domingo, 13 de marzo de 2016

EL LIBRO DE LA NADA OSHO




Capitulo IX (Tercer Escrito)
NI ESTO NI AQUELLO.
ESTE ES UNO de los más antiguos mantras. Cuando surja la duda, cuando te sientas dividido, cuando veas que está apareciendo una dualidad, simplemente di para tu interior: «No dos». Pero dilo con consciencia, no lo repitas de una manera mecánica. Este es el problema con todos los mantras; en realidad es el problema con todas las cosas. Puedes hacerlo mecánicamente, pero entonces no lo has entendido; tú haces todo pero sigues sin comprenderlo.
O bien lo puedes hacer con plena consciencia, inteligencia y comprensión, y entonces la cosa ocurre. Siempre que sientas que el amor está surgiendo di: «No dos». De otra forma el odio estará esperando; son uno. Cuando veas que el odio está surgiendo di: «No dos». Siempre que sientas un apego hacia la vida di: «No dos». Siempre que sientas miedo a la muerte di: «No dos». Sólo hay el uno. Y estas palabras deberían venir de tu comprensión, estar llenas de inteligencia, de penetrante claridad. Y de repente sentirás una relajación en tu interior.
En el momento en que dices: «No dos» (si lo estás diciendo con comprensión, no de una manera mecánica), de repente sentirás la iluminación. Alguien te ha insultado y te has ofendido... Simplemente recuerda y di: «No dos». Porque el que insulta y el que se ofende son uno. Así que, ¿por qué preocuparse? Ese hombre no te ha hecho nada a ti, se lo ha hecho a sí mismo; porque sólo existe el uno.
Ocurrió que: En 1857 hubo una rebelión en la India en contra de los británicos. Una noche un sannyasin pasaba sin más por una calle, pero no se dio cuenta de que estaba en un campamento militar. Así que le apresaron. Pero había permanecido durante treinta años en silencio...
Cuando la policía le apresó y los británicos le preguntaron: «¿Por qué pasas por aquí? Esto es área restringida. No se puede entrar sin permiso», él sencillamente se quedó ahí plantado porque no podía contestar. No había hablado durante treinta años: ¿qué hacer? Además no escribía, no se comunicaba en forma alguna.
Ellos pensaban que este hombre trataba de engañarlos: no tenía en absoluto la apariencia de un tonto, era muy inteligente. La calidad de sus ojos, su forma de estar; era una bella persona. No era ni tonto ni idiota. Así que le dijeron: «Habla o te pegamos un tiro». Pero él siguió igual. Entonces pensaron: «Tiene que ser un espía que se ha puesto esos hábitos de color naranja para descubrir algo en el campamento, es por eso que no habla».
Por tanto, le dijeron: «O hablas, o te matamos». Pero él se quedó en silencio, así que le mataron. Había hecho la promesa, hacía treinta años, de que sólo hablaría una vez en su vida. Así que le mataron: un soldado británico le atravesó con su lanza, y cuando esta llegó a su corazón, él sólo pronunció una palabra. Es la base, la verdadera base de la comprensión y la sabiduría oriental; es una palabra de los Upanishad. Dijo: ¡«Tattwamasi» («Eso eres tú»); y se murió! Tú también eres eso: el uno. El asesino y el asesinado son uno, ¿por qué preocuparse? ¿Por qué adoptar puntos de vista? ¿Por qué no fundirse en el otro? Porque el otro también soy yo, y el otro y yo también son Eso. Sólo existe el uno. Nadie pudo entender la palabra porque la dijo en sánscrito: Tattwamasi.
Pero la calidad de aquel hombre que estaba muriendo era tal que hasta los que le mataron, los asesinos, se dieron cuenta de que habían hecho algo que estaba mal. Porque nunca habían visto morir a ningún espía de esa manera. ¡Un espía es sólo un espía!
Y cuando este hombre murió, se liberó una bienaventuranza y una energía tremenda. Todo el mundo en el campamento la sintió; como si de repente hubiera habido un rayo.
Treinta años en silencio... Si luego pronuncias una palabra, tiene que ser así. Tanta energía, treinta años de silencio en esa simple palabra, tattwamasi, se vuelve atómica, ¡explota! Todo el mundo en el campamento, hasta los que estaban durmiendo en las tiendas, sintieron que algo había ocurrido. Pero ya era demasiado tarde. Fueron en busca de un brahmín erudito para descifrar lo que había dicho. Entonces se dieron cuenta de que había dicho lo supremo: «Eso eres tú, tattwamasi, sólo existe el uno». Siempre que se te plantee una confusión, dudas, una división, un conflicto, siempre que simplemente vayas a escoger algo, recuerda: «No dos». Conviértelo en un mantra profundo, que resuene constantemente en el interior de tu ser. Pero recuerda, tienes que hacerlo con comprensión, con consciencia, conscientemente. De otra forma puedes ir diciendo: «No dos, no dos, no dos», proseguir con el dos.
Y se convierten en dos cosas separadas, nunca se encuentran. Es a eso a lo que me refiero cuando digo «mecánicamente». Mecánicamente significa que, a un nivel, vas diciendo cosas maravillosas y, a otro, vas haciendo cosas feas.
En un nivel vas diciendo que todo el mundo es lo Divino y en el otro nivel permaneces en el yo, en el ego, luchando, violento, agresivo.
Y las agresiones no están solamente en la guerra, la agresión no es sólo matar a una persona. La agresión es muy sutil, está en tus gestos. Fíjate: si estás dividido en yo y tú, tu mirada es violenta.
He oído que una vez ocurrió: Un preso fue llevado ante el alcaide de la prisión. Era el preso ideal: en cinco años no había habido una queja de él, y las autoridades penitenciarias tenían intención de liberarle. Era un asesino y cumplía cadena perpetua, pero durante cinco años había sido muy buen preso, un preso modelo; todos los años le habían dado el premio al mejor preso. Pero de pronto un día saltó sobre su compañero de celda y le dio una tremenda paliza, así que fue llamado. Hasta el alcaide estaba sorprendido.
