lunes, 11 de enero de 2016

El Sendero del Mago Lección XVII





EL SENDERO DEL MAGO:LECCIÓN 17
Quienes buscan jamás se extravían porque el espíritu los llama constantemente.
Quienes buscan reciben pistas de mundo espiritual permanentemente.
Las personas corrientes dan a estas pistas el nombre de coincidencias.
Para el mago las coincidencias no existen.
Cada suceso existe para develar otra capa del alma.
El espíritu desea encontrarnos.
Para aceptar su invitación, debemos estar desprotegidas.
Al buscar; comencemos por el corazón. El corazón es el hogar de la verdad.
Merlín tenía la extraña costumbre de alegrarse cuando a Arturo le sucedía un percance.
Si Arturo regresaba a la gruta con heridas y contusiones porque se había caído de un árbol, el mago murmuraba “Bien”, con voz casi inaudible.
Una noche, en medio de una tormenta eléctrica, el tronco podrido de un viejo sicomoro casi le cae al niño en la cabeza.
“Bien hecho”, dijo Merlín por lo bajo. Aunque el mago pronunciaba sus comentarios en voz baja, para el niño eran como dardos.
Se juró a sí mismo ocultarle a su maestro todas sus pequeñas desgracias, pero al día siguiente, mientras cortaba leña cerca de la cueva, el hacha se le resbaló de las manos y en un segundo le atravesó el zapato y por poco le cercena los dedos.
Al oír su grito de angustia, Merlín salió rápidamente de la gruta y ponderó el estado del zapato. “Cada vez mejor”, dijo suavemente. En ese momento, Arturo no pudo contenerse más. “¿Cómo puedes alegrarte cuando me lastimo?”, exclamó. “¿Alegrarme? ¿De qué estás hablando?” Merlín parecía sinceramente confundido.
“Crees que no me doy cuenta, pero cada vez que me sucede algo malo, pareces complacido”. Merlín arrugó el ceño.
“No debes escuchar las conversaciones que no son para tus oídos, especialmente si son mis conversaciones internas”.
Esta respuesta sólo hizo que el niño se sintiera todavía más herido. Estaba a punto de salir corriendo para escapar de la frialdad de Merlín, cuando el mago le puso la mano en el hombro.
“Crees comprenderme, pero no es así”, dijo.
Y prosiguió con voz más suave. “No me alegraba de tu desgracia. Me alegraba de tus escapadas. ¡Si sólo supieras que esos accidentes habrían podido ser mucho peores!”
“¿Quieres decir que me salvaste del peligro?”, preguntó Arturo asombrado. Merlín sacudió la cabeza.
“Tú te salvaste a ti mismo, o por lo menos estás aprendiendo a hacerlo. Los accidentes no existen, a pesar de lo que ustedes los mortales creen. Sólo hay causa y efecto, y cuando la causa está muy lejana en el tiempo, el efecto regresa cuando ya se ha olvidado. Pero puedes estar seguro de que todo lo que te ocurre, bueno o malo, es el resultado de alguna acción pasada”.
Como era joven y además confiaba en su maestro, Arturo no rechazó esa nueva noción y reflexionó durante unos instantes. “Estás diciendo que estos percances son como el eco.
Si hubiera gritado ayer y el eco hubiera esperado hasta hoy para retornar, yo ya lo habría olvidado”. “Exactamente”.
“Entonces, ¿cómo es posible que esté aprendiendo a prevenir esas reacciones tardías si ya las he olvidado?”, preguntó el niño. “Porque estás más alerta. Las acciones regresan a nosotros una y otra vez desde distintas direcciones.
Son tantos los tipos de causas y efectos que funcionan a nuestro alrededor, que debemos estar alerta para verlos.
En el universo nada sucede al azar.
Tus acciones pasadas no regresan para castigarte sino para llamar tu atención. Son como pistas”. “¿Pistas? ¿De qué?” Merlín sonrió. “Si te dijera dañaría la pista. Baste con decir que tú no eres quien crees ser. Vives en muchos planos de la realidad.
A uno de ellos lo llamaremos el espíritu.
Imagina que no te reconoces como espíritu, pero que tu espíritu si te conoce. ¿Acaso lo más natural no sería que te llamara?
Las pistas que caen del cielo son mensajes del espíritu, pero debes estar alerta a captarlas”.
“Pero lo único que hice fue cortarme el zapato con el hacha y casi quedar aplastado bajo un árbol.
Fue una pura coincidencia que me hubiese resguardado de la tormenta debajo de ese árbol”, protestó el niño.
“Eso dices tú, y eso mismo prefieren decir los mortales todo el tiempo. Pero si miras con atención, verás que en todas las coincidencias hay una pista disfrazada. Te toca a ti descifraría.
