domingo, 12 de junio de 2016

LIBRO MAESTRIA EN FELICIDAD (Chamalu) carta-4ª

Maestría en Felicidad: Claves y enseñanzas para recorrer el camino de la vida plena (Chamalú) Carta-4



Carta-4
Mis amigos tienen tapa en el rostro y piel de páginas, son muchos y constituyen una constelación de asesores que aderezan mi soledad, convertidos en una cantera de ideas. 
El gato pasó la noche en la biblioteca, me mira desde lo alto, con antiguas enciclopedias se armó una suite libresca; observa y, al hacerlo, nada parece perturbar su atenta mirada, es su forma de vivir el presente, instalado totalmente en el momento, convertido en lo que hace; es un buen maestro del aquí y el ahora. 
Recuerdo la primera vez que, en mi temprana adolescencia, pude comprar un libro, lo guardé como un tesoro. 
Desde entonces han pasado tantos años, tantos libros, me pregunto cómo viviría si volviera a nacer, me acerco a la ventana de la calle, el ritual de todos los días en forma de transeúntes que caminan sin preguntarse. 
Suena el teléfono, escucho a mi madre, ella sufre por si acaso, pronto serán robots los conductores y… también los pasajeros. Ayer me llamó el padre de la hija que sin aprender a vivir se lanzó a la vida y así le fue. 
La mentira está de moda, el autoengaño es su peor versión. Vuelvo a lo mío, en este momento escribiré la carta numero cuatro. Me propuse la pregunta: «¿Cómo logré alcanzar la felicidad?» He dado conferencias por todo el mundo y la pregunta referida al cómo, a la manera, se repite con frecuencia. 
Las preguntas predilectas son ágiles y aluden más al fondo del tema, porque las maneras pueden ser tantas como personas. 
El cómo se fabrica, se inventa constantemente y tiene el sello de la personalidad de cada uno y el matiz de la coyuntura existencial del protagonista. 
Lo primero que aprendí es a agradecer por todo lo que me pasa, después a descubrir que de cualquier situación es posible extraer una enseñanza, eso me permitió valorar la vida desde sus detalles más pequeños. 
Por momentos llegué a sentir agradecimiento por poder pisar la tierra con mis pies, agradecer el color de la luna y el calor del sol paseándose por la geografía de mi piel, agradecer por el
territorio del crepúsculo que cada atardecer bañaba de colores el horizonte y las manos callosas del agricultor que siembra lo que apacigua mi hambre, de esa manera descubrí que lo más importante de la vida no incluye el tañido de campanas, porque la vida preserva un bajo perfil, transcurre casi desapercibida para quien no está atento, pero es abundante para quien la descubre. Aprendí que solo debo fijarme en los demás para aprender de ellos o ayudarles, que vivir se parece más al fluir del agua por el río, por un cause sembrado de piedras que la inteligencia del agua no percibe como obstáculos; aprendí que puedo confiar en mí y en mis sueños, que estos pueden ser mi próxima realidad a condición de soñarlos con fuerza, de soñarlos dormido y despierto, de considerarlos ya reales aunque permanezcan de momento en otro plano. 
Aprendí que se trata de ser feliz a cada momento, con independencia de las circunstancias presentes, porque la felicidad, si proviene de afuera, no es verdadera. 
Descubrí la importancia de implicarme totalmente en la vida y de esa manera multiplicar mi felicidad; me di cuenta de que la gente está mal preparada para vivir bien, que solo recibió entrenamiento para la infelicidad de la que te hablé en una carta anterior, que la vida se pone de colores cuando aprendemos a disfrutar en principio de lo que tenemos, en vez de quejarnos de lo que carecemos. 
Ahora sé que la felicidad no consiste en tener muchas cosas sino en saber disfrutarlas con agradecimiento e inocencia. 
En verdad la felicidad es un premio para quien se ha despertado. ¿Despertarse, dije?... ¿Qué es despertarse?... Despertar es fundar la esperanza y encontrarle gusto a todo, presentir que la vida es ir por el tiempo repartiendo magia. Despertarse es sentir la piel de la existencia y constatar que el milagro es posible, imprescindible, que somos compañeros del misterio y que la felicidad es la manera de descubrir la vida. Despertar es darse cuenta de que todo es uno y todo está vivo y por ello desatar reverencias e inaugurar ceremonias, porque la vida de quien se ha despertado es un ritual sagrado que se hilvana cada instante con hilos de otras realidades. 
Quien ha despertado, cuando llega el final no muere, amanece 
a otro día, prescindiendo del vehículo corporal que usó en este plano. Incrementa constantemente tu bienestar, empero debo advertirte de algo que caracteriza a este tiempo, a este modelo de civilización. Ha surgido en los últimos tiempos una cultura del bienestar light de corte narcisista que privilegia exclusivamente la apariencia, llegando al extremo de rendirle culto a la eterna juventud, recurriendo para ese banal objetivo a las cirugías y a otros procedimientos de moda. 
Para ellos, mantenerse en forma es más importante que ser feliz, maquillarse el rostro es más importante que lograr la paz interior, tener o aparentar tener resulta más importante que ser o hacer un trabajo interior. Confunden dinero con felicidad, reemplazando el bienestar auténtico por placeres sintéticos, casi siempre provenientes de actividades recreativas o consumo de estimulantes. Ellos enfatizan en la dieta, pero no por razones de salud sino solo de apariencia, han hecho del individualismo su estilo de vida; consumen obsesivamente marcas, buscan la calidad en todo producto y servicio menos en la calidad de su vida, constituyendo segmentos de hedonismo frívolo en descontrol, lujo y derroche, llegando al extremo de convertir el placer en un fin en sí mismo, mientras simultáneamente renuncian al pensamiento crítico y a la lúcida rebeldía, a la lectura y a la solidaridad. 
Se trata de una cultura de la pseudofelicidad frívola, desconectada de la problemática social y ecológica, que ha reducido su felicidad al nivel de placeres artificialmente inducidos, en un contexto de consumismo creciente. 
Nada tenemos en común con esa propuesta y estilo de no vivir. Nosotros apuntamos a una felicidad que parte del autoconocimiento, que incorpora trabajo interior, una felicidad convertida en estilo de vida que incluye crecimiento constante y transformación. 
Para nosotros, la felicidad es condición natural de existencia; la felicidad pertenece al ámbito de la magia, por ello es tan momentánea como la vida misma. 
Cuando se trata de lograr la felicidad, no importa que sea difícil o parezca imposible, si estás seguro de que el camino elegido es ese, que nada ni nadie te detenga. Si te vistes de sueños, mejor aun; empero, nunca dejes de prepararte para lo que elegiste; es necesario que seas muy bueno en lo tuyo, porque en este tiempo hay abundante competencia, sin embargo, el éxito está reservado para quienes identificaron su misión, y luego de encontrar al interior de ella su profesión, aprendieron a disfrutar de todo lo que hacen y a crecer con todo lo que les pasa. Aprender a ser feliz es más importante y más prioritario que estudiar una carrera. 
Recuerda, somos consecuencia de lo que elegimos, y vivir es elegir; recuerda también que eres único, que nadie más que tú sabe la verdadera historia tuya, por ello no esperes ser totalmente comprendido, eso es tan imposible como innecesario, sin embargo, tenlo claro: que puede impedirte ser feliz. Si además de tener tus objetivos claros y las maneras en constante mantenimiento vía autocrítica, ayudas a los demás, si alegras la vida de los otros, tu felicidad se habrá incrementado. Si eres feliz, usa al máximo tu inteligencia, entonces, tu propia lucidez y sensibilidad te harán comprender, una vez lograda la felicidad, que es tu deber contribuir a la felicidad de los demás. Lo hermoso de la vida es que la felicidad es un mundo exclusivo, diferente, soberano, es aceptar el flujo de la vida pero desde tus objetivos, es comprender que la felicidad no llega por casualidad. Quizá seamos insignificantes para el Universo, pero somos la expresión única de la vida y eso nos hace maravillosos. La vida es para buscar la felicidad y la felicidad para buscar la vida. En esta época, recuérdalo siempre, hay que estar preparados para todo, en especial para ser felices sin olvidar que la gente feliz, si bien busca constantemente la armonía, busca también sensaciones nuevas, porque vivir con felicidad se parece más a una aventura que a instalarse en una zona confortable donde lo único que pasa es el tiempo. 
Estás vivo, pero no es suficiente: que desborde tu vida en toda dirección, que se amplíen tus límites, que se incendien los últimos temores y que tu soledad se pueble de colores, porque la felicidad nos gradúa de dioses explorando las posibilidades de la vida, mientras el fuego se consume y la eternidad transcurre, instante a instante. 
Lograda la felicidad, su consecuencia inevitable es el amor, y quiero hablarte de él, de aspectos del amor que nunca fueron compartidos, y quiero entregártelos a ti. Presiento que quedarán en buenas manos.
Chamalú.
Continua.....
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LIBRO MAESTRIA EN FELICIDAD (Chamalu) carta-3ª