Le dijo: «¿Qué ha pasado? Te hemos estado vigilando durante cinco años, y yo nunca había visto en mi vida un preso tan bueno, tan dócil, con tan buen comportamiento como tú; hasta estábamos pensando en darte la libertad. Y de repente, ¿qué ha ocurrido? ¿Por qué le pegaste a tu compañero de celda? ¿Por qué le diste esa paliza? El hombre estaba allí, con la cabeza gacha, muy avergonzado. Y al fin dijo: «Todo ocurrió porque mi compañero arrancó la hoja del calendario y me tocaba a mí». Tenían un calendario en la celda y eso era lo único que podían hacer, era lo único que se les permitía hacer. Así que la habían dividido: un día arrancaba la hoja uno, y al día siguiente el otro.
Y este hombre dijo: «Hoy me tocaba a mí, y él arrancó la hoja». Si eres violento hasta eso se puede convertir en un problema. Y le dio tal paliza a su compañero que podría haberle matado con sus propias manos, aunque el problema era bien simple. Pero si piensas que es simple, no lo has comprendido realmente; no lo es. Habiendo vivido durante cinco años en una celda, sin hacer nada, uno acumula tanta agresión que hasta la cosa más insignificante puede hacerse demasiado grande.
Y esto os está ocurriendo a todos vosotros. Cuando le gritas a tu amigo, a tu esposa, a tu marido, siempre que te enfadas (¿has pensado en ello alguna vez?), en realidad el motivo es una cosa insignificante; tan sólo arrancar la hoja de un calendario...
Tú acumulas ira más allá de toda proporción y de ahí sale la agresión. Siempre que te ocurra, repite (no mecánicamente sino conscientemente): «No dos», y sentirás una profunda relajación muy dentro de tu corazón. Di: «No dos», y entonces no cabe la elección, no hay nada que elegir, nada que te guste o te desagrade. Entonces todo está bien, puedes bendecir todo. Entonces vas donde la vida te lleva. Confías en la vida. Si dices: «Dos», entonces no confías. La confianza sólo es posible si yo y el todo somos uno, ¿cómo va a ser posible la confianza si no? La confianza no es una postura intelectual, una actitud.
Es una respuesta total al sentimiento de que sólo existe el uno, no dos. Haz de estas palabras tu mantra, aprende esto de Sosan.
Por muchas veces que sientas que llegan las dudas, la confusión, la división, el conflicto, repítelo en silencio y profundamente.
Primero hazte consciente del conflicto, luego repite silenciosamente: «No dos», y observa lo que ocurre. El conflicto desaparece. Aunque sólo desaparezca por un simple momento, será un gran fenómeno. Estás cómodo, de repente no hay enemigo en el mundo, de repente todo es uno.
Es una familia, y el todo es maravilloso contigo. En este «no dos» nada está separado, nada está excluido. No importa cuándo ni dónde, iluminación significa entrar en esta verdad.
LA VERDAD DE NO DOS. Iluminación significa entrar en esta verdad de «no dos». Pruébalo tanto como quieras, siéntelo tanto como quieras.
Hay ocasiones: las veinticuatro horas del día, ocasiones y más ocasiones; infinitas ocasiones. No es necesario perdérselas.
En cada oportunidad, siempre que te sientas tenso en tu interior, di: «No dos», y relaja todo el cuerpo. Y observa lo que ocurre en tu interior cuando dices: «No dos». Ningún mantra puede ser tan profundo como este. Pero esto no es como repetir: Om, Ram. Esto no es repetir como cuando repites: Ram, Ram, Ram. No.
Siempre que haya una ocasión de división, siempre que notes que te vas a sentir dividido, cuando estés a punto de elegir, de elegir una cosa en contra de otra, de que te guste una cosa en contra de otra, siempre que sientas que surge la oportunidad y que empieza a aparecer la tensión, cuando sientas una acumulación de tensión, de repente di: «No dos»; la tensión se relajará y la energía será reabsorbida.
Esa energía reabsorbida se convierte en bienaventuranza. Hay dos caminos para que uno pueda trabajar con la energía interior.
Uno es: siempre que surja la tensión, desahógate. Así es como funciona el sexo. Es una medida de seguridad, porque se puede acumular tanta energía que, simplemente, puedes estallar; podrías morir de eso. Así que sólo para permanecer a salvo, la naturaleza ha creado un dispositivo automático en el cuerpo: siempre que hay demasiada energía empiezas a sentirte sexual. ¿Qué ocurre? Hay un centro al que los hindúes han llamado «el tercer ojo». Siempre que la energía llega al tercer ojo, siempre que es demasiada y estás lleno de ella, el tercer ojo lo siente como un impacto.
Empezarás a sentir que hay que hacer algo. A este tercer ojo los hindúes le han llamado el ajna chakra, el centro de mando, donde se dan las órdenes, la oficina desde donde el cuerpo recibe las órdenes. Siempre que la energía está llena hasta el tercer ojo, inmediatamente el cuerpo siente que tiene que hacer algo.
Si no haces algo te sentirás sofocado. Te sentirás como si estuvieras en un túnel del que quisieras salir, te sentirás comprimido.
Hay que hacer algo inmediatamente. La naturaleza ha construido un proceso incorporado: inmediatamente el tercer ojo presiona el centro del sexo, ambos se unen y empiezas a sentirte sexual.
El sentimiento de sexualidad no es más que un dispositivo para desahogar la energía. Haces el amor, tiras energía, te sientes relajado, desahogado.
Esta es una de las maneras de usar tu energía: sintiéndote feliz a través del desahogo. Hay otra forma de usar la energía, que consiste en no desahogar la energía cuando se vuelva excesiva sino decir: «No dos. Yo soy uno con el Universo. ¿Dónde desahogarla? ¿Con quién hacer el amor? ¿Dónde echarla? No hay ningún lugar donde echarla, yo soy uno con el Universo». Cuando sientas demasiada energía simplemente di: «No dos», y sigue relajado.
Si no la haces descender del tercer ojo, empieza a ascender.
Y por encima del tercer ojo está el último chakra, el séptimo centro, situado en la cabeza y al que los hindúes han llamado sahasrara: el loto de los mil pétalos. Cuando la energía alcanza el sahasrara hay bienaventuranza, cuando la energía alcanza al centro del sexo hay felicidad. La felicidad sólo puede ser momentánea porque el desahogo sólo puede ser momentáneo. Desahogado, acabado; no puedes seguir desahogándote. Se alivia una tensión, pero entonces la energía se ha ido. Sin embargo, la bienaventuranza puede ser eterna, porque la energía no se descarga sino que se reabsorbe.
