad estable. El 3 y 1 se apoyan creativamente pero ninguno de los dos se queda en su sitio, se ponen en el del otro y eso dificulta la convivencia.
RECORDAR
Nuestro camino es… La exploración del proceso creativo y del miedo como parte de esa energía bruta que nos lleva a descubrir y utilizar el poder de la imaginación, compartiendo sus frutos para crear más espacio en nuestra vida.
Una clave es… Arriesgarse a estar con el momento y vivir su misterio, estando abierto y confiando en el “a ver que pasa”
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viernes, 4 de noviembre de 2016
Libro Contando con tu Alma (Eric Rolf) Capitulo-2
APOYO Capitulo-2 (NUMERO2)
“El 1 es la estrella en el escenario cuando llega el 2.
Para el 2, el 1 representa “el otro” y le complementa buscando el equilibrio; encuentra su camino dando apoyo al otro sin protagonismo, sin pedir recompensas y sin necesidad de justificarse o justificarlo.
Como el 1 se manifiesta en el exterior, el equilibrio lleva al 2 al otro lado, hacia el interior, que representa también el mundo de los sueños y la imaginación.
Una de las claves para 2 son las relaciones personales.
Al llegar el 2, nota la separación con el 1, diferente y siente la necesidad de relacionarse.
Dentro del primer triángulo somos el número con más fuerza. Estamos muy conectados con nuestro corazón y somos muy honestos. Nos relacionamos mucho mejor con nuestro mundo interior que con el exterior. Ante todo, tenemos la capacidad de dar, de apoyar, de ser generosos.
Aunque todas las personas vienen a dar, nosotros representamos la metáfora más próxima de ese dar.
Una de las cosas más importantes que vamos a aprender en nuestro camino es el verdadero significado de dar.
Venimos a dar sin preguntar o justificar.
Nuestra evolución depende de la medida en que ofrezcamos nuestro apoyo y colaboración sin esperar nuestra recompensa y sin juzgar a las personas que lo reciben.
Sabemos escuchar y eso apoya mucho.
En el escuchar hay una especie de aceptación de la otra persona, aunque no necesariamente tenemos que estar de acuerdo con lo que diga.
Siempre estamos dispuestos a manifestar nuestro apoyo a través de alguna acción concreta para beneficiar al otro, haciendo algo que le sirva.
El otro se siente más apoyado, no tanto por la acción concreta que nosotros realicemos, sino por el hecho de estar allí, a su lado. Escuchar con atención es lo primero que podemos hacer por la otra persona. Si nos sentimos conectados tenemos mucha fuerza. La fuente del poder viene de estar relajado; cuando nos relajamos nos abrimos y, cuanto más abiertos estamos, más fuerza de la vida permitimos que pase a través nuestro.
Así nos sentimos conectados y, a la vez, de más energía disponemos para hacer cualquier cosa.
Si estamos tensos, menos energía entra y menos sale, entonces hacemos las cosas con un esfuerzo agotador.
Para poder dar ese apoyo como parte de nuestro propósito de vida, necesitamos estar relajados.
Venimos a vivir las relaciones personales de uno en uno, o sea, dos en total. Necesitamos parejas, socios, amigos, compañeros, en definitiva, necesitamos “el otro”.
El otro es una especie de nuestro representante en el mundo exterior; somos muy interiores y eso se suele manifestar de forma que el otro es más protagonista y le apoyamos desde la sombra.
Aunque solemos dejarle el protagonismo al otro y esto parece una forma de dar, a veces no lo es.
Es posible que cuando damos, antes que lleguemos a entender el verdadero significado de dar, pretendamos mantener el control sobre lo que dimos; y esto puede ser una trampa, porque si el otro falla, le vamos a echar la culpa.
No tomamos la responsabilidad y le dejamos al otro el protagonismo.
Si el otro se equivoca probablemente se lo vamos a recriminar. Lo que empezó con un dar se ha convertido en este caso en un préstamo con intereses. Nos cuesta tomar la acción por nuestra cuenta, preferimos que alguien cuente con nosotros.
Aunque no nos gusta necesitar nada, necesitamos que el otro nos necesite. Darnos cuenta que el otro nos necesita es una especie de recompensa porque el otro se da cuenta de que tenemos un valor y de que somos útiles.
Una de las claves en las relaciones es que el otro es nuestro espejo. Observando al otro empiezas a conocerte a ti mismo y observándote es como empiezas a conocer al otro.
El espejo funciona en las dos direcciones, cuanto más conozcas de ti más conocerás al otro. Tenemos relaciones diferentes con cada persona y cada una de esas personas refleja una parte nuestra, a veces representan un aspecto al que no nos gusta mirar, por eso el otro nos lo pone delante, para que podamos transformarlo. No tenemos, en principio, motivo alguno para ser materialistas ya que en nuestro mundo interior no hay nada material.
