miércoles, 13 de enero de 2016

El Sendero del Mago Lección XX





EL SENDERO DEL MAGO:LECCIÓN 20

El mayor bien que puedes hacerle al mundo es convertirte en mago. Era el último día que pasarían juntos.
El joven Arturo estaba parado al lado del camino que conducía hacia afuera del bosque.
Mirando por encima del hombro trató de ver el claro de Merlín, pero éste había desaparecido.
Un espeso parche de bosque, que había crecido de la noche a la mañana, se lo había tragado y, con él, la entrada a la cueva de cristal.
Arturo sintió el vacío de la pérdida, seguro de que ésta afectaría a todos los mortales y no solamente a él.
“No regresaré jamás, ¿verdad?”, preguntó. Merlín, quien se encontraba a su lado, sacudió la cabeza.
“No hay necesidad de que lo hagas. Ya terminaste conmigo”.
“Dudo que algún día pueda terminar contigo”, pensó Arturo.
Le parecía que incluso después de tantos años de entrenamiento, tenía muchas más cosas que preguntarle a su maestro que el primer día. Leyendo su mente, el mago dijo:

“Quise darte un obsequio de despedida y no se me ocurrió nada mejor que esto”. Señaló el camino sobre el cual estaban parados, el cual también había aparecido de la noche a la mañana.
“Los senderos son la señal del mago. ¿Sabias eso?”
“Entonces recuerda mis palabras.
Un mago es alguien que enseña alejándose y cuando tú mismo puedas alejarte, serás un mago.
Aunque creas poseer una parte de esta tierra, en realidad sólo caminas sobre ella.
En espíritu eres el polvo del camino, la inquietud del viento.
Ustedes los mortales construyen casas para protegerse del mundo. Para un mago, el hogar es este momento, y los momentos siempre están en movimiento...” “Por el camino del tiempo”, añadió Arturo terminando la frase.
Conocía de memoria muchas de las enseñanzas de Merlín.
“Sí”, convino Merlín. Los dos guardaron silencio.
El muchacho miró por el rabillo del ojo para ver si Merlín estaba triste o por lo menos acongojado por su partida.
La expresión del mago no denotaba ni una cosa ni otra.
“Veo que no me crees del todo”, dijo Merlín.
“Pero alejarte de mí es en realidad el mejor obsequio que puedo darte”. Y con eso, los indecisos pies del muchacho comenzaron a andar. Había un recodo a noventa metros de distancia y cada paso que Arturo daba hacia él parecía cambiarlo un poco.
Los años que había pasado al lado de Merlín parecían desvanecerse en un sueño, al tiempo que aumentaba su curiosidad por conocer el mundo.
Para cuando llegó al recodo, no pudo resistir las ganas de ver lo que había más allá. Toda la acción y el deseo de un mundo que nunca había conocido se convirtieron en algo de lo cual ansiaba ser parte; ahora sus pies volaban en su anhelo de salir del bosque.
La imagen del propio Merlín se diluyó en su mente hasta quedar solamente una voz que decía:
“Te he llevado a los lugares recónditos de tu alma.
Ahora deberás encontrarlos nuevamente, esta vez por ti mismo”.
Al cabo de un momento, también la voz se desvaneció.
El muchacho pasó el recodo, levantó el polvo con un salto de alegría y sonrió. En ese momento supo que cada vez que viera un camino pensaría en Merlín.
Para Comprender la Lección.
Andar un camino es señal de desapego, y los magos enseñan que la verdadera libertad está en el desapego.
Una persona libre vive en el espíritu, de la misma manera que el mago, y puede hacer mucho más bien que el que podría hacer por fuera del espíritu.
Nuestra sociedad no acepta aún este punto de vista, porque usted y yo y todas las personas a quienes conocemos hemos sido condicionados para pensar de otra manera.
Estamos apegados a todo y creemos que lo que hace funcionar la vida es el apego. Nuestro sentido de apego comienza con nuestra relación con esta Tierra.
Los mortales, dicen los magos, viven bajo la ilusión de que son dueños del mundo y controlan su destino.
Desde el punto de vista de los magos, el mundo tiene un espíritu que supervisa nuestro bienestar; vivimos al abrigo de ese espíritu y tenemos la capacidad de forjar nuestro propio destino.
Pero no es posible poseer o controlar al espíritu.
“¿Deseas poseer el mundo entero, no es así?”, le preguntó Merlín a Arturo. “No, creo que no”, replicó el muchacho.
“Ah, silo deseas, créeme.
Ustedes los mortales son como la chispa que ha de incendiar todo un campo algún día.
La chispa parece insignificante, pero se disemina cada vez más”. “¿Quieres decir que destruiremos el mundo?”, preguntó Arturo.
“Eso depende. No es posible destruir el espíritu y si llegas a considerarte un espíritu, te unirás al espíritu de la Tierra.
La alternativa es hacer caso omiso del espíritu y, si optas por ese camino, esta Tierra no te interesará para nada.