El centro de la descarga es el sexo, el primer centro, y el centro de la reabsorción es el séptimo, el último. Y recuerda, ambos son los dos extremos de un mismo fenómeno de la energía; por un extremo es el sexo, en el otro es sahasrara.
Desde un extremo, la energía simplemente se descarga; te sientes relajado porque ahora no hay energía para hacer nada; te vas a dormir. Es por eso que el sexo ayuda a dormir y la gente lo usa como si fuera un tranquilizante, como una píldora para dormir.
Si te vas al otro extremo, en el que la energía se reabsorbe (porque no hay nadie más para echarla en ninguna parte, tú eres el todo), entonces el loto de los mil pétalos se abre. Decir los mil pétalos es simplemente decir que tiene infinitos pétalos; se abre un loto de infinitos pétalos y sigue abriéndose y abriéndose y abriéndose. No tiene fin, porque la energía vuelve hacia el interior, es reabsorbida. Entonces hay bienaventuranza, y la bienaventuranza puede ser eterna.
Uno tiene que llegar desde el sexo a la superconsciencia. Este loto de mil pétalos es el centro de la superconsciencia. Así que cuando vuelvas a sentirte sexual di: «No dos»; con comprensión, consciente, alerta, di: «No dos», y descansa. No te pongas nervioso y excitado. Descansa y di: «No dos». Y de repente sentirás que algo está pasando en la cabeza; la energía que solía caer hacia abajo se está moviendo hacia arriba. Y una vez que alcance el séptimo centro, será reabsorbida. Entonces te vas convirtiendo más y más en energía, y la energía es deleite, la energía es éxtasis. Entonces no hay necesidad de descargarla, porque ahora eres el ser oceánico, infinito... Puedes absorber el infinito, puedes absorber el todo y todavía quedará espacio. Este cuerpo es estrecho. Tu consciencia no es estrecha, tu consciencia es tan inmensa como el cielo.
En este cuerpo no cabe demasiado, este cuerpo es una taza pequeña; un poco más de energía y la taza se desborda. Tu sexo es el desbordamiento de la taza, del cuerpo estrecho. Pero cuando el sahasrara se abre, un loto de mil pétalos se abre en tu cabeza, y va abriéndose y abriéndose y abriéndose sin fin. Aunque el todo se derrame sobre ti, todavía quedará un espacio infinito. Se dice que un buda es más grande que el Universo. Esto es lo que quiere decir: por supuesto, su cuerpo no es más grande que el Universo, eso es obvio, pero el Buda es más grande que el Universo porque el loto se ha abierto. Ahora este Universo no es nada; millones de Universos pueden caer en él y ser reabsorbidos. Puede seguir creciendo.
Es perfecto y todavía sigue creciendo. Esta es la paradoja; porque nosotros pensamos que una perfección no puede crecer.
La perfección también crece; crece hacia ser más perfecta y más perfecta y más perfecta. Sigue creciendo porque es infinita. Este es el vacío del que habla Buda: shunyata. Cuando tú estás vacío, todo el Universo puede caber en tu interior y todavía queda un espacio infinito. Queda más espacio, más Universos pueden caber dentro de ti. En este «no dos» nada está separado, nada está excluido.
No importa cuándo ni dónde, iluminación significa entrar en esta verdad. Y esta verdad está más allá del aumento o la disminución en el tiempo o el espacio... Y esta verdad está más allá del aumento o la disminución en el tiempo o el espacio...
PARA ESTA VERDAD el tiempo y el espacio no existen. Ha ido más allá. Ahora nada la limita; tiempo o espacio. Es más grande que el espacio, más grande que el tiempo. ... en ella, un solo pensamiento dura diez mil años. Esto es simplemente una forma de decir que en ella un simple movimiento es eternidad. Un buda no vive ni en el tiempo ni en el espacio. Su cuerpo se mueve, podemos ver su cuerpo, pero el cuerpo no es el Buda. El Buda es la consciencia que no podemos ver. Su cuerpo nace y muere; su consciencia no ha nacido nunca y nunca morirá.
Pero nosotros no podemos ver esa consciencia y esa consciencia es Buda. Esta consciencia iluminada es la mismísima raíz de toda la existencia; y no sólo la raíz, también su florecimiento. Ambos, el tiempo y el espacio existen en la consciencia, y esta consciencia no existe en el tiempo y el espacio. No se puede decir dónde está esta consciencia; el lugar es irrelevante. ¡Está en todas partes! Mejor aún, por el contrario, sería mejor decir que «todas partes» están en ella. No podemos decir en qué momento del tiempo existe esta consciencia iluminada. No, no es posible decirlo. Sólo podemos decir que todo el tiempo existe en esta consciencia.
Esta consciencia es más grande; y tiene que ser así. ¿Por qué tiene que ser así? Mira al cielo: el cielo es inmenso. Pero el que mira, el testigo, es más grande, de no ser así ¿cómo podrías verlo? El que ve tiene que ser más grande que lo que ve ...: esa es la única manera. Puedes observar el tiempo, puedes decir: «Es por la mañana, ahora es mediodía o ahora es por la tarde. Ha pasado un minuto, ha pasado un año o ha pasado una era». Este observador, esta consciencia, tiene que ser más grande que el tiempo, si no, ¿cómo podría observarlo? El observador tiene que ser más grande que lo observado. Tú puedes ver el espacio, puedes ver el tiempo; por lo tanto ese que ve dentro de ti debe ser más grande que ambos.
Una vez que ocurre la iluminación, todo está en ti. Todo empieza a moverse en ti, los mundos surgen de ti y se disuelven en ti; porque tú eres el todo. Vacío acá, vacío allá, y sin embargo, el Universo infinito está siempre delante de tus ojos. Infinitamente grande e infinitamente pequeño; no hay diferencia, porque las definiciones han desaparecido y no se ven límites. Lo mismo pasa con el Ser y el no-Ser. No malgastes el tiempo con dudas y argumentos que no tienen nada que ver con esto. Una cosa, todas las cosas: van juntas y entremezcladas, sin distinción. Vivir en esta comprensión es no estar inquieto a causa de la no perfección. Vivir en esta fe es el camino hacia la no-dualidad, porque lo no-dual es uno con la mente que confía. ¡Palabras! El Camino está más allá del lenguaje, porque en él no hay ni ayer ni mañana ni hoy.

