sábado, 12 de marzo de 2016

EL LIBRO DE LA NADA OSHO



Capitulo VIII (Tercer Escrito)
VIVIR EN LA FE VERDADERA
NO SE TRATA de un asunto gradual, no es que poco a poco vayas alcanzando la verdad, no es algo gradual. De un solo golpe, cuando ves la verdad, de un solo golpe eres liberado de todo cautiverio.
No es cuestión de hacer esfuerzos, porque cualquier cosa que hagas la harás con la mente, y la mente es la causa de todas las desgracias. Todo lo que hagas con la mente la reforzará aún más. Todo lo que hagas con la mente será un esfuerzo. Todo lo que hagas con la mente será una elección desde dos polos opuestos.
Te irás liando cada vez más. Así que no es cuestión de qué hacer, es cuestión de cómo ver. La cuestión no es cambiar tu carácter, la cuestión no es hacerse más bueno, volverse más santo, ser menos pecador; no, esa no es la cuestión.
La cuestión es cómo ver sin mente, cómo ver sin elegir. La cuestión no tiene que ver con el hacer ni con la acción, la cuestión tiene que ver con la cualidad de la consciencia.
Es por eso que en Oriente hemos enfatizado la meditación y en Occidente han enfatizado la moralidad. Cuando se tradujeron por primera vez los Upanishad a las lenguas occidentales, los eruditos estaban perplejos porque no encontraron en ellos nada parecido a los Diez Mandamientos («No hagas esto, haz aquello»): no había nada. Estaban perplejos. ¿Cómo van a ser estos Upanishad textos religiosos? Porque religión significa moralidad, religión significa: «No hagas esto y haz aquello otro»; es un hacer. Y los Upanishad no hablan acerca de qué hacer, sólo hablan acerca de cómo ser, de qué ser. Cómo estar más alerta y consciente, esa es la única cuestión. Cómo ser tan consciente que puedas ver a través, de modo que los opuestos se conviertan en uno y las dualidades cesen.
En una aguda penetración de consciencia, los pecadores desaparecen; y también los santos, porque ambos pertenecen a la dualidad.
Dios muere y el Diablo también, porque también ellos pertenecen a la dualidad; los ha creado la mente. La cristiandad ha permanecido constantemente en una profunda confusión, porque ¿cómo llegar a un acuerdo con ambos, Dios y Diablo?
Esto es realmente un problema. En primer lugar, ¿de dónde sale el Diablo? Si dices que Dios lo ha creado, entonces la responsabilidad recae en el propio Dios. ¿Y qué ocurrirá al final? ¿Quién ganará?
Si dices que al final ganará Dios, entonces ¿para qué toda esta tontería en el medio, en el camino? Si al final va a ganar Dios, ¿por qué no ahora? Y si dices que no habrá un ganador final, un triunfador, que el conflicto continuará, entonces el Diablo se vuelve tan poderoso como Dios. Y ¿quién sabe?: al final puede ganar.
Y si él vence, ¿qué les ocurrirá entonces a todos tus santos? Entonces los pecadores serán felices y los santos serán arrojados al infierno. Pero todo esto surge a causa de la mente dual. La mente no puede ver que Dios y el Diablo son uno. Ellos son. El Diablo es justo su opuesto: el otro extremo, el odio, la muerte. Así que dices que Dios es amor y el Diablo odio, Dios es compasión y el Diablo violencia, y que Dios es luz y el Diablo oscuridad. ¡Qué idiotez!, porque la oscuridad y la luz son dos aspectos de la misma energía. Al igual que bien y mal, correcto e incorrecto, moral e inmoral, ambas son dos polaridades de un solo fenómeno. Y ese fenómeno es la existencia. Sosan no lo llamaría Dios, porque si lo llamas Dios niegas al Diablo; es Dios más el Diablo. La existencia es ambos, el día y la noche, la mañana y la tarde, ambos, la felicidad y la infelicidad; todo.
Está junto. Y cuando ves esto, el cielo y el infierno, ambos juntos, ¿entonces dónde está la elección? Y ¿qué sentido tiene elegir algo o pedir algo? Todas las demandas cesan. Surge la fe, aparece la confianza. En el vacío de la verdad, donde la dualidad cesa, donde ni siquiera puedes ver que uno es, florece un fenómeno desconocido: la confianza. Florece algo que es lo más precioso, lo más preciado, y ese algo es la flor de la confianza.