Nos sentimos mucho más seguros ubicándonos en nuestro mundo interior que en el exterior. En cierta forma, el mundo exterior nos asusta y, si ese temor es muy acusado, puede hacer que nos enganchemos a un enfoque en exceso materialista, para compensar la inseguridad que sentimos en el mundo material. La materia se puede ver y agarrar, y cuando uno se siente inseguro en el mundo material, cree que puede suplir esa inseguridad rodeándose de mucha materia, ya sean objetos, propiedades, dinero, o también de personas que los tienen; es una metáfora de búsqueda de seguridad.
Ese enfoque materialista persiste hasta que nos damos cuenta de que esa seguridad exterior es falsa y de que, en cambio, la seguridad interior va siempre con nosotros.
Entonces podemos soltarnos y actuar más de acuerdo con nuestra naturaleza. Antes de que podamos abrirnos a nuestro enorme potencial creativo, debemos encontrarnos a nosotros mismos, integrando las respuestas a preguntas como “quién soy” o “qué hago aquí”.
Entonces podemos encontrar un equilibrio entre quién somos, ya que nuestra naturaleza es interior, y dónde estamos, ya que tendemos a ver el mundo como algo completamente exterior y no es así.
Solemos tener grandes dificultades para integrar interior con exterior. Muchas veces el mundo exterior sólo nos sirve para darnos cuenta de que estábamos imaginando una fantasía y, de golpe, aterrizar en lo que nos parece la cruda realidad.
Aunque interior y exterior parecen irreconciliables, podemos sacar partido de nuestras visiones interiores si encontramos la manera de que se manifiesten en el mundo exterior.
Una forma de hacerlo puede ser, en primer lugar, tener muy claro lo que queremos y, sin abandonar nuestra intención de conseguirlo, atender completamente lo que tenemos delante como una forma de dar, seguir nuestra intuición y confiar en que, sea lo que sea, llegará.
Una forma práctica de encontrarnos es tomar la responsabilidad de nuestra propia vida, centrándonos en dónde estamos y para qué, lo que nos permite quitar la atención del pasado y devolverla al presente.
En el pasado se queda el porqué llegamos aquí, quién participó en ello y el resto de los porqués, ahora ya no importan.
Eso nos permite seguir el impulso de nuestra extraordinaria intuición y vivir de acuerdo con nuestros principios elevados. Una de nuestras especialidades es el trato con la gente; no nos gustan las estadísticas porque sólo hay datos numéricos y falta lo más importante, las personas.
No entendemos que la natalidad media sea de 1,65 hijos, lo que entendemos es que hay muchas familias de dos hijos y algunas de 1 o de 3.
Tendremos problemas delegando, siempre que queramos que el otro haga las cosas exactamente como las haríamos nosotros.
El otro nunca hace las cosas como las haríamos nosotros, a estas alturas ya deberíamos saberlo, aunque una y otra vez esperamos que así sea. Uno quiere, por ejemplo, que los hijos se comporten como se les dice y los hijos nunca se comportan así. Hay que soltar un poco de control y ser más flexible.
Es suficiente ponerse de acuerdo en el resultado, dándole al otro la oportunidad de manifestar su propia creatividad. Tenemos una energía muy potente que, aunque no se ve, se percibe a nuestro alrededor.
Somos muy interiores y esa energía es la metáfora de que la verdadera fuerza es interior. Nuestro atractivo viene de este deslumbrante campo energético que, por encima de nuestra apariencia, atrae personas y acontecimientos como si fuera un imán. La noche es también la metáfora de la parte interior y no nos suele confundir, es como si nuestra energía aumenta. También el contacto con la naturaleza nos da vida, porque nos parece que la naturaleza o la noche están más cerca de nuestro mundo interior.
Aunque no trabajamos directamente con nuestro ego, podemos expresarlo a través de otras personas, como por ejemplo, un obrador de joyería, que hace joyas para que las luzcan los demás. También expresamos nuestro ego a través de personas egoístas o amantes del protagonismo que nos hemos atraído. Esa atracción es debida a nuestra enorme fuerza interior que une personas que tienen mucha fuerza interior con otras que la quieren; nadie se aprovecha de nadie, uno necesita apoyo y el otro necesita dar y, aunque inicialmente se establece una dependencia mutua, cualquiera de los dos puede liberarla haciéndose consciente del proceso.
Apoyando al otro permitimos que se exprese su ego, así sucede que es el otro quien se lleva el mérito, el protagonismo. Nosotros trabajamos en el mundo interior y nos sentimos bien cuando el otro manifiesta con nuestra ayuda, ese proyecto común que es bien recibido en el mundo exterior.
El mundo externo reconoce la parte externa, es decir, reconoce más al que da la cara que al que tiene el valor y ha hecho el trabajo. Si, además, el otro no se muestra agradecido y no suele hacerlo suficiente, podemos tener una pequeña crisis, sentir que se han aprovechado de nosotros y tenernos lástima.
Acabamos de describir una experiencia de dar incondicional que ha sido vivida de espaldas en sus últimos pasos.
Si en ese dar buscamos algo a cambio, como algo que nos falta, en lugar de vivirlo como algo generoso, no funciona y además nos convierte en pobres.
Tenemos el don del amor incondicional, de ahí sale nuestro dar. A través de este dar total nos alineamos con nuestra alma, y eso nos hace ricos.