EL LIBRO DE LA NADA OSHO




Capitulo IX (Segundo Escrito)
NI ESTO NI AQUELLO.
Y UNA VEZ QUE TE HAS FUNDIDO (que te has fundido en la esencialidad, en tathata, en la comprensión) no existe nada que sea tú, ni nada que no seas tú, no hay ni yo ni nada que no sea yo.
En la esencialidad, en la profunda comprensión de la naturaleza de las cosas, las ataduras desaparecen.
Mulla Nasrudin estaba enfermo. El médico le examinó y le dijo: «Bien, Nasrudin, muy bien. Estás mejorando, lo llevas muy bien, estás casi bien del todo. Tan sólo queda una pequeña cosa; uno de tus riñones todavía no está bien. Pero eso no me preocupa en absoluto». Nasrudin miró al médico y le dijo: «¿Cree usted que si uno de sus riñones no estuviera bien yo me preocuparía por ello?». La mente siempre divide: el otro y yo. Y el momento en que divides en yo y el otro, el otro se convierte en enemigo, el otro no puede ser amigo. Esta es una de las cosas más básicas y que debe ser entendida profundamente. Necesitas penetrar en ella.
El otro no puede ser amigo, el otro es el enemigo. El hecho de que sea el otro hace que sea tu enemigo. Algunos son más hostiles, otros menos, pero el otro siempre es enemigo. ¿Quién es amigo?
El menos enemigo; en realidad, no hay nadie más. Amigo es aquel que es menos hostil contigo, y enemigo es aquel que es menos amistoso contigo, pero están en la misma fila.
Los amigos están más cerca, los enemigos más lejos, pero todos son enemigos. El otro no puede ser amigo. Es imposible, porque con el otro tiene que haber competición, celos, lucha. Tú peleas también contra tus amigos; por supuesto, de una manera amistosa.
También compites con ellos, porque tus ambiciones son las mismas que las suyas. Quieres conseguir prestigio, poder; ellos también quieren conseguir prestigio y poder. Te gustaría tener un gran imperio, a ellos también. Estáis luchando por lo mismo, y sólo unos pocos pueden tenerlo. Es imposible tener amigos en el mundo.
Buda tiene amigos, tú tienes enemigos.
Buda no puede tener enemigos, tú no puedes tener amigos. ¿Por qué Buda tiene amigos? Porque el otro ha desaparecido, ahora no hay nadie que no sea él. Y cuando este otro ha desaparecido, el yo también desaparece, porque son dos polos de un mismo fenómeno. Aquí adentro está el ego y ahí afuera está el otro; dos polos de un mismo fenómeno. Si desaparece un polo, si el «tú» desaparece, el «yo» desaparece con él; si el «yo» desaparece, el «tú» desaparece.
Tú no puedes hacer desaparecer al otro, tan sólo puedes hacerte desaparecer a ti mismo. Si tú desapareces no hay ningún otro; cuando se abandona el yo, no hay tú. Esa es la única manera.
Pero lo intentamos, intentamos justo lo opuesto; intentamos matar al «tú». Al «tú» no se le puede matar, al «tú» no se le puede poseer, dominar. El «tú» siempre seguirá en rebelión, porque el «tú» está esforzándose en matarte a ti. Ambos estáis luchando por el mismo ego; él por el suyo y tú por el tuyo. Todas las políticas del mundo consisten en cómo matar al «tú» para que sólo quede el «yo» y todo esté en paz. Porque cuando no haya nadie más, cuando sólo estés tú, todo estará en paz. Pero esto no ha ocurrido nunca ni ocurrirá jamás. ¿Cómo vas a matar al otro? ¿Cómo vas a destruir al otro?
El otro es inmenso, el otro es todo el Universo.
La religión trabaja en una dimensión diferente: intenta abandonar el yo. Y una vez que se ha abandonado el yo no hay otro, el otro desaparece. Por eso te aferras a tus quejas y tus rencores; porque ayudan al yo a permanecer. Si el zapato te molesta, entonces el yo puede existir más fácilmente. Si el zapato no molesta, se olvida el pie: entonces el yo desaparece.
La gente se apega a sus enfermedades, se aferra a sus quejas, se aferra a todo lo que molesta. Y dicen: «Son heridas y nos gustaría curarnos». Pero en el fondo ellos siguen haciendo las heridas, porque si se curan todas las heridas, ellos no estarán ahí. Simplemente fíjate en la gente; se aferran a sus heridas. Hablan de ellas como si fuera algo de lo que mereciese la pena hablar.
La gente habla acerca de sus enfermedades, de sus defectos, más que de ninguna otra cosa. Escúchalos y te darás cuenta de que lo están disfrutando. Yo he tenido que escuchar todas las tardes, he escuchado durante muchos años. Mira sus caras, ¡lo están disfrutando! Son mártires...: su enfermedad, su ira, su odio, sus problemas, su egoísmo, su ambición. Y obsérvalo: todo el asunto es una locura por que están pidiendo deshacerse de esas cosas, pero fíjate en sus caras, lo están disfrutando.
Y si realmente desaparecieran, ¿entonces con qué disfrutarían?
Si todas sus enfermedades desaparecieran y estuvieran completamente sanos, no tendrían nada de lo que hablar.
La gente va a ver a los psiquiatras para poder hablar acerca de ello, para poder decir que han visitado este o a ese otro psiquiatra, que han visitado a este o a ese otro Maestro. En realidad disfrutan diciendo: «Todo, todo el mundo ha fracasado conmigo. Todavía soy el mismo, nadie ha podido cambiarme». Ellos lo disfrutan, es como si estuvieran triunfando al demostrar que todos los psiquiatras son un fracaso, que todas las «terapias» han sido un fracaso.
