domingo, 10 de enero de 2016

El Sendero del Mago Lección XV







EL SENDERO DEL MAGO:LECCIÓN 15

En la medida en que conocemos el amor, nos convertimos en amor El amor es más que una emoción.
Es una fuerza de la naturaleza y, por lo tanto, debe contener la verdad.
Al pronunciar la palabra “amor» quizás captamos la sensación, pero su esencia no se puede expresar con palabras.
El amor más puro se encuentra donde menos lo esperamos: en el desapego.
El más puro de los caballeros que sirvió a Arturo fue Galahad, a pesar de tener en común con el rey el hecho de haber sido concebido fuera del matrimonio.
Aunque el hecho de que Galahad fuese hijo natural de Lancelot no conllevaba estigma alguno, cuando llegó el día en que debía convertirse en paladín de una dama de la corte, el rey Arturo se opuso y manifestó su descontento.
“No permitiré que seas el paladín de ninguna dama noble”, declaró Arturo.
Galahad se ruborizó y tartamudeó: “Pero, mi señor, todo caballero debe servir a una dama para demostrarle la pureza de su amor “¿Qué sabes tú del amor?”, preguntó Arturo de una manera tan incisiva que Galahad se ruborizó todavía más intensamente.
“Si estás tan ansioso de luchar por una dama, te presentaré a tres para que escojas”.
El rey mandó llamar inmediatamente a Margaret, una vieja lavandera de cabello cano y con verrugas en la nariz.
“¿Le servirías a ella por amor, gentil caballero?”, le preguntó Arturo. La confusión de Galahad fue enorme.
“No comprendo, mi señor”, murmuró.
Arturo lo miró fijamente e hizo salir a la mujer. “Traigan a otra”, ordenó. Esta vez trajeron a una niña recién nacida.
“Si Margaret te pareció demasiado vieja y fea, entonces, ¿qué piensas de esta dama? Es de noble cuna y no puedes negar su hermosura”.
Aunque no había duda de que la niña era muy hermosa, la confusión de Galahad iba en aumento. Sacudió la cabeza.
“Este amor del que hablas es un amor difícil de complacer”, dijo Arturo. Mandó llamar a una tercera dama y esta vez entró Arabela, una preciosa niña de doce años.
Galahad la miró y trató de reprimir la ira. “Mi señor, es apenas una jovencita y mi media hermana”, dijo.
“Pediste una dama a la cual servir”, dijo Arturo, “y he sido lo bastante generoso como para presentarte a tres.
Ahora debes decidir”. Galahad estaba aturdido. “¿Por qué te burlas de mi de ese modo?”, preguntó. Arturo hizo un gesto con la mano, y en pocos minutos salió todo el mundo del gran salón y ellos dos quedaron solos. “No me burlo de ti”, le dijo.
“Trato de mostrarte algo que aprendí de mi maestro Merlín”. Galahad alzó los ojos y vio que el ceño de Arturo se había suavizado. “Mis caballeros dicen servir a sus damas por amor”, prosiguió el rey, “y, a pesar de sus votos de amar castamente, la mayoría de las veces sienten pasión por aquellas a quienes sirven, ¿no es verdad?”, Galahad asintió.
“Y cuanto más grande es su pasión por las damas, mayor es su celo en servirles, ¿verdad?”, preguntó Arturo. El joven caballero asintió de nuevo. “Merlín me enseñó otra forma de amar”, dijo Arturo. “Piensa en la anciana, en la niña recién nacida y en la jovencita que es tu hermana. Todas ellas son manifestaciones de lo femenino, y en la medida en que esas formas cambian, lo que llamas amor cambia con ellas.
Cuando dices que estás enamorado, lo que realmente estás diciendo es que has satisfecho una imagen que llevas dentro.
“Así es como comienza el apego, con la inclinación por una imagen. Podrías afirmar que amas a una mujer, pero si ella llegara a traicionarte con otro hombre, tu amor se trocaría en odio.
¿Por qué? Porque tu imagen interior ha sido mancillada y, puesto que ésa era la imagen que amabas, el hecho de que haya sido traicionada te provoca ira”.
“¿Qué puedo hacer al respecto?”, preguntó Galahad.
“Mira más allá de tus emociones, las cuales cambiarán constantemente, y pregúntate qué hay detrás de la imagen.
Las imágenes son fantasías que existen para protegernos de algo que no deseamos enfrentar. En este caso se trata del vacío.
A falta de amor por ti mismo, creas una imagen para tapar el vacío. De allí el intenso dolor que causa un rechazo o una traición en el amor, porque deja expuesta la herida abierta de tu propia necesidad”.