Maestría en Felicidad: Claves y enseñanzas para recorrer el camino de la vida plena (Chamalú) Carta-3




Carta-3

Ella duerme hasta tarde, se levanta cansada, se emociona con una buena noticia, grita descontrolada a mediodía, se deprime por la tarde, saca de paseo su adicción a la hora vespertina. 
Él se acuesta al amanecer, el alcohol es su mejor amigo, desconoce su misión y la felicidad le parece sospechosa; el desorden de su habitación se parece a la confusión mental que le caracteriza. Una pareja incinera los últimos pedazos de un sentimiento compartido; él la recuerda inestable, ella solo evoca sus ronquidos. Todo esto es lo que se llama una vida normal en la cual ya nadie se plantea la felicidad como condición natural de existencia; cada uno se resigna a vivir saltando de una alegría sintética a otra, de una dependencia a otra, mientras surfean emociones que no controlan al interior de una vida que no conocen. El secreto mejor guardado de la felicidad es que no hay secretos para ser feliz, no hay camino; en cambio, existen muchos pasos para lograr la anhelada felicidad, buscada por todos en el lugar equivocado. 
Comencemos admitiendo que la felicidad es posible y está al alcance de todos, de todos los que se preparen e inicien en el sagrado arte de vivir. ¿Requisitos para ser feliz? 
Ninguno, solo darte cuenta de que estás vivo y que esto es lo más maravilloso que podía ocurrirte. 
Solo necesitas una oportunidad para ser feliz y es esta. 
Es posible ser feliz, acordamos esto, empero es preciso saber que el color, el tono de la felicidad puede ir cambiando, porque ella no es un lugar al que se llega sino una forma de avanzar. Valora todo oportunamente. 
Quizá debas comenzar aprendiendo a conocerte, a amarte y relajarte, recuerda que la felicidad depende en gran medida de lo que pensamos, de las emociones que tenemos, de los actos que realizamos, de los hábitos que poseemos. Podríamos decir que ser feliz es fácil, empero cada uno deberá desarrollar las destrezas para mantener esa felicidad lograda.
La flor es la felicidad de la planta que luego posibilita el fruto del amor y la semilla de la paz, en el amplio ambiente de la libertad. No pidas permiso para ser feliz, la vida incluye esa suprema autorización, si quieren, el miedo y la soberbia pueden irse, la felicidad no requiere nada más que sentirse viva, germinando en el hueco de cada instante. 
En la felicidad cabe todo, desde solidaridades intensas, hasta amores incondicionales, desde paciencia infinita hasta montañas de creatividad. Parece caótica la topografía de la felicidad, empero es solo su perfil permanentemente innovador, por eso no se puede pensar en recetas para ser feliz, porque ella es siempre íntima y personal, abrazadora como el calor del desierto, creciente como la luna aspirando a llena, silenciosa como el rocío, majestuosa como el amanecer. 
Cuando viajé por primera vez a la gran ciudad, contemplé con asombro infelicidades brotando por las grietas del asfalto de esta civilización. 
No había perfume en sus arterias y la inocencia estaba cubierta de miedo. La esperanza estaba derribada y el optimismo había sido enviado al fondo a la derecha. No fue fácil responder las preguntas que me hacía mi conciencia, en especial aquella que esa noche salió de golpe de un callejón oscuro de mi memoria y me interrogó acerca de la muerte de la felicidad. 
Esa duda echó raíces en el jardín de mi corazón durante mucho tiempo, hasta que llegué a la comprensión de que la felicidad no se busca, se siembra en nosotros y luego germina, crece y florece. Aprendí también que precisamos aceptar las pocas cosas que no se pueden cambiar; la mayoría de ellas están esperando nuestra creatividad, nuestra voluntad pétrea, para ser transformadas sin resistencia ni dolor. Aprendí también que debo entrenar mi mente para ser feliz, porque, inicialmente, a mí, como a todos, me convencieron de que la felicidad no es posible, que solo podemos posibilitarnos alegrías fugaces. Ahora tengo claro que aceptar situaciones que no podemos cambiar no es adaptarse, porque casi todo puede cambiarse, que para ser feliz precisamos aprender el milenario arte de fluir, que nos llevará al vivir conscientemente y desde esa situación a ser creadores de nuestra felicidad, mientras nos implicamos totalmente con la vida en su versión plena. 
Todo lo que necesitas para ser feliz es estar despierto, es decir, darte cuenta de que no hay circunstancias negativas si la actitud es buena. Desde ese enfoque, lo que piensen de ti será siempre secundario. Concéntrate en lo que estás haciendo, en disfrutarlo intensamente, porque de esa manera todo saldrá mejor. Incluso cuando te equivoques, hazlo aprendiendo. 
Estás condenado a ser feliz, pero puedes elegir la forma de serlo. Si me preguntas acerca de los que no son felices, te diría que ellos incumplieron la condena que en el fondo incluye el mapa del cumplimiento de la misión que traen. 
Ellos, renunciando a la vida, se resignaron a sobrevivir miserablemente. Te propongo, haz dialogar a lo que quieres con lo que puedes, identifica tus talentos y capacidades, prepárate para ser experto en lo que eres bueno, asegúrate de disfrutar de lo que haces, instálate profundamente en el presente, esas son algunas claves fundamentales para avanzar por el sendero de la felicidad. A todo ello podemos añadir la importancia de tener claro que no podemos anclar nuestra felicidad a nada ni nadie; la urgencia de conocerse y confiar en uno mismo, la necesidad de disfrutar la disciplina y hacerse amigo de la perseverancia, además de no temer cometer errores porque hasta ellos pueden ser pasos adelante. 
La felicidad es relativa como la vida, no busquemos nada más grande ni duradero que la vida misma; hay quienes se pierden el placer de disfrutar de las cosas pequeñas y simples de la vida por esperar grandes acontecimientos. 
A lo largo de mi vida he aprendido a valorar todo lo que se me presenta; lo que no me sirve hoy, me servirá algún día, solo tengo que seguir fluyendo. Desde la ventana de la edad que tengo ahora, he presenciado tristezas vanas y preocupaciones innecesarias. No todo está en nuestras manos y es bueno que así sea, de esta manera no nos privamos de las sorpresas, que le dan un sabor especial a la vida. Hay enseñanzas que vienen tan silenciosas, que hasta pasan desapercibidas, mientras otras vienen a galope, temprano o a la hora del crepúsculo, cuando ya todo parece concluido, por ello me gusta dejar algún instante encendido y mi corazón disponible para el nuevo aprendizaje. Aprendí también que la felicidad está íntimamente relacionada con el amor a la vida. «Haz lo que otros no se atreven a hacer», me dijo un día mi conciencia, entonces mi felicidad se multiplicó de inmediato. 
Si no te diste por vencido, mereces vivir como sueñas, empero precisas recordar en todo momento que la felicidad viene de la mano del trabajo interior, que para ser feliz hay que aprender a vivir, que la felicidad es una delicada planta que se cultiva día a día, que el Universo eres tú, que la vida eres tú, que la felicidad siempre estará fuera de tu alcance si no aprendes a valorar lo que tienes y a disfrutarlo. 
Quizá un buen comienzo sea imaginar cómo quieres vivir; en mi caso, siempre visualicé mi infelicidad destrozada y los miedos pulverizados, dejé solo uno, para que me diera miedo vivir en vano. Imaginé un camino luminoso y la libertad trepando por todas las prohibiciones; imaginé viñedos produciendo amor y constelaciones de sueños acompañando mi soledad. Me vi a mí mismo ebrio de felicidad, con una abultada cuenta bancaria de conocimiento y antiguos cofres de sabiduría convertida en vivencias plenas; me vi acostumbrado al amor, en su versión incondicional, y viajando a muchos corazones, surcando océanos de luz, transportando las semillas de la sabiduría ancestral. «Soñar no cuesta nada», diría algún veterano aburrido, solo que soñé con tanta fuerza, que mis sueños ascendieron transparentes hasta el nivel de la realidad, ahí solo me tocó ponerles cimientos a los castillos que permanecían en el aire. 
Un día, revisando la historia de Francia de los años sesenta, me encontré con el grafiti: «Seamos realistas, pidamos lo imposible», y eso hice. Desde entonces he vivido 365 sueños por año, cada día es por primera vez porque cualquier día podría ser el último. Esos son los secretos de mi felicidad duradera. ¿Comprendes? Hay una sonrisa en mi nostalgia por todos los amaneceres vividos. Estos secretos pueden aprenderse y aclimatarse a cada proceso vivencial. 
En la próxima carta quiero contarte cómo aprendí a ser feliz. Presiento que nos encontraremos en ella…
Chamalú.
Continua....
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LIBRO MAESTRIA EN FELICIDAD (Chamalu) carta-2ª