He oído una historia acerca de un hombre que era hipocondríaco, que hablaba constantemente acerca de sus enfermedades. Y nadie le creía, porque le habían hecho toda clase de pruebas y exámenes y no habían encontrado nada. Pero todos los días iba corriendo al médico, el cual estaba en serias dificultades. Luego, poco a poco, el médico se dio cuenta de que «cualquier cosa que oyera (si veía un anuncio en la televisión de alguna medicina y se hablaba de alguna enfermedad), inmediatamente le venía esa enfermedad.
Si leía acerca de una enfermedad en alguna revista, inmediatamente, al día siguiente, se presentaba en la consulta del médico; enfermo, completamente enfermo. Reproducía todos los síntomas». Así que el doctor le dijo una vez: «No me preocupa demasiado, porque yo leo las mismas revistas que tú y veo los mismos programas de televisión que tú. Y justo al día siguiente aquí estás tú con la enfermedad». El hombre contestó: «¿Qué se cree usted?, ¿el único médico de la ciudad?».
El hombre dejó de visitar a ese médico, pero no abandonó su locura por las enfermedades. Un día se murió (todo el mundo tiene que morir algún día). Antes de morir le encargó a su mujer que escribiera una frase en la losa de mármol que cubriría su tumba. Todavía está ahí. En su losa está escrito en letras grandes: «¿Cree ahora que yo tenía razón?».
La gente se siente muy feliz por su desgracia.
También yo me pregunto algunas veces que, si toda su desdicha desapareciera, ¿qué iban a hacer? Estarían tan ociosos que sencillamente se suicidarían. Y he llegado a esta conclusión: les ayudas a salir de una y al día siguiente se presentan con cualquier otra. Les ayudas a salir de algo, y ya se están preparando..., como si tuvieran un gran apego a la desgracia. Sacan algo de todo esto, es una inversión; y deja beneficios. ¿En qué consiste esta inversión?
La inversión consiste en que cuando el zapato te está pequeño, te sientes más de lo que eres. Si el zapato se ajusta perfectamente, tú simplemente te relajas. Si el zapato se ajusta perfectamente, no sólo se olvida el pie: el yo desaparece. No puede haber ningún yo con una consciencia de bienaventuranza; ¡imposible! El yo sólo puede existir con una mente desgraciada, el yo no es otra cosa que la combinación de todas tus desgracias juntas.
Así que sólo si realmente estás decidido a abandonar el yo, desaparecerán tus desgracias. De otra forma seguirás creando nuevas desgracias. Nadie puede ayudarte, porque estás en un camino derrotista, autodestructivo.
Así que la próxima vez que vengas a mí con algún problema, primero pregúntate en tu interior si te gustaría que se resolviera; porque, entérate: yo puedo resolverlo. ¿Realmente estás interesado en resolverlo o simplemente quieres hablar de ello? Te sientes bien hablando de ello. Ve hacia adentro e investiga, y te darás cuenta de que todas tus desgracias existen porque tú las apoyas. Sin tu apoyo nada puede existir. Existen porque tú les das energía; si no les das energía no pueden existir. ¿Y quién te obliga a darles energía? Hasta para estar triste se necesita energía, porque sin energía no puedes estar triste.
Para hacer que el fenómeno de la tristeza ocurra, tienes que poner energía. Es por eso que después de la tristeza te sientes tan derrotado, agotado. ¿Qué ha ocurrido?; porque durante tu depresión no estabas haciendo nada, estabas simplemente triste. Así que, ¿por qué te sientes tan derrotado y cansado? Tendrías que haber salido de la tristeza pletórico de energía; pero no. Recuerda, todas la emociones negativas necesitan energía, te agotan.
Y todas las emociones y actitudes positivas son dínamos de energía; crean más energía, nunca te agotan. Si eres feliz, de repente el mundo entero fluye hacia ti con energía, el mundo entero se ríe contigo. Y qué razón tiene el refrán que dice: «Cuando ríes, el mundo entero se ríe contigo. Cuando lloras, lloras solo». Es cierto, absolutamente cierto. Cuando eres positivo, toda la existencia te da más, porque cuando tú eres feliz toda la existencia es feliz contigo. No eres una carga, eres una flor; no eres una piedra, eres un pájaro. Toda la existencia se siente feliz contigo. Cuando eres como una piedra, cuando estás sentado apático con tu tristeza, alimentando tu tristeza, nadie está contigo. Nadie puede estar contigo. Simplemente se abre un espacio entre tú y la vida. Entonces todo lo que hagas tendrá que depender de tu fuente de energía. Se agotará, estarás desperdiciando tu energía, te estarás agotando por tu propia estupidez. Pero hay algo: cuando estás triste y negativo sientes más ego. Cuando estás contento, feliz, extasiado, no hay yo, el otro desaparece. Estás en contacto con la existencia, no separado; estáis juntos. Cuando estás triste, enfadado, egoísta, moviéndote solamente dentro de ti mismo, disfrutando tus heridas y viéndolas una y otra vez, jugando con tus heridas, intentando ser un mártir, hay un espacio entre tú y la existencia. Te quedas solo y ahí te sientes yo. Y cuando te sientes yo, toda la existencia se vuelve hostil contigo. No es que tu yo la haga volverse hostil; parece ser hostil. Y si ves que todos los demás son enemigos, te comportarás de tal manera que todo el mundo tendrá que ser tu enemigo.
En este mundo de Esencialidad no existe ni el yo ni nada que no sea yo. Cuando aceptas la naturaleza y te disuelves en ella, vas con ella. No das ningún paso propio, no tienes ninguna danza propia, ni siquiera tienes una cancioncilla propia; la canción de la totalidad es tu canción, la danza del todo es tu danza. Tú ya no estás aparte. No sientes: «yo soy»; simplemente sientes: «El todo es. Yo sólo soy una ola, que viene y se va, que llega y se marcha, siendo y no-siendo. Yo voy y vengo, el todo permanece. Yo existo a través del todo, el todo existe a través de mí». Algunas veces toma forma y otras no; en ambos casos es maravilloso. Algunas veces surge en el cuerpo y otras desaparece del cuerpo. Tiene que ser así, porque la vida tiene un ritmo.