De un solo golpe somos liberados del cautiverio; nada se aferra a nosotros y nosotros no nos aferramos a nada. Todo está vacío, claro, autoiluminado, sin el empleo del poder de la mente.
Aquí, el pensamiento, el sentimiento, el conocimiento y la imaginación no tienen ningún valor.
ENTONCES UNO VIVE. Uno solamente vive. Uno respira, solamente respira. Sin imaginación, sin pensamiento, sin mente (no tienen ningún valor). Confías en la existencia, y cuando tú confías en la existencia, la existencia confía en ti. Este encuentro de confianzas es la bienaventuranza suprema, el éxtasis, el samadhi. Así que, ¿qué hacer acerca de esto? No es cuestión de hacer, no se puede hacer nada. Tienes que ver, tienes que observar la vida; hazte un observador, mira en todas las cosas.
La próxima vez que sientas amor, no te dejes engañar por él. Ama, pero mira dentro; dentro hay odio esperando. Observa. Y de repente habrá una iluminación. Serás capaz de ver que este amor no es otra cosa que el primer paso hacia el odio. ¿Entonces qué es lo que se puede escoger? Entonces para qué pedir: «Dios, dame más amor», si vendrá más odio. ¿Entonces qué vas a hacer? Flotarás en el amor y sabrás que el odio está llegando. Ni siquiera te aferrarás al amor..., porque aferrarse significa que estás luchando contra el odio.
Y tú sabes que, tal como la noche viene tras el día, después del amor vendrá el odio. ¿Qué pasará entonces? Ni te aferrarás al amor ni al odio. Cuando estás en tal equilibrio, en tal tranquilidad, cuando no demandas amor, cuando no quieres estar lejos del odio, cuando no te aferras a nada y nada se aferra a ti, de repente ni amas ni odias; de repente, de golpe, se acaba la dualidad. Desde cualquier parte... Gurdjieff solía decir a sus discípulos: «Descubre tu característica principal». Eso es bueno.
Descubre cuál es tu característica principal: ¿el miedo?, ¿el odio?, ¿el amor?, ¿la avaricia?, ¿el sexo? ¿Cuál es tu característica principal? Simplemente observa y ve, trabaja en esa característica principal y trata de ver los opuestos juntos. Si es el amor, entonces ve el amor y el odio juntos. Si puedes ver, se niegan el uno al otro. De repente estarás vacío; no habrá ni amor ni odio. Sólo puede haber uno cada vez. Ambos juntos, se niegan entre sí. De repente ninguno de los dos está ahí; solamente quedas tú, en total soledad. No hay nada, ni rastro de nada. Este es el vacío, shunyata, del que Sosan habla. Si puedes verlo en una dualidad, lo puedes ver en todo; eso no es un gran problema.
Una vez que lo has visto en una dualidad, amor-odio, lo has visto en todas las cosas. Es lo mismo en todas partes. Entrará una cualidad completamente diferente en la existencia. Confía. No es algo en lo que tengas que creer, una doctrina; no tiene nada que ver con ningún Dios, Cristo, Krishna o Mahoma, con ningún Corán, Biblia o Gita. No. Tiene que ver con tu consciencia.
Plenamente alerta, viendo a través, te vuelves libre; y de un solo golpe. De un solo golpe somos liberados del cautiverio; nada se aferra a nosotros y nosotros no nos aferramos a nada.
Todo es vacío, claro, autoiluminado, sin el empleo del poder de la mente. Aquí, el pensamiento, el sentimiento, el conocimiento y la imaginación no tienen ningún valor. No pienses en ello, intenta verlo en la vida. Será doloroso porque cuando estás sintiendo amor, no quieres pensar en absoluto en el odio. En realidad tienes miedo de que, si piensas en el odio, todo este éxtasis de amor desaparezca. Cuando estás vivo no quieres pensar en absoluto en la muerte, porque tienes miedo de que, si piensas demasiado en ella, no te sea posible disfrutar la vida.
Pero, en algún sentido, el miedo es conveniente. Si realmente te vuelves consciente de la muerte, no te será posible disfrutar la vida de la forma en que la estás disfrutando. Tampoco es que sea una gran diversión. No lo es; es simplemente desdicha. No te será posible disfrutarla de esta forma. Y esta forma no es una diversión en absoluto, recuérdalo.