Maestría en Felicidad: Claves y enseñanzas para recorrer el camino de la vida plena (Chamalú) Carta-2





Carta-2
Si estás leyendo esta carta, presiento que tomaste la decisión de ser feliz luego de comprender que eres el único responsable de la calidad de tu vida, que estás dispuesto a diseñar nuevos sueños, a permanecer en el asombro de una vida llena de magia, a atreverte a ser tú mismo (pero lo mejor de ti), a cultivar el optimismo en el jardín de tu corazón.
Un secreto quiero confiarte al inicio de esta carta: la suerte no existe. Llevo unos días reflexionando sobre la felicidad y su sospechosa escasez, parece que hay gente a la que no le conviene nuestro bienestar.
Había un muchacho vecino, lo veía entrando y saliendo de su casa y de toda situación; era joven, muy joven, se veía lleno de energía, de alegría, se sentía vivo, vibraba su presencia.
Hace poco lo vi lavando su conciencia en la esquina de su vida. Ya había aprendido a complicarse, a mantenerse preocupado, a darse contra el suelo desde su recién estrenada rigidez, a dejar que la felicidad se le escurriera de las manos.
Nunca recuerdo haberle visto así, quizá la civilización llegó tarde en su caso, me pregunto si no se habrá dado cuenta de que le estaban enseñando a sufrir. La última vez lo encontré bebiendo una cerveza, quizá intentaba ahogar sus penas, creo que tampoco sabía que ellas ya habían aprendido a nadar. Respiro profundo, me recuesto en este instante, amo estar vivo, palpo mi cuerpo, es el altar portátil que nos prestaron para habitar lo sagrado.
La alegría de estar vivo ahora se convierte en compromiso existencial. «Estoy vivo», grita mi alma, mi cuerpo se estremece, viviré exclusivamente para fabricar buenos recuerdos y coleccionarlos e invitar a otros a visitar ese museo vivencial.
Quiero vivir motivado y motivando, desplegar una vida activa
y creativa, positiva y solidaria, desarrollar habilidades existenciales que me permitan surfear tsunamis y resolver conflictos, sembrar alegrías y dejar huellas de magia.
Ser solidario no es un acto de bondad, es un indicio de ser… humano.
Te confieso que me gusta hacer lo prohibido, nunca me siento tan feliz como cuando me aparto de la norma y dejo que la oveja negra se convierta en felino. Obviamente, el sentido de ubicuidad es necesario, así como la lucidez, porque la rebeldía exige altas dosis de sensibilidad y conocimiento.
Ser feliz requiere una nueva interpretación de la vida.
¿Te has preguntado últimamente qué percepción tienes de la vida? ¿Cuándo fue la última vez que lloraste? ¿Coleccionas pensamientos y frases motivadoras? Si quieres ser feliz, no te olvides de jugar, viajar, bailar, cantar, llorar cuando así lo sientas. ¿Sabías que puedes llorar sin interrumpir tu felicidad? Por razones higiénicas no cargues los problemas de los demás. Con frecuencia me encuentro con personas que quiero, caminando con dificultad por la vida.
Me preguntan cuál es la alfombra que uso para disfrutar tanto la vida. «Ninguna», les respondo. Con no llevar problemas ajenos es suficiente para descubrir su sabor maravilloso.
No precisas una alfombra roja, necesitas tener los pies fuertes
y ágiles, la mano con alguna caricia inédita y la mirada maquillada con amor.
Saber desarrollar pensamientos positivos es fundamental en esta época saturada de infelicidad. Te sugiero volverte experto en automotivación, eso te dará las credenciales para motivar a otros, más aun si te especializas en generar empatía.
Ponerse en el lugar del otro es la clave de las relaciones interpersonales, de donde surgen felicidades multiplicadas.
Es verdad que la felicidad no viene de afuera, pero los demás podrían ayudarnos a pintar nuestro bienestar de colores más intensos. Te recomiendo la amnesia selectiva: descarta de entrada todo lo que no te ayude a crecer, olvida con facilidad las agresiones y la incomprensión; si comprendes que no te comprenden, juegas con ventaja.
Comienza tu día con entusiasmo, ese es el terreno donde germinará la pasión que te permitirá convertirte en lo que haces, posibilitando que te conviertas en la mejor versión de ti. Aprecia y disfruta las pequeñas cosas de la vida, asegúrate de que, pase lo que pase, tu índice de motivación no descienda. Estar vivo es suficiente buena noticia para estar supermotivado.
Simplifica y tiñe de creatividad tu vida, usa en todo momento tu imaginación, recuerda que los problemas son temporales; con solo tranquilizarse y esperar, muchas cosas se solucionan automáticamente, sin hacer nada.
Permanece abierto a lo nuevo, si las cosas no salen bien, solo falta aprender a hacerlas de otra manera, recuerda que el optimismo y el humor son otro punto de vista, quizá el más realista y recomendable.
Sé superimaginativo, sin olvidar que lo imaginado pasará a ser tu realidad.