Su dolor no apelará a ti”. Merlín señaló una gran roca.
“Patéala”, dijo. Arturo obedeció. “¡Ay!”, se quejó. “Raro”, comentó Merlín. “Fue la roca la que recibió la patada y, no obstante, fuiste tú quien gritó”. “¿Qué tiene eso de raro?”, se quejó Arturo, sospechando que el mago lo había hecho patear más fuerte de lo que el había planeado. “Esta fue una lección sobre el espíritu. Cuando pateaste la roca, te lastimaste a ti mismo.
La roca no protestó, porque la Tierra jamás lo hace.
Ella está segura en el espíritu. La lección de la Tierra para ustedes, los mortales, es su seguridad en el espíritu.
Pero si sientes ira a causa de tu lesión, la cual la roca se limitó a devolverte, tenderás a hacer caso omiso del espíritu.
Querrás aplastar la roca, destruirla y utilizarla para tu beneficio, todo porque la Tierra es lo suficientemente gentil como para no gritar cuando la lastimas”.
Es parte de la naturaleza del espíritu no protestar.
No hay forma de lastimar al espíritu, y aunque los humanos hemos causado un daño asombroso a la Tierra, el resultado final siempre será que acabaremos dañándonos a nosotros mismos.
No respetamos nuestro propio espíritu.
Nos vemos a nosotros mismos con temor e ira.
“Has perdido la fe en la fe”, dijo Merlín.
“Pareces no confiar en la confianza”.
Lo que esto significa es que las cualidades del espíritu, entre ellas el amor, la fe, la confianza, deben conocerse y experimentarse para que sirvan de algo. La mayoría de las personas batallan contra su voluntad; recurren al miedo y a la ira porque sienten que esos son los caminos que les han sido impuestos.
La voluntad para vivir en paz depende de no dejarse guiar por esas energías negativas, y eso sólo puede lograrse siguiendo el sendero del mago. «Si deseas hacerle bien al mundo, abandona todo tu egoísmo y conviértete en mago”, decía Merlín.
“Si deseas hacerte bien a ti mismo, sé completamente egoísta y de todas maneras conviértete en mago”.
Aunque esto puede sonar paradójico, en últimas todo espíritu es espíritu. Todos vamos por el mundo como individuos, pero también como parte de la Tierra.
Por lo tanto, en la medida en que nos reconquistamos, recuperamos al mundo.
Para Vivir la Lección.
Los magos no desestimulan el impulso de hacer el bien.
Desapego no es sinónimo de indiferencia.
«Cuando veas el sufrimiento, apresúrate a aliviarlo”, dijo Merlín, “pero cerciórate de no salir con el sufrimiento pegado a ti”.
Este consejo llega directo al corazón de la compasión.
La raíz de la palabra compasión es “sufrir con”, y ésa es la forma como la mayoría de nosotros la interpretamos.
Suponemos que la persona compasiva es la que asume el sufrimiento de otra; sin embargo, si eso fuera cierto, la compasión duplicaría el sufrimiento del mundo en lugar de aliviarlo.
La verdadera compasión no es negativa.
Podemos sentir el dolor del otro pero permanecer seguros en el espíritu. La Tierra se comporta de esa manera con nosotros. Aunque el drama de los asuntos humanos se representa sobre el escenario de la Tierra, en sus campos que teñimos de sangre y en sus playas donde amasamos nuestra riqueza, ella permanece desapegada.
Los bosques, los campos, las playas y las montañas no se alzan y caen por causa nuestra.
Si no aceptamos que la Tierra tiene espíritu, ese desapego se convierte en indiferencia.
En nombre de la indiferencia estamos saqueando la Tierra.
La compasión por ella será posible únicamente cuando unamos nuestro espíritu al de ella. ¿Qué se necesita para unirnos al espíritu de la Tierra? Este libro es un intento por ofrecer una respuesta.
El sendero del mago se originó en el mito, en la memoria profunda de la humanidad, cuando aún nos refugiábamos en los bosques primordiales.
Merlín representaba entonces un espíritu de la naturaleza dotado de gran magia y poder.
Hoy no hay espíritus de la naturaleza porque los mortales decidieron apartarse de ella.
El viejo impulso de vivir dentro de la naturaleza dio paso a su contrario, el impulso de conquistarla.
Este impulso se ha impuesto casi hasta el punto del desastre.
En todas partes se oye el clamor en pro del regreso a la naturaleza, quizás en la última hora.
Los magos nunca se apartaron de la naturaleza, de modo que no tienen sitio al cual regresar.
Nos esperan para acogernos cuando retornemos al espíritu.
Sus secretos revelan que, si deseamos reunirnos con la naturaleza, el camino es recuperar nuestra propia naturaleza, la cual es la consciencia pura. “Allá afuera” no hay otra cosa que el reflejo de lo que hay “aquí adentro”.
Si deseamos regresar al hogar, debemos reconocer que el hogar es el momento presente.