Si piensas en el odio mientras haces el amor, no te será posible disfrutarlo de la forma que lo has estado disfrutando hasta ahora. Pero en realidad, ¿es un gozo o una obsesión? ¿Has disfrutado realmente del amor? Si lo hubieras disfrutado hubieras florecido, tendrías una fragancia diferente; y no la tienes. Entonces tendrías una diferente iluminación del ser, y no la tienes. En el fondo estás vacío, eres pobre; hay oscuridad, no una llama. ¿Entonces qué clase de gozo ha sido este amor, esta vida y todo lo demás?
No, simplemente has estado engañándote. Tu amor no es otra cosa que un tóxico, una droga.
Caes en él por unos momentos y lo olvidas. Luego llega el odio y caes en la desdicha. Y de nuevo, porque estás infeliz, buscas amor, pero tu amor no es otra cosa que caer en un sueño profundo.
Este ha sido tu patrón. Todo lo que llamas felicidad no es otra cosa que caer en el sueño. Siempre que te sientes bien estando dormido, lo ves como ser feliz. ¿Qué es un hombre feliz para tu mente?
Un hombre que no está en conflicto con las cosas.
Por eso atraen tanto el alcohol y las drogas, porque cuando los usas se te olvidan las preocupaciones. ¿Qué es tu amor? Parece ser un proceso biológico ya programado para drogarte. Y es algo químico: cuando te enamoras se liberan algunos productos químicos del cuerpo, así que, el equilibrio químico del cuerpo cambia. No es muy diferente de la marihuana o del LSD, porque lo básico es el cambio de química en el cuerpo. El amor te cambia, un ayuno también te cambia: la química pierde los viejos patrones. En este nuevo patrón, durante unos momentos te sientes bien. De nuevo vuelve el odio, de nuevo entra el mundo y las preocupaciones y de nuevo vuelves a la rueda. Esto es lo que has estado haciendo durante innumerables vidas. Ahora intenta hacer lo que Sosan está diciendo, que es lo mismo que han dicho todos los Budas. Mientras estás haciendo el amor, observa; mientras estás haciendo el amor (no tengas miedo), observa cómo se va convirtiendo en odio.
Mientras estás vivo, observa cómo vas yendo hacia la muerte; cada vez que respiras vas yendo hacia la muerte. Cada momento que pasa, la muerte se va acercando más y más.
Observa cómo tu juventud se va convirtiendo en vejez. ¡Mira lo opuesto! Se necesita valor, porque no reforzarás los viejos patrones; por el contrario, los destruirás. Pero una vez que puedas ver el odio en el amor alcanzarás una tranquilidad que transciende a ambos.
Si puedes ver la vida y la muerte, ambas juntas, las transciendes. Las transciendes de un solo golpe; de un solo golpe estás fuera del cautiverio: por primera vez serás un alma libre; tú eres la propia libertad. Es por eso que a este estado supremo le llamamos moksha, libertad. No hay que hacer nada. Sólo tienes que darte más cuenta de tus quehaceres, hacerte más consciente.
Esta es la única meditación: estate más alerta. En un momento de aguda consciencia, la consciencia se convierte en un arma y de un solo golpe se rompen todas las cadenas.
En este mundo de Esencialidad no existe ni el yo ni nada que no sea yo. Para entrar directamente en armonía con esta realidad, cuando las dudas surjan simplemente di: «No dos». En este «no dos» nada está separado, nada está excluido. No importa cuándo ni dónde: iluminación significa entrar en esta verdad. Y esta verdad está más allá del aumento o la disminución en el tiempo o el espacio: en ella, un solo pensamiento dura diez mil años.

EL LIBRO DE LA NADA OSHO




Capitulo VIII  ( (Segunda Parte )
VIVIR EN LA FE VERDADERA
Capitulo VIII (Segundo Escrito)
VIVIR EN LA FE VERDADERA
¿QUÉ VAS A TRATAR DE conseguir en este vacío? ¿Dónde está la meta, quién es el buscador y quién el buscado?
No hay ninguna meta que alcanzar, no hay nadie para poder alcanzarla. Y todos los esfuerzos cesan.
Esta es la paz de Buda, el silencio total; porque no hay nada que alcanzar, nadie para alcanzarlo, ningún lugar donde ir, nadie que vaya. Todo es vacío. De repente todos los esfuerzos desaparecen.
No vas a ninguna parte. Empiezas a reír, empiezas a disfrutar de este vacío. Entonces no hay ningún límite para tu gozo, entonces van cayendo sobre ti bendiciones. Si la existencia es sentida como vacío, entonces nadie puede perturbar tu felicidad, porque no hay nadie para perturbarla. Eres tú; es tu dualidad lo que te perturba. Te enamoras, pero luego viene el odio y el odio perturba. Quieres ser hermoso, pero luego viene la fealdad y la fealdad perturba. Quieres vivir para siempre, pero entonces la muerte llama a tu puerta y la muerte perturba.