DESAFÍOS
Como hemos visto, nuestro mayor desafío es comprender el verdadero significado de dar, es decir, dar sin esperar nada a cambio, ni siquiera agradecimiento o comprensión.
Hemos venido a apoyar al otro, sin hacernos preguntas, sin juzgar al otro ni sus circunstancias, sin justificarlo, ni a nosotros mismos ni a los demás; simplemente porque sí, porque nos gusta hacerlo o por el hecho de que le hacemos un bien al otro.
Es posible que esto te parezca ahora una meta inalcanzable porque está presentado como un desafío; transformado en don, nuestro camino es uno de los que tienen las mayores recompensas, estamos hablando de un camino de amor incondicional.
Cuando apoyamos a los demás, a veces, pensamos que estamos ayudando demasiado y también que no nos lo agradecen suficiente.
Entonces esperamos nuestra recompensa y si no llega solemos retraernos, porque estamos hartos de sentirnos explotados.
Lo justificamos diciendo que el otro no es agradecido, que no se lo merece. Cuando nos retraemos de dar, estamos actuando en contra de nuestra naturaleza.
Nos retraemos con la intención de sentirnos mejor, pero difícilmente lo conseguimos, porque estamos disgustados.
Ese resentimiento, si es continuo, o muy profundo, puede crear varias enfermedades[4].
Creemos en la justicia, pero parece que tarda demasiado en llegar. Estamos buscando un equilibrio entre lo que damos y lo que recibimos en esa misma dirección, pero el equilibrio nunca llega.
No nos damos cuenta de que lo que nosotros recibimos viene de otra dirección, aunque seguimos esperándolo de la primera dirección; estamos convencidos que lo merecemos y como la vida es justa nos lo traerá.
Muchas veces no llega en esa dirección, quizá para que aprendamos el significado de dar, ese es nuestro desafío.
Vamos a tener toda la vida la sensación de estar dando más de lo que recibimos. Eso será hasta que nos demos cuenta de que ya recibimos al dar.
Lo demás que recibimos nos viene de regalo y no se relaciona con si lo merecemos o no. Por fin nadie se merece nada, ni lo bueno ni lo malo, eso está basado en el juzgar, y en el que toma el papel del juez.
Aceptar que el dar es una de nuestras necesidades y que ya recibimos sólo en el hecho de dar, es una de las partes más difíciles de nuestro camino; todo lleva su tiempo, lo que tardemos no importa, lo importante es darse cuenta.
Hasta que no tenemos suficiente confianza en nuestro poder interior, otro de nuestros desafíos es utilizar una especie de manipulación. Nuestro estilo es hacer que el otro se sienta obligado a contar con nosotros porque, después de todo lo que hemos hecho, parece que nos lo merecemos.
Es una especie de chantaje emocional, queremos comprar al otro con nuestra entrega, con nuestro esfuerzo.
Cada uno, por fin, hace lo que quiere, así que nadie le debe nada a nadie. Si esperamos agradecimiento, estamos poniendo nuestra infelicidad en manos del otro; ser agradecido no es una obligación, es asunto de cada uno.
El dar no incluye el agradecimiento del otro, eso sería un intercambio: dar algo y recibir agradecimiento.
Si damos es porque nos gusta, porque nos lo pasamos bien, porque nos hace sentir bien.
Ése es el proceso de “dar” completo, no se necesita segunda parte. Ni el 1 ni el 2 entienden eso, creen que el proceso de dar no ha finalizado, pero por distinto motivo.
El 1 porque lo ha hecho por ti y está esperando que le digas: “¡Oh, lo has hecho muy bien!”; el 2 porque le debes algo, está esperando su parte. Debemos aceptar la propia naturaleza del dar y no utilizarlo como moneda de intercambio; la opinión o actitud del otro no es asunto nuestro.
Otro de nuestros desafíos es que toda esa energía de la que disponemos puede volverse en contra de nosotros mismos si reprimimos el impulso a hacer cosas por los demás, que es nuestra naturaleza.
Cuanta más energía tenemos, mayor es la necesidad de alinear esa energía con unos principios elevados.
Podemos sentir lástima por los demás y también por nosotros mismos. Sintiendo lástima no estamos apoyando el proceso del otro ni tampoco el nuestro. Eso ocurre porque confundimos la compasión con la lástima.
La lástima es cuando uno se pone a sufrir por el otro. Compasión es estar con el otro y, a través de ese estar, darnos cuenta que esa persona está teniendo una experiencia que puede ser emocional o físicamente dolorosa; a la vez saber que el alma de la persona está bien y que de alguna manera eso le apoya en su camino.
Ese es el instante en que realmente podemos hacer algo para aliviar ese dolor, una forma de dar total que se traduce en ese momento en una acción concreta.
Para darse cuenta de que al otro no le pasa nada “malo”, es útil desapegarnos de nuestro cuerpo, para no imaginarnos el problema del otro en nuestra piel y afectarnos por ello.
