lunes, 11 de enero de 2016

El Sendero del Mago Lección XVII





EL SENDERO DEL MAGO:LECCIÓN 17
Quienes buscan jamás se extravían porque el espíritu los llama constantemente.
Quienes buscan reciben pistas de mundo espiritual permanentemente.
Las personas corrientes dan a estas pistas el nombre de coincidencias.
Para el mago las coincidencias no existen.
Cada suceso existe para develar otra capa del alma.
El espíritu desea encontrarnos.
Para aceptar su invitación, debemos estar desprotegidas.
Al buscar; comencemos por el corazón. El corazón es el hogar de la verdad.
Merlín tenía la extraña costumbre de alegrarse cuando a Arturo le sucedía un percance.
Si Arturo regresaba a la gruta con heridas y contusiones porque se había caído de un árbol, el mago murmuraba “Bien”, con voz casi inaudible.
Una noche, en medio de una tormenta eléctrica, el tronco podrido de un viejo sicomoro casi le cae al niño en la cabeza.
“Bien hecho”, dijo Merlín por lo bajo. Aunque el mago pronunciaba sus comentarios en voz baja, para el niño eran como dardos.
Se juró a sí mismo ocultarle a su maestro todas sus pequeñas desgracias, pero al día siguiente, mientras cortaba leña cerca de la cueva, el hacha se le resbaló de las manos y en un segundo le atravesó el zapato y por poco le cercena los dedos.
Al oír su grito de angustia, Merlín salió rápidamente de la gruta y ponderó el estado del zapato. “Cada vez mejor”, dijo suavemente. En ese momento, Arturo no pudo contenerse más. “¿Cómo puedes alegrarte cuando me lastimo?”, exclamó. “¿Alegrarme? ¿De qué estás hablando?” Merlín parecía sinceramente confundido.
“Crees que no me doy cuenta, pero cada vez que me sucede algo malo, pareces complacido”. Merlín arrugó el ceño.
“No debes escuchar las conversaciones que no son para tus oídos, especialmente si son mis conversaciones internas”.
Esta respuesta sólo hizo que el niño se sintiera todavía más herido. Estaba a punto de salir corriendo para escapar de la frialdad de Merlín, cuando el mago le puso la mano en el hombro.
“Crees comprenderme, pero no es así”, dijo.
Y prosiguió con voz más suave. “No me alegraba de tu desgracia. Me alegraba de tus escapadas. ¡Si sólo supieras que esos accidentes habrían podido ser mucho peores!”
“¿Quieres decir que me salvaste del peligro?”, preguntó Arturo asombrado. Merlín sacudió la cabeza.
“Tú te salvaste a ti mismo, o por lo menos estás aprendiendo a hacerlo. Los accidentes no existen, a pesar de lo que ustedes los mortales creen. Sólo hay causa y efecto, y cuando la causa está muy lejana en el tiempo, el efecto regresa cuando ya se ha olvidado. Pero puedes estar seguro de que todo lo que te ocurre, bueno o malo, es el resultado de alguna acción pasada”.
Como era joven y además confiaba en su maestro, Arturo no rechazó esa nueva noción y reflexionó durante unos instantes. “Estás diciendo que estos percances son como el eco.
Si hubiera gritado ayer y el eco hubiera esperado hasta hoy para retornar, yo ya lo habría olvidado”. “Exactamente”.
“Entonces, ¿cómo es posible que esté aprendiendo a prevenir esas reacciones tardías si ya las he olvidado?”, preguntó el niño. “Porque estás más alerta. Las acciones regresan a nosotros una y otra vez desde distintas direcciones.
Son tantos los tipos de causas y efectos que funcionan a nuestro alrededor, que debemos estar alerta para verlos.
En el universo nada sucede al azar.
Tus acciones pasadas no regresan para castigarte sino para llamar tu atención. Son como pistas”. “¿Pistas? ¿De qué?” Merlín sonrió. “Si te dijera dañaría la pista. Baste con decir que tú no eres quien crees ser. Vives en muchos planos de la realidad.