Si puedes ver que lo opuesto está oculto, de pronto no pides nada, no buscas nada, porque sabes que pidas lo que pidas, vendrá lo opuesto. Si pides prestigio, respeto, te lloverán insultos por todas partes; si pides flores, te lloverán espinas; si quieres ser famoso, serás olvidado; si quieres alcanzar el trono, serás completamente derrocado. Sea lo que sea lo que pidas, te será dado lo opuesto. Entonces ¿qué sentido tiene pedir?, ¿para qué pedir nada?
Los deseos serán cumplidos, pero cuando se hayan cumplido, te sorprenderás: lo opuesto ha llegado a tus manos.
Alcanzarás metas, pero cuando las alcances llorarás, porque en la meta está oculto lo opuesto. Llegarás a cualquier parte que quieras llegar, pero el propio llegar será la frustración.
Cesan todos los esfuerzos enfocados hacia uno mismo cuando este vacío es visto como tal. ¿Hay algo por lo que esforzarse?
La mente que quiere lograr cae, desaparece entre el polvo.
Las dudas y las vacilaciones se desvanecen, y vivir en la fe verdadera es posible. Esta es la diferencia. Estos poemas de Sosan, en chino, se llaman El libro de la verdadera fe. Para cristianos, mahometanos e hindúes es muy difícil comprender qué clase de fe es esta. Intenta entender; esta es la más profunda comprensión de la fe. Normalmente lo que se enseña en las iglesias, los templos (de lo que hablan cristianos, mahometanos, hindúes), no es fe sino credo: «¡Cree en Dios!». ¿Pero cómo vas a creer? Porque cada creencia alberga en sí su propia duda. Por eso insistes en decir: «¡Yo creo plenamente!». Cuando dices: «Yo creo plenamente», en realidad ¿qué estás diciendo? ¿Por qué este «plenamente»?, ¿por qué este énfasis? Lo que demuestra es que en algún lugar hay una duda oculta y tú la estás escondiendo con la palabra «plenamente», con la palabra «totalmente», al poner el énfasis.
¿A quién quieres engañar? Te estás engañando a ti mismo.
El énfasis muestra que lo opuesto está oculto en algún sitio. Cuando le dices a alguien: «Te amo a ti y sólo a ti», hay una duda oculta. ¿Por qué «sólo a ti»? ¿Por qué lo dices? ¿Por qué lo enfatizas? La posibilidad de amar a otra persona está oculta ahí, así que enfatizas para ocultar esa posibilidad.
Si no la escondes, puede que se haga aparente, puede que surja, puede que aparezca. ¿Qué hacer entonces? Sencillamente toma todas las medidas necesarias para ocultarlo.
¿Por qué dices: «Soy un verdadero creyente»? ¿Acaso puede haber también un falso creyente? ¿Cuál es esa verdadera creencia? Verdadera creencia significa que has escondido la duda tan completamente que nadie podrá saberlo; pero tú la conoces muy bien. Por eso los creyentes no quieren oír nada que vaya en contra de sus creencias. Se vuelven sordos porque siempre tienen miedo. Tú nunca tienes miedo del otro, de lo que vaya a decir; tienes miedo de que pueda tocar la duda oculta y esa duda se desarrolle.
Así que, normalmente, a la gente religiosa no le gusta oír a un ateo. Dirá: «No, él puede destruir mi fe». ¿Pero se puede destruir la fe?
Y si la fe puede ser destruida, ¿merece la pena aferrar se a ella?
Si la fe también puede ser destruida, entonces, ¿qué clase de fe es esa? Pero puede ser destruida porque la duda está ahí, la duda ya la está erosionando. Esto ocurre todos los días.
Creyentes que se vuelven incrédulos, incrédulos que se vuelven creyentes...: cambian, son fácilmente convertibles. ¿Por qué? Porque lo otro está ahí oculto. La creencia alberga en sí la duda; al igual que el amor alberga en sí el odio y la vida alberga en sí la muerte, la creencia alberga en sí la duda. Entonces, ¿qué es la fe? Sosan realmente tiene una comprensión de lo que es la fe.
La fe ocurre sólo cuando la dualidad ha caído; no es una creencia en contra de la duda.