Una parte de la lástima que sentimos por el otro, en realidad la sentimos por nosotros mismos. Si podemos aceptar realmente que eso nos pueda pasar, y que no es “malo”, ya no sentiremos lástima por nosotros y probablemente tampoco por la otra persona.
El sentido del humor, aunque sea negro, puede sernos muy útil en estas circunstancias. No está bien tenerle lástima a la gente, ellos no se lo merecen; tenerles lástima es condenarlos.
Eso no indica que uno no sepa que la otra persona no se está sintiendo bien, pero en realidad no está mal.
El alma ha elegido, de alguna manera, pasar por una experiencia como ésa para evolucionar.
Hay una parte de la persona que lo sabe y otra que no.
Si podemos ver la parte que sabe, estaremos viendo su alma y haciéndole saber que puede contar con nosotros, estaremos dando nuestro amor sin pensar en lo que debe estar sintiendo, sólo sintiéndolo. En este punto puede ser un problema que no creas que eres un alma, porque ¿cómo le vas a ver el alma al otro, si no puedes ver la tuya?
Una forma de hacer sentir al otro mejor es estar bien tú.
Hay una parte de la persona que lo está pasando mal y otra parte no. Si puedes ver la parte que está bien, el otro sabrá que tu lo ves bien y entonces se produce una especie de contagio o resonancia que hace que la parte de la persona que está bien se amplifique y la persona se sienta mejor.
No le puedes hacer ese regalo si crees que no lo tienes; el caso es que tú lo tienes. Somos muy cariñosos, muy de nuestra familia y protectores.
Las mujeres 2 se pueden resistir a la maternidad y, aunque hacen de mamás de todos, pueden tener miedo a esa responsabilidad, que representa su parte más interior tomando cuerpo físico.
Los hombres 2 suelen ser buenos padres, son los que hacen el trabajo duro sin pedir mucho y sin llevarse grandes recompensas externas.
NIÑEZ
Uno de los padres del niño 2 suele ser muy fuerte o protagonista; también puede ser muy exigente y presentar aspectos egoístas.
Sus sueños son muy reales y tanto pueden ser agradables, como pesadillas, cosas increíbles o locuras.
Las carencias que se le presenten en su realidad externa son suplidas a través de los sueños o la imaginación en su mundo interior, al que recurre con mucha frecuencia y facilidad.
Se llega a creer ese mundo interior y vive de la fantasía sufriendo desengaños, cuando la realidad externa le confirma, una vez tras otra, que no es como él lo imaginó.
Es un niño con mucha visión. Su mundo interior es riquísimo y la imaginación es una de las maneras en las que el mundo interior se conecta o se impone en el exterior.
Para acercarse y entenderle hay que entender antes su mundo. Se da cuenta muy joven de su sexualidad.
Es un niño muy interior y la sexualidad forma parte, inicialmente, de la realidad de ese mundo interior, que se conecta con el exterior a través de fantasías o sueños.
Puede haber alguien, en contacto con ellos o en su familia, con problemas mentales.
El 2 es el número del otro yo, del yo interior y el loco es la metáfora externa del otro extremo.
Al niño 2 se le pide mucho, aunque casi siempre se siente poco o nada recompensado por su esfuerzo. Suele tener una especie de primer trabajo a una edad temprana. Eso no significa que empiece a trabajar joven, pero sí que existe la experiencia de una especie de trabajo, o la metáfora de trabajar o de estar al servicio de otros, muy joven.
Es un niño al que nunca le toca ser protagonista, aunque está frecuentemente al lado de éste. Tiene mucha fuerza interior; eso produce que otros se apoyen en él y consigan el mérito, lo que al niño 2 le parece terriblemente injusto porque le cuesta mucho obtener su reconocimiento.
Una de las frases que se repite es: “¿y a mí cuándo me toca?”. Hasta que no aprende que su fuerza es indirecta lo pasa muy mal, porque intenta ser protagonista y no hay manera, no es su papel. Él es sólo el protagonista en sus sueños.
PROFESIÓN
Su punto fuerte son las relaciones personales, más todavía en la relación de uno a uno.
Conectan con el otro con extrema facilidad y encuentran rápidamente el equilibrio y la armonía entre las partes.
Son mediadores y diplomáticos, ése es uno de sus dones, la gran capacidad de resolver conflictos entre personas.
Son buenos en cualquier trabajo de trato humano, profesiones relacionadas con la autoayuda, sanación, enseñanza o política. Pueden ser buenos directores de empresa, porque no son nada protagonistas y llevan muy bien la relación con empleados.
Es un excelente empleado y si se sabe recompensar, lo da todo por la organización.
Tienen mucha fuerza interior, que se manifiesta como fuerza de voluntad y disciplina. Del desarrollo de su parte interior les viene su extraordinaria intuición y la capacidad para apreciar la sutileza. Desarrollan el sentido de apreciar cualquier cosa que les interese, que podría ser, por ejemplo, música, pintura o buena comida.
Tienen esencia de sibaritas y si se lo permiten, que a veces no es fácil, pueden disfrutarlo mucho, como por ejemplo, un catador de vinos. En el campo artístico, pueden ser buenos músicos o artistas. Ellos no son famosos, su obra lo es, pueden tener fama, pero no van de famosos, se entregan a su arte y viene por ellos como si fueran un canal.
