sábado, 9 de enero de 2016

El Sendero del Mago Lección XIV






EL SENDERO DEL MAGO:LECCIÓN 14

Los magos no sufren ante una perdida porque sólo lo irreal puede perderse. Aun que perdamos todo, lo real seguirá existiendo.
En medio de los escombros de la devastación y el desastre, hay tesoros ocultos. Cuando busques entre las cenizas, mira bien. Como todos los niños, un día Arturo descubrió la muerte.
Tenía cuatro o cinco años cuando Merlín lo encontró acurrucado en el bosque mirando atentamente una pila de plumas grises, restos de lo que fuera una golondrina. “¿Qué le pasó?”, preguntó el niño. “Eso depende”, replicó Merlín. “¿De qué?”
“De la manera como veas las cosas. La mayoría de los mortales dirían que es un pájaro muerto. Cuando dicen ‘muerto’ se refieren a que su vida se ha destruido.
Sin embargo, los mortales más sabios miran más a fondo. Reconocen que la muerte no es más que una reorganización.
La materia de la cual estaba hecho el pájaro regresa a la tierra para mezclarse con los elementos que le dieron nacimiento”.
El muchacho caviló durante un momento. “¿Por qué me siento atemorizado al ver esto?” “A causa de la memoria.
Aunque lo sepas o no, te has formado ideas sobre la muerte desde que eras un bebé, y a medida que éstas se desenvuelven recuerdas el temor y el dolor asociados con esos recuerdos”.
El niño era muy joven para comprender lo que Merlín decía y, como la mayoría de los niños, dejó de formular las preguntas verdaderamente profundas.
Las explicaciones de Merlín le bastaron por varios años, hasta cuando se dio cuenta de que la muerte también podía sucederle a él y no solamente a los animales.
“Creo”, dijo Arturo cuando tenía doce años, “que cada vez le tendré más y más temor a la muerte”. Merlín asintió.
“A medida que tu experiencia del mundo sea mayor, los recuerdos te asaltarán con más y más fuerza. Pero hay algo más.
Los mortales le temen a la muerte porque sienten miedo de perder sus posesiones. Cuando ves un animal muerto, no puedes saber cuál es la parte de él que se ha ido.
Después del último aliento, el cuerpo pesa lo mismo; las células son las mismas. Lo único que falta es el aliento, y lo que sea que esté más allá de él.
“Pero los mortales tienen casas con cosas dentro de ellas.
Tienen familias y experiencias atesoradas.
La idea de perder todo eso les produce un temor enorme.
Pero te diré un secreto. Nada muere en el momento de la muerte. La muerte es un comienzo, no un final.
Cuando los mortales le tienen miedo, lo único que hacen es aferrarse a sus recuerdos.
Acepta el punto de vista del mago y abre tus brazos a todas las pérdidas, incluso a la pérdida última de la muerte”.
“Trataré de hacerlo”, dijo Arturo no muy convencido.
“Pero la verdad es que hay muchas cosas que no deseo perder”. “Entonces despréndete un poco de ellas y recuerda:
Todo aquello a lo cual te aferras está muerto, porque está en el pasado. Muere a todos los momentos y descubrirás la puerta hacia la vida eterna”.
Para Comprender la Lección.
En un mundo de cambio debe haber pérdidas y ganancias.
Aunque para el ego las ganancias son buenas y las pérdidas malas, para la naturaleza no hay diferencia.
Siempre que hay creación, es preciso que haya destrucción.
“A ustedes los mortales les encantaría abolir la muerte”, dijo Merlín, “sin pensar en que el mundo se apiñaría de personas, animales y plantas.
El bosque no tardaría en sucumbir bajo su propia fuerza vital, los mares rebosarían de criaturas luchando por espacio y aire, y la delicada hermosura del equilibrio de la naturaleza desaparecería”. El ciclo del nacimiento y la muerte se convierte en asunto de temor y lucha solamente en la medida en que se personaliza.
Tras toda una vida de lucha para evitar las pérdidas, para el ego la muerte es la derrota definitiva.
Para la mayoría de la gente, la muerte es demasiado abrumadora como para poder enfrentarla; es el tema que entierran en el subconsciente y niegan todos los días de la vida.
Otros deciden intelectualizar negación y convierten a la muerte en un misterio metafísico sobre el cual pueden reflexionar desde una distancia emocional segura.
Los magos dicen que es imposible conocer la muerte pero por una razón diferente: porque la experiencia normal, y con ella nuestra forma normal de saber, se suspenden en el momento de la muerte. La experiencia normal está orientada hacia aquello que podemos ver, oír, tocar, oler y degustar.
