lunes, 7 de marzo de 2016

EL LIBRO DE LA NADA OSHO



Capitulo VI (Segundo Escrito)
NO PERSIGAS NINGUNA META.
Y RECUERDA, no importa dónde te agarres: el agarrarse en sí mismo es el problema, lo importante no es a lo que te agarras.
Por eso Sosan dice: el apego no tiene límites; no se limita sólo a este mundo, a este cuerpo, a los sentidos, a los placeres.
También puedes apegarte a la iluminación, puedes apegarte a Dios. Puedes agarrarte al amor, puedes agarrarte a la meditación, puedes agarrarte a la oración. Y, al agarrarte, te vuelves a estancar. No te agarres a nada, permanece libre y móvil. Cuanto más móvil, más cerca estás de ti mismo.
Y cuando tu movilidad es completa, cuando no te estancas en ningún lugar de tu energía, la verdad llama a tu puerta.
Siempre ha estado llamando, pero estabas estancado y no podías oírlo. Está justo delante de ti, en la punta de tu nariz. ...estar apegado, aunque sea a la idea de la iluminación, es desviarse.
Esto se convierte en un problema. Si te aferras demasiado a la idea de que «tengo que iluminarme», esto mismo se convertirá en tu problema. La iluminación nunca se alcanza, ocurre.
No es algo que se alcance. Y la mente que busca conseguirla nunca la alcanza. Puede que estés tratando de conseguir poder en este mundo, y luego trates de conseguir poder en el otro.
Primero quieres conseguir riqueza en este mundo, y después tratas de conseguir riqueza en el otro. Pero tú sigues siendo el mismo, y la mente, tu forma de funcionar y todo el esquema siguen siendo lo mismo: ¡Conseguir! ¡Alcanzar! Esa es la obsesión del ego. La mente que quiere conseguir es el ego. Y el que lo consigue es aquel que no está tratando de conseguirlo, aquel que simplemente está feliz donde está, aquel que es feliz siendo lo que es. El que no tiene meta. El que no va a ningún lugar; el que se mueve, pero cuyo movimiento no es para alcanzar ninguna meta. Se mueve por su energía, no por algo en concreto; su movimiento no es a causa de ningún motivo. Por supuesto que alcanza la meta; eso es otra cuestión.
Un río fluye desde los Himalayas: no va hacia el mar, no conoce el mar, no sabe dónde está, no le importa el mar.
La alegría de moverse por los Himalayas es tan hermosa en sí misma..., pasando por los valles, por sus picos, a través de los árboles, y luego llegando a los llanos, a su gente... ¡El propio movimiento es hermoso en sí mismo! Y el movimiento es hermoso cada momento, porque es vida.
El río ni siquiera es consciente de que haya una meta, de que haya un mar. Esa no es la cuestión. Y si el río se preocupa por esto, entonces estará en el mismo lío que tú.
Entonces se parará en todos los sitios y preguntará por dónde ir: ¿cuál es el camino a seguir? Y tendrá miedo porque no sabrá si dirigirse al norte, o al sur, o al este, o al oeste; ¿hacia dónde ir?
Y recuerda, el océano está en todos los sitios. No importa que te dirijas al norte o al este o al oeste: el océano está en todos los sitios, por todas partes. Está siempre delante de ti; no importa a donde vayas. No preguntes por el camino, pregunta cómo moverte mejor. No preguntes por la meta, la meta no está fija en ningún sitio. Donde sea que vayas, ve danzando. Alcanzarás el océano; eso es seguro.
Le sucede a los ríos pequeños, a los grandes: todos lo alcanzan.
El arroyo es muy pequeño (no te puedes imaginar cómo ese pequeño arroyo alcanzará el océano, pero lo alcanza).
No es cuestión de grande o pequeño. La existencia es infinitamente generosa con todo el mundo; el tamaño no tiene importancia.
Los árboles pequeños florecen, los árboles grandes florecen. ¡La cuestión es florecer! Y cuando un árbol pequeño florece, no es menos feliz que cuando lo hace uno grande; la felicidad es exactamente la misma. La felicidad no es cuestión de tamaño, no es cuestión de cantidad. Es la cualidad de tu ser.
El río pequeño danza y llega, el río grande danza y llega.
Todos vosotros sois como ríos, todos alcanzáis el océano.
Pero no lo convirtáis en una meta; si no, cuanto más deprisa vayáis, más lentos os moveréis.
Y cuanto más quieras llegar, más estancado estarás, porque tendrás más miedo. El miedo a no llegar te agarrotará, el miedo a no llegar te paralizará, el miedo a equivocarte te mutilará.