A uno de ellos lo llamaremos el espíritu.
Imagina que no te reconoces como espíritu, pero que tu espíritu si te conoce. ¿Acaso lo más natural no sería que te llamara?
Las pistas que caen del cielo son mensajes del espíritu, pero debes estar alerta a captarlas”.
“Pero lo único que hice fue cortarme el zapato con el hacha y casi quedar aplastado bajo un árbol.
Fue una pura coincidencia que me hubiese resguardado de la tormenta debajo de ese árbol”, protestó el niño.
“Eso dices tú, y eso mismo prefieren decir los mortales todo el tiempo. Pero si miras con atención, verás que en todas las coincidencias hay una pista disfrazada. Te toca a ti descifraría.
Sin embargo, te diré una cosa.
Si ese árbol te hubiera caído encima, o si te hubieras lastimado hoy, yo no lo habría lamentado. Habría dicho: ‘Es difícil hacer caso al espíritu’. Pero como cada vez logras evitar mejor los desastres, puedo decir que estás aprendiendo a escuchar”.
Para Comprender la Lección.
De todos los mundos en los cuales habita el mago, los dos más distantes entre si son el de la materia y el del espíritu.
Estos también son los dos polos de nuestra existencia.
Es natural ir de un polo al otro, pasar de la fe al escepticismo, hasta que los opuestos se unen.
Actualmente, el movimiento es a alejarnos del polo material, aunque éste todavía predomina en la mente de todos.
Cuando hablamos de causa y efecto, nos referimos a la interacción de las cosas materiales — el Sol atrae a la Tierra para que gire a su alrededor, el fósforo produce llama cuando se raspa, el rayo hiere al árbol y éste cae.
El hecho de que los humanos habiten en este escenario de causas y efectos no interesa; las leyes de la naturaleza actúan independientemente de nosotros.
El mago no acepta este punto de vista materialista.
Para Merlín, todos los sucesos de la naturaleza, por insignificantes que fueran, tenían significado humano.
El pensaba así porque miraba hacia el polo opuesto, el mundo del espíritu, para encontrar el sitio donde realmente se originan la causa y el efecto. “Ustedes los mortales deberían ser mucho más engreídos”, le dijo a Arturo. “¿Más engreídos?
Si constantemente dices que en la creación no hay nada más atestado de vanidad”, replicó Arturo.
“Eso sigue siendo cierto, pero si fueran más engreídos, verían cuán únicos son. El universo está organizado alrededor de su destino y obedece hasta sus caprichos más nimios y, no obstante, ustedes van por ahí quejándose de que Dios y la naturaleza son totalmente indiferentes”. “¿Si Dios no es indiferente, entonces porqué no revela Sus intenciones?” “Ah, debes buscar para descubrirlo.
Es probable que este mundo sea un juego de escondidillas organizado por Dios”.
“Entonces sería un juego muy cruel”, dijo Arturo sacudiendo la cabeza.
“No abrigaría buenos sentimientos hacia un padre amantísimo que se niega a mostrarme su rostro.
¿En qué consistiría entonces su supuesto amor?”
“No estés tan seguro de que la decisión haya sido Suya”, advirtió Merlín. “Si Dios parece distanciado, es probable que ustedes lo hayan alejado”.
El punto al que se refiere Merlín aquí depende del ángulo desde el cual se miran las cosas.
Si vemos el mundo como algo material, entonces los sucesos ocurren sin importar la existencia humana.
Por otra parte, si vemos que el espíritu es la fuerza primaria del universo, entonces la aparente indiferencia de la naturaleza podría ser una máscara o contener un mensaje escondido.
Los magos ven a través de la máscara, y en cada acontecimiento encuentran un mensaje del espíritu, pero los mensajes permanecen ocultos mientras nuestra percepción esté obnubilada. Por eso Merlín decía que los mensajes eran pistas.
Para que haya pistas es necesario que exista un misterio.