A esto se agregan el pensamiento y la emoción.
Morir significa desprenderse de los sentidos, dejar atrás el mundo material y dirigirse hacia una nueva forma de percepción.
“Si sólo supieras que yo ya estoy muerto”, dijo Merlín.
“Eso no me parece posible”, protestó Arturo.
“Para mí, estar vivo significa comer, beber, dormir y tener vivencias. ¿Acaso no haces tú todo eso, al igual que yo?”
Merlín sacudió la cabeza. «¿Por qué piensas que la vida y la muerte no pueden coexistir?
Al mismo tiempo que hago todas esas cosas que mencionas, también estoy en un estado de sabiduría, consciente de mi mismo simplemente como yo mismo, sin pensar jamás en nacer o morir. Descubrir ese estado es lo que la muerte nos permite hacer.
Si tienes la fortuna de descubrirlo oportunamente, antes de abandonar tu cuerpo, mucho mejor”.
«Tienes suerte de no tener que temer más a la muerte”, anotó Arturo. “Cierto, pero tomé una decisión que la mayoría de los mortales evitarían. Decidí perseguir a la muerte y abrazarla como a un ser querido, mientras que ustedes huyen constantemente de ella, como si fuera un demonio.
La muerte es muy sensible y, si la demonizan, permanece distante y se guarda sus secretos. De hecho, todo aquello que temes acerca de la muerte es reflejo de tu propia ignorancia.
Sencillamente temes lo que desconoces por completo”.
Para Vivir la Lección.
La muerte es un suceso definitivo, pero antes de ocurrir deja muchas otras pérdidas de menor cuantía.
Si nos tomáramos un momento para pensar en ello, veríamos el patrón de pérdida y ganancia que atraviesa toda nuestra vida. Cuando ocurren, las pérdidas parecen dolorosas, y el ego reacciona inevitablemente ante ellas deseando aferrarse.
Sin embargo, el paso de la infancia a la adolescencia es una pérdida desde un punto de vista pero una ganancia desde otro; contraer matrimonio representa la pérdida de la soltería y la ganancia de un compañero.
La pérdida y la ganancia son dos caras de la misma cosa.
Lo único que produce ganancia absoluta en la vida es la ganancia de la consciencia, que es de lo que se trata esta búsqueda.
¿Alguna vez se te ha ocurrido que no puedes perder nada, porque nunca tuviste nada en realidad?”, preguntó Merlín. “Lo único que has tenido realmente es a ti mismo.
Ese yo puede pasar un tiempo en una casa o en un empleo, en presencia de ciertas cosas o con cierta cantidad de dinero, pero con el tiempo todo eso cambia.
Entonces lo único que queda es un recuerdo, una imagen, un concepto. Ninguno de ellos es real; son invenciones de la mente. Los pensamientos son como los invitados: llegan y se van mientras tú permaneces.
Piensa en los objetos y en las posesiones de igual manera.
Todos van y vienen y sólo tú permaneces”.
La vida está llena de adversidades, grandes o pequeñas.
El ego se ha echado sobre los hombros la carga de proteger la vida. Nos defiende de la pérdida y el desastre y mantiene a raya el concepto de la muerte durante el mayor tiempo posible.
Pero el mago acoge toda pérdida o adversidad por las siguientes razones, las cuales podemos aplicar en nuestra vida: todo lo que existe en la creación está hecho de energía.
Una vez creada, cualquier forma de energía debe mantenerse durante cierto tiempo. Después de un período de estabilidad, la fuerza vital desea traer algo nuevo a escena.
A fin de hacerlo, es necesario disolver esos patrones viejos y desgastados.
Esta disolución ocurre en nombre de la vida, porque sólo la vida nos rodea. Sin embargo, el ego se aferra a ciertas formas de energía que no desea que se disuelvan jamás.
Una suma de dinero, una casa, una relación, un gobierno — a su manera, todas ellas son formas de energía a las cuales tratamos de proteger contra el paso del tiempo.
La gente lucha hasta la muerte, como dice el adagio, lo cual significa que está dispuesta a defender algo hasta cuando no quede otra alternativa que la disolución.
La verdad es que esas luchas son innecesarias.
No se puede luchar para que una rosa florezca.
No se puede luchar para que un embrión se convierta en bebé — sencillamente lo hace, siguiendo su propio ritmo.
Aunque el ego acepta fácilmente estos hechos acerca de la rosa y el bebé, no logra hacerlo con respecto al dinero, las casas, las relaciones y otras cosas a las cuales se apega.