“El amor es considerado como algo muy hermoso y elevado”, se lamentó Galahad, “no obstante, tú lo haces sonar como algo horrible”. Arturo sonrió. “Lo que suele considerarse amor puede tener consecuencias horribles, pero ése no es el final de la historia. El amor tiene un secreto.
Merlín me lo contó hace muchos años, como yo te lo confío ahora: Cuando puedas amar a una anciana, a una niña y a una jovencita de la misma manera, serás libre para amar más allá de la forma. Entonces se desatará dentro de ti la esencia del amor, que es una fuerza universal. Y dejarás de sentir apego — el llamado silencioso al cual obedece el amor”.
Para Comprender la Lección.
Cuando un mago habla de amor, se refiere a algo casi totalmente opuesto a lo que nosotros llamamos amor.
Para nosotros el amor es un sentimiento altamente personal; para un mago es una fuerza universal.
Para nosotros, el estar enamorados es una condición que con el tiempo se desvanece; el mago no se enamora porque permanece en la corriente del amor mismo.
Pero la gran diferencia está en el apego.
Hay apego cuando decimos: “Te amo porque eres mío”. Esta forma de amor es en realidad una extensión del ego, el cual piensa constantemente en términos de “yo”, mi y mío “Ustedes los mortales dicen amar cuando se sienten completamente atraídos por otra persona”, dijo Merlín. “Su fantasía es poseer a alguien completamente, o bien ser totalmente poseídos.
Pero los magos hablan de amor cuando se sienten totalmente libres de apego, sin posesión”.
“¿Acaso no es eso simple indiferencia?”, preguntó Arturo.
Merlín sacudió la cabeza. “La indiferencia no tiene energía ni vida. El amor del mago es increíblemente vivo y fluye con la energía del cosmos. Para que eso suceda, debes ser como un recipiente vacío. Los mortales están tan llenos de ego que no tienen espacio para nada más. El mago está completamente vacío; por lo tanto, el universo lo puede llenar de amor”.
Merlín habló suavemente, casi con ternura. “Enamorarte es una oportunidad maravillosa para ti”, dijo. “Normalmente vives seguro tras los muros de tu propio ego.
Te agrada la seguridad de tu refugio, tu invulnerabilidad.
Con el amor se resquebrajan los muros, por lo menos temporalmente. Quedas expuesto y vulnerable, tal como lo temías, pero la emoción abrumadora del amor te hace vivir el éxtasis, y no una sensación dolorosa como pensabas.
En el mejor de los sentidos, enamorarse significa compartir lo desconocido con otra alma, estar dispuestos a marchar juntos hacia la sabiduría de lo desconocido”.
Para los magos no hay un amor elevado y otro más bajo —ése es el lenguaje de los juicios, y los magos no juzgan.
“Si tu enemigo te insulta”, dijo Merlín, “ése es un acto de amor.
El impulso del amor se forjó en el corazón de tu enemigo, pero se convirtió en odio al pasar por el filtro de la memoria.
Las experiencias pasadas distorsionan el impulso del amor en el momento en que brota hacia la superficie, pero lo que no debes olvidar es que toda expresión podría ser de amor si pudieras verla como es originalmente”. “¿Es posible construir un puente entre el tipo de amor que sentimos los mortales y el que sientes tú?”, preguntó Arturo. “No es necesario construir puente alguno puesto que el amor es uno solo”, replicó Merlín.
“El amor personal que sientes por otra persona es una forma concentrada del amor universal; el amor universal es una forma ampliada del amor personal.
Puedes experimentar ambas formas a plenitud, si te lo permites”. Para Vivir la Lección.
En cierta medida, todos nos enamoramos de imágenes.
Llevamos esas imágenes dentro de nosotros, esperando encontrar su equivalente en el mundo externo.
Por lo general buscamos a alguien para reflejar nuestra propia imagen o para repararla.
Un tipo de amor busca un espejo, mientras que el otro trata de encontrar una pieza faltante. En ambos casos hay una sensación subyacente de necesidad.
Al sentirnos incompletos tratamos de reforzar nuestras carencias a través de otra persona. “Si deseas sentir el amor tal como lo siente Dios, debes llenar todos tus vacíos, porque Dios solamente puede amar a partir del estado de plenitud”, aconsejaba Merlín.
Ser el amante perfecto implicaría no tener ninguna debilidad o herida secreta que queramos que alguien nos remiende.
El primer paso es indagar cuáles son nuestros vacíos y el segundo es llenarnos con el Ser o la esencia.
Este proceso suele denominarse aprender a amarnos a nosotros mismos, aunque hay que tener cuidado con ese término.
Muchas veces se lo toma como sinónimo de aprender a amar la imagen que cada uno tiene de sí mismo.
A los ojos del mago, la imagen de uno mismo no es otra cosa que el ego; es la negación tras la cual se oculta el vacío de nuestras carencias.