Por ejemplo, podrías planear viajes, viajes locos a sitios increíbles, algunos se harán realidad, pero incluso si no los realizas, el solo hecho de haberlos imaginado y planeado genera un movimiento de energía poderoso, altamente saludable. Recuerdo el día en que, en una librería de Washington, compré una guía turística de Bali, la exótica isla de Indonesia.
Planeé cuidadosamente ese viaje y por diversas circunstancias lo postergué durante once años.
Planearlo y volverlo a planear se constituyó en placer permanente, hasta que finalmente un día me vi caminando por las calles de esa inolvidable isla, con el placer incrementado por los sueños reiterados.
Tengo una buena noticia para ti: si no eres perfecto, felicidades, porque el mayor bienestar está reservado a gente que no se complica la vida. Ese también es el camino a la sabiduría: comienza a ser sabio quien no se complica. Simplifica tu vida, presta atención a los instantes y detalles, sueña en grande y a continuación lánzate a lograrlo, no dudes en prepararte, disfruta de ese proceso y mientras tanto no dejes de imaginarlo. Si pudiste imaginarlo, podrás hacerlo realidad.
Nacemos con la inocencia intacta y la espontaneidad en excelente estado, solo falta aprender el sagrado arte de vivir.
En ese itinerario, puedes hacer que sucedan las cosas que quieres, pero no a partir de un pensamiento repetido hasta el cansancio ni de una visualización creativa, sino desde la fuerza movilizadora de tu propia energía, vibración poderosa con capacidad de reorganizar los estratos de energía en los cuales navegamos. Recuerda que los pensamientos negativos bajan nuestra calidad vibratoria, es decir, son un mal negocio. ¿Sabías que la gente feliz es más sana y optimista? ¿Que ser optimista lúcido es la mejor manera de ser realista? ¿Que puedes ser innovador y creativo a todo nivel sin pedirle permiso a nadie?
No olvides visualizarte cada noche feliz y como quieres ser. Camina por la vida flexible y siempre lleno de alegría, recuerda que si quieres, puedes, podrás, sin embargo no temas a la disciplina ni al esfuerzo; tener voluntad es disponer de combustible para hacer realidad casi todo lo que desees, y lo que no se puede de una manera, se podrá de otra.
Explora y experimenta cosas, es posible que descubras que algunas de ellas incrementan tu bienestar; usa la motivación como un resorte que te impulsa siempre hacia delante.
La mayoría de la gente sigue haciendo lo mismo que hacían nuestros antepasados remotos cien mil años atrás, cuando se limitaban a comer, descansar, abrigarse y protegerse, además de reproducirse. Pero la vida es mucho más que eso.
La felicidad será cotidiana si conviertes tu vida en una fiesta de crecimiento y creación.
Recuerda que la felicidad se autogenera pero necesitamos desafíos que nos induzcan a ir hasta el límite, precisamente a ese lugar donde crece el árbol de la felicidad.
Entonces no dudes en derrochar creatividad, inventa soluciones nuevas a los mismos problemas de siempre, constrúyete la personalidad que sueñas; te propongo que seas, no un cien por ciento feliz, sino un mil por ciento, para lo cual deberás crear retos para ti, para tener siempre desafíos que te exijan cada vez más, sin dejar de disfrutar de todo el trayecto.
Te propongo, adicionalmente, acostumbrarte a ver lo bueno en los demás, enseñanzas en todo lo que te pasa y estar constantemente de novio con la vida.
No olvides que para comenzar a ser feliz, hace falta una fuerte motivación; la motivación existencial es la clave para la felicidad. Recuerda que somos perecederos, pero estamos condenados a ser felices y con el deber de amar, para garantizar así el nivel vibratorio donde ocurre la evolución conciencial.
Mi alma está hambrienta de crecimiento, la tuya también, solo precisas darte cuenta de que la felicidad es ave migratoria, que se marcha cuando el invierno del absurdo se instala en tu vida, cuando hay déficit de alegría, cuando los crepúsculos no son contemplados desde miradas plenas, ni desde la cima de la montaña de la felicidad. Esta carta no es para los que quieren continuar sufriendo, está reservada para aquellos que se atreven a besar la vida en la boca y celebrar incluso la noche, porque solo contemplarán las estrellas con el agradecimiento
de haber comprendido la enseñanza: cuando llega la oscuridad a tu vida, vístete de luz para que la fiesta de tu crecimiento continúe, entonces sabrás que estas vivo y tus instantes se volverán transparentes y luminosos.
Esta noche, te propongo, acuéstate con la felicidad, acaríciala de cuerpo entero, que ningún sollozo por instantes perdidos te impida sentirte vivo y comprometido con ella.
Mañana, al despertar, no olvides usar ese collar de estrellas reservadas para felices. En la próxima carta quiero confesarte mis secretos para ser feliz.
Chamalú.
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LIBRO MAESTRIA EN FELICIDAD (Chamalu) carta-1ª

