lunes, 30 de noviembre de 2015

Libro Volver al Amor de un Curso de Milagros (Marianne Williamson)





Libro Volver al Amor de un Curso de Milagros (Marianne Williamson)
Capitulo VIII (Escrito 2º)

16. EL COMPROMISO
«A quienes Dios ha unido como uno, el ego no los puede desunir.»
Un curso de milagros dice que debemos tener un compromiso total con todas nuestras relaciones, y que las
personas implicadas jamás competirán entre sí. El compromiso en una relación significa que se dé un proceso de comprensión y perdón recíprocos, por más conversaciones que nos exija y por más incómodas que éstas puedan ser.
Cuando nos separamos físicamente de alguien, eso no significa que nuestra relación con esa persona haya acabado. 

Las relaciones son eternas. La «separación» es otro capítulo de la relación. Con frecuencia, liberarse de la vieja forma de la relación se convierte en una lección de amor puro mucho más profunda que cualquiera que se pudiera haber aprendido en caso de que las dos personas hubieran seguido juntas. 
Al final de algunas de mis relaciones, he sentido por mi pareja un amor mucho más profundo que en ningún momento anterior. He
descubierto que en ese momento el Espíritu Santo suele quitar todos los frenos, simplemente porque necesitamos de todo nuestro amor para dejar que alguien se vaya. «Te amo tanto que puedo dejarte en libertad de estar donde quieras estar, de ir adonde quieras ir.» Este momento no es el final de una relación; es
la realización última del propósito de cualquier relación: que encontremos el significado del amor puro.
A veces la lección que hay que aprender en una relación es cómo continuar y hacer que las cosas funcionen.
Otras veces, lo que hay que aprender es cómo salir de una situación que no sirve. Nadie puede determinar en
nombre de otra persona qué principio es válido en qué circunstancia. En última instancia es nuestra conexión
con el Espíritu Santo, la guía de nuestra propia intuición, lo único que puede conducirnos al supremo despliegue de los acontecimientos mediante la comprensión más profunda.
«Nunca abandones a una persona cuando te estás yendo», he dicho en muchas conferencias. ¿Qué significa esto? Significa que es importante honrar la naturaleza eterna de las relaciones. Cuando las relaciones cambian de forma, su contenido no tiene por qué disminuir. El ego dice: «Mira, esto se acabó. No ha funcionado. 

Ya no nos sentimos bien juntos. Lo pasado ya pasó. Ahora estoy con otra persona». El o la «ex» se convierte en un ciudadano de segunda. Con frecuencia la nueva pareja se siente con el derecho de decir: «¿Por qué hablas de él (o de ella)? Somos nosotros quienes estamos juntos ahora». Pobre de la persona que no apoya el proceso de sanación entre un hombre o una mujer y su anterior pareja. En última instancia terminará descubriendo que
su amante la tratará a ella exactamente tal como trató a su pareja anterior. Sentimos celos y la necesidad de aferrarnos a lo que tenemos porque, en este ámbito como en todos los demás, el ego nos dice que la cantidad de amor que hay es limitada, que el bien de los demás nos priva del nuestro. El ego cree que los recursos son finitos, pero el amor es infinito. Siempre que se añade amor a cualquier parte del sistema, el amor aumenta en cada una de las partes. El amor no origina otra cosa que más amor. Si mi marido o mi amante ha sanado todas sus relaciones pasadas, ello aumenta su capacidad de amarme desde una posición sana y entera. La última mujer que hubo en su vida no es mi competidora, sino mi hermana.
Hacía poco tiempo que salía con un hombre cuando vino una vez a casa a cenar. Mientras preparaba la cena, le pregunté qué había hecho durante el día, y me contó que había estado trabajando en un guión con su última pareja, que seguía colaborando con él profesionalmente. Al final habían tenido una conversación bastante engorrosa sobre su relación. Ella continuaba sintiéndose dolida, le costaba desprenderse... la historia que todos conocemos. Le pregunté cómo la había dejado después de esa conversación, y me dijo que estaba
bastante alterada. Dejé lo que estaba preparando, lo miré a los ojos y le dije:
-Ve a llamarla.
La idea de que esa mujer estuviera en algún lugar de la ciudad sumida en una angustia horrible mientras nosotros nos deleitábamos en un encuentro romántico se me hacía difícil de sobrellevar. Yo sabía lo que era eso. Habría sido una total falta de ética por mi parte no brindar el menor apoyo a sus sentimientos.
-¿No te molesta? -me preguntó.
-En absoluto. La cena puede esperar.
Nuestras necesidades no son algo aparte. Si contribuimos al dolor de otra persona, eso será un recuerdo que siempre volverá para acosarnos. Si hacemos lo que podemos por ayudarla, siempre habrá alguien que haga lo mismo por nosotros. No basta con sentarse ociosamente mientras los demás sufren, usando como excusa para esa actitud egoísta frases como «No es mi responsabilidad» o «Meterme en el asunto sería entrar en una
situación de codependencia».
-No tuve la intención de herirte -me dijo una vez una mujer, después de una situación en la que yo me había
sentido traicionada.
-Pero tampoco intentaste amarme -le respondí.
El amor no es neutral. Requiere una toma de posición. Es asumir el compromiso de tratar de conseguir la paz
para todos los que intervienen en una situación.




17. LA FE EN LAS RELACIONES
«La fe es el reconocimiento de la unión.»
Con frecuencia echamos de menos a una persona porque, en un ámbito invisible e intangible, todavía seguimos comunicados con ella, aún estamos conectados, esperando que la situación se resuelva.
-Estás neurótico -nos dirá la gente-. Ya es hora de desprenderte.
Pero hubo una época en que los viudos llevaban luto durante un año; el duelo se entendía, se reconocía, se lo validaba. No es neurótico estar de duelo por una relación; lo neurótico es no estarlo. En algún nivel, por más disociados de nuestros sentimientos que podamos estar, toda relación nos aporta esperanza, la esperanza de que pueda ser un lugar seguro, un puerto, un descanso después de todos nuestros combates.
Cuando una relación no funciona, por la razón que fuere, nuestra desilusión es natural. Cada encuentro intenso representa una conexión kármica profunda y complicada. Una relación que se acaba es algo muy semejante a una muerte, y en muchos casos la tristeza es mayor aún. Cuando alguien muere, con frecuencia
ha habido una compleción y una comprensión que no se producen cuando las dos personas están vivas pero se han separado sin que ello implique una elevación de la conciencia. Quizás el ser que amamos esté ahora, simplemente, en otro barrio de la ciudad, conviviendo con otra persona, y sin embargo la distancia que nos separa es la de un universo, porque la resolución que tanto necesitamos no se ha producido. No hay que fingir que esto no es como un cuchillo clavado en el corazón, porque lo es, y no hay nada que hacer, como no sea llorar, porque las lágrimas brotan como la sangre de una herida.
"Ahora es el momento de la fe." Dejémonos ablandar por nuestras lágrimas. Cuando los cuchillos emocionales atraviesan el corazón, se desmoronan murallas que, para empezar, no tenían por qué estar ahí.
Entonces podemos aprender. Podemos aprender lo que es ficticio y lo que es real. Podemos aprender que no hay que confiar en ídolos, y podemos aprender que hay un amor que nunca jamás desaparece.
En las relaciones se dan muchos conflictos que ponen a prueba nuestra fe. Uno de ellos es la traición. Se trata de una palabra que en realidad no entendemos si nadie nos ha traicionado. El dolor es muchísimo más intenso cuando es un amigo quien esgrime el cuchillo.
En el Curso, Jesús dice que, aunque de acuerdo con el pensamiento del mundo fue traicionado, él optó por
no percibirlo de ese modo. Dicho de otra manera: él sabía que en realidad no lo podían traicionar, porque lo
que no es amor no es real. Entonces, cuando nos atacan, cuando la medicina es tan amarga que necesitamos recurrir a todas nuestras fuerzas para no desplomarnos cuando la tomamos, ¿qué es lo que hacemos? ¿Dónde está nuestro consuelo?
Alguien me dijo una vez que el pavo real fabrica sus plumas comiendo espinas. Hermosa imagen: las cosas
duras y ásperas que tenemos que digerir pueden contribuir a nuestra belleza. Pero no siempre. Sólo cuando nos abrimos lo suficiente para realmente asimilar el horror, por extraño que parezca. La resistencia y la defensa sólo hacen más real el error, y aumentan nuestro dolor.
Si Jesús hubiera vociferado desde la cruz «Os odio a todos», la historia habría sido completamente diferente.
No habría habido resurrección. Lo que creó el espacio para su triunfo fue su indefensión, su aferrarse al amor a pesar de lo que le estaban haciendo. Se puede destruir el cuerpo, pero no la verdad. Si se le dan los tres días simbólicos, la verdad siempre se reafirmará. Los tres días representan el tiempo que se necesita entre la crucifixión y la resurrección, entre una respuesta del corazón abierto ante el dolor y la vivencia del renacimiento
que siempre le seguirá.
Cuántas veces me he dicho y he dicho a otros: «No son más que los tres días. Aguanta. Aguanta». 