Sin embargo, te diré una cosa.
Si ese árbol te hubiera caído encima, o si te hubieras lastimado hoy, yo no lo habría lamentado. Habría dicho: ‘Es difícil hacer caso al espíritu’. Pero como cada vez logras evitar mejor los desastres, puedo decir que estás aprendiendo a escuchar”.
Para Comprender la Lección.
De todos los mundos en los cuales habita el mago, los dos más distantes entre si son el de la materia y el del espíritu.
Estos también son los dos polos de nuestra existencia.
Es natural ir de un polo al otro, pasar de la fe al escepticismo, hasta que los opuestos se unen.
Actualmente, el movimiento es a alejarnos del polo material, aunque éste todavía predomina en la mente de todos.
Cuando hablamos de causa y efecto, nos referimos a la interacción de las cosas materiales — el Sol atrae a la Tierra para que gire a su alrededor, el fósforo produce llama cuando se raspa, el rayo hiere al árbol y éste cae.
El hecho de que los humanos habiten en este escenario de causas y efectos no interesa; las leyes de la naturaleza actúan independientemente de nosotros.
El mago no acepta este punto de vista materialista.
Para Merlín, todos los sucesos de la naturaleza, por insignificantes que fueran, tenían significado humano.
El pensaba así porque miraba hacia el polo opuesto, el mundo del espíritu, para encontrar el sitio donde realmente se originan la causa y el efecto. “Ustedes los mortales deberían ser mucho más engreídos”, le dijo a Arturo. “¿Más engreídos?
Si constantemente dices que en la creación no hay nada más atestado de vanidad”, replicó Arturo.
“Eso sigue siendo cierto, pero si fueran más engreídos, verían cuán únicos son. El universo está organizado alrededor de su destino y obedece hasta sus caprichos más nimios y, no obstante, ustedes van por ahí quejándose de que Dios y la naturaleza son totalmente indiferentes”. “¿Si Dios no es indiferente, entonces porqué no revela Sus intenciones?” “Ah, debes buscar para descubrirlo.
Es probable que este mundo sea un juego de escondidillas organizado por Dios”.
“Entonces sería un juego muy cruel”, dijo Arturo sacudiendo la cabeza.
“No abrigaría buenos sentimientos hacia un padre amantísimo que se niega a mostrarme su rostro.
¿En qué consistiría entonces su supuesto amor?”
“No estés tan seguro de que la decisión haya sido Suya”, advirtió Merlín. “Si Dios parece distanciado, es probable que ustedes lo hayan alejado”.
El punto al que se refiere Merlín aquí depende del ángulo desde el cual se miran las cosas.
Si vemos el mundo como algo material, entonces los sucesos ocurren sin importar la existencia humana.
Por otra parte, si vemos que el espíritu es la fuerza primaria del universo, entonces la aparente indiferencia de la naturaleza podría ser una máscara o contener un mensaje escondido.
Los magos ven a través de la máscara, y en cada acontecimiento encuentran un mensaje del espíritu, pero los mensajes permanecen ocultos mientras nuestra percepción esté obnubilada. Por eso Merlín decía que los mensajes eran pistas.
Para que haya pistas es necesario que exista un misterio.
En este caso, el misterio es la manera como el mundo logra ser a la vez material y espiritual, cómo un mismo acto parece ser obra de un Dios totalmente indiferente o una señal de Su amante presencia.
“No me abandono a las paradojas sólo por gusto”, dijo Merlín. “Todo es cuestión de perspectiva. Si alguien corre hacia ti con los brazos abiertos, puedes considerarlo como una agresión si sientes que se trata de un enemigo, o como un abrazo si la persona es amiga. Un bebé puede gritar y patalear cuando la madre le limpia la cara, pero desde el punto de vista de la madre, asearlo es un acto de amor.
“De la misma manera, muchos de los sucesos que denominas desgracias o incluso castigos divinos, en realidad son producto de la compasión, porque Dios siempre toma el camino más amable para corregir los desequilibrios de la naturaleza.
Eres tú quien provocas los desequilibrios que el debe purificar a fin de salvarte de una desgracia mayor.
Las personas que buscan tratan de resolver esta aparente paradoja de la indiferencia y el amor de Dios.
Indagan en las crisis que la mayoría de la gente rechaza, porque en el sufrimiento, el fracaso o el desastre es posible encontrar la verdad más profunda.
Vale la pena dedicar la vida entera a descifrar el enigma.
“No me entiendas mal cuando digo que el espíritu deja pistas por todas panes”, dijo Merlín. “No quise decir que las pistas fueran obvias o que fuera fácil penetrar el misterio”.