Todo el poder y la realización que los hombres ansían existen en este momento. En el ahora se esconde una energía tremenda, más grande de lo que la mente puede imaginar.
Nada podría estar más cerca y, sin embargo, nada se aleja con tanta rapidez. Ese es el misterio y la paradoja. Para resolverlos, debemos reconocer que somos este momento.
Todo el poder presente aquí debemos encontrarlo en nuestro interior.
Todo el mundo tiene días llenos de energía, emoción y optimismo, y otros marcados por la fatiga, la confusión y el pesimismo.
¿En qué radica la diferencia?
Algunas personas creen que la respuesta está en los ciclos biológicos, o en la acción de unas fuerzas aleatorias, o en el destino, o en la suerte.
Pero los magos dicen que la respuesta está en la capacidad para estar presentes.
Cuando estamos presentes en el momento, tocamos la fuente de la vida. El tiempo mismo fluye a partir de este momento y de ningún otro.
Por lo tanto, para ir montados sobre la cresta del tiempo, necesitamos toda la energía de la cual podamos hacer acopio, y esa energía se encuentra dentro del momento.
Es imposible no preguntarnos cómo fue que el momento presente se nos fue. Usted puede responder ese interrogante por medio de un ejercicio simple.
Siéntese unos segundos y piense en la forma como opera la memoria.
¿Qué hace cuando ve el rostro de una persona pero no recuerda su nombre? Si se esfuerza en recordar, el esfuerzo mismo parece sofocar el poder para recordar.
Pero todos hemos tenido la experiencia de recordar un nombre o un rostro olvidado cuando menos lo esperábamos.
El simple hecho de dejar de pensar en el asunto parece activar el poder para recordar.
El deseo funciona de la misma manera, aunque pocas personas reconocen su mecánica.
Como todos deseamos cosas, nos es fácil caer en la trampa de trabajar, preocuparnos y luchar constantemente para obtener lo que deseamos. Sin embargo, los magos dicen que cuando dejamos de pensar en las cosas, la mecánica del deseo se ocupa de todo. Aunque esto parece misterioso, piense en esto:
¿Realmente sabe cómo regresan a la mente los recuerdos perdidos? La mente consciente no puede obligarlo a recordar las cosas y, no obstante, es muy capaz de recuperar todas y cada una de las cosas que ha conocido.
Asimismo, la mente consciente no puede medir la forma como el universo hace realidad los deseos.
Y lo mismo que la persona que lucha en vano por recordar un nombre, la gente se esfuerza desesperadamente por satisfacer sus deseos, sin darse cuenta de que el esfuerzo es el problema, no la solución.
Aunque ya hemos cubierto estos puntos en el libro, me gustaría presentarlos nuevamente en un plano más profundo.
En este momento usted es un mago.
Se ha perfeccionado en el espíritu; jamás se ha separado de Dios o de la naturaleza. Lo único que ha sucedido es que, en su lucha por no sentir dolor, ha comenzado a bloquear el momento presente.
La memoria y el deseo ocultan el espíritu.
Lo hacen porque hace mucho tiempo usted comenzó a temer por su seguridad aquí en la Tierra.
La inseguridad es el motivo por el cual atacamos a la Tierra, porque si confiáramos en que contamos con sustento y apoyo, ninguno de nosotros perseguiría la supervivencia de una manera tan histérica. “Confía en la confianza, ten fe en la fe”, decía Merlín.
“Ésa es la única solución cuando se han perdido la confianza y la fe”. Dentro de nuestro corazón no somos otra cosa que confianza. El ser y el amor también son parte nuestra, pero es la confianza la que nos permite respirar tranquilamente, aceptar el espíritu de la Tierra como nuestro.
Y la técnica para recordar esto es tan simple como la técnica para recordar cualquier otra cosa: permitirnos dejar de creer que la lucha es la respuesta.
Apreciemos en silencio la vida que nos sale al encuentro a cada momento. Con esta aceptación silenciosa viene la enorme energía que está escondida en el presente y, con esa energía, la abundancia, la paz, la inteligencia y la creatividad. Todos ellos son los obsequios del silencio envueltos dentro del espíritu de la Tierra.
Deepak Chopra

El Sendero del Mago Lección IXX





EL SENDERO DEL MAGO:LECCIÓN 19
Los magos jamás condenan el deseo.
Fue siguiendo sus deseos como se convirtieron en magos.
Todo deseo nace de un deseo anterior La cadena del deseo jamás termina. Es la vida misma.
No consideres inútil o equivocado ninguno de tus deseos — algún día todos se cumplirán.
Los deseos son semillas a la espera de la estación propicia para germinar De una sola semilla de deseo nacen bosques completos. Aprecia cada uno de los deseos de tu corazón, por trivial que parezca. Un día, esos deseos triviales te conducirán hasta Dios.