Algunas veces tienes que estar en la forma, luego tienes que descansar de la forma. Algunas veces tienes que estar activo y en movimiento, una ola, y otras te vas a las profundidades y descansas, inmóvil. La vida tiene un ritmo. La muerte no es el enemigo. Es simplemente un cambio de ritmo, moviéndose hacia lo otro. Pronto nacerás; más vivo, más joven, más fresco. La muerte es una necesidad. Tú no te estás muriendo en la muerte; es sólo que todo el polvo que se ha acumulado a tu alrededor tiene que lavarse. Esa es la única manera de rejuvenecer. No sólo Jesús resucita, en la existencia todas las cosas resucitan. Precisamente a ese almendro que está ahí afuera se le han caído todas sus viejas hojas, ahora hojas nuevas las remplazarán. ¡Esa es la manera! Si el árbol se apegara a las hojas viejas nunca tendría hojas nuevas y se marchitaría. ¿Por qué crear un conflicto? Las viejas desaparecen para que puedan aparecer las nuevas. Hacen sitio, hacen espacio, para que puedan llegar las nuevas. Y siempre estarán llegando nuevas, y siempre se estarán marchando las viejas. Tú no mueres. Sólo se caen las hojas viejas para hacer espacio a las nuevas. Mueres aquí, naces allí; desapareces aquí, apareces allí. De la forma a la sin-forma, de la sin-forma a la forma; del cuerpo al nocuerpo, del no-cuerpo al cuerpo; movimiento, reposo; reposo, movimiento; este es el ritmo. Si te fijas en el ritmo no te preocupará nada: confía. En el mundo de la Esencialidad, en el mundo de la confianza, no existe ni el yo ni nada que no sea yo. Entonces tú no estás ahí, ni tampoco hay ningún otro. Ambos han desaparecido, ambos se han convertido en el ritmo del uno. Ese uno existe, ese uno es la realidad, la verdad. Para entrar directamente en armonía con esta realidad, cuando las dudas surjan simplemente di: «No dos».

EL LIBRO DE LA NADA OSHO



Capitulo IX
NI ESTO NI AQUELLO.
PRIMERO INTENTA ENTENDER la palabra «esencialidad».
Buda depende en gran medida de esta palabra. En el propio idioma de Buda es tathata: esencialidad.
Toda la meditación budista consiste en vivir en este mundo, en vivir con este mundo, tan profundamente que el mundo desaparezca y tú te conviertas en la esencia. Por ejemplo, estás enfermo.
La actitud de la esencialidad es: acéptalo; dite a ti mismo: «Tal es el camino del cuerpo», no crees una lucha, no empieces a pelear.
Si tienes una jaqueca, acéptala. Tal es la naturaleza de las cosas.
De pronto habrá un cambio, porque con esta actitud viene el cambio, como si fuera su sombra. Si puedes aceptar tu jaqueca, la jaqueca desaparece. Pruébalo. Si aceptas una enfermedad, empieza a desaparecer. ¿Por qué ocurre esto? Ocurre porque cuando estás luchando, tu energía se divide: la mitad de la energía se va a la enfermedad, a la jaqueca, y la otra mitad va a combatir la jaqueca; una grieta, un lapso, y la lucha aparece. En realidad esta lucha es una jaqueca más profunda.
Una vez que aceptas, una vez que dejas de quejarte, una vez que dejas de luchar, la energía se ha hecho una en el interior.
Se tiende un puente sobre la grieta. Y se libera mucha energía por que entonces no hay conflicto; la propia liberación de energía se convierte en una fuerza curativa. La curación no viene de afuera.
Lo único que las medicinas pueden hacer es ayudar al cuerpo a poner en acción su propia fuerza curativa. Lo único que un médico puede hacer es ayudarte a encontrar tu propio poder sanador.
La salud no puede ser forzada desde afuera, la salud es tu energía floreciendo. Esta palabra «esencialidad» puede trabajar tan profundamente sobre la enfermedad física, sobre la enfermedad mental y, finalmente, sobre la enfermedad espiritual (cuyo método es un secreto), que las disuelve a todas.
Pero tú empieza por el cuerpo, porque ese es el nivel más bajo.
Si tienes éxito con él, entonces lo puedes intentar en niveles superiores. Si fracasas con él, entonces te será difícil llegar más arriba. Cuando algo vaya mal en el cuerpo, relájate y acéptalo, simplemente di para tu interior (no sólo con palabras sino sintiéndolo intensamente): «Tal es la naturaleza de las cosas».
El cuerpo es un compuesto, en él se combinan muchas cosas.
El cuerpo ha nacido, y está destinado a morir. Es un mecanismo, y además muy complejo, por lo que cabe toda posibilidad de que falle una cosa u otra. Acéptalo, no te identifiques con ello. Cuando aceptas te mantienes por encima, te mantienes más allá.
Cuando luchas te rebajas al mismo nivel. La aceptación es la transcendencia. Cuando aceptas estás sobre una colina, dejas el cuerpo atrás. Dices: «Sí, tal es la naturaleza. Las cosas que han nacido tendrán que morir. Y si las cosas que han nacido tienen que morir, algunas veces tendrán que ponerse enfermas.
No hay por qué preocuparse demasiado». Es como si no te estuviera ocurriendo a ti, simplemente está ocurriendo en el mundo de las cosas. Y eso es lo bonito: cuando no luchas, transciendes. Ya no estás en el mismo nivel. Y esta transcendencia se convierte en una fuerza curativa. De repente, el cuerpo empieza a cambiar.
Y lo mismo ocurre con las preocupaciones mentales, las tensiones, las ansiedades, la angustia. Te preocupa cierta cosa. ¿Qué es esta preocupación? La preocupación es que no puedes aceptar el hecho. Te gustaría que las cosas fueran diferentes de como están ocurriendo. Estás preocupado porque tienes algunas ideas que imponer a la naturaleza. Por ejemplo, te estás haciendo viejo.