Maestría en Felicidad: Claves y enseñanzas para recorrer el camino ...



Carta-1

Es un día cualquiera, los momentos se suceden; alguien se despierta para continuar dormido en la rutina cotidiana; ha pasado la noche encerrado en su circunstancia, donde no pasa nada, solo el tiempo en su versión ordinaria; lo extraordinario, al igual que el éxtasis, permanece reservado para quienes perforan la cáscara de lo convencional y bucean hasta las profundidades de una vida que desde su misterio nos aguarda innumerables sorpresas. Te cuento que hoy me encuentro pensativo. Ayer, una nota en el diario informó sobre el fallecimiento de un amigo. Compartimos aula en la escuela, soñamos viajar por todo el mundo, incumplió el acuerdo; nos propusimos ser felices, y tampoco acudió a esa cita suprema. Vivió normalmente infeliz, su insatisfacción no era novedosa, me pregunto si conoció la felicidad, quizá solo esa versión descafeinada que dura lo que vive una emoción, disparada por una buena noticia. Quizá nunca se enteró de que la felicidad es otra cosa, que la infelicidad está inducida, que nos entrenan para ser infelices, por ello la educación es obligatoria, así nadie se da cuenta de que la infelicidad es una mentira, una enfermedad del alma, una intoxicación del espíritu, el modo zombie de vivir. Hoy me siento molesto con la sociedad que va poblando a las nuevas generaciones de información secundaria mientras evita cuidadosamente el conocimiento, por ello hay tanta escasez de pensamiento crítico. 
El perfume de la vida en este tiempo se mezcla con polvos y alegrías sintéticas, conciertos de adicciones que falsifican felicidades. He visto gente indefensa ante tanta manipulación, he contemplado personas con buena intención, luchando en trincheras equivocadas, viviendo una mentira, mintiéndose honestamente, extendiendo todo su tiempo a lo largo y ancho de una falacia. Hoy quiero hablarte, alertarte del riesgo de la infelicidad normalizada. 
Fíjate cuánta gente se adaptó a ella, al punto que en la actualidad la poca gente feliz llama la atención, hasta parece que sufrieran una patología mental. Esta carta, obviamente confidencial, es para ti, para recordarte que la estupidez es el vestuario del infeliz, que la depresión es el síntoma de la infelicidad y a su vez la infelicidad es el síntoma de estar dormido, es decir de vivir muerto, desperdiciando la oportunidad evolucionaria. 
Tú sabes, el tiempo no perdona, no espera, cada instante dura un momento y luego se marcha para no regresar nunca más. 
La infelicidad es la zona del autoengaño, es la cloaca de esta civilización donde nos recomiendan acampar, es llegar tarde a la vida, correr tras objetivos equivocados, vivir con excusas como: estoy ocupado, lo haré mañana, no me lo merezco y tantas otras destinadas a sacarnos del presente, donde ocurre la vida en su versión plena. 
Es necesario recordar que la infelicidad acecha constantemente a quien está desatento. 
Es polvoriento el camino de la infelicidad, constante la penumbra, habitual el desorden; allí la vida está inmóvil, paralizada por el miedo, convencida de que eso es todo, de que la vida es un valle de lágrimas, sin luz y con vacío, sin crecimiento y con una rutina que muerde y destruye silenciosamente. La infelicidad nos arranca de la vida y nos envía de vacaciones al infierno, nos regala un sepulcro y nos invita a ser nuestro propio verdugo, mientras participamos de rituales consumistas que terminan consumiéndonos. 
La desventura es invisible, la gente es entrenada para la infelicidad, por eso tantos la ejercen, algunos incluso revelan una gran experiencia en infelicidades y ramas afines. 
Pero si quieres preservar tu infelicidad y no salir del rebaño, entonces esta carta te será igualmente útil. 
Para quienes se adaptaron a vivir mal, les sugiero, para garantizar el naufragio de sus vidas, no tener tiempo; estar siempre ocupados es fundamental para mantener una buena imagen; la gente muy ocupada en esta sociedad tiene mejor posicionamiento, es más respetada y se constituye en ejemplo para muchos. También es bueno para ser infeliz evitar estar solo, cuanto menos reflexiones, mejor; descarta la meditación, mantente preocupado, juzga a los demás con facilidad y por supuesto sé pesimista, los optimistas son ilusos soñadores con déficit de realismo. Te recomiendo que seas perfeccionista, que exijas a todos hasta el más mínimo detalle, que no toleres ningún error, la rigidez es característica del que dirige, añade a ello el necesario estrés que, junto a una dieta rica en colesterol, que encontrarás en la comida rápida, y al habitual sedentarismo, posibilitarán el respectivo infarto, esa manera elegante de partir de esta vida, donde nada tiene sentido. 