Fue un milagroso día de Navidad cuando Arturo sacó la espada de la piedra. Entre toda la multitud que se agolpó para presenciar la hazaña, no había nadie más asombrado que el propio Arturo. “¿Dónde está Merlín?”, pensó, seguro de que el mago le había permitido realizar la hazaña por medio de magia.
Pero Merlín no apareció.
Ya entrada la noche, mucho después de que todos se habían acostado, Arturo velaba todavía, pensando si su destino, en efecto, era ser rey “Te necesito, maestro”, oró. De pronto vio una luz por debajo de la puerta. Se puso de pie de un saltó y la abrió, pero no era el mago. Era Kay, su hermano adoptivo.
“¿Cómo te encuentras?”, le preguntó Kay Arturo no supo qué decir, pero al entrar de nuevo en la habitación, respiró profundamente. “Alza un poco más la luz”, dijo. Kay alzó la vela y la luz alumbró tres objetos que habían aparecido en la cama de Arturo: un muñeco de paja, una honda rota y un espejo agrietado. “¿Ves esas cosas?” , preguntó Arturo con voz extraña. Kay se mostró confundido.
“Las veo, pero no significan nada para mi.
“Pedí la ayuda de Merlín y aparecieron estas cosas.
Este muñeco fue mi primer juguete”, dijo Arturo levantándolo. “Debía de tener dos años cuando Merlín lo hizo para mi.
Esta honda rota la hice con la piel de un venado y una horqueta cuando tenía ocho años.
Este espejo agrietado lo encontré en el bosque cuando tenía doce años. ¿Sabes qué tienen en común?” Kay sacudió la cabeza.
“Fueron las cosas más importantes que tuve, cada una en su momento, y ahora míralas”. “Basura inservible”, murmuró Kay
“Sin embargo, siento una enorme dicha al verlas porque sé que Merlín ha estado conmigo todo el tiempo.
Verás, Kay, cuando tenía dos años solamente deseaba juguetes; cuando tenía ocho sólo deseaba cazar golondrinas y ardillas; y cuando tenía doce sólo deseaba mirarme en el espejo para saber si a las niñas les parecería apuesto o feo.
Aunque dejé atrás todas esas cosas, cada una de ellas fue un peldaño para llegar a este momento.
También algún día depondré la corona, aunque sea mi único deseo y destino ahora”.
Kay era un alma simple e intrépida que reverenciaba a la monarquía. Por lo tanto se escandalizó.
“¿Por qué habría alguien de deponer la corona?”, preguntó asombrado. “Porque llegará el momento en que será tan trivial como un muñeco, tan inútil como una honda rota, y tan vana como un espejo. Creo que eso es lo que Merlín quiso que viera”.
Para Comprender la Lección.
El deseo ocupa un lugar peculiar en nuestros corazones, porque aunque cada uno de nosotros va por la vida deseando una cosa tras otra, siempre estamos desechando nuestros viejos deseos como si nunca hubiesen tenido importancia.
Los deseos nunca terminan, independientemente de cuántos se hagan realidad y, al mismo tiempo, ningún deseo dura lo suficiente como para permitimos dejar totalmente atrás el hábito de desear. “Eres humano, y en tu naturaleza está el desear más y más”, dijo Merlín. “El deseo es el que te impulsa en la vida hasta que llega el momento en que deseas una vida superior.
Por consiguiente, no te avergüences de desear tantas cosas, pero tampoco te engañes creyendo que lo que deseas hoy será suficiente mañana”.
Es obvio que los deseos nunca terminan pero, no obstante, eso no ha impedido que algunas personas, por lo general muy espirituales, traten de renunciar al deseo.
En Occidente, los cristianos condenan la debilidad de la carne a causa de sus bajos deseos; en Oriente, el budismo culpa al deseo de ser la causa del ciclo interminable de placer y dolor.
Pero a los ojos del mago, no hay razón para emitir un juicio en contra del deseo. “Cuando salgas al mundo”, le dijo Merlín al joven Arturo, “serás dueño de un premio que todos los hombres anhelan. Esto pondrá a miles de personas en tu contra y lucharás durante años para ganar tu corona”.
“Entonces, no tomaré la corona”, dijo Arturo muy atribulado.
“No, ésa no es la solución”, replicó Merlín.
“El deseo arrastra a los mortales hacia todo tipo de desasosiegos, pero es parte del plan de Dios que tengan deseos”.
“Pero el deseo obnubila a las personas y las hace egoístas.
Agita la violencia, tal como tú lo pronosticaste.
Crea ignorancia y enfrenta a las personas”.
“Todos esos son usos del deseo”, anotó Merlín.
“En esto hay un misterio que, como siempre, sólo el que busca podrá resolver. ¿Es el deseo bueno o malo, o ninguna de las dos cosas? Te daré una pista. Para descubrir la verdadera naturaleza del deseo, debes comenzar sin juzgar.
Honra a todos y cada uno de tus deseos. Guárdalos en tu corazón. No luches para obtener lo que deseas; confía en que tu espíritu superior te ha hecho concebir el deseo, y deja en sus manos el que éste se torne realidad.