Cuando nuestros amigos se han vuelto en contra nuestra o cuando nos han estafado o mentido, es muy fuerte la
tentación de defenderse, de devolver el ataque. Pero el Curso afirma que «en nuestra indefensión radica nuestra seguridad». Se trata de una instancia más en la que nuestro poder procede de decir: «Me haré a un lado y dejaré que Él me guíe». El Cristo interior puede afrontar cualquier ataque, porque el desamor no le
afecta. Lo único que puede hacer que el miedo nos afecte es nuestra convicción de que nos afectará.
Defendernos es una manera de coincidir con el atacante en el poder de su ataque, y con ello lo volvemos real en nuestra experiencia.
Necesitamos un gran coraje y mucha fuerza personal para aferrarnos a nuestro centro en momentos en que nos sentimos muy heridos. Necesitamos sabiduría para entender que nuestra reactividad no hace más que atizar las llamas de la falsa tragedia. El amor crea a nuestro alrededor un escudo místico que nos protege del caos. Cuando estamos en medio de la pérdida, de la traición o de cualquier otro tipo de crisis, hay poder en las
palabras: «Aquiétate y sabe que Yo soy». Nunca se puede destruir la verdad. Sólo en el tiempo se producen pérdidas, afirma el Curso, y el tiempo no existe.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Libro Volver al Amor de un Curso de Milagros (Marianne Williamson)





Libro Volver al Amor de un Curso de Milagros (Marianne Williamson)
Capitulo VIII


15. COMUNICARSE CON AMOR
«La comunicación une; el ataque separa.»
El Espíritu Santo acepta incondicionalmente a la gente. Para el ego, esto es escandaloso, porque el amor incondicional es su muerte. ¿Cómo crecerá la gente si todos andamos por el mundo aceptándonos los unos a los otros tal como somos? Aceptar a los demás tal como son tiene el efecto milagroso de que los ayuda a
mejorar. La aceptación no inhibe el crecimiento, sino que más bien lo favorece.
La gente que siempre nos dice qué es lo que tenemos de malo no nos ayuda; al contrario, nos paraliza llenándonos de vergüenza y culpa. Las personas que nos aceptan nos ayudan a sentirnos bien con nosotros mismos, a relajarnos, a encontrar nuestro camino. Aceptar a los demás no significa que no hagamos nunca
sugerencias constructivas. Pero, como pasa con todo, el problema no radica tanto en nuestro comportamiento como en la energía que lo mueve. Si critico a una persona para cambiarla, lo que está hablando es mi ego, pero si pido a Dios que me sane de mi tendencia a juzgar y después todavía me siento movida a comunicar algo, lo haré con amor y no con miedo. No me moverá la energía del ataque, sino la del apoyo.
Con el cambio de conducta no basta. Cubrir un ataque con un baño de azúcar, disfrazarlo con un tono de voz dulce o
expresarlo en jerga terapéutica no es un milagro. Un milagro es un cambio auténtico del miedo al amor. Si hablamos desde el ego, movilizaremos al ego de los demás. Si hablamos desde el Espíritu Santo, movilizaremos su amor. Un hermano que está equivocado, afirma el Curso, requiere enseñanzas, no ataques.
La sección siguiente del Curso es una poderosa guía para practicar, en las relaciones, una comunicación con la disposición anímica correcta.
«Los errores pertenecen al ámbito del ego, y la corrección de los mismos estriba en el rechazo del ego. Cuando corriges a un hermano le estás diciendo que está equivocado.
Puede que en ese momento lo que esté diciendo no tenga sentido, y es indudable que si está hablando desde su ego no lo tiene. Tu tarea, sin embargo, sigue siendo decirle que tiene razón.
No tienes que decírselo verbalmente si está diciendo tonterías. Necesita corrección en otro nivel porque su error se encuentra en otro nivel. Sigue teniendo razón porque es un Hijo de Dios.»
Los milagros se crean en un ámbito invisible. El Espíritu Santo perfecciona nuestro estilo, nos enseña a comunicarnos con amor en lugar de atacar. Con frecuencia la gente dice: «Bueno, yo les hablé. ¡Realmente me comuniqué!». Pero la comunicación es una calle de dos direcciones. Sólo se produce si una persona habla y la otra la escucha. Todos hemos participado en conversaciones en que dos personas hablan sin que ninguna de
ellas escuche nada de lo que dice la otra. También hemos tenido la experiencia de entendernos perfectamente con otra persona sin decir nada. Para comunicarnos de verdad debemos asumir la responsabilidad del espacio del corazón que existe entre nosotros y el otro. Ese espacio del corazón -o su ausencia- es lo que determinará si la comunicación es milagrosa o atemorizante.
A veces, evidentemente, eso significa mantener la boca
cerrada. El silencio puede ser una poderosa comunicación de amor. Ha habido veces en que yo estaba equivocada, y sabía que lo estaba, y sabía que ellos sabían que estaba equivocada, y los amaba por tener la amabilidad de no decir nada. Eso me daba ocasión de recuperarme con dignidad.
Cuando hablamos, la clave de la comunicación no está en lo que decimos, sino en la actitud subyacente a lo que decimos. Como no hay más que una mente, todos estamos en una continua comunicación telepática.
A cada momento optamos por unir o separar, y la persona con quien hablamos siente lo que hemos escogido,
sean cuales fueren nuestras palabras. La opción de unir es la clave de la comunicación, porque es la clave de la comunión.
Lo que importa en una comunicación no es buscar nuestro objetivo, sino encontrar un terreno puro del ser a partir del cual construir nuestro mensaje. No intentamos unirnos por mediación de nuestras palabras; aceptamos la idea de que antes de hablar ya estamos unidos con la otra persona.
Esta aceptación, en sí misma, ya es un verdadero milagro.
El maestro de Dios es un instrumento de la intuición delicadamente afinado. Un curso de milagros dice que,
primero y por encima de todo, hemos de escuchar a nuestro hermano. Si después tenemos que hablar, Él nos
lo hará saber. Jesús envió una vez a sus discípulos al campo y les dijo que enseñaran el evangelio.
-¿Qué hemos de decir? -le preguntaron, y la respuesta de Jesús fue:
-Os lo diré cuando hayáis llegado allí.
No tratemos de prever lo que tendremos que decirle a un hermano. Lo único que debemos hacer es pedir al
Espíritu Santo que purifique nuestra percepción de la otra persona. Desde ese lugar interior, y sólo desde ese
lugar, encontraremos el poder de las palabras y el poder del silencio, que traen la paz de Dios.
16. EL COMPROMISO
«A quienes Dios ha unido como uno, el ego no los puede desunir.»
Un curso de milagros dice que debemos tener un compromiso total con todas nuestras relaciones, y que las personas implicadas jamás competirán entre sí. El compromiso en una relación significa que se dé un proceso de comprensión y perdón recíprocos, por más conversaciones que nos exija y por más incómodas que éstas puedan ser.
Cuando nos separamos físicamente de alguien, eso no significa que nuestra relación con esa persona haya
acabado. Las relaciones son eternas. La «separación» es otro capítulo de la relación. Con frecuencia, liberarse de la vieja forma de la relación se convierte en una lección de amor puro mucho más profunda que cualquiera que se pudiera haber aprendido en caso de que las dos personas hubieran seguido juntas. Al final de algunas de mis relaciones, he sentido por mi pareja un amor mucho más profundo que en ningún momento anterior.
He descubierto que en ese momento el Espíritu Santo suele quitar todos los frenos, simplemente porque necesitamos de todo nuestro amor para dejar que alguien se vaya. «Te amo tanto que puedo dejarte en libertad de estar donde quieras estar, de ir adonde quieras ir.» Este momento no es el final de una relación; es la realización última del propósito de cualquier relación: que encontremos el significado del amor puro.
A veces la lección que hay que aprender en una relación es cómo continuar y hacer que las cosas funcionen.
Otras veces, lo que hay que aprender es cómo salir de una situación que no sirve. Nadie puede determinar en nombre de otra persona qué principio es válido en qué circunstancia. En última instancia es nuestra conexión con el Espíritu Santo, la guía de nuestra propia intuición, lo único que puede conducirnos al supremo despliegue de los acontecimientos mediante la comprensión más profunda.
«Nunca abandones a una persona cuando te estás yendo», he dicho en muchas conferencias. ¿Qué significa esto? Significa que es importante honrar la naturaleza eterna de las relaciones. Cuando las relaciones cambian de forma, su contenido no tiene por qué disminuir. El ego dice: «Mira, esto se acabó. No ha funcionado. Ya no nos sentimos bien juntos. Lo pasado ya pasó. Ahora estoy con otra persona». El o la «ex» se convierte en un
ciudadano de segunda. Con frecuencia la nueva pareja se siente con el derecho de decir: «¿Por qué hablas de él (o de ella)? Somos nosotros quienes estamos juntos ahora». Pobre de la persona que no apoya el proceso de sanación entre un hombre o una mujer y su anterior pareja. En última instancia terminará descubriendo que su amante la tratará a ella exactamente tal como trató a su pareja anterior. Sentimos celos y la necesidad de
aferrarnos a lo que tenemos porque, en este ámbito como en todos los demás, el ego nos dice que la cantidad de amor que hay es limitada, que el bien de los demás nos priva del nuestro. El ego cree que los recursos son finitos, pero el amor es infinito. Siempre que se añade amor a cualquier parte del sistema, el amor aumenta en cada una de las partes. El amor no origina otra cosa que más amor. Si mi marido o mi amante ha sanado todas
sus relaciones pasadas, ello aumenta su capacidad de amarme desde una posición sana y entera. La última mujer que hubo en su vida no es mi competidora, sino mi hermana.
Hacía poco tiempo que salía con un hombre cuando vino una vez a casa a cenar. Mientras preparaba la cena, le pregunté qué había hecho durante el día, y me contó que había estado trabajando en un guión con su última pareja, que seguía colaborando con él profesionalmente. Al final habían tenido una conversación bastante engorrosa sobre su relación.
Ella continuaba sintiéndose dolida, le costaba desprenderse... la historia que todos conocemos. Le pregunté cómo la había dejado después de esa conversación, y me dijo que estaba bastante alterada. Dejé lo que estaba preparando, lo miré a los ojos y le dije:
-Ve a llamarla.
La idea de que esa mujer estuviera en algún lugar de la ciudad sumida en una angustia horrible mientras nosotros nos deleitábamos en un encuentro romántico se me hacía difícil de sobrellevar. Yo sabía lo que era eso. Habría sido una total falta de ética por mi parte no brindar el menor apoyo a sus sentimientos.
-¿No te molesta? -me preguntó.
-En absoluto. La cena puede esperar.
Nuestras necesidades no son algo aparte. Si contribuimos al dolor de otra persona, eso será un recuerdo que siempre volverá para acosarnos. Si hacemos lo que podemos por ayudarla, siempre habrá alguien que haga lo mismo por nosotros. No basta con sentarse ociosamente mientras los demás sufren, usando como excusa para esa actitud egoísta frases como «No es mi responsabilidad» o «Meterme en el asunto sería entrar en una
situación de codependencia».