Para Vivir la Lección.
Si el espíritu arroja pistas por todas partes, ¿qué podemos hacer para verlas? Ante todo, debemos estar dispuestos a verlas.
Ellas afloran de muchas maneras: el encuentro con una persona en quien estábamos pensando, oír una palabra que acabábamos de recordar, planes que se dañan sólo para revelar un beneficio oculto, notar que nos suceden demasiadas coincidencias como para que sean producto del azar.
El espíritu suele comenzar a hablar de esas maneras, que podríamos llamar primeros encuentros.
Los percances de los cuales escapamos por poco, los accidentes de los cuales salimos ilesos y las intuiciones que se hacen realidad también forman parte de esta categoría; en todos estos casos, los patrones normales de causa y efecto se estiran y a veces se rompen. Si tratamos de aplicar la clase de lógica que dice que A es causa de B, que a su vez es causa de C, la explicación es incoherente porque las coincidencias son demasiado traídas de los cabellos y demasiado personales.
La pregunta no es: ¿Por qué sucedió esto? sino: ¿Por qué me sucedió esto a mí? Claro está que la misma pregunta puede nacer de la autocompasión — ¿Por qué tuvo que pasarme a mi?
Debemos aprender a hacer esta pregunta de otra forma, a partir de una curiosidad despojada de autocompasión.
El ego piensa que no puede haber nada de bueno en un percance o un suceso extraño.
Sin embargo, todo lo que sucede tiene un propósito útil.
El espíritu a veces se ve obligado a utilizar una bondad más sutil, a enseñarnos por compasión una lección dura, a fin de que podamos evitar un verdadero desastre.
¿Y qué decir de los verdaderos desastres?
Para el mago, las desgracias mayores son lo mejor que puede hacer el espíritu, considerando la enmarañada red de causa y efecto en la cual está enredado cada uno de nosotros.
Sin embargo, muchas veces las pistas de la vida diaria carecen de un significado espiritual manifiesto.
Son sencillamente un primer llamado, una señal para que despertemos.
Todo el mundo toma nota de los sucesos extraños, pero a menos que los veamos como pista, no podremos indagar acerca de su verdadero significado.
Sencillamente los dejaremos pasar sin significado alguno.
Es importante contar con un marco de entendimiento, saber que otro aspecto de nosotros mismos — un espíritu —brilla a través del disfraz del mundo material.
Una vez que estamos dispuestos a aceptar que el espíritu podría estar llamándonos, las pistas comienzan a cambiar.
En lugar de coincidencias que olvidamos rápidamente, las pistas comienzan a adquirir matices espirituales.
En esta categoría podemos incluir las oraciones escuchadas, las experiencias cercanas a la muerte, ver el aura o la luz divina, y sentir la presencia de los ángeles.
Hoy día, nuestra sociedad está prestando mucha atención a esas cosas, pero todavía las confunde con “fenómenos”.
Por definición, un fenómeno es impersonal.
Un mago diría que esas pistas en realidad son muy personales, pues tienen por objeto guiar a una persona en particular.
Sin embargo, no es posible descifrar el significado oculto sino cuando pedimos que nos sea revelado.
“No esperes que el espíritu te escriba un libro y además te lo lea”, dijo Merlín. “Así como la vida es creativa, también lo es el espíritu. Cada pista dirigida a ti está hecha para tu nivel de consciencia.
Agradece que el espíritu permanezca oculto, justo a la vuelta de la esquina.
Regocíjate de poder buscar toda tu vida, porque si el espíritu te revelara todos sus secretos a la vez, quedarías con recuerdos maravillosos pero frente a un futuro de indiferencia y aburrimiento”.
Puesto que el espíritu está siempre en movimiento, creando constantemente nuestra vida a partir del manantial invisible de toda la vida, usted debe estar alerta a cada momento a fin de comprender su forma de manifestarse.
Algunas veces, las pistas golpean como proyectiles salidos de la nada, otras veces se cruzan silenciosamente en nuestro camino como un gato que camina en la penumbra del amanecer, y algunas veces sonríen y nos producen el suave temblor de la felicidad.
La gran dicha de cruzar hacia el mundo del mago es que el mundo entero adquiere vida.
Ya nada nos parece muerto o inerte porque el detalle más insignificante se convierte en una pista dentro de la gran búsqueda de lo que somos realmente. “Respeta tu misterio.
No hay nada mas profundo”, dijo Merlín.
“Pero persíguelo incansablemente, y trata de arrancarle el velo a cada segundo. En ello radica la riqueza de la vida — en que cada vez ofrece más con cada pista que revela”.
Deepak Chopra

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