Verás que el aspecto malo del deseo no está en el deseo mismo, sino en la lucha de los hombres por hacerlo realidad”.
El mago no lucha para que las cosas sucedan como él las desea, para tomar o ganar o poseer las cosas, porque ve el deseo dentro de una matriz más grande planteada por el espíritu.
“Visto tal y como es en realidad, el deseo expresa la necesidad última de regresar a la perfección.
Desde el momento en que naciste nunca hubo esperanza de que pudieras sentirte realizado con tus logros, tus posesiones o tu condición. Nada externo podría funcionar:’.
“Entonces, ¿por qué Dios creó tantos objetos de deseo?”, preguntó Arturo. “¿Por qué no? ¿Qué hay de malo en querer más de este mundo si es que vale la pena desearlo?”, replicó Merlín.
“Considera el deseo como la disposición para recibir lo que Dios desea dar. Este mundo es un regalo; el Creador no fue obligado a hacerlo. Sólo tu capacidad para recibir limita la capacidad de Dios para darte lo que deseas”.
“Quizás tengas razón, pero entonces, ¿por qué Dios no se limitó a crear un camino directo para llegar a el?”, preguntó Arturo.
“Sí lo hizo. El deseo es el camino directo, puesto que no hay ruta más rápida para llegar a Dios que a través de tus propios deseos y necesidades. ¿Por qué habría Dios de darte algo antes de que tu lo desees? ¿Alguna vez te has preguntado el por qué de tus deseos y de tu juicio en contra de ellos?
Juzgar el deseo equivale a juzgar su fuente, la cual eres tú mismo; temerle al deseo implica tener miedo de ti mismo.
El problema no radica en el deseo sino en lo que sucede cuando tus deseos se frustran o se bloquean.
Es allí donde comienzan la lucha y el juzgamiento.
“Si pudieras ver la forma de cumplir todos tus deseos —que es lo que Dios ha tenido planeado para ti todo el tiempo— te darías cuenta de que sin el deseo no podrías crecer.
Imagínate como un niño que nunca hubiera querido dejar atrás los juguetes; sin la fuente de nuevos deseos, quedarías atrapado en la inmadurez perpetua”.
Para Vivir la Lección.
El discurso de Merlín sobre el deseo toca una cuerda sensible porque vivimos en una sociedad en la cual podemos tener más y más cosas materiales. Sin embargo, no hemos logrado la felicidad perfecta. Muchas veces, detrás de la riqueza hay un vacío espiritual. Eso no significa que desear una casa, un automóvil y una cuenta bancaria esté mal o sea motivo de vergüenza.
El vacío espiritual no es el resultado de desear cosas materiales.
Se creó cuando volvimos los ojos hacia las cosas externas para esperar de ellas lo que no pueden hacer.
Las cosas externas no pueden satisfacer las necesidades espirituales.
El dicho según el cual es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar al cielo no es una condena de la riqueza.
Sencillamente señala que el dinero no tiene valor espiritual.
El dinero no abre la puerta del paraíso.
Los magos siempre han enseñado que el deseo debe verse como un camino. Al principio, los deseos se relacionan con cosas como el placer, la supervivencia o el poder.
Pero con el tiempo, el camino del deseo lleva más allá de esas gratificaciones.
No son deseos bajos, sino preliminares.
De la misma manera que el niño deja atrás los juguetes a cierta edad, el deseo de tener más y más lleva finalmente a la persona a una fase natural en la cual el deseo de Dios desplaza a todo lo demás. “No trates de convertirte en un buscador de Dios”, dijo Merlín.
“Has sido un buscador desde tu nacimiento, sólo que al principio el Dios al cual buscabas eran los juguetes, después la aprobación, después el sexo, el dinero o el poder.
“Todas esas cosas fueron objeto de tu adoración y las deseaste con pasión. Regocíjate en ellas cuando sean los deseos del momento, pero prepárate para dejarlas atrás.
Tu gran problema no será el deseo sino el apego, sentir la necesidad de aferrarse a las cosas cuando el flujo de la vida te pide que las dejes ir”.
El ejercicio para esta lección es un experimento de pensamiento puro.
Siéntese y piense en lo que desea con más fervor en este momento. Tal vez sea un determinado vehículo o el éxito en una relación. Trate de escoger algo que todavía esté persiguiendo, de tal manera que pueda sentir cuán fuerte es realmente el deseo. Ahora piense en un deseo que ya se haya hecho realidad.
Podría ser su último automóvil nuevo o un proyecto exitoso o una suma de dinero. Comparado con su deseo actual, el viejo se sentirá diferente. No sentirá tan intensamente la ansiedad de perseguirlo puesto que ya ha saboreado su realización.
Lo que experimenta a través de este contraste es la forma como la vida lo impulsa hacia adelante.
El deseo de ayer tenía su propio impulso, el cual ha pasado a ser del deseo de hoy Esta fuerza que lo impulsa hacia adelante no es aleatoria. Lo ha llevado desde los caprichos de la infancia, a través de los deseos de la adolescencia, hasta los del adulto.