-No tuve la intención de herirte -me dijo una vez una mujer, después de una situación en la que yo me había sentido traicionada.
-Pero tampoco intentaste amarme -le respondí.
El amor no es neutral. Requiere una toma de posición. Es asumir el compromiso de tratar de conseguir la paz para todos los que intervienen en una situación.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

EL LIBRO DE LA NADA OSHO

EL LIBRO DE LA NADA OSHO (INTRODUCCION)

INTRODUCCIÓN ANTES DE ESCUCHAR A OSHO, yo entendía el zen simplemente como una colección de acertijos incomprensibles, situaciones imposibles y unas cuantas historias divertidas. De alguna manera yo creía que debía de tener un significado oculto, pero nadie parecía capaz de resolver el rompecabezas. Pero entonces, gracias a una serie de maravillosas «casualidades» que constituyen la historia de mi vida, llegué a ver y a oír a Osho. Osho no habla sobre el zen: él es un maestro zen, al igual que lo es de toda la variedad de religiones sobre las que habla, ejerciendo la maestría de su esencia. Hable de lo que hable, lo hace desde su propia experiencia del fenómeno, y en un lenguaje tan claro y simple que el enigma se resuelve inmediatamente y sin destruir su misterio. En estas charlas Osho expande e ilumina los sutras del maestro zen Sosan; los ilumina a la luz de nuestras experiencias en este mundo, para que así puedan tener significado para nosotros. Siendo un maestro del silencio y un maestro de las palabras, Osho sirve de puente entre el vacío de la no-mente de Sosan y el mono parlanchín que llevamos dentro. Estos sutras, llamados en chino «El libro de la verdadera fe», son las únicas palabras que Sosan pronunció, y como tales son muy poderosas. Osho dice de ellas: Estas palabras son atómicas, están llenas de energía. Siempre que una persona que se ha realizado dice algo, la palabra se convierte en semilla y durante miles de años permanecerá como tal y buscará un corazón. Si tú estás listo, listo para ser su terreno, entonces estas palabras, estas palabras tremendamente poderosas de Sosan, están todavía vivas. Son semillas; entrarán en tu corazón si tú se lo permites y te transformarán. Pero nuestros corazones se han cerrado a las palabras de lo infinito: Dios, iluminación, amor, divinidad; todas ellas han sido tan mal usadas que se han vuelto absurdas y sin sentido. Osho muestra el significado de las palabras de Sosan en sí mismo, en su ser, y nos prepara para aceptar estas experiencias en nosotros mismos. Con sus charlas nos conduce a través del laberinto de nuestras sofisticadas mentes hasta el punto desde donde, si nuestros ojos están claros, podremos ver la realidad. Desde lo racional, nos lleva al borde de lo irracional, hasta el punto desde el cual, si nuestros oídos están afinados, podremos oír el sonido de una sola mano aplaudiendo. Con las meditaciones que él mismo ha inventado, Osho ha creado para nosotros situaciones en las cuales hay la suficiente energía y la oportunidad de despojarnos de todo lo que vela nuestra visión y tapona nuestros oídos: nuestro pasado, nuestra represión y nuestra mente. Osho ha hablado acerca de todos los maestros iluminados que ha habido en esta Tierra, no con la intención de hacernos creer en algo o convencernos de alguna idea, sino para mostrar nos los diferentes caminos que nos acercan a la multifacética y contradictoria realidad. No le interesan las teorías ni las filosofías ni los «...ismos», porque estos son, dice, lo que está entre la realidad y nosotros. Él siempre recalca que para alcanzar la realidad, Dios, la iluminación, el nirvana, o como quieras llamarlo, debemos encontrar nuestro propio camino. Cuando habla sobre Sosan, Jesús o Buda, el enfoque de Osho permanece en nosotros, los individuos buscadores, y en nuestro crecimiento hacia nuestra propia realización. Así, dice:

Tú eres el camino y la meta, y no hay distancia entre la meta y tú. Tú eres el buscador y lo buscado; no hay distancia entre el buscador y lo buscado. Tú eres el devoto y la devoción. Tú eres el discípulo y el maestro. Tú eres el medio y el fin. Este es el Gran Camino. HSIN HSIN MING: EL LIBRO DE LA NADA Diez discursos dados por Osho en el ashram de Poona (India), basados en el Hsin Hsin Ming de Sosan. El Gran Camino no es difícil para aquellos que no tienen preferencias. Cuando ambos, amor y odio, están ausentes todo se vuelve claro y diáfano. Sin embargo, haz la más mínima distinción, y el cielo y la tierra se distancian infinitamente. Si quieres ver la verdad, no mantengas ninguna opinión a favor o en contra. La lucha entre lo que a uno le gusta y lo que le disgusta es la enfermedad de la mente.