Eso te preocupa. Te gustaría permanecer siempre joven; ahí está la preocupación. Amas a tu esposa, dependes de ella, pero ella está pensando en dejarte o en irse con otro hombre y tú te preocupas; te preocupas porque ¿qué va a ser de ti? Dependes mucho de ella, con ella te sientes muy seguro. Cuando ella se haya ido ya no habrá seguridad. Ella no sólo ha sido una esposa para ti, también ha sido una madre, un refugio; puedes acudir a ella y esconderte de todo el mundo. Puedes contar con ella: ella estará ahí. Aunque todo el mundo esté en tu contra, ella no estará en contra de ti; ella es un consuelo. Ahora ella se va a marchar, ¿qué será de ti? De repente te entra el pánico, te preocupas. ¿Qué es lo que estás mostrando? ¿Qué es lo que estás mostrando con tus preocupaciones?
Estás mostrando que no puedes aceptar lo que está ocurriendo; no debería ser así. Esperabas que fuera de otra manera, justamente lo contrario; querías que esta mujer fuera tuya para siempre, y ahora se marcha. ¿Pero qué puedes hacer tú? ¿Qué se puede hacer cuando desaparece el amor? No se puede hacer nada; no puedes forzar el amor, no puedes obligar a esta mujer a que se quede contigo.
Sí, la puedes obligar (eso es lo que hace todo el mundo), puedes obligarla. El cuerpo muerto estará ahí, pero el espíritu vivo se habrá ido. Entonces eso te causará tensión. No se puede hacer nada en contra de la naturaleza. El amor había florecido, ahora se ha marchitado. La brisa había entrado en tu casa, ahora se ha ido a otra casa. Las cosas son así: van moviéndose y cambiando.
El mundo de las cosas es un flujo, en él nada es permanente. ¡No lo esperes! Si esperas permanencia de un mundo donde todo es impermanente, te crearás preocupaciones. A ti te gustaría que este amor fuera para siempre. Nada puede ser para siempre en este mundo; todo lo que pertenece a este mundo es momentáneo.
Esta es la naturaleza de las cosas, esta es su esencia, tathata. Así que ahora sabes que este amor ha desaparecido. Te causa tristeza; vale, acepta la tristeza. Estás tembloroso; acepta el temblor, no lo reprimas. Te apetece llorar, llora. ¡Acéptalo! No lo reprimas, no disimules, no trates de fingir que no estás preocupado, porque eso no te será de ninguna ayuda.
Si estás preocupado, estás preocupado; si tu esposa te deja, te deja; si ya no hay amor, ya no hay amor. No puedes luchar contra los hechos, tienes que aceptarlos. Pero si los aceptas gradualmente, estarás constantemente dolorido y sufriendo. Si los aceptas sin queja alguna, no desde la impotencia sino desde la comprensión, se vuelven esencialidad. Entonces ya no estás preocupado, entonces no hay problema; porque no es que el problema fuera causado por el hecho, sino que no podías aceptarlo de la forma en que estaba ocurriendo. Querías que fuera a tu manera.

RECUERDA, la vida no va ser como tú quieras. Tienes que ser como la vida quiera. De mala gana o alegremente: tú decides. Si lo haces de mala gana sufrirás. Si lo haces alegremente te convertirás en un buda, tu vida se convertirá en un éxtasis.
También Buda tuvo que morir (las cosas no cambian), pero murió de una forma diferente. Murió muy feliz, como si la muerte no existiera. Simplemente desapareció, porque él decía que lo que ha nacido tiene que morir. El nacimiento implica la muerte; así son las cosas, no se puede hacer nada al respecto.
Si mueres siendo desdichado, entonces te perderás lo mejor: la belleza que la muerte puede ofrecerte, la gracia que se manifiesta en el último momento, la iluminación que sucede cuando el cuerpo y el alma parten. Te lo perderás porque estás demasiado preocupado, tan aferrado al pasado y al cuerpo que tus ojos están cerrados. No puedes darte cuenta de lo que está ocurriendo porque no puedes aceptarlo, así que cierras los ojos, cierras todo tu ser. Mueres; morirás muchas veces y seguirás perdiéndote lo mejor de todo ello. La muerte es muy hermosa si puedes aceptarla, si puedes abrir la puerta con una bienvenida en tu corazón, con una cálida recepción, y decir: «Sí, porque si he nacido tengo que morir. Así que ha llegado el día en el que el círculo se completa».
Recibes a la muerte como a un invitado, un invitado bienvenido, y la calidad del fenómeno cambia inmediatamente. De repente eres inmortal: el cuerpo se está muriendo pero tú no estás muriendo. Ahora puedes darte cuenta de que sólo se abandona la vestimenta, no tú; sólo la funda, el recipiente, no el contenido. La consciencia permanece en su iluminación; y más aún, porque en la vida tenía muchas fundas sobre ella, pero en la muerte está desnuda.
Y cuando la consciencia está completamente desnuda tiene su propio esplendor; es la cosa más hermosa del mundo. Pero para eso hay que embeber la actitud de la esencialidad.
Y cuando digo embeber quiero decir embeber; no me refiero a que tan sólo sea un pensamiento mental, a que se adopte la filosofía de la esencialidad, sino que tu vida entera se convierta en esencialidad.
Ni siquiera hace falta que pienses en ello: sencillamente se vuelve algo natural. Tú comes en esencialidad, duermes en esencialidad, respiras en esencialidad, amas en esencialidad, lloras en esencialidad. Se convierte en tu propio estilo; no necesitas preocuparte por ello, es tu forma de ser. Es a eso a lo que me refiero con la palabra «embeber». La embebes, la digieres, fluye en tu sangre, entra hasta lo más profundo de tus huesos, llega hasta el mismísimo latido de tu corazón. Aceptas. Recuerda, la palabra «aceptar» no es muy buena. Lleva cierta carga (por ti, no por la palabra) porque sólo aceptas cuando te sientes impotente.
Aceptas de mala gana, aceptas reticentemente. Aceptas sólo cuando no puedes hacer nada, pero, en el fondo, todavía deseas; piensas que de haber sido de otra forma hubieras sido feliz.
Aceptas como un mendigo, no como un rey; y hay una gran diferencia. Si la esposa se marcha o el marido se marcha, finalmente llegas a aceptarlo. ¿Qué le vas a hacer?
Lloras desconsoladamente y pasas muchas noches preocupado, atraviesas muchas pesadillas y sufrimientos..., ¿y luego, qué hacer? El tiempo cura, no la comprensión. El tiempo; y recuerda, el tiempo es necesario sólo porque no comprendes, si no te curarías inmediatamente. Se necesita tiempo porque no comprendes.