Si no hay meta, no hay miedo. Recuerda, el miedo está relacionado con la meta. Si no vas a ningún sitio, ¿dónde está el miedo?
No puedes perder nada, no puedes fracasar, así que, ¿de qué tener miedo? Miedo significa: posibilidad de fracasar. ¿De dónde procede esta posibilidad de fracasar? Procede de estar orientado hacia una meta; tú siempre estás buscando la meta.
Algunas personas vienen y me preguntan:
«Hemos estado meditando durante tres meses. Y no ha ocurrido nada». No va a ocurrir nada, porque estás esperándolo. Ni siquiera puedes esperar que ocurra, porque hasta el esperar se convierte en un esfuerzo interno. Tú simplemente miras... ¡Te relajas! Cuando ya no estás ahí, ocurre. Y nunca va a ocurrirte a ti; ocurrirá sólo cuando el barco esté vacío, cuando la casa esté vacía.
Cuando bailas pero no hay un bailarín, cuando observas pero no hay un observador, cuando amas y no hay un amante, ¡ocurre! Cuando caminas y no hay un caminante adentro, ocurre.
No esperes, no hagas ningún esfuerzo, no crees ninguna meta, o hasta la iluminación se convertirá en una prisión.
En Oriente le ha pasado a muchísima gente. Millones de personas toman sannyas (se hacen bhíkkus budistas, sannyasins hindúes) se van a los monasterios, y allí se quedan atascados.
Vienen a mí y son exactamente igual que todo el mundo. Hay gente que se atasca en el mundo de los negocios, y ellos están atascados en un monasterio: esa es la única diferencia.
Unos fracasan en lo mundano y ellos fracasan en el monasterio. Pero nunca se preguntan... ¿Por qué fracasas? Tú creas tu propio fracaso; si estás buscando una meta, te convertirás en un fracasado. Al final, la mente orientada hacia una meta es una barrera, la mayor de las barreras. ¡Simplemente sé! ¡Lo Supremo llegará! Deja que la decisión y el problema sean de lo Supremo, no tuyos! Déjaselo a lo Supremo, sabe más.
Deja que sea el problema de Dios, deja que sea él quien se preocupe. 
Tú no te preocupes; simplemente goza de la vida tal como fluya, mientras dure.
Canta y baila, y deja que Dios se preocupe. ¿Por qué te preocupas tú? Simplemente despreocúpate. Y no pretendas alcanzar nada, porque hacer eso es crear la mayor tensión que le pueda ocurrir a la mente humana. Entonces no puedes mirar aquí-ahora, entonces miras hacia adelante, a la lejanía, al futuro; hacia la meta, la utopía, la ciudad dorada, Shambala; allí. Y tienes que alcanzarla, así que corres. ¿A dónde vas? ¿De quién huyes? ¿Por qué corres? Shambala está aquí y ahora, la utopía ya ha ocurrido. Jesús dice a sus discípulos: «¿A quién esperáis? ¿Yo estoy aquí?». Hasta sus discípulos preguntaban: «¿Cuándo llegará el Mesías? ¿Cuándo?; porque los judíos habían estado esperando durante siglos la llegada del Mesías y cuando llegó no estaban dispuestos a darle la bienvenida. Todavía le están esperando. Jesús ha venido y ellos están esperando todavía. Y aun cuando Jesús no estaba ahí, ha habido muchos otros Jesús: han estado viniendo siempre.
Dios siempre es abundante. A veces es un «Mahoma», a veces un «Jesús», a veces un buda, a veces un «Sosan», un «Chuang Tzu». Dios rebosa, está continuamente rebosando, ¡no puede hacer otra cosa! No es un tacaño. Pero los cristianos dicen que sólo tuvo un hijo. ¿Acaso es impotente? ¿Quedó impotente tras el nacimiento de Jesús? Parece absurdo («el único hijo legítimo, el Unigénito»).
Eso no es posible, porque de ser así tu Dios no es un Dios: no vale para ello. Los mahometanos dicen que sólo hay un profeta: Mahoma es el último, el último de los profetas. ¿Por qué el último? ¿Es que su Dios se ha muerto? ¿No puede mandar ningún mensaje mejor? ¿No puede mejorarlo? ¿Ha dejado de ser un creador? (porque la creatividad siempre significa una autotranscendencia, constantemente transcender).
Un pintor sigue pintando, y sigue transcendiéndose a sí mismo. Alguien le preguntó a Van Gogh: «¿Cuál de tus cuadros es el mejor?». Él contestó: «Este que estoy pintando ahora». Unos días más tarde el mismo hombre volvió a preguntarle lo mismo. Y Van Gogh le contestó: «¡Ya te lo he dicho. Este!».