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martes, 17 de noviembre de 2015

Libro Volver al Amor de un Curso de Milagros (Marianne Williamson)


Libro Volver al Amor de un Curso de Milagros (Marianne Williamson)
Capitulo VII
14. LA PRÁCTICA DEL PERDÓN.
«El perdón es la única respuesta cuerda.»
Para el ego, el amor es un crimen. El ego intenta convencernos de que perdonar es algo peligroso que lleva
consigo un sacrificio injusto por nuestra parte. Insiste en que el perdón nos convertirá en el chivo expiatorio de
otras personas. "Para el ego, el amor es debilidad. Para el Espíritu Santo, el amor es fuerza."
Hace años, cuando se celebraron los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, yo salía con un hombre. La
ceremonia inaugural iba a ser una maravillosa representación teatral, y era muy difícil conseguir entradas.
Como trabajaba para una cadena de televisión, a Mike le dieron en el último momento un pase para entrar.
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Yo estaba entusiasmada por él. En la ciudad, todo el mundo sabía que iba a ser un gran acontecimiento.
Decidimos que yo vería la ceremonia por televisión y que después nos encontraríamos. Al término de la
emisión empecé a vestirme, imaginándome que podía pasar una hora o más hasta que tuviera noticias de él,
ya que el tráfico en los alrededores del estadio no podía menos que ser un caos.
Pasó una hora y después otra. «Bueno, trabaja para la televisión -me dije-, así que probablemente haya
algún inconveniente.» Pasó otra hora, y otra más. Llegó y pasó la medianoche. Me desvestí y me quité el
maquillaje. Se hicieron las dos, y después las tres. A veces me quedaba dormida, otras seguía acostada en la
oscuridad mirando fijamente al techo; a veces me ponía morada de furia y otras me asustaba por la posibilidad
de que se estuviera muriendo en alguna zanja. Llamé a su casa. No hubo respuesta. Volví a llamar. Tampoco
hubo respuesta. Finalmente, tras casi no haber dormido, llamé alrededor de las seis de la mañana y él cogió el
teléfono.
-Diga.
-¿Mike? -pregunté-. Soy Marianne.
-Ah, hola.
-¿Estás bien?
-Sí, ¿por qué?
-Ayer teníamos que vernos. ¿Te olvidaste?
-Ah, claro -dijo-. Es que no me di cuenta y el tiempo fue pasando.
No sé qué dije para colgar, pero sé cómo me sentía, y no era ninguna maravilla. Me habían dejado plantada,
y yo sentía ese tipo de golpe a mi autoestima que se siente en las tripas y le llena a uno las venas de una
especie de tinta negra emocional. Aturdida, no sé cómo terminé por dormirme. Cuando me desperté, veía la
situación de manera muy distinta. Estaba segura de que él se despertaría lamentando la forma en que había
actuado. En cualquier momento aparecería en mi puerta con una docena de rosas y me diría: «Hola, nena,
¿puedo llevarte a comer algo?». Y mi guión mental incluía un generoso: «Por supuesto, cariño»
melodiosamente articulado. El problema es que no vino, y no sólo eso, sino que tampoco llamó.
Yo estaba en una zona de penumbra. ¿Qué diría de una cosa así Un curso de milagros? Sabía que
necesitaba un milagro, pero lo único que se me ocurría eran dos maneras posibles de tratar el asunto; las dos
las había intentado antes en situaciones similares, y ninguna de ellas me había gustado ni había hecho que
consiguiera lo que quería.
Mi primera opción era enojarme mucho y asegurarme de que se enterara: «¿Quién te crees que eres para
tratarme de esa manera, hijo de puta?». El problema con esa opción era que invalidaría completamente mi
posición. «Marianne es muy buena chica, pero tiene un genio insoportable. Se pone histérica cuando las cosas
no son como ella quiere.»
La otra opción que podía imaginarme era perdonarlo y dejar las cosas como estaban, pero tampoco me
satisfacía. «No tiene importancia que me hayas plantado, Mike. Está bien. No me preocupa.» Yo podía
entender el amor incondicional, pero no los compromisos románticos incondicionales. No sabía qué hacer, y
pedí un milagro. Consideré la posibilidad de otra posibilidad. Dejé la situación a cargo de Dios y recordé que yo
no necesitaba hacer nada.
Desde el punto de vista del Curso, de lo primero que me tenía que ocupar era de mi propio juicio. Mientras yo
no estuviera en paz, mi comportamiento reflejaría la energía de mi conflicto. Un comportamiento conflictivo no
puede dar paz; sólo produce más conflicto. Primero tenía que ocuparme de mis propias percepciones. Lo
demás ya vendría luego.
Entonces me inventé un ejercicio; repetiría constantemente, en voz alta cuando pudiera y en silencio cuando
hubiera alguien presente: «Te perdono, Mike, y te dejo en manos del Espíritu Santo. Te perdono, Mike, y te
dejo en manos del Espíritu Santo. Te perdono, Mike, y te dejo en manos del Espíritu Santo».
Como Mike no llamó al día siguiente de nuestra conversación telefónica matutina, ni tampoco al otro, ni al
que lo siguió, tuve que esforzarme por disipar muchísimos sentimientos negativos. Mi salmodia de perdón -una
especie de mantra o afirmación repetida de sabiduría espiritual- funcionó como un bálsamo sanador de mi
torbellino emocional. Me salvó de la tentación de concentrarme en el comportamiento de Mike y me mantuvo,
en cambio, centrada en mis propios sentimientos. Mi objetivo era la paz interior, y yo sabía que no podría
tenerla mientras siguiera percibiendo a Mike como culpable.
Tardó dos semanas en llamar. La repetición constante de la afirmación «Te perdono, Mike, y te dejo en
manos del Espíritu Santo», esa disposición a perdonar a alguien, había actuado en mi cerebro como una
placentera droga. No me importaba si volvía a tener noticias de él o no.
Y un día, en mi casa, suena el teléfono y oigo la voz familiar de Mike:
-¿Marianne?
Antes de poder siquiera pensarlo conscientemente, el pecho se me llenó de un cálido sentimiento de amor.
-¿Mike? ¡Hola! ¡Qué bueno tener noticias tuyas! -y realmente lo sentía así, me parecía estupendo oír su voz.
-¿Cómo te va? Te he echado de menos.
Era increíble que dijera eso. No sé si le contesté que yo también lo había echado de menos. Resultaba tan
absurdo que probablemente no le dije nada. Pero esto sí lo recuerdo: me preguntó cuándo podíamos vernos.
-A ti, ¿cuándo te gustaría? -le pregunté.
-¿Qué te parece esta noche?
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En aquel momento me salieron de la boca palabras que me sorprendieron tanto como debieron de
sorprenderle a él. Con mucho amor y bondad, le dije:
-Mike, te aprecio de verdad y eso no va a cambiar. Sigo siendo tu amiga pase lo que pase. Pero cuando se
trata de estar en pareja, no parece que bailemos la misma danza. Si alguna vez quieres que almorcemos
juntos, llámame. Pero en cuanto a lo demás, se acabó.
Los dos murmuramos un par de cortesías más y cortamos la comunicación. Me quedé preocupada porque
había rechazado a un hermano, pero inmediatamente después vi proyectada en medio del cielo una imagen
interna de montones de botellas de champán cuyos corchos saltaban alegremente. No había rechazado a un
hermano. Simplemente, me había aceptado a mí misma de otra manera, completamente nueva. Él había tenido
su premio -una lección aprendida y una amistad, si la quería- y yo el mío. El perdón no me había convertido en
un chivo expiatorio. Me había enseñado a ser dueña de mi «sí» y de mi «no», sin enojo, con dignidad y amor.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

El Sendero del Mago : VI Lección


EL SENDERO DEL MAGO: LECCIÓN 6
La consciencia del mago es un campo omnipresente. 