El camino del deseo es increíblemente poderoso y no termina nunca; solamente cambian los objetos del deseo.
Lo que el mago sabe es que, en su nivel más profundo, nuestros deseos contienen el impulso evolutivo de la vida misma.
Desear vivir no es un simple instinto de supervivencia — es un camino que se abre ante nosotros.
A la vida no le agrada ser bloqueada, ésta es la razón por la cual Merlín dijo que los problemas con el deseo surgen únicamente cuando se atraviesa un obstáculo en su camino.
Un bebé sano aprende que cualquier cosa que desea es buena, cuando su madre se complace en satisfacer sus necesidades. Cuando se establece un modelo positivo del deseo desde temprana edad, el bebé crece con deseos naturales concordantes con sus verdaderas necesidades.
De hecho, una persona psicológicamente sana puede definirse como alguien cuyos deseos en realidad le producen felicidad.
Pero si al bebé se le graba la noción contraria, que los deseos son vergonzosos y se satisfacen a regañadientes, el deseo no se desarrollará de una forma sana.
Más adelante, el adulto continuará buscando satisfacción en las cosas externas, necesitando cada vez más poder, dinero o sexo para llenar un vacío creado cuando era bebé; la persona cree que su existencia misma es un error.
En casos extremos, el deseo se distorsiona hasta tal punto que su necesidad se convierte en el ansia de matar, robar, emplear la violencia y demás. Estos deseos pueden causar daños inconcebibles, tanto a nivel personal como social.
Sin embargo, nadie sabe al ver a un asesino o a un ladrón, en qué punto se extraviaron sus valores.
Para el mago, todos los deseos se originan en el mismo sitio, en el punto donde la vida sencillamente desea expresarse a sí misma; el problema radica en la obstaculización o la condena del deseo.
Las manifestaciones nocivas del deseo sencillamente reflejan el daño de una psique que necesita desesperadamente conocerse a si misma, como nos sucede a todos nosotros, pero que ha fracasado en su intento — por lo menos hasta ahora.
Por consiguiente, es de vital importancia comprender la naturaleza de nuestros deseos, reconocer que, de acuerdo con el plan divino, todos los deseos están hechos para cumplirse.
Dios no nos impide tener todo aquello que deseamos.
Somos nosotros quienes creemos en el fondo que no merecemos nada. Esa forma de juzgarnos crea bloqueos en el flujo natural de la vida, pero una vez que éstos desaparecen, el camino del deseo se convierte en dicha porque es la ruta mas corta y más natural para llegar a Dios. No hay deseo trivial, porque todo deseo posee significado espiritual. Cada uno es un pequeño paso hacia el día en que deseemos la más elevada realización, a saber: conocer nuestra naturaleza divina.
Deepak Chopra

El Sendero del Mago Lección XVIII






EL SENDERO DEL MAGO:LECCIÓN 18


Podemos vivir la inmortalidad en medio de la mortalidad.
El tiempo y la eternidad no son opuestos.
Como la eternidad lo abarca todo, no tiene Contrario.
A nivel del ego, luchamos por resolver nuestros problemas.
Para el espíritu, esa lucha es el problema.
El mago es consciente de la batalla entre el ego y el espíritu, pero sabe que los dos son inmortales y no pueden morir.
Todos los aspectos de nuestro yo son inmortales, hasta las partes a las cuales juzgamos más duramente.
Cuando Arturo era un rey muy joven, oyó hablar de un loco que vivía en las profundidades del bosque de Camelot.
Algunos le aconsejaron que no prestara atención a esos rumores infundados: “Es apenas un desquiciado que se ha encerrado en una choza y no tardará en morir. Pero algo vibró en su interior y Arturo convocó a sus caballeros para salir en busca del orate.
Tras varias horas de búsqueda, la partida llegó a un claro no muy distante del camino principal que atravesaba el bosque.
En medio del claro había una choza hecha de juncos y barro, tan torpemente armada que le salían ramas desnudas por todas partes. Arturo desmontó y se acercó a ella.
No tenía puerta, sólo un ventanuco para permitir el paso del aire. “¿Quién está ahí?”, preguntó. “Alguien que no es de este mundo”, respondió una voz débil. Arturo reflexionó por unos instantes. “Desearía conversar contigo, quien quiera que seas.
Sal por orden del rey”. “No tengo rey Déjame en paz”, dijo la voz. “Pero careces de agua y alimentos. Necesitas ayuda”, insistió Arturo. “No necesito tu ayuda”, dijo la voz, y no volvió a pronunciar palabra.
Los cortesanos deseaban partir, avergonzados de que el rey se ocupara de un orate. Pero Arturo dio orden de que trajeran a su presencia a cualquier persona que tuviera información sobre el hombre. Varios jinetes se internaron en el bosque y regresaron al rato acompañados de una mujer vestida con harapos.