Tienden a relacionarse mucho mejor con las humanidades, la filosofía y el arte, en lugar de la ciencia y lo científico.
SALUD
Pueden tener problemas de piel, que representarían la falta de armonía entre interior y exterior: la piel está en la frontera, es lo que divide. Sufren repentinos cambios de humor, por el paso de dentro a fuera. En un instante lo harían todo por ti y, en el siguiente, todo lo contrario.
La espalda representa el área de apoyo y se relaciona con las creencias sobre el apoyo que se recibe de los demás, de las circunstancias y en general representa el grado en el que uno se siente apoyado por la vida; eso al 2 le llama doblemente la atención, en el aspecto de apoyar al otro, que forma parte de su camino en la vida y el no sentirse apoyado por el otro, que representa el otro extremo o la resistencia a su camino.
Para el 2 es vital darse cuenta de que aunque el otro no siempre apoya, la vida sí, siempre está ahí.
También les pueden llamar la atención el área lumbar y de los riñones, que representarían desafíos con las relaciones personales.
RELACIONES
El 2 es uno de los números que puede conectar bien con todos los números, por lo menos en la opinión del otro.
Es decir, muchas personas consideran al dos un gran amigo suyo, alguien con quien siempre se puede contar, aunque el 2 no piensa lo mismo: no los considera a todos grandes amigos.
Los números que se relacionan mejor con el 2 son el 1, 4, 6 y 8 aunque se puede relacionar bien con todos, porque el 2 es muy apoyador.
El 2 es el típico que se siente media naranja, necesita alguien para darle su energía.
El 2 entiende la unidad como forma no material, en el mundo de los sueños o la imaginación, pero en el mundo “real” siempre hay una relación básica que es la relación uno a uno, persona a persona.
Por ello el 2 se puede relacionar con cualquier número, aunque se atraen más 1 y 8.
Las personas 1 y 2 son buena combinación, se complementan bien en sus aspectos interiores y exteriores.
El 2 es un número fuerte y el problema con otros números fuertes como el 8 es que se pueden hacer mucha presión entre ellos, ambos trabajan con fuerza indirecta y la clave está en no dirigir esa fuerza uno contra el otro.
Entre el 2 y el 8 sienten atracción por esa mutua fuerza interior e indirecta, aunque un problema puede ser la lucha por el poder externo: al 2 le gusta desafiar al 8 y éste puede utilizar su poder directo contra el 2.
Con el 4 y el 6 hacen combinaciones estables de números pares que suman pares y en numerología no siempre es así.
En combinación con el 7 suma 9 (7+2=9) que puede ser una relación muy enriquecedora cuando el 7 sabe dejarse llevar por el corazón.
RECORDAR
Nuestro camino es… Es interior, de relaciones, de apoyar al otro, de equilibrio entre extremos, de no justificar, es soñador y femenino. Trata de descubrir el verdadero significado de dar. Una clave es… Nuestra verdadera recompensa es la satisfacción personal de dar. El que da es porque es rico.
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Libro Contando con tu Alma (Eric Rolf) Capitulo-1
CREATIVIDAD- Capitulo1 (NUMERO-1)
Los 9 números se configuran en tres triángulos ascendentes.
El primer triángulo es el YO, el segundo representa la ENTREGA, y el tercero conduce al DESAPEGO.
En el primer triángulo el 1 representa el YO exterior, el 2 el YO interior, y 3 el puente entre ambos.
“El 1 viene de la Unidad, que es una forma de decir que antes del uno está el Todo o la Nada.
Es como si tuviera a Dios detrás, que le anima y le da el impulso para empezar a andar sus primeros pasos.
Parte de su camino es separarse de ese Todo, ponerse por su cuenta y, para distinguirse, se reafirma en el YO, lo que le hace muy sensible a su ego.
Es externo y protagonista, actúa por instinto primario, atraído por la novedad, con la ingenuidad y la inocencia de ser un hijo de Dios.”
El 1 es el primer número que llega, el 9 es el último.
El 1 viene del Todo y el 9 va a la Nada, el Todo y la Nada son distintas manifestaciones de lo Mismo, son la primera división mental en los dos extremos.
El 1 viene del mismo sitio donde va el 9; el 1 lo ve como el Todo y el 9 como la Nada. Para el 1 es el Todo porque justo acaba de estar ahí y su última experiencia ha sido ese contacto pleno con la Totalidad; se desprende de Ella para andar por su cuenta, a eso ha venido.
Con el 1 empezamos la función, el público nos está esperando, llegamos al escenario y se levanta el telón.
Somos los protagonistas y queremos hacerlo muy bien.
Por eso nos afecta mucho la crítica de nuestro público: “¿les gustará? ¿qué dirán? ¿qué pensarán?” y peor “¡que pensarán y no dirán!”.
Como estamos muy enfocados al exterior, nuestro ego es muy sensible. Nos encanta el protagonismo y para eso nada mejor que ser artistas, interpretamos bien cualquier papel.