Las corrientes de conocimiento presentes en el campo son eternas y fluyen para siempre. En los momentos de revelación están contenidos siglos de conocimiento. Vivimos como ondas de energía en el vasto océano de la energía. Cuando dejamos de lado el ego, tenemos acceso a la totalidad de la memoria. Una mañana Arturo se despertó muy temprano, temblando en su cama de paja, y vio a Merlín mirándolo desde el otro lado de la cueva. “Tuve un mal sueño”, murmuró el niño. “Era la última persona que quedaba sobre la Tierra y caminaba por bosques y calles totalmente desolados”. “¿Sueño?”, dijo Merlín. “Eso no fue un sueño. Eres la última persona sobre la Tierra”. “¿Cómo puede ser eso?”, preguntó Arturo. “¿Estarías de acuerdo en que la única persona sobre la Tierra tendría que ser necesariamente la última?” “Bueno, desde el punto de vista de tu imagen de ti mismo, a la cual las personas del futuro han denominado ego, tú eres el único”. “¿Cómo puedes decir eso? Tú y yo estamos aquí juntos, ¿no es así? Y hemos visitado aldeas y pueblos en los cuales deben vivir cientos de personas. Merlín sacudió la cabeza. “Si te miras honestamente, ¿qué eres? Una criatura de experiencias que se convierten constantemente en recuerdos. Cuando dices ‘yo’, te refieres a ese paquete único de experiencias, con toda su historia privada que nadie más puede compartir. “Nada parece más personal que la memoria. Tú y yo hemos andado por caminos diferentes, aunque andamos juntos. No puedo mirar una flor sin tener una experiencia que tú no compartes. No es posible compartir verdaderamente con otra persona una sola lágrima o una sonrisa. Cuando Merlín terminó de hablar, Arturo se veía muy acongojado. “Lo haces parecer como si todos estuviéramos completamente solos”, dijo el niño. “Yo no”, replicó Merlín. “La actividad del ego es la que te hace sentir solo, sellándote en un mundo en el cual nadie más puede entrar”. Viendo la tribulación de su discípulo, Merlín suavizó la voz. “Y, no obstante, el ego se puede dejar de lado. Ven conmigo”. 

Se levantó y llevó a Arturo afuera de la cueva, hacia la oscuridad del amanecer todavía lleno de estrellas. “¿Cuán lejos crees que está esa estrella?”, preguntó señalando a Canícula. Como era la mitad del verano, Sirio se veía brillante y muy cerca del horizonte. “No lo sé. Imagino que debe estar más lejos de lo que puedo medir o siquiera imaginar”, contestó Arturo. Merlín sacudió la cabeza. “No está a ninguna distancia. Piensa en esto: para poder ver la estrella, su luz tiene que entrar en tu ojo, ¿correcto? Los rayos de luz fluyen continuamente de aquí para allá, como puentes invisibles. ¿Qué es una estrella sino luz? Por lo tanto, si todo es luz — tanto aquí como allá y también el puente que une los dos puntos —‘ entonces no hay separación entre tú y la estrella. Ambos son parte del mismo campo unificado de luz”. “Pero parece estar muy lejos. Después de todo, no la puedo arrancar del firmamento”, objetó Arturo. Merlín se encogió de hombros. “La separación es sólo una ilusión. Pareces estar separado de mi y de las demás personas porque tu ego asume la postura de que todos estamos aislados y solos. Pero te aseguro que si dejas de lado a tu ego, nos verás a todos rodeados por un solo campo infinito de luz, el cual es la consciencia. Cada uno de tus pensamientos nace en un vasto océano de luz sólo para regresar a él, junto con cada una de las células de tu cuerpo. Este campo de consciencia está en todas partes, como un puente invisible que une todo lo que existe. “Entonces no hay nada tuyo que no sea parte de todos los demás — salvo en la manera como lo ve el ego. Tu tarea consiste en ir más allá del ego y sumergirte dentro del océano de consciencia universal”. Arturo estaba pensativo. “Tendré que reflexionar sobre lo que me has dicho”. “Hazlo”. Merlín bostezó. “Yo todavía tengo sueño”. El mago se volvió para entrar en la cueva abrigada. “Ah, y antes de que lo olvide, antes de acostarte nuevamente, ¿querrías colgar esa cosa otra vez?” “¿Cosa?” Arturo bajó la vista y para su sorpresa, vio que Canícula había sido arrancada del cielo y estaba a sus pies. Para Comprender la Lección. 

El ego se ha dedicado a escoger y rechazar experiencias, como lo vimos anteriormente. Como consecuencia, el ego produce aislamiento, puesto que todo aquello que escoge y selecciona crea una brecha. Entre cada uno de nosotros y las cosas que rechazamos hay una brecha. Entre usted y yo también hay una brecha, porque hemos decidido no tener la misma experiencia — nuestros egos están separados. De hecho, todos damos por sentado que no hay forma de compartir las experiencias, por lo menos no plenamente. Yo no puedo entrar en las emociones, temores, deseos y sueños de nadie, y nadie puede entrar en los míos. Lo mejor que podemos hacer es tratar de construir puentes de comunicación, los cuales suelen ser demasiado débiles para sostenerse. Las cosas más íntimas de nosotros mismos desde que nacemos — nuestros recuerdos y experiencias — nos producen soledad y aislamiento. Sin embargo, el mago nunca está aislado, porque el ego no forma parte de su percepción de las cosas. Ego es aquella parte del yo que sentimos muy personal e imposible de compartir. Merlín le dijo una vez a Arturo: “Trata de olvidarme si puedes”.
“¿Qué?”, dijo Arturo sorprendido. “No podría olvidarte jamás — y no deseo hacerlo”. Sintió angustia al pensar que Merlín lo estuviera rechazando de alguna manera. 

“¿Tú deseas olvidarme?”, preguntó. “Definitivamente”, replicó tranquilamente el mago. “Verás, deseo que seamos amigos, y si te recuerdo, ¿qué tendré? No al verdadero tú, sino una imagen muerta. Eso es lo que es un recuerdo, una cosa viva convertida en imagen muerta. Pero mientras pueda olvidarte día tras día, entonces despertaré para verte renovado al día siguiente. Veré al verdadero tú, despojado de imágenes gastadas”. Dejar al ego de lado significa dejar de lado a la memoria. Una vez logrado eso, dejamos de sentimos aislados. La mente individual reduce el alcance de nuestra consciencia, hasta el punto de hacernos ver el mundo como a través de un embudo. En el mundo del mago, todos comparten la misma consciencia universal. esta fluye eternamente y abarca todos los pensamientos, todas las emociones y todas las experiencias. “En la medida en que seas una sola persona”, decía Merlín, “serás como una gota en el océano. En la medida en que seas parte de la consciencia universal, serás todo el océano “¿Acaso una sola gota no se deshace simplemente, perdiéndose en el océano?”, preguntó Arturo. “No, el individuo no puede desvanecerse jamás, ni siquiera a través de la experiencia del océano de consciencia”, le aseguró Merlín. “Puedes ser tú mismo y ser el Todo al mismo tiempo. Aunque pueda parecerte un misterio, así es”. 
Para Vivir la Lección. 
Todos nos aferramos a la memoria porque ella nos define. Pero para poner fin a la separación y el aislamiento, debemos estar dispuestos a ver la irrealidad de la memoria. Piense en alguien a quien conozca bien — su esposo o esposa, un hermano o una amiga. Traiga a esa persona a su mente con todo detalle y pregúntese qué sabe en realidad sobre ella. Vaya más allá de los simples hechos como el color de los ojos, el peso, el oficio, o el sitio donde vive. Piense en cambio en los rasgos más personales, como aquello que le agrada y le desagrada, los recuerdos vívidos y las interacciones. Cuando termine este ejercicio, podrá suponer que ha hecho un retrato bastante exacto de esa persona. Sin embargo, todo lo que vino a su mente salió de su memoria y, por lo tanto, lo que ha descrito es su propio punto de vista. Esa misma persona podría ser descrita de una manera totalmente diferente desde otro punto de vista. Lo que a usted le parece agradable puede ser desagradable para otros, lo que para usted puede ser digno de recordar otra persona puede querer olvidarlo. No necesita ir demasiado lejos para reconocer que todos los elementos de su descripción son completamente relativos. Lo que para usted es alto, puede ser bajo o corriente en opinión de otra persona, lo pesado puede ser liviano, lo claro oscuro, lo amable, desagradable, etc. Usted habrá descrito en realidad su propio punto de vista, no a la persona. Además, sus experiencias con esa persona son únicas, lo cual hace que su descripción sea todavía más particular. Si todo lo que usted creía saber sobre una persona termina refiriéndose indirectamente a usted, es obvio que la memoria sirve para aislar. Todos fragmentamos el mundo de acuerdo con nuestra forma personal de percibirlo, creando cascos de aislamiento que nadie puede penetrar, por lo menos no totalmente. Puesto que nuestro punto de vista es completamente relativo, no se puede considerar real. La realidad no depende de un punto de vista — sencillamente es. Y la mayoría de nosotros, recluidos dentro de nuestro mundo privado, no entramos en contacto con lo real con mucha frecuencia. El hábitat de los sentidos es lo irreal; el hábitat del mago es lo real. Es preciso mirar detrás del telón de la memoria para comenzar a descubrir el verdadero tejido de la realidad.
DEEPAK CHOPRA
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El Sendero del Mago : V Lección