En este caso, el misterio es la manera como el mundo logra ser a la vez material y espiritual, cómo un mismo acto parece ser obra de un Dios totalmente indiferente o una señal de Su amante presencia.
“No me abandono a las paradojas sólo por gusto”, dijo Merlín. “Todo es cuestión de perspectiva. Si alguien corre hacia ti con los brazos abiertos, puedes considerarlo como una agresión si sientes que se trata de un enemigo, o como un abrazo si la persona es amiga. Un bebé puede gritar y patalear cuando la madre le limpia la cara, pero desde el punto de vista de la madre, asearlo es un acto de amor.
“De la misma manera, muchos de los sucesos que denominas desgracias o incluso castigos divinos, en realidad son producto de la compasión, porque Dios siempre toma el camino más amable para corregir los desequilibrios de la naturaleza.
Eres tú quien provocas los desequilibrios que el debe purificar a fin de salvarte de una desgracia mayor.
Las personas que buscan tratan de resolver esta aparente paradoja de la indiferencia y el amor de Dios.
Indagan en las crisis que la mayoría de la gente rechaza, porque en el sufrimiento, el fracaso o el desastre es posible encontrar la verdad más profunda.
Vale la pena dedicar la vida entera a descifrar el enigma.
“No me entiendas mal cuando digo que el espíritu deja pistas por todas panes”, dijo Merlín. “No quise decir que las pistas fueran obvias o que fuera fácil penetrar el misterio”.
Para Vivir la Lección.
Si el espíritu arroja pistas por todas partes, ¿qué podemos hacer para verlas? Ante todo, debemos estar dispuestos a verlas.
Ellas afloran de muchas maneras: el encuentro con una persona en quien estábamos pensando, oír una palabra que acabábamos de recordar, planes que se dañan sólo para revelar un beneficio oculto, notar que nos suceden demasiadas coincidencias como para que sean producto del azar.
El espíritu suele comenzar a hablar de esas maneras, que podríamos llamar primeros encuentros.
Los percances de los cuales escapamos por poco, los accidentes de los cuales salimos ilesos y las intuiciones que se hacen realidad también forman parte de esta categoría; en todos estos casos, los patrones normales de causa y efecto se estiran y a veces se rompen. Si tratamos de aplicar la clase de lógica que dice que A es causa de B, que a su vez es causa de C, la explicación es incoherente porque las coincidencias son demasiado traídas de los cabellos y demasiado personales.
La pregunta no es: ¿Por qué sucedió esto? sino: ¿Por qué me sucedió esto a mí? Claro está que la misma pregunta puede nacer de la autocompasión — ¿Por qué tuvo que pasarme a mi?
Debemos aprender a hacer esta pregunta de otra forma, a partir de una curiosidad despojada de autocompasión.
El ego piensa que no puede haber nada de bueno en un percance o un suceso extraño.
Sin embargo, todo lo que sucede tiene un propósito útil.
El espíritu a veces se ve obligado a utilizar una bondad más sutil, a enseñarnos por compasión una lección dura, a fin de que podamos evitar un verdadero desastre.
¿Y qué decir de los verdaderos desastres?
Para el mago, las desgracias mayores son lo mejor que puede hacer el espíritu, considerando la enmarañada red de causa y efecto en la cual está enredado cada uno de nosotros.
Sin embargo, muchas veces las pistas de la vida diaria carecen de un significado espiritual manifiesto.
Son sencillamente un primer llamado, una señal para que despertemos.
Todo el mundo toma nota de los sucesos extraños, pero a menos que los veamos como pista, no podremos indagar acerca de su verdadero significado.
Sencillamente los dejaremos pasar sin significado alguno.
Es importante contar con un marco de entendimiento, saber que otro aspecto de nosotros mismos — un espíritu —brilla a través del disfraz del mundo material.
Una vez que estamos dispuestos a aceptar que el espíritu podría estar llamándonos, las pistas comienzan a cambiar.
En lugar de coincidencias que olvidamos rápidamente, las pistas comienzan a adquirir matices espirituales.