Cuando ambas, creencia y duda, han desaparecido, ocurre algo que es fe, que es confianza. No confianza en un Dios, porque no existe la dualidad, tú y Dios.
No se trata de que confíes, porque tú ya no estás; porque si tú estás entonces habrá otros. Cuando todo es vacío, la confianza florece; el vacío se convierte en el verdadero florecimiento de la confianza.
La palabra budista shraddha (fe, confianza) es muy, pero que muy diferente. Su significado es muy diferente al de la palabra «creer». No hay nadie para creer, nadie en quien creer; todas las dualidades han caído. Entonces la confianza... ¿Qué puedes hacer entonces?
No puedes dudar, no puedes creer; ¿qué puedes hacer? Simplemente confías y fluyes con la corriente. Te mueves con la vida, reposas con la vida. Si la vida trae nacimiento, confías en el nacimiento; no te quejas. Si la vida trae muerte, confías en la muerte; no dices que eso no está bien. Si la vida trae flores, de acuerdo; si la vida trae espinas, de acuerdo. Si la vida da, está bien; si la vida quita, está bien. Eso es confianza. No hacer una elección por tu cuenta.
Dejarlo todo a la vida, lo que sea... No desear, no hacer demandas. Simplemente ir donde la vida te lleve, porque ahora sabes que, en el momento que exijas, el resultado será lo opuesto. Así que no pidas: «Danos la vida eterna», porque sabes que obtendrás la muerte eterna.
¿Te has dado cuenta alguna vez de que, en todo el mundo, sólo los cristianos han rezado por la vida eterna? Sólo los cristianos rezan: «Señor danos la vida eterna», y sólo los cristianos tienen un infierno que es eterno. Tiene que ser lo opuesto.
Ninguna otra religión tiene un infierno eterno. Tienen infiernos, pero temporales; pasas allí unos días, unos meses, luego eres trasladado, porque ningún castigo puede ser eterno. ¿Cómo va a serlo? Si todos los placeres son temporales, ¿cómo va a ser eterno el castigo? Si el premio es temporal, ¿cómo va a ser eterno el castigo? Si en la vida nunca obtienes nada eterno, ¿cómo vas a ser castigado eternamente? Parece injusto. Pero los cristianos piden, rezan por la vida eterna. Entonces tienes que hacer balance: infierno eterno. Una vez que pecas eres arrojado al infierno y no te será posible salir de allí nunca. Estarás allí para siempre, toda la eternidad.
Tiene que ser así porque estás pidiendo la vida eterna.
La confianza budista es una gran comprensión del hecho de que todo lo que demandes irá mal. Intenta entender esto. Lo repetiré: todo lo que desees irá mal.
Entendiendo esto, los deseos desaparecen. ¿Cuando el desear desaparece llega la confianza! Confiar significa ir por la vida sin ninguna expectativa, sin ningún deseo o demanda por tu parte.
No pedir, no quejarse. Aceptando lo que sea que ocurra. Y recuerda, esto no es algo que tú hagas. Si lo estás haciendo tú, entonces hay rechazo. Si dices: «Sí, aceptaré», has rechazado. Dices: «Aceptaré lo que sea que ocurra», pero detrás de esto hay un profundo rechazo. En realidad no aceptas. Aceptas sólo porque te sientes impotente, porque no se puede hacer nada; así que, ¿qué hacer?: acepta.
Pero esta aceptación alberga en sí un gran desaliento, un rechazo. Si hubiera sido posible rechazar, hubieras elegido el rechazo. Entonces no hay confianza.
Sosan dice que la confianza ocurre simplemente viendo la realidad de que lo opuesto está implicado en todas las cosas.
No es que digas: «Acepto»; no es que aceptes por impotencia.
Es simplemente que lo opuesto está implicado en la naturaleza de las cosas. Mirar los hechos, la verdad, en el fondo de tu ser, te da confianza. Mirando los hechos, ocurre la confianza.
Si me doy cuenta de que he nacido, entonces es un hecho que voy a morir. Esto es simplemente un hecho. No lo acepto porque no hay rechazo; simplemente confío. Cuando confié en nacer, la vida me dio el nacimiento; y yo confié. La vida me traerá la muerte, y yo confío. Si el nacimiento fue tan maravilloso, ¿por qué no va serlo la muerte? Lo desconocido está siempre ahí. Confiar significa entrar en lo desconocido, sin hacer ninguna demanda. Entonces no puedes ser desgraciado, entonces la felicidad va inundándote.
¿Cómo puedes ser desgraciado si no demandas nada? ¿Quién te va a hacer desgraciado si no demandas nada?