Antes de ello, sin embargo, continúa viviendo como vive la gente con estatus, trabaja sin descanso y solo en actividades que te den mucho dinero, ya el fin de semana y con ayuda de tantos estimulantes y opciones recreativas, podrás desahogarte: la combinación de alcohol, drogas y algunos fármacos funciona muy bien para vivir una vida en su máxima intensidad. 
Si además de ello evitas el contacto con la naturaleza, careces de amigos de confianza y te niegas a ceder a las tentaciones del amar incondicionalmente y todo eso que debilita, tu vida será como la vida de la gente exitosa, envidiada por muchos. ¿Tomaste nota? Si no te sirve a ti, quizá a algún amigo sí. Resulta increíble que para algunas personas el hecho de ser infeliz aún continúa siendo un signo de realismo, cuando en verdad la infelicidad es vivir en deuda con la vida. 
Recuerda esto, cuando una persona feliz y otra infeliz vivieron juntos la misma experiencia, para el primero habrá sido una experiencia interesante, incluso maravillosa, para el otro será un mal recuerdo, una pésima experiencia. 
¿Te das cuenta de que la felicidad o la infelicidad no son inherentes a la situación sino que provienen de una actitud ante la vida? Hay quienes extrañan sus cadenas y prefieren deambular sin rumbo por la vida. ¿Sabías que la infelicidad está asociada a una mentalidad sumisa adaptada al sinsentido? ¿Que la visión limitada conduce a la infelicidad? 
Que la infelicidad ensucia la existencia, la banaliza al punto de convertirla en harapos vulnerables, transportando vacío y sinsentido? ¿Que la infelicidad es el fracaso vivencial de quien en el fondo tiene miedo de ser feliz? Los que programaron la infelicidad de la gente deberían pagar la factura del psicólogo. La filosofía del infeliz se podría resumir en vivir una vida de apariencia; es como si ellos se dijeran a sí mismos: No llores, que nunca nadie te vea llorar, aparenta estar bien, estudia lo que no te gusta, si ello te da dinero es suficiente, luego trabaja en lo que más ganes, no importa si detestas esa actividad, los fines de semana podrás compensar el sacrificio. Con lo que te pagan, podrás comprar de todo, en especial lo que no necesitas, porque lo importante es comprar y que te vean comprando.
No planifiques ni tengas objetivos en la vida, gasta mucho tiempo en internet, entérate de la vida de los demás, es bueno estar informado de todo, eso sin descuidar el celular, del cual siempre deberás estar pendiente; pasar bastante tiempo hablando por teléfono y enviando mensajes está de moda, y, por supuesto, no olvides trasnochar. ¿Te interesa algo así? 
Parece una exageración y, sin embargo, lo practica todo el mundo. Vivir infeliz ya parece una costumbre, una tendencia creciente ejercida por la mayoría. Algunos tienen un estilo personal muy original de ser infelices, mientras otros tienen bastante experiencia en la infelicidad. Algunos se precipitan a vacíos existenciales que forman precipicios autodestructivos, 
un estilo de no vida con malestar desmedido, ruidosa infelicidad que se hunde en la ciénaga de la frivolidad mientras su felicidad se desploma y el amor sale corriendo a refugiarse y buscar consuelo en otra circunstancia vivencial. 
Ten cuidado, que la infelicidad también es contagiosa. 
Se han encontrado familias completas de infelices; no se sabe cómo se pusieron de acuerdo para garantizar una infelicidad unánime y constante. Ten cuidado, porque vivir infeliz es más costoso; es dilapidar la existencia y malgastar la vida, es vivir por debajo de las capacidades que tenemos. 
He querido en esta carta derramar reflexiones sobre la infelicidad, para alertarte de sus riesgos, después de haber perdido varios compañeros en las ciénagas de la infelicidad, vecina del sinsentido y pariente de la depresión, después de haber visto vidas quebrantadas y existencias trágicas purgadas de plenitud. Mi opción es clara: no permitiré que la infelicidad desmantele mis instantes. Si estás de acuerdo con este supremo compromiso, te invito a caminar conmigo. Quiero mostrarte en las próximas cartas los secretos que nutrieron mi felicidad al punto que ahora me cuesta tanto interrumpirla. 
Te espero en la próxima estación. Una advertencia previa: aprender a ser feliz es un viaje sin retorno. 
Bienvenidos los valientes.
Chamalú.
Continua.....
http://elnuevodespertardelser.blogspot.com.es/