En esta categoría podemos incluir las oraciones escuchadas, las experiencias cercanas a la muerte, ver el aura o la luz divina, y sentir la presencia de los ángeles.
Hoy día, nuestra sociedad está prestando mucha atención a esas cosas, pero todavía las confunde con “fenómenos”.
Por definición, un fenómeno es impersonal.
Un mago diría que esas pistas en realidad son muy personales, pues tienen por objeto guiar a una persona en particular.
Sin embargo, no es posible descifrar el significado oculto sino cuando pedimos que nos sea revelado.
“No esperes que el espíritu te escriba un libro y además te lo lea”, dijo Merlín. “Así como la vida es creativa, también lo es el espíritu. Cada pista dirigida a ti está hecha para tu nivel de consciencia.
Agradece que el espíritu permanezca oculto, justo a la vuelta de la esquina.
Regocíjate de poder buscar toda tu vida, porque si el espíritu te revelara todos sus secretos a la vez, quedarías con recuerdos maravillosos pero frente a un futuro de indiferencia y aburrimiento”.
Puesto que el espíritu está siempre en movimiento, creando constantemente nuestra vida a partir del manantial invisible de toda la vida, usted debe estar alerta a cada momento a fin de comprender su forma de manifestarse.
Algunas veces, las pistas golpean como proyectiles salidos de la nada, otras veces se cruzan silenciosamente en nuestro camino como un gato que camina en la penumbra del amanecer, y algunas veces sonríen y nos producen el suave temblor de la felicidad.
La gran dicha de cruzar hacia el mundo del mago es que el mundo entero adquiere vida.
Ya nada nos parece muerto o inerte porque el detalle más insignificante se convierte en una pista dentro de la gran búsqueda de lo que somos realmente. “Respeta tu misterio.
No hay nada mas profundo”, dijo Merlín.
“Pero persíguelo incansablemente, y trata de arrancarle el velo a cada segundo. En ello radica la riqueza de la vida — en que cada vez ofrece más con cada pista que revela”.
Deepak Chopra

El Sendero del Mago Lección XVI








EL SENDERO DEL MAGO:LECCIÓN 16


Más allá de la vigilia, el sueño y la ensoñación, hay un número infinito de planos de consciencia.
El mago existe simultáneamente en todas las épocas.
El mago ve versiones infinitas de cada suceso.
Las líneas rectas del tiempo en realidad son los hilos de una red que se extiende hasta el infinito.
El joven Arturo quiso saber la razón por la cual Merlín llevaba una túnica bordada de lunas y estrellas.
“Déjame mostrarte”, ofreció el mago. Llevó al niño a la cima de la colina y le preguntó: “¿Hasta dónde alcanza tu vista?”
“Veo kilómetros de bosque que llegan hasta el horizonte.
No puedo ver nada más”, dijo Arturo. “¿Y qué hay más allá de eso?”, preguntó Merlín. “El fin del mundo, el cielo y el Sol, creo”, dijo Arturo. “¿Y más allá?” “Las estrellas y luego espacio vacío hasta el infinito”.
“¿Y sería eso cierto si te pido que te des la vuelta?”, preguntó Merlín. El niño asintió. “Muy bien”, dijo el mago.
“Ahora, sígueme”. Llevó al muchacho hasta el arroyo donde solían tomar la siesta vespertina.
“Ahora, ¿hasta dónde alcanza tu mirada?”, preguntó Merlín. “No puedo ver muy lejos en un bosque tan espeso como éste, sólo hasta el último recodo del arroyo”, y Arturo señaló un punto que no estaba a más de cien metros de distancia.
“Pero, ¿sabes que el arroyo llega hasta el mar, y el mar hasta el horizonte?”, preguntó Merlín. Arturo asintió.
“Y después del horizonte, ¿estarían el fin del mundo, el cielo, el Sol, las estrellas y el vacío infinito tal como dijiste antes?”, pregunto Merlín. “Sí”, respondió Arturo.