Pero el mago reconoce que las mismas leyes universales lo gobiernan todo en la vida.
Después de todo, nuestro ego no tuvo que librar una batalla para traernos a este mundo. La lucha del ego es una forma de oposición a la vida, porque pretende imponer una vida artificial.
“La naturaleza retira las cosas por una buena razón y a su debido tiempo”, dijo Merlín. “Si deseas tener flores fuera de temporada, puedes bordar unas que duren para siempre.
Sin embargo, ¿quién podría decir que esas flores en realidad están vivas?” Asimismo, cada vez que sentimos la necesidad de controlar y luchar, de retener a las personas, al dinero o a las cosas cuando se van, estamos contrariando la fuerza universal que mantiene todo en equilibrio.
“Deberás aprender a confiar para poder renunciar al control.
Tu condicionamiento te lleva a desconfiar, porque ustedes los mortales desean desesperadamente creer que son inmunes a los ciclos de la naturaleza”, dijo en tono divertido Merlín.
“Aunque sus cuerpos nacen, envejecen y mueren, ustedes sueñan con dejar edificaciones y estatuas inmortales, una reputación y cofres atestados de riquezas.
Haz lo que desees, pero si quieres escapar del dolor y de la muerte, primero debes escapar del engaño que te hace creer que estás por encima de la naturaleza”.
Cuando logramos comenzar a ver las semillas de la oportunidad en los escombros del desastre, la confianza empieza a crecer.
La confianza viene por etapas. Primero debemos ver que las nociones del ego acerca de la pérdida son falsas.
“El dolor no es la verdad”, dijo Merlín. “Es aquello por lo cual los mortales pasan para encontrar la verdad”.
En segundo lugar, debemos buscar la otra cara del desastre o la pérdida, la semilla minúscula de lo nuevo que desea nacer. “Cuando busques entre las cenizas”, aconsejó Merlín, “mira bien”. En tercer lugar, debemos reemplazar los lamentos y las culpas por el conocimiento sosegado y seguro de que estamos protegidos en el plan de la naturaleza.
Lo que sea que hayamos perdido es temporal e irreal — debía marcharse, no porque la naturaleza sea cruel e indiferente, sino porque cada paso que damos hacia lo real es precioso.
Bajo esta nueva luz comenzaremos a ver que la pérdida y la ganancia son solamente una máscara. Debajo se encuentra la luz constante de lo eterno, la cual brilla a través de todo, tejiendo la unidad a partir del caos.
Deepak Chopra

El Sendero del Mago Lección XIII




EL SENDERO DEL MAGO:LECCIÓN 13
La realidad que experimentamos es el reflejo de nuestras expectativas. Si proyectamos las mismas imágenes todos los días, nuestra realidad será idéntica día tras día.
Cuando la atención es perfecta, crea orden y claridad a partir del caos y la confusión.

Después de convenirse en rey, Arturo habló de sus experiencias en la cueva de cristal solamente con su esposa Guinevere.
Pasaron muchos años antes de que Merlín reapareciera, y Guinevere pensaba en él más o menos de la misma manera en que se imaginaba un unicornio o alguna otra bestia mitológica.
“Si es tan salvaje como las oscuras montañas de Gales, donde dicen que nació, me espantaría la sola idea de conocerlo”, le dijo una vez a Arturo. “No es así”, replicó Arturo. “No se parece a nada que puedas esperar o prever.
“Mi señor, he conocido magos en la corte francesa, o por lo menos eso decían ser”, dijo Guinevere. “¿Acaso no son simplemente ancianos de barba blanca y larga que actúan de manera sabia, hacen gestos como si vieran cosas que nosotros no vemos y afirman tener poderes que en realidad nadie logra ver?”
Arturo sonrió. “También he conocido esa clase de magos, pero Merlín no es como ellos. Una vez le pregunté: ‘¿En qué somos distintos tú y yo? En mi opinión somos sólo dos personas que están sentadas debajo de un árbol a la orilla de un arroyo, esperando pescar algo para la cena’.
Él se quedó mirándome y sacudió la cabeza.
‘Es cierto que no somos más que dos personas aquí sentadas — dijo —, pero para ti este escenario es toda tu realidad, mientras que el arroyo, el árbol y todo lo que nos rodea son el punto más minúsculo en el horizonte más lejano de mi consciencia”’. Guinevere preguntó: “Si en realidad Merlín vivía en un mundo tan distinto del nuestro, ¿te enseñó alguna vez cómo llegar hasta él?” “Si”, dijo Arturo.