EL SENDERO DEL MAGO: LECCIÓN 5

Los magos no creen en la muerte.
A la luz de la consciencia, todo vive.
No hay principios ni final es. Para el mago, éstos no son más que fabricaciones de la mente.
Para estar totalmente vivo, es preciso estar muerto
para el pasado.
Las moléculas se disuelven y desaparecen, pero la consciencia sobrevive a la muerte de la materia en la cual se aloja.
En todas las historias sobre Merlín, hasta en las más confusas, se da por sentado que el mago vivía hacia atrás en el tiempo. En su época, esto causó gran consternación entre los mortales.
El anciano mago gritaba “¡Cuidado!” un segundo después de quemarse Arturo con agua hirviendo. Aparecía en los funerales y le acariciaba el mentón al cadáver como si fuera un recién nacido. Y por si fuera poco, los aldeanos murmuraban
que se había visto a Merlín en los cementerios, entregando regalos de bautismo a las lápidas.
“¿Puedes explicarme por qué vives hacia atrás en el tiempo?”, preguntó una vez el joven Arturo.
“Porque todos los magos lo hacen”, contestó Merlín.
“Y, ¿por qué?”
“Porque lo preferimos. Tiene muchas ventajas”.
“No le veo ninguna”, insistió Arturo, pesando en los extraños hábitos de Merlín, como desayunar antes de acostarse.
“Mira, te mostraré”, dijo Merlín, y llevó a Arturo afuera de la cueva de cristal. Era un día caluroso de verano y el Sol estaba en el punto más alto del cielo.
“Ahora”, dijo Merlín, entregándole una pala al niño, “comienza a cavar una zanja de aquí hasta allá y no te detengas hasta que te diga”.
Arturo se entregó a la tarea con todo su empeño, pero al cabo de una hora estaba agotado y Merlín aún no le había dicho que se detuviera. “¿Con esto es suficiente?”, preguntó. Merlín se quedó mirando la zanja.
“Sí, es suficiente”, dijo. “Ahora llénala de nuevo”. Aunque Arturo estaba acostumbrado a obedecer, la orden
no le agradó demasiado. Sudoroso y con el ceño fruncido, continuó trabajando hasta llenar totalmente la zanja.
“Ahora siéntate a mi lado”, dijo Merlín. “¿Qué piensas del trabajo que acabas de hacer?”.
“Que no tenía objeto”, se desahogó Arturo. “Exactamente, y lo mismo sucede con la mayoría de los esfuerzos del ser humano. Pero la inutilidad sólo se descubre cuando ya es demasiado tarde, una vez realizado el trabajo. Si vivieras hacia atrás en el tiempo, habrías reconocido que hacer esa zanja no tenía objeto, y no te
habrías molestado en comenzar a cavar”.
Para Comprender la Lección.
Las leyendas de la época arturiana en las que se afirma que Merlín vivía hacia atrás en el tiempo eran una simplificación.
A los antiguos narradores de mitos les encantaba asombrar, y cualquier lector que tratara de descifrar lo que significaba vivir hacia atrás en el tiempo se maravillaría con ese singular personaje que era Merlín. Como resultado, hubo quienes lo vieron como profeta o adivino. Podría decirse que todo profeta vive hacia atrás en el tiempo, puesto que aparentemente experimenta lo que aún no ha sucedido.
Pero en un plano más profundo, para la mente medieval vivir hacia atrás en el tiempo significaba desafiar el ciclo natural del nacimiento y la muerte. Quienquiera que se hace más joven día tras día es porque ha escapado a las leyes inmutables que ordenan que todas las cosas vivas se deterioran y mueren. Se diría que el día del nacimiento de un mago es el día en que desaparece del mundo, suponiendo que en realidad muera.
A fin de desenredar esta paradoja es preciso comprender el tiempo como lo experimenta el mago. “Ustedes los mortales tomaron su nombre de la muerte”, dijo Merlín en la cueva de cristal. “Se llamarían inmortales si creyeran que son criaturas de vida”.
“Eso no es justo”, protestó Arturo. “Nosotros no escogimos la muerte. Nos fue impuesta”.
“No, sencillamente están acostumbrados a ella. Todos ustedes envejecen y mueren porque ven a los demás hacer lo mismo. Sólo tienen que descartar esa costumbre desgastada, para liberarse de las redes del tiempo”.
“¿Descartar la muerte? ¿Y eso cómo se hace?”, quiso saber Arturo.
“Para empezar, debes volver a la fuente de esa costumbre. Ahí encontrarás algún trozo de falso razonamiento que te convenció de ser mortal en primer lugar. En el origen de toda falsa creencia hay un razonamiento falso. Después encuentra la falla en tu lógica y deshazte de ella. Es muy sencillo”.
Arturo se conoce en la leyenda como el “rey que fue y será”, lo que da a entender que también él había a escapado al hechizo de la muerte. ¿Qué fue lo que él averiguó? ¿Cuál es la falsa lógica que los magos ven detrás de la mortalidad? Básicamente es nuestra identificación con el cuerpo. Los cuerpos humanos nacen, envejecen y mueren. Es ilógico identificarse con ese proceso, pero una vez aceptada esa noción, ella nos condena a morir. Caemos bajo el hechizo de la mortalidad y no tenemos otra alternativa que aceptar la muerte.
A fin de romper el encantamiento es necesario pasar de identificarnos con lo temporal a identificarnos con lo
eterno. Por lo tanto, el mago emprende un viaje que lo lleva a descubrir la verdad sobre el tiempo — ése es el significado real de la historia según la cual Merlín vivía hacia atrás en el tiempo.
El deseaba devolverse en el tiempo hasta el inicio.
Para Vivir la Lección.
Según la experiencia del mago, el tiempo es la eternidad cuantificada. “Todos estamos rodeados por lo eterno”, sostenía Merlín. “La pregunta es qué hacer con él”.
Al descomponer lo eterno en trozos pequeños creamos el tiempo, y ésa aún es nuestra tendencia. Para nosotros, el tiempo fluye de manera lineal. Los relojes marcan los segundos, los minutos y las horas, registrando la larga marcha desde el pasado hasta el presente y hacia el futuro. Einstein desvirtuó ese concepto lineal del tiempo cuando demostró que éste es relativo y tiene
la capacidad de acelerar o disminuir su velocidad.
Además de parecerse un poco a Merlín, Einstein tuvo que haber entrado en el mundo del mago para plantear esta asombrosa noción. Según su propio relato, él pudo sentir la teoría de la relatividad mucho antes de poder demostrarla matemáticamente. Nosotros sentimos el tiempo como una cosa relativa, fluida — un suceso feliz lo acelera, mientras que una experiencia dolorosa lo frena. Un día para un enamorado es como un segundo,
mientras que una mañana en el consultorio del odontólogo parece una eternidad.
Pero, ¿en realidad es posible que esta nueva forma de concebir el tiempo nos permita superar la muerte?
Para el mago, la muerte es sólo una creencia. La relatividad nos permite alterar nuestra creencia en el tiempo lineal. No es difícil pensar en otros ejemplos que nos permitirían creer en la inmortalidad. Si consideramos, por ejemplo, que el universo es un depósito de energía, entonces desde el punto de vista de la energía nada muere, porque ésta no se destruye. Siempre estaremos aquí en forma de energía.
“Pero no deseo ser energía”, protestó Arturo cuando escuchó ese razonamiento.
“Ése es tu fatal error”, señaló Merlín. “Como te identificas con tu cuerpo, piensas que necesitas una forma. La energía no tiene forma, de manera que tú no crees que puedas ser energía. Pero lo único que quería hacerte ver es que la energía no puede nacer; no tiene principio o fin. Mientras no dejes de pensar que tienes principio, no podrás encontrar tu parte inmortal, la cual no debe nacer a fin de que no muera jamás”.
Viendo el rostro abatido del niño, Merlín lo tranquilizó: “No te estoy robando el cuerpo para establecer que no tienes forma.
Lo único que debes hacer es ver lo que no tiene forma dentro de la forma, y así podrás tener la inmortalidad en medio de la mortalidad”.
Las moléculas se forman y se disuelven, retornando al caldo primordial de átomos. Pero la consciencia sobrevive a la muerte de las moléculas sobre las que cabalga. Lo que una vez fue un paquete de energía en un rayo de sol se convierte en hoja, sólo para caer y transformarse de nuevo en tierra. Este cambio de estado traspasa muchas fronteras. El rayo de sol es invisible, mientras que las hojas y la tierra son visibles.
La hoja vive y crece, mientras que el rayo de sol no. Los colores de la luz, la hoja y la tierra son diferentes, y así sucesivamente.
Pero todas esas transformaciones existen como fabricaciones de la mente. La energía real presente en el rayo de sol no cambia en lo absoluto — sencillamente es parte del juego constante de los fotones y electrones que lo componen todo, ya sea que se perciban como vivos o muertos. La ciencia moderna le ha permitido a la
mente adentrarse dentro de esta nueva y correcta perspectiva; ahora debemos aprender a viviría. Los pensadores visionarios como Einstein sólo pueden ayudarnos a superar las barreras mentales; nos toca a nosotros romper las demás — las barreras de los instintos y las emociones, nosotros mismos.
El temor emocional a la muerte es una de esas barreras. Desde el punto de vista del mago, todo el fenómeno de la muerte está envuelto en el temor, aunque ese temor tiene un origen tan profundo que sus efectos no son obvios de inmediato. Sin embargo, hay un ejercicio sencillo para descubrirlo. Siéntese con una pila de hojas de papel. Escoja un sitio donde no haya ruido ni distracciones. Después coloque la punta del bolígrafo sobre la
primera hoja y prométase no levantarlo durante cinco minutos. Comience a escribir la frase “Le temo a” y termínela como desee.
Sin levantar el bolígrafo, comience nuevamente la frase “Le temo a”, y nuevamente escriba lo que le venga a la mente. Mientras lo hace, respire lentamente sin hacer pausas entre una respiración y otra. Esto se conoce como respiración circular, en la cual la inhalación y la exhalación están conectadas. Desde tiempos antiguos se ha considerado que esta forma de respiración permite dejar atrás las inhibiciones de la mente consciente.
Sin esta técnica sería mucho más difícil llegar al nivel inconsciente del temor.
Mientras practica la respiración circular, inhalando y exhalando sin parar, complete una y otra vez la misma frase, “Le temo a”, sin levantar el bolígrafo del papel. Una vez que se libere y pueda plasmar sobre el papel sus temores ocultos, le será difícil detenerse.
Si realiza el ejercicio libremente, dejando que sus pensamientos se desenvuelvan sin tratar de controlarlos, descubrirá muchas asociaciones extrañas con el temor que no había imaginado. Y esos temores inesperados traerán consigo emociones, no sólo temor sino ira, tristeza y alivio. Podrán incluso brotar lágrimas reprimidas.
Deje que todo salga, pero vuelva siempre a la respiración y no levante el bolígrafo del papel hasta que termine. Si comienza a sentirse demasiado mal, deténgase. Al terminar el ejercicio es buena idea acostarse a descansar, a fin de recuperar el equilibrio normal. Este ejercicio es más eficaz la primera vez, aunque se puede repetir cuantas veces lo desee.
¿Qué tiene todo esto que ver con la concepción que tiene el mago acerca de la inmortalidad? Podría decirse que realizar una sesión de cinco minutos con el temor es como eliminar una capa de un sistema de creencias.
La inmortalidad está en el núcleo de la vida humana, pero está envuelta en sucesivas capas de creencias contrarias a ella. Esas creencias se refuerzan en la vida cotidiana — vivimos nuestros temores, deseos, sueños, asociaciones inconscientes y, en últimas, la creencia profunda de que debemos morir. La mente racional seguramente defendería esta posición sosteniendo que la muerte nos rodea por todas partes.
Pero Merlín diría: “Analiza más de cerca tus dudas racionales. Detrás de ellas está el que duda, detrás del que duda está el que piensa, detrás del que piensa hay una chispa de consciencia pura que debe ser consciente para que haya un pensamiento. Yo soy esa chispa de consciencia. Soy inmortal e inmune al tiempo.
No te limites a especular sobre mí, a juzgar si debes aceptarme o rechazarme. Sumérgete hasta el fondo, desecha tus capas de duda. Cuando finalmente nos encontremos, sabrás quién soy Y entonces mi inmortalidad no será una simple noción, sino una realidad viva.
DEEPAK CHOPRA