Una vez más el mago se mostró complacido y llevó a su discípulo a la cueva de cristal. “Ahora, ¿hasta dónde alcanza tu mirada?”, preguntó.
“Hay poca luz y lo único que puedo ver son las paredes de la cueva”, dijo Arturo, “pero antes de que lo preguntes, te diré que afuera están el bosque, las montañas, el horizonte, el cielo, el Sol, las estrellas y el espacio infinito”.
“Entonces toma nota”, dijo Merlín en un tono más fuerte.
“Sin importar a dónde vayas, el mismo infinito se extiende en todas las direcciones.
Por lo tanto, tú eres el centro del universo donde quiera que vayas “Eso parece un truco”, protestó Arturo. “No, el truco es de los sentidos, los cuales te engañan haciéndote creer que estás en un punto específico.
En realidad, cada punto del cosmos es el mismo punto, un foco para el infinito en todas las direcciones.
No hay aquí o allá, cerca o lejos. A los ojos del mago, sólo hay todas partes y ninguna parte. Al saber esto también tú deberías llevar una túnica de lunas y estrellas.
Sin la ilusión de tus sentidos, te darías cuenta de que la Luna y las estrellas están aquí mismo, a tu lado”. “¿Cuándo me daré cuenta de eso?”, preguntó el niño. “A su debido tiempo.
A medida que la agitación de tu alma entre en reposo, verás los cielos en tu propio ser”.
Para Comprender la Lección.
Si les creemos a nuestros sentidos, el espacio y el tiempo no representan misterio alguno.
Desde la cima de una montaña podemos ver que la Tierra se extiende hasta el horizonte y que el Sol avanza por el cielo.
El tiempo marcha segundo a segundo y se mueve del pasado al futuro en línea recta. Sin embargo, para un mago el tiempo y el espacio son infinitamente misteriosos.
El mago cree en un presente eterno, ve que todos los sucesos ocurren simultáneamente y que todos los sitios son un mismo punto rodeado por el infinito.
“El espacio y el tiempo ordinarios son un velo a través del cual no has logrado ver todavía”, dijo Merlín.
“Mientras confíes en tus sentidos, permanecerás de este lado del velo. Sin embargo, una vez que vayas más allá de los sentidos, te encontrarás en dimensiones y mundos que ahora no puedes siquiera imaginar.
Cada dimensión es un estado de consciencia, y para descubrir nuevos mundos sólo deberás afinar tu consciencia hasta que despierte a esas realidades tan cercanas.
En este momento, tú y yo podemos ver el infinito en todas las direcciones, pero lo utilizamos de manera muy diferente”.
Para utilizar el infinito es preciso reorientar el concepto mental del tiempo y el espacio, y descartar la percepción cruda de los sentidos. Ya sabemos que el mundo no termina en el horizonte y que el Sol en realidad no avanza por el cielo.
Los hechos que reemplazaron esas nociones equivocadas pueden parecer bastante incuestionables, pero en realidad también están abiertos al cambio. El mago, por ejemplo, ve el tiempo como una frágil colección de hilos tejidos momento a momento.
Cada vez que tomamos una decisión, creamos un nuevo hilo de sucesos partiendo del momento presente; antes de tomar la decisión, ese hilo de tiempo no existía.
Al ver el tiempo de esta manera, como algo subjetivo y creativo, el mago puede tejer su propia versión de los sucesos dentro de la red, y así alterar el pasado o el futuro.
“¿Puede alguien realmente cambiar el pasado?”, preguntó Arturo. “Por supuesto”, replicó Merlín. “Ustedes los mortales tienen la costumbre de creer que el presente es producto del pasado y fuente del futuro. este es solo un punto de vista arbitrario.
Imagina por un momento tu propia versión de un futuro perfecto. Mírate en ese futuro habiendo realizado todo lo que podrías desear en este momento. ¿Puedes verte?” Arturo asintió porque había tenido una visión fugaz de Camelot en toda su gloria.