LIBRO MAESTRIA EN FELICIDAD (Chamalu)

Maestría en Felicidad: Claves y enseñanzas para recorrer el camino de la vida plena (Chamalú) Introducción





Dedicatoria.
A Laura Szmuch, la educadora que reforesta corazones. A María Rocha Flores, por sus insaciables ganas de crecimiento y a todos los que se declaren felices, el mejor acto de rebeldía en este tiempo.
Chamalú


Yo solía ser de las personas que buscaba a la felicidad corriendo, la buscaba en todas partes y al apuro… dentro de una billetera, detrás de una relación, delante de un objetivo o encajada en un futuro que nunca llegó… . Fue entonces cuando, tropezándose en ese apedreado camino, mis pies se encontraron con Chamalú… él y una dosis de sus enseñanzas desviaron mi mirada del camino para dirigirla a mi interior y fue entonces cuando vi por primera vez a la felicidad sentada dentro de mí, esperándome impaciente. Este libro, el cual me honra presentar, en realidad no son solo hojas y letras… es una invitación a tu vida, de la que tal vez hace mucho y sin darte cuenta, te has ausentado. Chamalú tiene la auténtica costumbre de pasar de largo por la mente del lector para conversar directamente con su corazón. La mezcla de su poesía y sabiduría hacen que este libro tenga un sabor completamente nuevo y envolvente, es como sentirse acompañado por él en medio de conversaciones íntimas y grandes enseñanzas. Te invito a que te contagies de su rebeldía, libertad y amor por la vida. Despójate de todo lo que has aprendido hasta hoy sobre la felicidad y permite que las 34 revelaciones, contenidas en las cartas de este libro, sean tu guía al reencuentro con ella por un camino sin metas, sin pasos y sin más esperas. 
Luana Mor