Sería más acertado decir que el verdadero proceso de aprender a amarnos a nosotros mismos es aprender a amar nuestro Yo, es decir, nuestro espíritu. Si miramos honestamente nuestro pasado, que llevamos almacenado en forma de miles de recuerdos, siempre encontraremos una mezcla — algunas experiencias pueden haber despertado amor por nosotros o por los demás, y muchas otras no. No es posible convertir en amor los recuerdos de vergüenza, culpabilidad, rechazo, odio, resentimiento y otros sentimientos de desamor.
Esas imágenes son lo que son. Es preciso aceptarlas y acercarnos al Yo en un plano más elevado, sin conexión alguna con la memoria. Lo único que logra la memoria es aprisionarnos dentro de un sentido asfixiante de nuestro pasado personal.
Más allá de la memoria está la experiencia silenciosa de Ser, la consciencia simple sin contenido.
Esa es la región del amor, el lugar de nuestro yo, al cual ingresamos a través de la meditación.
Existen muchos tipos de meditación; su tradición, tanto en Oriente como en Occidente, se basa en el principio de que todos tenemos un núcleo de Ser o esencia al cual es posible llegar.
El acceso no se logra a través del pensamiento o del sentimiento. En realidad, meditar es entrar directamente en la región silenciosa interior. Usted podrá darse una idea de lo que significa ir más allá de las imágenes por medio del siguiente ejercicio:
Imagine una mujer hermosa o un hombre apuesto, alguien que represente el objeto ideal de su amor.
Visualice a esa persona tan vívidamente como pueda.
Después cámbiele el rostro envejeciéndolo cada vez más hasta que la belleza desaparezca y su imagen se vea marchita y arrugada.
¿Es tan intenso su sentimiento de amor como cuando comenzó?
A la mayoría de nosotros nos es muy difícil sentir lo mismo por un rostro arrugado y viejo que por uno joven y hermoso.
¿Podemos hablar de amor cuando un simple cambio de imagen provoca semejante alteración? “¿Por qué cambia el amor?”, preguntó Arturo. “Porque en la emoción del amor siempre está contenido su contrario. El amor más fuerte enmascara un odio igualmente intenso”, dijo Merlín.
“La única diferencia es que el amor está en flor cuando el odio es apenas una semilla”.
Usted también puede ensayar este otro ejercicio: piense en la ocasión en que alguien a quien usted amaba intensamente lo hirió. Pudo haber sido un momento de indiferencia o traición, o una actuación que le hizo ver que la persona amada no era perfecta sino simplemente humana.
Sea sincero consigo mismo y recuerde la violencia y rapidez con la cual el amor puede convertirse en otros sentimientos.
El odio, los celos, el dolor o la indiferencia que brotaron dentro de usted siempre estuvieron allí en forma de semilla, ocultos detrás del amor que prefería sentir. ¿Por qué lo prefería?
Aparte del simple placer, hay otra razón: el ego. El tipo de amor que se apega a otra persona tiene que ver con nosotros mismos, porque lo que lo mantiene vivo no es aquello que es real en el ser amado, sino algo mucho más obligante: nuestra propia necesidad de poseer.
Cuando pensamos que poseemos a alguien más, en realidad estamos buscando una forma de escapar de nosotros mismos, de evitar los temores y debilidades que no hemos aceptado.
En lugar de confrontarnos, nos miramos en el espejo del amor y nos vemos perfectamente realizados, en las emociones que sentimos hacia el ser amado. Ésta no es una crítica.
Desde el punto de vista del mago, el amor realmente es una forma de experimentar la realización perfecta, pero eso es algo que no puede ocurrir a través de la fantasía.
El espejo del amor es una forma divina de ir más allá del ego, pero solamente tras haber llegado al manantial puro del Ser, el cual se esconde como un tesoro secreto dentro de cada sentimiento de amor.
“Recuerda”, dijo Merlín, “el amor no es un simple sentimiento sino una fuerza universal y, como tal, debe contener la verdad”.
Si logramos llegar hasta esa profundidad, descubriremos que todas las emociones son amor disfrazado.
Aunque los celos y el odio parecen ser todo lo contrario del amor, pueden considerarse también como formas distorsionadas de volver al amor. La persona celosa busca el amor pero lo hace de manera retorcida; la persona que odia puede estar tratando desesperadamente de amar pero odia en su desesperación de creer que nunca lo logrará.
Una vez que dejamos de ver el amor como una simple emoción, vemos la lógica de que exista una fuerza universal que nos atrae a todos hacia ella — ése es el amor del mago.
Por lo tanto, debemos honrar todas las expresiones del amor, por distorsionadas que sean. Aunque son pocas las personas que pueden experimentar la plenitud del amor universal, todos vamos por el camino que conduce hacia él.
Deepak Chopra
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