Así que, poco a poco (en seis meses, en ocho meses, en un año) las cosas se difuminan, se pierden en la memoria cubiertas por el polvo. Y pasa un año; y poco a poco te vas olvidando.
Todavía, algunas veces duele la herida. Algunas veces te cruzas con una mujer por la calle y te recuerda a la tuya. Alguna similitud, su forma de andar, te recuerda a tu mujer; y la herida.
Luego te enamoras de otra mujer, se acumula más polvo y recuerdas menos. Pero hasta con una nueva mujer, algunas veces su forma de mirar..., y aparece tu esposa. La forma en la que canta en la ducha..., y el recuerdo. La herida está ahí, abierta.
Duele porque vas cargando con el pasado. Cargas con todas las cosas, es por eso que estás tan cargado. ¡Cargas con todas las cosas! Tú fuiste niño; el niño todavía está ahí, le llevas contigo.
Luego fuiste un muchacho; el muchacho todavía está ahí con todas sus heridas, experiencias y estupideces, él todavía está ahí. Cargas con todo tu pasado, capa sobre capa: todo está ahí. Es por eso que algunas veces retrocedes.
Si te ocurre algo y te sientes desamparado empiezas a llorar como un niño. Has retrocedido en el tiempo, el niño ha salido a la superficie. El niño es más eficiente llorando que tú, así que el niño sale a la superficie y empiezas a gemir y a llorar. Hasta puede que empieces a patalear igual que un niño con una rabieta. Pero todo está ahí. ¿Por qué llevamos toda esa carga? Porque en realidad nunca aceptas nada. Escucha: si aceptas algo, ello sencillamente nunca se convertirá en una carga; entonces no cargarás con la herida. Aceptas el fenómeno. Has aceptado el fenómeno; no queda nada de él con lo que haya que cargar, estás fuera de él. A través de la aceptación te sales fuera de él, pero si aceptas porque te sientes algo impotente, cargarás con él.
Recuerda una cosa: cualquier cosa que está incompleta permanece para siempre como una carga, cualquier cosa que esté completa se abandona. Porque la mente tiene una tendencia a cargar con las cosas incompletas con la esperanza de que algún día surja una oportunidad para completarlas. Todavía esperas a la esposa o al marido, o estás esperando a que regresen los días que ya se han ido. No has transcendido el pasado. Y a causa de ese pasado tan pesado, no puedes vivir en el presente. Tu presente es un caos debido al pasado, y lo mismo ocurrirá con el futuro; porque el pasado se irá haciendo más y más pesado. Cada día se va haciendo más y más pesado. Cuando realmente aceptas, en esa actitud de esencialidad no hay rencor, no te sientes impotente. Sencillamente entiendes que así es la naturaleza de las cosas.
Por ejemplo, si me quiero ir de esta habitación saldré por la puerta y no atravesando la pared, porque intentarlo sería simplemente darme de cabeza contra la pared, sería sencillamente estúpido.
Esta es la naturaleza de la pared: impedir el paso, ¡así que no trates de pasar a través de ella! Esa es la naturaleza de la puerta, que pases a través de ella; al haber un hueco puedes pasar a través de ella. Cuando un buda acepta, acepta las cosas como la pared y la puerta. Él pasa por la puerta: dice que es la única manera.
Tú primero tratas de pasar a través de la pared y te hieres de un millón de formas. Y cuando no puedes salir (abatido, vencido, deprimido, caído) gateas hacia la puerta. Podrías haberlo intentado primero por la puerta. ¿Por qué empezaste a intentarlo por la pared y a luchar contra ella? Si puedes mirar las cosas con cierta claridad, simplemente no haces cosas como esas: intentar sacar una puerta de una pared... ¡Si el amor desaparece, ha desaparecido! Ahora hay una pared; no intentes traspasarla. Ahora la puerta ya no está, el corazón ya no está, el corazón se ha abierto para otra persona.
Y tú no estás solo aquí, también hay otras personas. La puerta ya no lo es para ti, se ha convertido en una pared. No lo intentes, no te des de cabeza contra ella. Te harás daño innecesariamente.
Y si estás herido y derrotado ni siquiera merece la pena pasar por la puerta. Simplemente observa las cosas. Si algo es natural, no trates de forzar en ello algo que sea innatural. Elige la puerta; salte de ahí. Todos los días estás haciendo la idiotez de pasar por la pared. Entonces te pones tenso y sientes una constante confusión.
La angustia se vuelve tu propia vida, el núcleo de ella; y luego pides una meditación. ¿Pero por qué en primer lugar? ¿Por qué no mirar los hechos tal como son? ¿Por qué no puedes mirar los hechos? Porque tus deseos están demasiado presentes. Sigues esperando en contra de toda esperanza. Por eso te has convertido en una persona tan impotente. Simplemente mira: cuando haya una situación, no desees nada, porque el deseo te llevará por el camino equivocado. No desees, no imagines. Simplemente mira los hechos con toda la consciencia de que dispongas, y de repente se abre una puerta y ya no pasas a través de la pared: pasas a través de la puerta, sin un rasguño. Entonces no cargas con nada. Recuerda, la esencialidad es una comprensión, no un destino sin esperanza.
Así que esa es la diferencia. Hay gente que cree en el sino, en el destino. Dicen: «¿Qué se puede hacer? Dios ha querido que fuera así. Mi pequeño hijo ha muerto, esa es la voluntad de Dios y ese es mi destino. Estaba escrito, tenía que suceder». Pero en el fondo hay un rechazo. Esto son simplemente tretas para maquillar el rechazo. ¿Conoces tú a Dios? ¿Conoces el destino? ¿Sabes que estaba escrito? No, eso son racionalizaciones; algo para consolarte a ti mismo.
La actitud de la esencialidad no es una actitud fatalista.
No conlleva ningún Dios o sino o destino; nada. Dice simplemente que se miren las cosas. Simplemente mira las cosas tal como son, comprende, y hay una puerta, siempre hay una puerta. Transciende. Esencialidad significa aceptación con un corazón completamente abierto, no impotente.
En este mundo de Esencialidad no existe ni el yo ni nada que no sea yo.
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