Introducción

El único requisito para ser feliz es darse cuenta de que estamos vivos, en breve visita a la Tierra.
La felicidad no consiste en tener muchas cosas, sino en saber disfrutar de lo que se tiene; tampoco se trata de carecer de dificultades como la gente cree, sino de aprender y crecer con ellas, porque, en el fondo, la felicidad no es el objetivo, es el medio para cumplir nuestra misión.
La felicidad tiene los colores del arcoíris; se puede ser feliz de muchas maneras, al punto que ni siquiera el llanto debería interrumpir la felicidad.
Soy Chamalú y, desde el otoño de mi vida, mientras observo pasar transeúntes y días del calendario, he decidido escribirte. Hoy me levanté tarde. Adentro, corrían los pensamientos, como niños huyendo de la escuela. Me despertó una voz familiar, mi silencio no duró mucho. «Hoy es la fecha elegida para escribir las cartas secretas», me dije a mí mismo y descendí de los brazos de la noche. En mi pueblo aún cantan los pájaros, las flores todavía recuerdan su perfume. «¿Qué es la felicidad?», me pregunto con frecuencia. «Es urgente redefinirla», me respondo mientras el desayuno se modela por mi cuerpo.
«La felicidad se hace en casa», comienzo a desgranar pensamientos y a transcribirlos.
Si permitimos que el entorno y sus circunstancias nos hagan felices, también estaremos dándoles poder para hacernos infelices en cualquier momento. La felicidad es voluptuosa por autosuficiente, es una elección, ella se siente soberana, sabe que si fluimos, si nos soltamos, estaremos en el camino a la vida, traducido en acción plena, en pensamiento lúcido, en acción impecable que a su vez incluye una modalidad perceptiva hecha a la medida de cada uno; porque si somos únicos, la felicidad de cada uno será tan íntima como profunda, tan personal como irrepetible.
La felicidad es la chispa de la vida, es suficiente para desentumecer el alma educada de esta civilización; más que un estado de ánimo, es un estado del ser, una frecuencia vibratoria que no es ni debería ser influida desde afuera.
Felicidad es esa energía que hace crujir cada momento, revistiendo de luz la existencia; es la contemplación total de la vida, es ignorar a la infelicidad y sumergirse en vivir el instante y desde él adherirse a la eternidad, reservada para quienes profundizan. Esta carta, estas claves, sobrevivieron a muchos inviernos aquí. Ahora quiero compartir contigo otro modo de palpar la vida en su versión plena, después de haber constatado que la felicidad no brota de adentro, del trabajo interior, es mentira, porque la felicidad está a favor de la vida.
 ¿Sabías que la felicidad es prosperidad existencial, que ella solo depende de ti, que es escurridiza para quien no aprendió a fluir, que no tiene por qué ser momentánea pues es un estado de conciencia? ¿Sabías que la felicidad es el milagro que tienes permiso de realizar? En el relato fundacional de los indígenas barí, que habitan a ambos lados de la frontera entre Colombia y Venezuela, su creador les dice: «Serán siempre felices y sonrientes». Por eso ellos creen que es malo enfadarse.
Para los mayas, de México y América Central, ser feliz es tener el corazón contento.
Lo mismo creen otras etnias suramericanas como los chunikai, para quienes salud y felicidad son sinónimos; los piara, que conciben la felicidad como el goce de compartir con los otros; y los oriana, quienes consideran que la felicidad es una fiesta. Quizá el hombre urbano y civilizado precise redefinir con urgencia el término «felicidad», porque la definición convencional ensombrece el bienestar y aprisiona la libertad, ingrediente fundamental de la felicidad.
La felicidad es una manera de ir por la vida, es una provocación impostergable para los que se niegan a ser felices, porque la felicidad no admite máscaras ni simulacros, ella solo se siente cómoda transitando por los senderos de la transparencia y habitando el territorio de la coherencia.
La felicidad no depende de afuera, de las circunstancias.
La felicidad es la capacidad de vibrar con cada instante, aprendiendo de todo lo que pasa, creciendo con todo lo que ocurre; es una decisión personal que comienza con dejar de buscar afuera lo que se construye por dentro.
La piel de la felicidad es suave, está preparada para todo, por eso es la puerta al cielo, a pesar de que en esta época ser feliz es ir en contra de la corriente.
Felicidad es disfrutar de lo que se tiene, sin renunciar a soñar bienestares mayores.
La felicidad es una opción, porque comienza con una valiente decisión, una percepción, es decir, una modalidad interpretativa que incluye su propio paradigma, pero también con una actitud susceptible de convertirse en un estilo de vida.
Es mentira que sea complicado ser feliz, en verdad, solo se trata de darnos el permiso para asomarnos al valor de nuestra vida diaria, elegir la fecha en la que nos declararemos felices y desatar toda la voluntad para que, desde el día elegido, átomos felices pueblen nuestros cuerpos energéticos, hablándonos de ausencias y eternidades, de mariposas con alas transparentes y cosas que son ciertas pero no en esta realidad. Con frecuencia me preguntan si es posible ser feliz en las circunstancias actuales.
Sin duda la respuesta es afirmativa, empero es preciso, además de redefinir la felicidad, aprender a ser feliz, invertir tiempo y energía en ese aprendizaje y convertir a la felicidad en el ideal más urgente.
Vivir sin felicidad es una catástrofe, los informativos nos lo recuerdan cada día. Está claro que la felicidad que no brota del interior es mentira, que elegir ser feliz es la mejor decisión, que la felicidad está a la vuelta de la esquina de tu vida, que no es higiénico continuar viviendo con las ganas siempre postergadas, con los anhelos insatisfechos, con el autoengaño a flor de labios, que induce a quienes viven sin felicidad a decir que están bien, cuando resulta indisimulable el olor de su alma podrida. Ocurre que la felicidad está dormida en los dormidos, que precisas olvidar todo lo que te dijeron sobre la felicidad, porque ella es como el aire: no lo puedes atrapar, pero lo puedes respirar. La felicidad la puedes saborear, incluso compartir. Vivir debe ser un reportaje a la felicidad, entonces ella será el mejor lugar para existir dignamente.
De eso vine a escribirte en estas cartas, quiero compartir contigo los frutos del árbol de mi vida, algunas flores del jardín de mi corazón y el perfume de mi experiencia, disponible al oído atento. Es verdad, he olvidado muchos rostros, sin embargo, mi felicidad está de pie y trajo al entusiasmo consigo, para precipitar tus átomos y decirte: «El futuro ha llegado, la esperanza está presente y los sueños hartos de pasearse a la intemperie de una vida sin bienestar constante».
Quiero confesarte que he desatado toda mi libertad y en su presencia he hilvanado collares de enseñanzas para quienes quieran, sin más preámbulo, declararse felices.
No te mueras sin haberte declarado feliz.
Permite que la semilla del amor germine en el terreno de la felicidad, para que sus frutos de libertad den las semillas de la paz. ¿Sabías que cada instante no vuelve nunca más?
La próxima cita se llama infelicidad inducida, es decir, lo que no te dijeron de la silenciosa fabricación de la infelicidad… Esto no va a quedar así.
Continua.....
http://rosacastillobcn.blogspot.com.es/
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