“Muy bien. Ahora trae el recuerdo de ese futuro al presente. Permite que influya en la forma como has de conducirte de ahora en adelante. Si imaginaste paz y sosiego en ausencia total del temor, vive eso ahora.
Siempre que surjan de tu pasado sentimientos conflictivos de ira o temor o carencia, descarta esos recuerdos y actúa con base en los recuerdos del futuro.
Deja atrás la carga del pasado y permite que tu visión de un futuro realizado te guíe. ¿Ves lo que ha sucedido?” “No estoy seguro”, replicó Arturo.
“Estás viviendo hacia atrás en el tiempo tal como lo hace un mago. Siempre tienes la posibilidad de vivir hoy el sueño de mañana. ¿Quién dice que debes limitarte a vivir el pasado? Al vivir hacia adelante en el tiempo los humanos permanecen fatigados bajo el peso de la memoria; permiten que el pasado cree el presente.
El mago prefiere dejar que el presente se forje en el futuro — eso es lo que significa realmente vivir hacia atrás en el tiempo”.
“Y entonces habrás cambiado el pasado, al no dejarlo influir sobre tus actuaciones del presente”, dijo Arturo. “Exactamente.
Pero ahí no termina. Es posible modificar el pasado de una manera todavía más profunda.
Cuando aprendas que el tiempo es una invención de tu propia consciencia, verás que no hay pasado.
Solamente existe el ahora eterno en constante renovación.
El único tiempo que existe realmente es el presente.
El pasado es recuerdo, el futuro es potencial.
Este momento es la plataforma para cualquier futuro posible que puedas imaginar. Por lo tanto, modifica el pasado completamente viéndolo como irreal, como un fantasma de la mente.
Vivir hacia atrás en el tiempo no es una fantasía, puesto que ya estamos viviendo alguna versión del futuro en este momento.
En la consciencia llevamos modelos de la forma como funcionan las cosas; esos modelos nos permiten proyectar nuestras expectativas hacia adelante en el tiempo.
Prevemos que nuestros amigos seguirán siendo amigos, que continuaremos teniendo familia y trabajo.
A un nivel más profundo, el modelo social nos dice que el país y el gobierno continuarán más o menos iguales, y así sucesivamente. En el nivel más profundo, nuestro modelo de la realidad presupone que la gravedad, la luz y otras fuerzas naturales no han de alterarse.
Es tan importante desde el punto de vista psicológico tener un modelo de cómo han de continuar funcionando las cosas, que sufrimos cuando ese modelo se ve amenazado por un cambio profundo o inesperado en nuestra vida; asimismo, utilizamos las proyecciones para conseguir una vida más plena de la que tenemos ahora.
Todos tenemos deseos, sueños, temores y creencias — todos ellos proyecciones de nuestros modelos interiores — los cuales nos dan una segunda vida, por así decirlo, basada totalmente en la proyección.
A los ojos del mago, la mayoría de las personas parecen trenes que avanzan proyectando su luz brillante sobre la carrilera.
Lo único que ven es lo que su luz abarca, sin dar importancia a la infinidad de posibilidades que hay a ambos lados.
Pensemos que la carrilera es el tiempo.
Nuestra estrecha noción del tiempo está directamente relacionada con nuestras miopes creencias.
El pesimista cree que nada puede salir bien, con lo cual fabrica su modelo para el futuro. El idealista cree que los valores elevados han de prevalecer, y también ése es un modelo del futuro.
Cuando el pesimista se choque con la buena suerte o el idealista vea resultados menos que ideales, ambos preferirán sus modelos en lugar de la realidad.
Esta no es una crítica a la utilidad de los modelos sino una demostración de que no son reales.
En lugar de enfrentar directamente el presente, todos vivimos hacia atrás en el tiempo, y utilizamos nuestras proyecciones del futuro para guiarnos en nuestras actuaciones presentes.
Pero a diferencia del mago, no lo hacemos conscientemente.
En lugar de caer presas de nuestro subconsciente, el cual nos empuja constantemente a abrazar un futuro previsible, podemos tomar el control de nuestra habilidad para proyectar.