Y entonces estaba pintando otro cuadro. «Este que estoy pintando ahora es el mejor.» Dios es una sobreabundancia, una infinita sobreabundancia. Cuando llega Mahoma, Mahoma es el mejor; cuando llega Buda, Buda es el mejor. En realidad, él nunca se repite. Siempre crea lo mejor, sin comparaciones. Pero la gente sigue esperando. No ven al mensajero en la puerta porque sus ojos no están ahí: sus ojos están en alguna otra utopía, en algún otro lugar. Ellos no están ahí, no están en casa. Dios viene a ti muchas veces y se marcha, porque estás ausente. Nunca estás donde estás.
Y él llama allí, pero tú no estás. Deja que él se preocupe, tú no te preocupes; simplemente mantente fuera de la preocupación.
Y estas son las dos únicas alternativas: o estás preocupado o estás extático, pero ambas cosas juntas no pueden existir.
Si estás extático, estás locamente extático. Si estás preocupado, estás locamente preocupado. Hay dos tipos de locos: hay una locura que procede de las preocupaciones y otra que procede de ser, de la sobreabundancia de ser. La elección es tuya.
O ser un loco preocupado en el diván de algún psiquiatra, o puedes volverte un loco de Dios, como San Francisco o Sosan. Entonces toda tu vida se vuelve una danza, un éxtasis infinito, una bendición que crece y crece; cada vez aumenta más y sigue aumentando..., y no tiene fin. Comienza, pero nunca acaba. Deja que las cosas sean a su manera y no habrá ni ir ni venir.
Allí está la gracia infinita, sin ir ni venir. El silencio infinito, sin ir ni venir. Tan sólo deja que las cosas sean a su manera. No te interpongas en su camino, no intentes cambiar nada. Esto es algo muy difícil de entender para la mente, porque a ella le encanta cambiar: si eres un pecador, quieres volverte un santo; si eres feo, quieres volverte guapo; si eres malo, quieres hacerte bueno. La mente va cambiando, tratando de cambiar, y ella te atrae porque parece «que sí, que puedes mejorar, así que trata de cambiar». Pero no puedes mejorar, y entonces te estancas ¡porque ya eres lo mejor! La única cuestión es cómo dejar de preocuparte y cómo empezar a vivir. Sé un vividor, deja que las cosas ocurran por sí mismas. ¡Acepta! ¿Quién eres tú para preocuparte?
Tú has nacido; nadie te ha preguntado si querías nacer o no.
De otro modo te habrías quedado estancado ahí, porque no puedes decidir nada. Eres indeciso. Si se te hubiera preguntado, si Dios hubiera venido a preguntarte (él nunca comete ese error porque sabe que te estancarías ahí), aunque estuvieras pensando durante toda la eternidad, serías incapaz de decidir si nacer o no.
Él te arrojó a la vida de repente, sin pedirte permiso; de otra forma no estarías aquí. Y si él te preguntara acerca de tu muerte, volverías a quedarte estancado. Él nunca pregunta, simplemente te lleva consigo. Él te conoce bien: sabe que no te puedes decidir.
Si viniera y te preguntara: «¿Cuándo quieres morir?», ¿serías capaz de decidirte? ¿Quizá el sábado, quizá el domingo? ¡No! Sólo hay siete días, y no serías capaz de decidirte por ninguno. Él tiene que venir sin preguntarte. Si la vida ocurre sin ti, si el nacimiento, la muerte y el amor ocurren sin ti, ¿entonces por qué deberías preocuparte? Quienquiera que sea el creador, si puede darte el nacimiento, si puede darte la muerte, si puede crear y destruir, déjale a él todas las preocupaciones. Tú disfruta mientras seas.
Y si puedes disfrutar mientras eres, de repente te das cuenta: esta es la fuente original. Has tocado vida infinita. Jesús dice: «Estoy aquí para mostraros la abundancia de la vida, su infinita riqueza», y la única manera es dejar que las cosas sean. No interfieras, no impongas tu propia manera. Deja que tu Tao fluya, deja ir a tu naturaleza... ¡dondequiera que vaya! Obedece a la naturaleza de las cosas (tu propia naturaleza), Y andarás libre y tranquilo.
Cuando el pensamiento está cautivo, la verdad se oculta, pues todo es oscuro y confuso, y la gravosa práctica de juzgar trae consigo irritación y hastío. ¿Qué beneficio se puede sacar de las distinciones y las separaciones?
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