“Esta es la esposa”, dijo uno de los jinetes, soltando a la mujer quien se mostraba visiblemente atemorizada y confusa.
“No tengas miedo. Sólo deseo ayudar a tu esposo”, dijo Arturo. Aunque temblando todavía, la mujer explicó: “Ya no me reconoce como esposa. Mi William ha jurado permanecer emparedado dentro de la choza hasta que muera o reciba una señal de Dios”.
“¿Por qué?”, preguntó Arturo. “El dolor, mi señor.
Teníamos un hijo a quien amaba por encima de todas las cosas.
Mi Will es leñador y un día salió al bosque con nuestro hijo, que en ese entonces tenía seis años. Will estaba concentrado en su trabajo y, cuando no lo miraba, el niño se alejó.
Lo llamamos y lo buscamos hasta la desesperación, pero dos días después, su cuerpecito apareció flotanto en el arroyo.
Nuestro hijo se ahogó y mi esposo no se perdona a sí mismo”.
La historia entristeció profundamente a Arturo.
“El dolor no es motivo para quitarse la vida”, dijo.
“Lo mismo digo yo”, declaró la pobre mujer.
“Pero ha jurado que mientras Dios mismo no venga a decirle por qué se llevó a nuestro hijo, habrá de maldecir al mundo y no querrá saber nada de él. ‘Toda mi vida he visto la clase de sufrimiento que Dios permite’, dice, ‘y no quiero saber más de él.
Si no aparece para explicarse, de todas maneras ya estoy muerto en vida”’.
A pesar del efecto conmovedor provocado por la historia de la mujer, Arturo no pudo menos que sorprenderse ante esa forma peculiar de entender a Dios. “¿Es cierto el relato de tu mujer?”, preguntó dirigiendo la voz a la choza.
Lo único que se oyó fue un gruñido ronco, porque Will el leñador ya lo había dicho todo. “Pasaré la noche aquí conversando con este pobre desgraciado”, anunció Arturo, enviando al resto de la partida real de regreso al castillo.
Los cortesanos no deseaban dejar a su rey solo en el bosque, pero finalmente él los convenció de que se alejaran y acamparan a media legua de distancia. No tardó en caer la noche sin luna.
Arturo se sentó al lado de la choza, envuelto en su capa para protegerse de la humedad.
“En cierta forma me siento más cerca de ti que de cualquier otra persona de mi reino”, comenzó.
“Soy nuevo en esto de gobernar y siento profundamente el sufrimiento que me rodea. Por todas partes hay pobres, enfermos e inválidos, y su tragedia es también la mía, mientras yo sea su rey He pasado muchas noches de insomnio preguntándome cómo solucionar los males de este mundo.
Parece que podría emplear toda mi vida y mi fortuna en combatir la desgracia que me rodea y, no obstante, al igual que el trigo de primavera, las semillas del infortunio brotarían doblemente fuertes a la siguiente estación”. “Espero a Dios”, interrumpió súbitamente la voz proveniente de la choza. “No necesito oír tus discursos.
Deja que El responda por Sí mismo”. “Es justo lo que pides”, replicó Arturo.
“Pero permite que éste sea mi asunto, pues en ti me veo a mí mismo. Tuve un maestro llamado Merlín, quien me dijo que la única solución contra el mal es no luchar contra él sino darse cuenta de que en realidad no existe”. “Palabras insensatas”, dijo la voz.
“Busca otro maestro”. “Necesitas oír más”, insistió Arturo.
“Merlín decía que el bien y el mal se trenzan en combate constantemente; ambos nacieron hace miles de años.
Y mientras existan la luz y la sombra, el bien y el mal se perpetuarán”.
“En ese caso deberías perder la esperanza y encerrarte conmigo en esta choza, puesto que has visto los verdaderos sentimientos de Dios con respecto a este mundo. el desea que nosotros suframos”, dijo la voz amargamente.
“También me sentí como tú durante mucho tiempo, pero entonces Merlín me enseñó que en la vida hay dos caminos.
Por uno de ellos, la persona trata de conseguir la recompensa del cielo y, si vive virtuosamente, alcanzará su meta.
Pero hasta en el paraíso hay semillas de descontento y, con el tiempo, por tedio o por temor de no merecer el cielo, la persona comienza a avanzar por el otro camino.
Se hunde y pronto se ve sumida en el infierno.
Si existe el cielo, también debe existir el infierno, pero es igualmente temporal porque, con el tiempo, la persona se cansa de sus tormentos y comienza a salir de él nuevamente.
Por lo tanto, el primer camino que el alma puede escoger es un círculo constante que va del cielo al infierno una y otra vez”.
“Si lo que dices es cieno, además de condenados somos también objeto de burla”, dijo la voz con mayor amargura.
“¿Quién puede amar a un padre que nos muestra el paraíso sólo para enviarnos de regreso al infierno?” “Tienes razón”, dijo Arturo. “Mi maestro me hizo ver eso precisamente.