“Insistía en que mi versión de la realidad— el árbol, el arroyo, el bosque — era una ilusión, una alucinación personal impuesta por mi mente, mientras que su mundo estaba abierto a todos, puesto que es un mundo compuesto totalmente de luz Guinevere quedó confundida.
“Pero tú y yo vemos esta habitación, como la ven también todas las personas a quienes conocemos. No puedo creer que esto sea sólo una ilusión”. “Entonces te mostraré algo”, dijo Arturo.

Le pidió a su reina que abandonara la alcoba y prometiera no regresar antes de la media noche.
Guinevere obedeció y, al regresar, encontró la alcoba sumida en total oscuridad, con todas las velas apagadas y las cortinas cerradas. “No te preocupes”, dijo una voz. “Aquí estoy”. “
¿Qué deseas que haga, mi señor?”, preguntó Guinevere.
Arturo dijo: “Deseo saber qué tan bien conoces esta alcoba.
Camina hacia mí y describe los objetos que te rodean, pero sin tocar nada”. A la reina esa prueba le pareció muy extraña, pero hizo lo que le pedían.
“Ésa es nuestra cama, y allí está el arcón de roble de la dote que traje desde el otro lado del mar. En el rincón está un candelabro alto forjado en hierro español con dos tapices a cada lado”. Caminando cautelosamente para no tropezar con las cosas, Guinevere pudo describir cada detalle de la alcoba que ella misma había amueblado hasta el último almohadón.
“Ahora mira”, dijo Arturo. Encendió una vela, luego otra y una tercera. Mirando a su alrededor, Guinevere se sorprendió al ver que la alcoba estaba totalmente vacía. “No comprendo”, murmuró. “Todo lo que describiste era lo que esperabas encontrar en esta alcoba, no lo que realmente había en ella.
Pero la expectativa es poderosa. Incluso sin luz, viste lo que esperabas y reaccionaste de conformidad. ¿Acaso no sentías que la alcoba era la misma? ¿Acaso no caminaste con cuidado por los sitios donde temías tropezar con algo?” Guinevere asintió. 
"Incluso a la luz del día”, dijo Arturo, “vamos andando de acuerdo con lo que esperamos ver, oír y tocar.
Cada experiencia se basa en la continuidad, la cual nutrimos recordando todo tal como estaba el día anterior, una hora antes, o un segundo antes. Merlín me dijo que si lograba ver sin tener ninguna expectativa, nada de lo que diera por hecho sería real.
El mundo que el mago ve es el mundo real, una vez que se enciende la luz. El nuestro es un mundo de sombra, por el cual caminamos a oscuras”.
Para Comprender la Lección.
El mago se ha liberado completamente de lo conocido.
Para él, la única libertad está en lo desconocido, porque todo lo conocido está muerto y en el pasado.
“¿Sabes por qué digo constantemente que tu mundo es una prisión?”, preguntó Merlín. “Porque todo aquello que la mente puede concebir debe ser limitado.
Tan pronto como pones una experiencia en palabras, o la envuelves en un pensamiento, o dices ‘Yo sé’, desaparece algo maravilloso e invisible.
Los limites son jaulas; la realidad es como un ave delicada que tiembla en tu mano. Si la retienes allí durante mucho tiempo, morirá”. Si bien es cierto que lo desconocido es el pasaje hacia la libertad, también es cierto que el ego se siente más cómodo dentro de los límites. Nuestra mente genera las mismas imágenes día tras día. Estas imágenes son el reflejo de lo que somos y, no obstante, el ego las considera reales.
“¿No es obvio que un árbol es un árbol, un muro un muro, una montaña una montaña?”, pregunta el ego.
Son reales únicamente en un estado de consciencia — el estado de vigilia. En un sueño podríamos estar en el campo y ver las nubes pasar sobre una montaña.
Y al despenar nos daríamos cuenta de que las montañas, las nubes y el campo eran sólo disparos aleatorios de las células cerebrales que daban lugar a imágenes pasajeras.
No hay prueba de que el estado de vigilia sea diferente.
Las montañas, los campos y las nubes “reales” no poseen una realidad comprobable más allá de las imágenes que se disparan en la mente. Arturo se escandalizó cuando Merlín descartó al mundo visible calificándolo de ilusión.
“Pero puedo tocar las cosas que me rodean y sentir su solidez.
Si me golpeo la cabeza contra una piedra, me lastimo”, protestó. “Las imágenes no son sólo visibles”, le recordó Merlín.