Si nos lo proponemos podemos ser, incluso, buenos mentirosos. Un actor, por mucho que grite, llore o ría, sabe que está actuando; por un lado, se entrega con pasión y, por otro, sabe que el personaje no es de verdad, que está interpretando un papel.
Los 1 venimos muy unidos a la Totalidad y por este motivo, no tendremos al principio una individualidad muy definida. Vamos a darle fuerza a nuestra personalidad desarrollando el ego.
Llegamos sintiendo que formamos parte de un gran conjunto y poco a poco nos queremos separar de él para ser más nosotros mismos. Por eso queremos resaltar: lo que estamos buscando es esa identidad propia y vamos a crearla a nuestra medida para sentirnos separados de ese Todo.
Para desarrollar el ego, nos gusta ser los primeros y llamar la atención de alguna manera.
Queremos destacar y lo vamos a conseguir de una forma o de otra; vamos a ser los mejores o los peores, no importa, lo importante es ser únicos. Si no conseguimos ser el mejor ni el peor, por lo menos seremos especiales y haremos alguna cosa fuera de lo común.
Nos atrae lo nuevo, nos gusta empezar cosas.
Somos muy impulsivos y si nos permitimos seguir nuestros impulsos, somos muy creativos.
Tenemos la habilidad de actuar con creatividad en cualquier mundo, porque tenemos una conexión directa con la energía creativa del Universo. Ser creativo es dejar entrar lo nuevo. Para que entre lo nuevo debemos dejar salir lo viejo, que es el pasado. Con un impulso somos capaces de crear un mundo, pero también de destruirlo.
Nos gusta lo muy nuevo o lo muy viejo, lo de ayer o no nos interesa o nos molesta. Por ejemplo, no hay conflicto entre nuestras ideas y las de los romanos, han pasado veinte siglos, pero si puede haber conflicto entre nuestras ideas y las de nuestros padres.
La vida es nueva a cada instante y una de las formas prácticas de sentirlo es seguir nuestro impulso, que es también nuevo en cada instante. Seguir nuestros impulsos es como empezar algo nuevo en cada momento.
Los impulsos vienen del corazón y son también nuestra forma de dar.
Si nos resistimos al impulso de dar es porque nos paramos a pensarlo; este “parar a pensar” interrumpe nuestra creatividad, el “parar” se convierte en parálisis, nos bloqueamos.
Podemos ver nuestra vida como la metáfora de acabar de llegar a algún lugar desconocido.
Es lógico que nos falte confianza porque no tenemos ninguna experiencia ese nuevo lugar. La confianza no es algo que se puede alcanzar directamente, es una consecuencia.
No se puede hacer nada para tener confianza; hay que correr un riesgo, lanzarse y esperar a ver qué pasa.
Arriesgarse es mirar a lo desconocido de frente.
Después de dar un paso hacia lo desconocido y obtener un resultado agradable, surge una especie de confianza.
Por ejemplo, cruzar la calle; sólo después que la hemos cruzado varias veces, nos sentimos más seguros.
El peligro sigue estando ahí, pero ahora lo vemos diferente, con más confianza. Somos personas que parece que no envejecemos ni cuando maduramos. Somos niños eternos y nos gusta mirar al mundo como nuestro juguete.
Nunca perdemos esa parte inocente, de ilusión y esperanza, que tienen los niños. Somos todo corazón, muy impulsivos, nos enamoramos de algo y nos parece que va a ser para toda la vida, pero a la semana siguiente nos enamoramos de otra cosa. Si el impulso nos sale del corazón, nos sobra amor para hacer de madre de todos. Cuando nos dejamos llevar por el corazón, podemos superar cualquier nivel de inteligencia mental, porque ésta es racional, por tanto limitada, en cambio el corazón no tiene límite y puede ir mucho más lejos.
Cuando no queremos hacer algo que hay que hacer, le preguntamos a otra persona lo que deberíamos hacer.
Como nosotros nunca hacemos lo que nos dicen, asunto arreglado, ya tenemos excusa para no hacerlo.
Cuando realmente nos apetece hacer algo, no le preguntamos a nadie, ¡Somos pura emoción!!! Por cierto, no estaría de más preguntar alguna vez, antes de que sea demasiado tarde… DESAFÍOS
Tenemos desafíos de identidad, de quién creemos que somos y quién queremos ser y también relacionados con el ego, que se suele manifestar a través de un deseo consciente o inconsciente de reconocimiento o protagonismo.
Ese deseo de ser famoso es para reafirmarnos que existimos, que somos “alguien”.
Como somos nuevos y estamos cambiando continuamente, necesitamos esa constante afirmación de existencia, necesitamos ser famosos a menudo. Siendo práctico, parece que ser famoso dependa de la cantidad de gente que te conoce, así que ¿cuánta gente debe conocerte para que te sientas famoso?
No, claro, la solución no pasa por ahí, sino por darse cuenta de que eres más que famoso, eres único; cuando aceptas eso, ya no sientes la necesidad de destacar.