El Sendero del Mago: IV Lección






EL SENDERO DEL MAGO: LECCIÓN 4
¿Quien soy yo? es la única pregunta que vale la pena
hacerse y la única que nunca se responde.
Nuestro destino es representar una infinidad de papeles, pero esos papeles no somos nosotros mismos.
El espíritu no tiene lugar, pero deja tras de sí una huella a la cual llamamos cuerpo.
Un mago no se considera a sí mismo un suceso local que sueña un mundo más grande.
Un mago es un mundo que sueña sucesos locales.Merlín desapareció del mundo de Arturo durante muchos años; sin embargo, un buen día reapareció y salió del bosque en dirección a Camelot. Dichoso de ver a su maestro, el rey Arturo ordenó un gran banquete en su honor, pero Merlín se mostró perplejo y miró a su antiguo pupilo como si nunca lo hubiera visto.
“Tal vez podría asistir, si eres la persona que creo que eres”, dijo Merlín. “Pero, dime la verdad, ¿quién eres?”. Arturo quedó desconcertado, pero antes de que pudiera protestar, Merlín se dirigió a la corte reunida y dijo en voz alta: “Le doy esta bolsa de polvo de oro al que pueda decirme quién es esta persona”. 

inmediatamente apareció en su mano una bolsa repleta de oro en polvo. Aturdidos y mortificados, ninguno de los caballeros de la Mesa Redonda se adelantó. Entonces un joven paje se aventuró a decir: “Todos sabemos que él es el rey”. Merlín sacudió la cabeza y expulsó bruscamente al joven de la sala.
“¿Ninguno de ustedes sabe quién es él?”, repitió.
“Es Arturo”, gritó otra voz. “Hasta un idiota sabe eso”. Merlín identificó el sitio de donde venía la voz — del rincón donde estaba una anciana sirvienta — y también le ordenó que abandonara el recinto. 

Toda la corte zumbaba de confusión, pero el reto del mago no tardó en convertirse en juego. 
Comenzaron a oírse varias respuestas: el hijo de Uther Pendragon, el gobernante de Camelot, el soberano de Inglaterra. Merlín no aceptó ninguna de ellas, como tampoco algunas más ingeniosas como hijo de Adán,
flor de Albión, un hombre entre los hombres, y así sucesivamente. Finalmente le llegó el turno a la reina Guinevere. “Es mi amado esposo”, murmuró. Merlín solamente sacudió la cabeza. Uno por uno, todos abandonaron el gran salón hasta que quedaron solos el mago y el rey “Merlín, nos has puesto a todos en una
situación embarazosa’, admitió Arturo. “Pero estoy seguro de saber quién soy Por lo tanto, mi respuesta es ésta: Soy tu viejo amigo y discípulo”. Tras vacilar unos segundos, Merlín desechó también esta última respuesta, y al rey no le quedó otra alternativa que salir. Sin embargo, movido por la curiosidad, se dirigió hacia una puerta abierta desde donde podía ver el gran salón. Para su asombro, vio cómo Merlín iba hacia una ventana y lanzaba el oro al aire.
“¿Por qué hiciste eso?”, gritó sin poder reprimirse.
Merlín alzó la vista. “Tuve que hacerlo”, replicó. “El viento me dijo quién eres”.
“¿El viento? Pero si no dijo nada”.
“Precisamente”.


Para Comprender la Lección.
Los magos y los de su especie con frecuencia han preferido no tener nombre ni pertenecer a sitio alguno.