“También en un sueño puedes tocar las cosas y sentir toda una gama de sensaciones “Entonces ¿cómo es que puedo distinguir entre estar despierto y soñando? ¿Por qué todo el mundo dice que lo primero es realidad y lo segundo ilusión?”
“Es la costumbre. Si los mortales aprendieran esto de los magos, podrían hacer durante la vigilia todo lo que hacen ahora en sueños.
Así comenzarían a disiparse las fronteras y la realidad los invitaría a salir de la penumbra de su prisión”.
Todos experimentamos lo nuevo y lo desconocido, pero pocos reconocemos esto último como una fuerza que nos llama.
Lo desconocido contiene pistas acerca de otra realidad. ¿Cuáles son esas pistas? Aunque cambian a cada momento, si observamos atentamente cualquier imagen que el mundo nos presenta, veremos un poco más de nosotros mismos cada vez.
La aparente aleatoriedad de los sucesos comenzará a cobrar forma y significado, como si parte de nosotros dijera:
“Estoy aquí. ¿Puedes hallarme?” Los encuentros casuales, las coincidencias inesperadas, las premoniciones que se hacen realidad, los deseos que se cumplen súbitamente, los momentos de dicha imprevisible, el sentido de sabiduría profunda, el surgimiento de la confianza — todas ellas son formas que la realidad adopta a medida que nos invita a salir de nuestra prisión autoimpuesta.
No tenemos que escuchar esa voz suave que nos llama.
La decisión es totalmente personal.
En lo más profundo del corazón debemos decidir entre lo conocido, que nos es familiar, y lo desconocido, que es un campo nuevo de posibilidades infinitas.
Para Vivir la Lección.
Vivir esta lección implica rebasar la frontera de lo conocido.
Si pudiéramos olvidarlo todo y no prever nada, estaríamos comenzando a agujerear las fronteras que nos impiden percibir una realidad más elevada.
Esa realidad más elevada está entretejida con la realidad conocida que vemos y en la cual nos movemos día tras día; no hay distancia entre las dos.
Sin embargo, bien podrían estar a millones de kilómetros de distancia. Junto con la costumbre y la inercia, el temor tiene mucho que ver con la permanencia de la realidad tal y como la conocemos.
Ensaye una versión de la prueba que hizo Guinevere.
Párese en la oscuridad de la noche en el centro de una habitación que le sea conocida. Camine por ella, acercándose tanto como pueda a los objetos sin tropezar con ellos.
Observe cuán difícil es caminar hasta por el recinto más familiar sin una sensación de temor.
La mayoría de nosotros le tenemos mucho miedo a la posibilidad de quedar ciegos, debido a la incertidumbre que esto traería consigo; el corazón se nos acelera ante la sola idea de caernos o tumbar alguna cosa. Sin embargo, ¿no nos demuestra esta prueba que lo conocido no puede protegemos del temor?
Por mucho que conozcamos nuestra habitación, la aprensión persiste. Lo mismo sucede con el mundo a la luz del día, salvo que en ese caso el temor está arraizado en un sitio más profundo.
En lugar de sentir un ligero temor a causa de la oscuridad, necesitamos un suceso de más trascendencia: un accidente, una interrupción de la rutina, la pérdida súbita de la seguridad. Independientemente de cuán a gusto creamos estar en el mundo de las cosas conocidas, la posibilidad de un desastre jamás se aleja demasiado de nuestro subconsciente.
Hay otro experimento sencillo que le ayudará a darse una idea de lo desconocido. Póngase una venda en los ojos y siéntese en la cocina de su casa.
Pídale a un amigo que escoja tres alimentos sin decirle cuáles son, y que le dé a probar un bocado de cada uno.
Usted reconocerá rápidamente cada alimento, pero tome nota también de que, durante ese segundo de incertidumbre previo al reconocimiento, saboreará algo nuevo: una textura inesperada, un matiz de sabor, un ligero aroma, que había olvidado que existía. Allí radica el poder de la incertidumbre.
Mientras estemos seguros de las cosas, viviremos dentro de unos límites. Sin embargo, las cosas de las cuales creemos estar tan seguros tienen muchas cualidades aún desconocidas.
“Dios hizo este mundo”, dijo Merlín, “de manera que debe ser lo suficientemente interesante para mantener viva Su atención.
Si descubres que las cosas te cansan, te parecen aburridas o previsibles, quizás es porque has perdido la capacidad de sentir interés”. Para el ego es difícil aceptar que se abra el camino hacia la incertidumbre. Sin embargo, es la única ruta hacia el mundo del mago.
Deepak Chopra
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