Pero entonces me habló del segundo camino.
La clave de él es darnos cuenta de que tanto el cielo como el infierno son nuestra propia creación, que somos nosotros quienes mantenemos activo el ciclo.
Como creemos en la dualidad, el mal debe existir como contrario del bien, de la misma forma en que la luz debe tener una sombra para poder ser luz. Al reconocer esto, podemos escoger otra cosa”. “¿Cuál?” “Renunciar a la dualidad, rechazar tanto el cielo como el infierno. Más allá del juego de los contrarios, decía Merlín, existe una dimensión eterna de luz pura, de Ser puro, de amor puro.
‘Toda esta cuestión de bien y mal’, decía.
‘Deja de tratar de morderte la cola y aléjate de ella’.
No puedo hablar por ti, amigo, pero para mí ése es el mensaje de Dios. Si Dios ha de presentarse ante nosotros, habrá de ser a través de lo que nosotros mismos consideremos como posible.
Nuestra voluntad es libre y podemos encadenarnos para siempre al ciclo del placer y el dolor.
Pero tenemos la misma libertad de apartarnos y no sufrir nunca más”. Arturo dejó de hablar, sintiendo de repente cuán extraño era estar hablando así con un pobre desgraciado al que no conocía. “Lamento haberme entrometido en tu pena”, dijo finalmente.
“Te dejaré ahora”. El hombre de la choza no contestó.
Arturo se levantó y, arrebujándose en su capa, se adentró en el bosque. Apenas había caminado cien pasos cuando sintió un resplandor y el chisporroteo de las llamas a sus espaldas.
Temiendo que el orate hubiese incendiado la choza, dio la vuelta y comenzó a correr, sólo para detenerse en seco.
La choza se había convenido en una bola de luz blanca resplandeciente y de ella salió un ángel que dijo:
“Dios me dijo que ustedes los mortales conocían un secreto y, como siempre, tenía razón. Ustedes saben que Dios no está sencillamente en el cielo sino mucho más allá, en el ámbito del espíritu puro”.
Y con esas palabras, el ángel desapareció.
Para Comprender la Lección.
La esencia de esta lección se explica en ella y es que en la vida hay dos caminos. El primer camino consiste en aceptar que la dualidad es real, que el bien y el mal a los cuales nos enfrentamos todos los días son un hecho simple y que debemos hacer lo que podamos para luchar contra ellos.
El segundo camino consiste en ver la dualidad como algo que podemos elegir. Aunque todo lo que hay en la creación parece tener su contrario, hay algo que no lo tiene: la totalidad.
La totalidad del espíritu no tiene contrario porque lo abarca todo. Para escoger el segundo camino debemos estar dispuestos a renunciar a la lucha contra el mal. Ése es el sendero del mago.
No hay duda de que ante el mal siempre reaccionamos con temor e ira. La lucha nace de esta reacción y como todos deseamos que el mal desaparezca, la lucha parece legítima.
¿Pero qué tal si la ira y el temor son la causa del mal?
¿Qué tal si nuestras reacciones perpetúan el mismo ciclo interminable? A partir de estas preguntas nació el segundo camino. No quiere decir que la lucha sea equivocada y que debamos someternos al mal.
Pero el fin del mal es un asunto serio, y los magos se han presentado a la mesa del debate para proponer que ese fin sí es posible, aunque no a través de los medios que hemos utilizado durante tanto tiempo.
Para Vivir la lección.
No será posible renunciar a la dualidad del bien y el mal mientras ésa sea nuestra única experiencia.
Es preciso reemplazar esa experiencia por otra más profunda, una que esté más allá de las palabras.
Totalidad y espíritu serán solamente palabras hasta que adquieran realidad para nosotros. Realidad siempre significa experiencia; por lo tanto, la pregunta es cómo experimentar el ámbito de la luz al cual se refería Merlín.
“Sé paciente contigo mismo.
Se necesita tiempo para que la dualidad se desvanezca”, decía Merlín. “Y entonces la unidad brotará automáticamente”.
Puesto que el espíritu nos llama constantemente, hay un sinnúmero de oportunidades para entrar en contacto con él.
Ya hemos señalado los primeros pasos: estar dispuestos a seguir las pistas del espíritu, meditar para encontrar el silencio puro dentro de nosotros mismos, saber que la meta del espíritu es verdadera y digna de alcanzar. Esta lección refuerza esos pasos, pero agrega un nuevo ingrediente.
A pesar de lo mucho que nos quejamos del mal y luchamos contra él, éste ha vivido entre nosotros desde siempre.
Por lo tanto, es fácil perder la esperanza, como el hombre de la choza. Pero su nombre es Will por una razón — es nuestra libre voluntad la que nos permite romper el ciclo del bien y el mal.
Ésta es la promesa que encierra esta lección. El sendero del mago está lleno de compasión, porque resuelve el problema del sufrimiento en la medida en que nos acercamos a la luz del espíritu.
Deepak Chopra
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