No es de su agrado permanecer en un solo lugar, donde podrían llegar a acostumbrarse demasiado a los mortales.
“Quien quiera que me llama por mi nombre es un extraño”, decía Merlín. “El hecho de que reconozcas mi rostro no significa que me conozcas”.
Los magos se consideran ciudadanos del cosmos. Por lo tanto, el sitio exacto donde se les pueda encontrar es irrelevante.
En la vida mortal, lo que nos limita en primero y último lugar son los nombres, los rótulos y las definiciones.
Tener un nombre es útil — nos permite saber cuál es el certificado de nacimiento que nos pertenece — pero no tarda en convertirse en una limitación. El nombre es un rótulo. 

Define un lugar y una hora de nacimiento, en una determinada familia. Al cabo de unos años, el nombre define que vayamos a una determinada escuela, y que después sigamos una determinada profesión. Cuando llegamos a los treinta años, nuestra identidad está encerrada en un cajón de palabras. 
Las paredes del cajón podrían estar hechas de lo siguiente: “Abogado tributario católico, educado en x universidad, casado, padre de tres hijos y con una hipoteca”. Aunque es probable que esos hechos sean exactos, son engañosos. Atrapan a un espíritu incondicionado dentro de unas condiciones.
Muchas de esas limitaciones parecen pertenecernos a nosotros, cuando en realidad se refieren únicamente a nuestro cuerpo — y todos somos mucho más que un cuerpo. El mago tiene una relación peculiar con su cuerpo. Lo ve como un haz de consciencia que adopta una forma en el mundo, de la misma manera como las piedras, los árboles, las montañas, las palabras, los deseos y los sueños fluyen y adoptan una forma. El hecho
de que un deseo o un sueño no tenga sustancia mientras que el cuerpo es sólido, no perturba al mago.
Los magos no tienen el prejuicio común que nos lleva a pensar que ‘sólido” es sinónimo de “realidad”.
El mago no se ve a si mismo como un suceso local que sueña con un mundo más grande. El mago es un mundo que sueña con sucesos locales. No hay fronteras que lo limiten. Los mortales no podrían vivir sin fronteras. Sus cuerpos definen el lugar donde se encuentran — sin cuerpo no podrían ni siquiera saber cuál es
su hogar, puesto que el hogar es el sitio a donde va el cuerpo para refugiarse y descansar.
Sin embargo, Merlín no se consideraba un ser sin hogar. Decía: “Este cuerpo es como un nido al cual llegan mis pensamientos, pero entran y salen tan rápidamente que bien Podría decirse que viven en el aire”.
Suponemos que nuestros pensamientos van y vienen dentro de nuestra mente, pero, nuevamente, no podemos demostrarlo. ¿Quién ha visto un pensamiento antes de que aflore? ¿Quién sigue un pensamiento hasta el sitio a donde va después?
Merlín no comprendía por qué los mortales deseaban aferrarse a sus cuerpos. “Está bien decir que esta envoltura de carne y hueso soy ‘yo”’, decía, “pero sólo si esa colina, esa pradera y ese castillo también son ‘yo”’. A los ojos de Merlín, el cuerpo mortal no era mejor que un perchero para colgar las creencias, los temores, los prejuicios y los sueños. Si se cuelgan demasiados abrigos en un perchero, éste desaparece de vista. Eso es lo que los mortales han hecho con sus cuerpos, decía Merlín. Es imposible ver la verdad del cuerpo humano — que es un río de consciencia que corre a través del tiempo —, debido al exceso de peso del pasado que se ha acumulado sobre él.


Para Vivir la Lección
Para experimentar esta lección, olvide su nombre durante un tiempo. Digamos que la pregunta ¿Quién soy yo? es real en este momento. Escapar del nombre y de la forma implica descubrir quiénes somos en realidad.
La mayor parte del tiempo nos experimentamos a través de la limitación. Representar un papel es una limitación y, aun así, todo el mundo asume y descarta papeles todo el tiempo. 

Recuerde cuando usted era pequeño y su madre era lo más importante del mundo. Usted no imaginaba que ella tuviera otra vida aparte de ser su mamá; la identidad de ella estaba grabada en su mente. Sólo cuando usted creció, se dio cuenta de que
ella representaba otros papeles como el de esposa, hermana, hija, profesional y demás. A la mayoría de los niños les es difícil aceptar el hecho de que su mamá tenga una vida propia, y que ésta no gire totalmente alrededor de la maternidad — ése es el egoísmo natural de todos los niños pequeños. Pero con el tiempo
aprendemos a meternos en nuestros propios papeles, siguiendo el ejemplo de nuestros padres.
Asumir un gran número de papeles nos parece una forma de ampliar nuestra experiencia. Una mujer que se limita a ser madre podría sentirse abrumada por la vida. En nuestra sociedad, ser “completos” significa representar tantos papeles como sea posible. Pero el mago no ve la situación de esa manera. Para él, ser completo significa liberarse de todos los papeles. “Soy un espíritu libre reducido a la apariencia de este pequeño cuerpo”, diría Merlín. “Podemos tapar el Sol con un dedo, ¿pero acaso su luz no llena todo el cielo?”
Dejar de representar papeles no es fácil; sin embargo, para entrar en el mundo del mago es necesario prescindir de los papeles que jugamos. ¿Cuál es, entonces, la experiencia de estar totalmente liberados de los papeles? En realidad es bastante simple.

Cuando despertamos en las mañanas, hay un instante antes de
comenzar a pensar en las cosas del día, un momento para sentirnos despiertos sin ningún pensamiento en la mente. Somos apenas nosotros mismos, en un estado de consciencia simple. Esta experiencia de simplicidad se repite a intervalos durante el día, pero son pocas las personas que toman nota, porque estamos
acostumbrados a identificarnos con el proceso de pensamiento, el cual también tiene lugar durante todo el día.
Sin embargo, en realidad no somos lo que pensamos.
Quizás le resulte difícil creer esto, pero los pensamientos que pasan por su cabeza no son suyos — le pertenecen al nombre, a los papeles que usted representa. Si usted es una mujer que piensa en su hijo, en cómo le va en la escuela, en qué prepararle para la cena, etc., no es usted la que tiene esos pensamientos. Es
la madre. Cuando en mi consulta pienso en los diagnósticos, las fórmulas y demás, es el médico el que está pensando. Los papeles de madre y médico son útiles, claro está, pero llega el momento en que terminan y entonces todos debemos confrontar el enigma de quién somos — enigma que jamás desciframos, independientemente de cuán bien hayamos representado nuestros papeles.
Sin embargo, si usted lo desea, puede trascender el nivel de los papeles en un segundo. Mientras lee, dirija su atención a quien está leyendo. O mientras escucha música, dirija su atención a quien está escuchando. O si ve un arco iris, trate de ver a quien lo está mirando. En todos los casos sentirá inmediatamente una consciencia alerta, despierta, desprendida, silenciosa y, no obstante, intensamente viva. ¿Qué es lo que usted ha hecho en
realidad? Ha interrumpido el acto de la observación para vislumbrar al observador. Esta maniobra arroja una luz sobre la certeza absoluta de la existencia, porque más allá de la observación está el observador inmodificable. Este observador es el factor sin tiempo presente en todas las experiencias limitadas por el tiempo; este observador es usted.
La idea de existir fuera del tiempo puede ser atemorizante para quien se identifica fuertemente con el papel que representa. Es enorme el número de personas que se sienten devastadas cuando pierden el empleo, cuando los hijos crecen y se van, cuando fallece su cónyuge amado. Su sentido del yo’ está tan ligado a los
nombres, los rótulos y los papeles, que no han dedicado tiempo para averiguar quiénes son en realidad.
El hecho de ser totalmente humanos nos hace reales. Pero la realidad no se puede definir, sólo se puede experimentar. Manténgase alerta a esos breves momentos durante el día cuando experimenta su yo fundamental detrás de una respiración, un sentimiento, una sensación. Antes de saltar de la cama mañana,
trate de capturar esa fugaz insinuación del ser puro y simple, antes de que la mente comience a conversar. Ese estado quieto, silencioso, sin nombre, es muy gratificante. No es afectado por el pensamiento, la conversación o la acción. Es el castillo cuyos muros inexpugnables protegen la bóveda donde se encuentra el verdadero
tesoro de la vida. 
DEEPAK CHOPRA 

http://universo-espiritual.ning.com/
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