La vida parece tan desgraciada porque, pidas lo que pidas, la vida parece ir exactamente en el sentido contrario.
Si no demandas nada, la vida se convertirá en una bendición; cualquier cosa que ocurra es maravillosa.
Lo que sea que ocurra es maravilloso; simplemente avanza con ello. Chuang Tzu tiene razón cuando dice: «Lo fácil es lo correcto» y «Cuando el zapato es el que corresponde al pie, se olvida el pie».
Y cuando te adaptas tan profundamente a la vida, las dudas, la incredulidad, desaparecen. Esta medida adecuada del zapato es la confianza. Entonces surge una fe que no es una creencia. Surge una fe que no necesita de ningún Dios en el que creer.
Es por eso que los budistas no hablan acerca de Dios.
El budismo realmente alcanza el núcleo más profundo de la religión, y la gente como Sosan es rara. Su comprensión es perfecta, total. La totalidad ha entrado en su comprensión.
No necesitan un Dios, porque: «¿Para qué un Dios? ¿No es suficiente con la existencia? ¿Para qué personificarla? Todo lo que tú hagas será exactamente igual que tú; será una proyección.
Así que todos los dioses son proyecciones».
Cuando los hindúes hacen un dios... Mira a su dios, es sencillamente una proyección de la fisiología hindú (la nariz, los ojos, la altura, todo). Fíjate en el dios de los japoneses, fíjate en el dio de los negros, puedes darte cuenta de que tan sólo son las proyecciones de nuestras propias mentes.
Si los caballos tuvieran sus dioses no podrían ser hombres, serían caballos. ¿Puedes imaginarte que el Dios de los caballos fuera como un hombre? ¡Imposible! Los dioses de los caballos serán caballos.
Si los árboles tuvieran dioses, estos serían árboles. ¿Qué son tus dioses? Tus proyecciones. Y ¿por qué proyectas? Porque quieres estar protegido. Sin un Dios te siente desamparado, solo, vacío; quieres que alguien te ayude. Al pedir ayuda, tú mismo te estás creando sufrimiento. Ahora ocurrirá lo contrario.
En todo momento sentirás que Dios no te escucha; estás llorando y rezando y él no te escucha. En todo momento sentirás que, a pesar de que has hecho todo por tu parte, no se te da lo que te corresponde.
Los santos, los mal llamados santos, siempre se quejan porque han renunciado al mundo y todavía no han llegado al estado de bienaventuranza. Son célibes, pero todavía las flores no han caído sobre ellos. Y han hecho esto y aquello, tienen una larga lista, han hecho muchas cosas, pero Dios todavía está tan lejos como siempre. Ellos no confían, todavía están luchando contra la vida. No permiten que la vida ocurra a su propia manera. Tienen que imponer sus propias ideas a la vida; eso es desconfianza.
Desconfianza significa que tienes que imponer algunas ideas.
Te crees más listo que la propia vida. Eso es desconfianza, eso es incredulidad. Quieres imponerte a ti mismo. Ve a las iglesias, a las sinagogas, y verás gente rezando a Dios. ¿Qué es lo que están diciendo? Están dando consejos. Están diciendo: «No hagas esto, eso está mal. Mi hijo está enfermo, haz que se cure». En primer lugar, si realmente confías, entonces es que él hace que tu hijo enferme; ¡así que confía en ello! ¿Por qué ir a rezar y a quejarse? ¿Crees que tú puedes hacerlo mejor? Todas las oraciones significan que tú ruegas a Dios: «Por favor no hagas que dos y dos sean cuatro. Cualquier cosa que ocurra, cualquier cosa que sea natural, no dejes que ocurra». Tienes alguna idea que sugerir, algún consejo: esto no es confianza. Confianza significa: «Yo no soy nadie, voy donde la vida me lleve, donde sea (hacia lo desconocido, hacia la oscuridad, muerte o vida). Donde me lleve, estoy preparado. Estoy siempre listo, me adapto». ¿Pero cuándo te adaptas? Sólo te puedes adaptar cuando cesa la dualidad, cuando puedes ver y el propio ver se convierte en el final; el final de los deseos, de las demandas.
Para la mente unificada, en armonía con el Camino, cesan todos los esfuerzos enfocados hacia uno mismo. Las dudas y las vacilaciones se desvanecen, y vivir en la verdadera fe se vuelve posible.
De un solo golpe somos liberados del cautiverio... De un solo golpe somos liberados del cautiverio...
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