Vivamos el más elevado ideal ahora.
Veamos un futuro basado en la creencia de que el universo nos cuida, de que crecemos hacia una consciencia mayor, de que el amor, la verdad y la aceptación de lo que somos, ya son nuestros. No es necesario lograr esos estados para vivirlos ahora mismo.
Es viviéndolos ahora como podemos lograrlos.
Para Vivir la Lección.
Tal como acabamos de ver, es de vital importancia desmantelar nuestros viejos supuestos acerca del tiempo y el espacio, porque aquello que consideramos como el tiempo y el espacio “reales” son verdaderos prejuicios heredados de la infancia.
“La llamo la red del tiempo”, explicó Merlín, “porque me veo como una araña sentada en el centro de los acontecimientos, los cuales se desprenden de mí como los hilos de una tela de araña.
Se necesita de todos y cada uno de los sucesos para tejer la red, de la misma manera que se necesitan todos los hilos y, no obstante, tengo la opción de seguir uno a la vez, silo deseo”.
Para el mago es fácil pasar del tiempo local al tiempo universal, de ver las cosas como acontecimientos aislados a verlas como un todo. ¿Cómo aprender a ver el tiempo como un todo en lugar de una sola línea recta?
En la historia, Merlín le mostró a Arturo la manera de verse como el centro espacial del universo independientemente del sitio donde se encontrara.
Lo mismo se puede hacer con el tiempo.
Piense en este momento y después remóntese al día de ayer, al año pasado, a hace diez años.
Continúe hasta llegar al día de su nacimiento y después acelere y vea los siglos pasados, la prehistoria, el comienzo del mundo. Lleve la línea del tiempo hasta el nacimiento de la Tierra, del Sol, de las estrellas.
Al disolver las estrellas y remontarse al universo primordial, llegará al momento de la gran explosión.
Ahora su imaginación quizás no pueda forjar imágenes de un pasado más lejano, pero aun así no tendrá que detenerse.
No existe un verdadero comienzo del tiempo, porque para cada momento que denominamos principio, siempre podemos preguntar qué hubo antes.
Asimismo, si usted comienza en el momento presente y avanza hacia adelante en el tiempo, es posible que se le agoten las imágenes cuando visualice el fin del mundo, el fin del Sol, el fin de las galaxias. Pero el tiempo jamás terminará porque de todas maneras podrá preguntarse qué sucederá después.
En pocas palabras, el tiempo es una eternidad que se extiende en ambas direcciones, independientemente del momento que uno escoja para el principio.
Esto nos dice dos cosas: somos el centro de la eternidad y todos los momentos del tiempo son iguales; lo cual debe ser cierto si la eternidad es igual desde cualquier punto en el tiempo.
Se ha dicho que el tiempo es el medio del que se vale la naturaleza para impedirnos experimentarlo todo al mismo tiempo.
También podríamos decir que el tiempo es la manera que tiene la naturaleza de dejarnos cumplir nuestros deseos uno por uno, lo cual es, después de todo, la forma más placentera.
De hecho, cada momento es todos los demás momentos y lo que crea la ilusión del pasado el presente y el futuro es apenas el foco de nuestra atención. La mente es el cuchillo que corta el continuo de espacio y tiempo en trozos concretos de experiencia lineal. Cuando usted pueda utilizar este poder conscientemente, será un mago. “Escribe las palabras ninguna parte”, le dijo Merlín a Arturo. “Después escribe aquí y ahora.
En esas pocas palabras tendrás la verdad sobre el espacio y el tiempo. Tú naciste en un continuo que no tiene principio en el tiempo o el espacio.
Siendo infinito y eterno, no vienes de ninguna parte.
Sin embargo, este continuo infinito y eterno se ha manifestado como este momento. Tu mente y tus sentidos han localizado la eternidad en un punto, que es aquí y ahora. La relación entre ninguna parte y aquí y ahora es la relación entre lo infinito y este momento que vives ahora”.
Deepak Chopra
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