Un paso en nuestra evolución es quitarle importancia a la pregunta “quién soy”, aceptando definitivamente nuestra existencia y enfocándonos en “para qué estoy aquí en este momento”.
También se nos presenta como un desafío el saber cuándo hemos ido lo bastante lejos y es un buen momento para detenernos.
Debemos aprender a pararnos porque queremos ir muy deprisa para destacar, movidos por el deseo de separarnos de la Unidad de donde venimos.
Ese afán de ir hacia delante, nos lleva por fin a retrasarnos.
No hace falta ir tan rápido porque nos pasamos y entonces no queda más remedio que volver y eso nos cuesta bastante.
Otro de nuestros desafíos es explorar la soledad; lo haremos por nuestra propia elección o porque parece que nos dejan solos.
Más claro, si no exploramos la soledad por nuestra voluntad, nos van a dejar: entonces, a pesar de nuestra resistencia, es cuando no tenemos más remedio que explorarla por nuestra cuenta.
Ganar y perder nos afecta mucho, pero generalmente por lo que pensarán los demás y no porque nos importe realmente tanto. No hemos venido a tratar asuntos económicos y eso no nos va a hacer perder generalmente mucho tiempo.
Hemos nacido con estrella en ese campo y las cosas siempre se arreglan de alguna manera. Esto, a veces, ocurre de forma inesperada y afortunada, aunque a nosotros, por puro protagonismo, nos gusta pensar que fuimos quien lo arregló. Nos relacionamos mucho mejor con nuestros sentimientos que con nuestros procesos racionales o mentales.
El debate entre corazón y mente se inicia cuando nos parece que el hecho de que algo nos encante, no es suficiente para hacerlo y buscamos razones, motivos para justificárnoslo a nosotros mismos y a los demás.
Llegamos a confundirnos cuando pensamos demasiado, cuando le damos demasiadas vueltas a algo.
Si ese proceso se intensifica, podemos sentir miedo, responder con agresividad, o quedarnos paralizados.
En el mejor de los casos nos pondremos bastante pesados.
Las cosas nos van mucho mejor cuando seguimos los impulsos del corazón y la única razón que necesitamos para hacer algo es que disfrutamos haciéndolo.
Cualquier cosa que hagamos puede ser rentable, ya que toda actividad aporta un beneficio y alguien que se puede ganar la vida a través de ella. Así que lo importante es que disfrutemos haciendo, entonces los aspectos económicos se cuidan solos.
Si atiendes las cualidades de vida, las cantidades se cuidan solas.
Es importante para cualquier persona, pero imprescindible para nosotros en esta etapa, dedicar diariamente un tiempo al arte. Si no tenemos claro cuál es nuestro arte, deberíamos dedicar ese tiempo a descubrirlo.
Puede ser bailar, cantar, escribir, tocar algún instrumento, pintar, bordar, escultura, artesanía, teatro, algún deporte; algún espacio donde poder canalizar nuestra energía y dirigir nuestros impulsos.
Si no tenemos un arte, no es que nos falte algo, es que nos falta mucho. En la introducción decíamos que el mundo externo tiene más realidad como la metáfora que representa, que como hecho físico. Ésta es una parte que nos puede costar entender, porque nuestra vida empieza con un enfoque muy externo y aceptar que el mundo exterior no tiene tanta importancia, nos cuesta. Decir que el mundo externo tiene más realidad como metáfora, tiene una repercusión directa en cómo nos vemos a nosotros, porque si el mundo es sólo una ilusión, entonces el “yo” tampoco existe, y no nos gusta pensar en esa posibilidad. También tiene una repercusión en como vemos al “otro”, el que está delante nuestro y nos hace de espejo; el “otro” forma parte del mundo que creamos a través de nuestras creencias y está reflejando una parte nuestra en el momento en que lo miramos. Eso también nos costará y todavía más, si lo que nos enseña es una parte nuestra que no queremos ver; es importante acordarnos que ese aspecto que no nos gusta, representa una resistencia que cuando se transforme nos aportará un gran regalo.
En la primera parte de nuestra vida tendemos a depender de la opinión de los demás, nos sentimos realizados actuando para el otro, alguien que no es yo.
Pensar que el otro es sólo una metáfora, parece que le quita parte de la gracia.
No es fácil de aceptar sin haberlo experimentado, que el mundo interior tenga más realidad que el exterior; acordarnos de ello de vez en cuando, nos puede ayudar a no caer en la trampa del ego, del qué dirán y qué pensarán.
Nos gusta quejarnos, pero no para compadecernos de nosotros mismos, sino para que el otro vea lo buenos que somos y lo bien que lo hicimos: “esto es lo que “YO” hice y mira lo que me pasó…!”.
No escuchamos demasiado a los demás, porque nuestro ego se siente débil cuando el otro explica algo que no nos gusta y no lo podemos o sabemos rebatir: entonces el ego no quiere escuchar. A los 1 no nos gusta la idea de que el otro nos convenza, nuestro ego no nos lo permite en muchos casos y lo de menos es si tenemos, o no, razón.
NIÑEZ
En general el 1 tiene un nacimiento extremo, es muy lento o muy rápido. Suele venir unos días adelantado o atrasado. Cuando viene adelantado es porque quiere salir ya y cuando viene retrasado es porque ya está resistiendo su camino.
Tiene dificultades para comer, mejor dicho, las tienen sus padres para que coma.
No come, come lento y mal, o la comida le da igual.
El 1 ya se siente muy alimentado, porque viene de una conexión directa con la Totalidad, así que está lleno en todos los sentidos. Cuando uno tiene su alma alimentada, tiene menos hambre; el 1 viene con su alma llena. Es mimado por uno o los dos padres; se le suele permitir todo.
Es un niño activo, puede ser muy lanzado pero también irse al otro extremo y ser muy tímido. Se produce una circunstancia, generalmente entre los 8 y 10 años, a veces antes, donde el niño se siente que está por su cuenta.
Es como si su vida empezara estando acostado y tuviera que ponerse de pie para empezar a funcionar en el mundo.
Ese “quedarse solo” simboliza la acción de ponerse de pie. Quizá se queda con abuelos, tíos, hermanos o con otras personas, pero él tiene la sensación de estar por su cuenta.
Este estar por su cuenta, tiene también el aspecto de vivir la soledad.
El 1 siempre es niño, un niño eterno. Nunca se hace mayor aunque debe aprender a jugar a ser mayor y se lo puede tomar muy en serio, pero siempre tendrá la inocencia, ingenuidad, ilusión y el impulso de un niño.
En estos aspectos parece que nunca madura.
En clase va a destacar de una u otra forma, será el primero o el último, va a llamar la atención de alguna manera.
Está muy condicionado por la opinión de los demás, por cómo le ven los otros. Su ego es muy sensible y se le hiere con facilidad.
Como se siente herido, después tiene la necesidad de vengarse, pero no porque sea vengativo, sino para restablecer o fortalecer su imagen.
Al 1 le encanta jugar a hacer de mamá, y todo lo relacionado con proteger el mundo.
PROFESIÓN
Pueden ser artistas en cualquier género o actores aunque no necesariamente por su técnica o profesionalidad, sino por su carisma, que les convertiría en estrellas más que actores.
Esta faceta artística se puede desarrollar en cualquier campo como podría ser pintura o escultura.
Pueden ser excelentes vendedores porque en su papel de actores pueden vender cualquier cosa.
No importa tanto a lo que se dediquen mientras sea algo nuevo, porque la novedad les atrae.
En cualquier campo en el que estén van a encontrarse a gusto si destacan por alguna de sus habilidades, son protagonistas. Cuanta mayor sea la relación con la parte artística o creativa y menor con la racional o científica, mejor, aunque pueden destacar como investigadores o inventores.
Como empleados pueden causar o tener problemas por su impulsividad y por querer tener el protagonismo del grupo. Tienen predisposición a liderar cualquier situación por su impulso, iniciativa y rápida toma de decisiones.
Esto los puede hacer buenos jefes, aunque también son demasiado arriesgados y poco constantes, cualidades que no encajan si se encuentran en una empresa conservadora. SALUD
Pueden tener problemas de ojos porque éstos se relacionan con el ego, cómo se ven a ellos mismos y cómo creen que les ven los demás. También se pueden encontrar con problemas de corazón y estómago:
Los que padecen del corazón estarían más enfocados en las emociones a través de “si me quieren o no me quieren” y los que sufren del estómago serían los más calculadores en términos de ganar y perder, juzgando y dividiendo las emociones en positivas/negativas y rechazando las segundas. Les gusta sentir y, para ellos, la parte positiva de la enfermedad es que les permite sentir, aunque sea dolor o molestias.
Está claro que eso es una confusión, porque sufrir no es la mejor forma de sentir, o manifiesta la necesidad de sentir a un nivel más íntimo. Todo en la vida tiene un principio de placer. Lo que llamamos la evolución es una búsqueda de placer, pero no un placer lujurioso, sino un placer mucho más profundo, un sentirse bien consigo mismo, el placer de sentir la vida dentro de ti.
RELACIONES
Los números que se relacionan mejor con el 1 son el 2, 8, 9 y 3. Las relaciones con 2, 8 y 9 apoyan especialmente al 1; éste puede notar que entre las personas que le han apoyado de forma clave, van a aparecer “casualmente” el 8 el 2 y el 9.
Las relaciones entre 1 y 8 funcionan muy bien si el 8 le da el espacio o la libertad al 1 y éste no se siente presionado.
Con el 2 se siente muy apoyado, el 2 le hace casi de mamá.
El 9 le da un sentido universal al 1, el 1 y el 9 suman 10 y el cero le da una dimensión espiritual.
El 3 y 1 se apoyan mucho a nivel creativo pero la convivencia puede ser difícil.
RECORDAR
Nuestro camino es… De inocencia, corazón, impulso, emoción, creación, arte, de hacer cosas por cuenta propia, independiente y de ser uno mismo. Una clave es… El empezar, como el sembrar es un proceso completo, así que no hace falta terminar todo lo que empezamos.
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