viernes, 15 de enero de 2016

El Sendero del Mago (Los Siete Pasos de la Alquimia) Final


SÉPTIMO PASO
 EL ESPÍRITU
“Es difícil pensar que pueda haber una etapa superior de la vida”, dijo Galahad al cabo de un momento, profundamente conmovido por la descripción del vidente.
“Ten cuidado con esa palabra superior”, le advirtió Merlín.
“El ego es el que tiene necesidad de lo superior y lo inferior.
La meta de tu vida es la libertad y la realización.
A la realización se llega únicamente al conocer a Dios tan completamente como Él se conoce a Sí mismo.
Ustedes los mortales tienen una sed constante de milagros, pero yo les digo que el milagro más grande son ustedes, porque Dios les ha dotado de esa capacidad única de identificarse con Su naturaleza. Una rosa perfecta no siente que es una rosa; un ser humano realizado sabe lo que significa ser divino”.
“¿Es posible describir ese estado?”, preguntó Percival.
“Es el séptimo y último paso de la alquimia, el espíritu puro. Cuando llega, el vidente se da cuenta que lo que parecen ser la dicha y la realización totales todavía pueden ampliarse.
Porque llegar a la presencia de Dios no es el final de la aventura sino el principio. Comenzaron en la inocencia, y así terminarán. Pero esta vez la inocencia es diferente porque habrán adquirido el conocimiento pleno, mientras que cuando eran bebés, la inocencia era apenas un sentimiento.
“Cuando puedan verse como espíritu, dejarán de identificares con este cuerpo y esta mente.
Al mismo tiempo cesarán también los conceptos de nacimiento y muerte. Serán una célula en el cuerpo del universo, y ese cuerpo cósmico será tan íntimo como lo es ahora su cuerpo físico.
Esto es lo más que puedo decirles acerca de la manera como se siente el mago, porque mago es sólo otra palabra para describir la séptima etapa.
“Comprendan esto: para el mago, el nacimiento no es otra cosa que la idea de tener un cuerpo, mientras que la muerte es apenas la idea de no tener ya ese cuerpo.
Puesto que los magos no están sujetos a la ilusión del nacimiento, cualquier cuerpo que asumen es considerado un patrón de energía y cualquier mente un patrón de información.
Estos patrones cambian eternamente; van y vienen.
Pero el mago mismo está más allá del cambio.
La mente y el cuerpo son como habitaciones en las que decide vivir, pero no todo el tiempo.
“No hay sentimiento o pensamiento que pueda aproximar este estado o traerlo hasta ustedes. El espíritu nace del silencio puro.
El diálogo interno de la mente debe cesar y no reiniciarse nunca, porque ya no existe aquello que dio lugar al diálogo interno: la fragmentación del ser. Su ser estará unificado y, así como el bebé del principio, no sentirán duda, vergüenza o culpa.
De la necesidad de dualidad del ego brotó un mundo de bien y mal, correcto e incorrecto, luz y sombra.
Ahora verán que los contrarios están fusionados.
Ése es el punto de vista de Dios, porque a donde quiera que mira se ve a Sí mismo. “Si creen que esta meta es demasiado elevada o se encuentra demasiado lejos, les diré un secreto.
Aunque crean que pasan por los siete pasos de la alquimia, todos estaban presentes desde el comienzo.
En la inocencia estaba la totalidad de Dios, como lo está también en el ego, en el afán de realizar, en el dar o en la búsqueda.
Lo único que cambia realmente es el foco de atención.
En su ser están todos los aspectos del universo, tan completos y eternos como el universo mismo.
Pero aun así, el nacimiento al espíritu es un suceso tremendo.
A medida que madure la unidad, se familiarizarán cada vez más con la divinidad, hasta que finalmente podrán experimentar a Dios como un ser infinito que se mueve a velocidad infinita a través de dimensiones infinitas.
Cuando llegue esa experiencia sobrecogedora, parecerá tan natural y simple como estar sentados aquí bajo las estrellas y, no obstante, ustedes serán cada una de esas estrellas titilantes”.
Como suele suceder cuando los magos hablan, los dos caballeros se sintieron transportados al estado que Merlín les estaba describiendo.
Galahad alzó los ojos al cielo y sintió como si súbitamente pudiera tocar las estrellas. Sintió el corazón invadido por una sensación de pertenecer verdaderamente al mundo.
“Hemos llegado al hogar”, susurró para sí mismo Percival.
“No se sientan abrumados”, murmuró Merlín. “Sus sentimientos son muy intensos porque son nuevos. En realidad, éste es su estado natural. Ser uno con el cosmos, estar íntimamente ligados con la vida en todas sus formas, llegar a la unidad última con su propio Ser — ése es su destino, el final de su búsqueda”.
“Al final llegaremos al principio”, murmuró Galahad.
“Sí”, dijo Merlín. “Cada uno de ustedes comienza con el amor, pasa por la lucha, la pasión y el sufrimiento, sólo para terminar nuevamente en el amor”.
La voz de Merlín se fue haciendo más suave a medida que el círculo de luz se iba desvaneciendo.
“Ustedes los mortales tienen sed de milagros, les digo, y nada se les negará como hijos privilegiados del universo que son.
El espíritu es el estado de lo milagroso, el cual se desenvolverá para ustedes en tres etapas: “Primero, experimentarán milagros en el estado conocido como consciencia cósmica.
Cada suceso material tendrá una causa espiritual.
Cada acontecimiento local también estará teniendo lugar en el escenario del universo. Su más pequeño deseo hará que las fuerzas cósmicas operen para provocar su realización.
Por maravilloso que eso parezca, no es un estado tan avanzado, porque mucho antes de llegar a la consciencia cósmica se habrán acostumbrado a que sus deseos se hagan realidad espontáneamente.
“Segundo, realizarán milagros en el estado denominado consciencia divina.
Es el estado de la creatividad pura en el cual se funden con el poder de Dios, por el cual Él crea mundos y todo lo que sucede en ellos.

Ese poder no se deriva de nada que haga Dios — es simplemente Su luz de consciencia.
Verán la consciencia divina como un resplador de oro que brilla a través de todo lo que sus ojos contemplen.
El mundo se ilumina desde adentro y no quedan dudas que la materia es simplemente el espíritu manifiesto.
En la consciencia divina se verán a sí mismos como lo creado, no el creador, como el dador de vida, no el receptor.
“Tercero, se convertirán en el milagro, en el estado denominado consciencia de la unidad. Ahora cualquier diferencia entre el creador y lo creado ha desaparecido.
Su espíritu se fusiona con el espíritu de todo lo demás.
Su retorno a la inocencia lo abarca todo porque, al igual que el bebé que toca la pared o la cuna y solamente se siente a sí mismo, verán cada acción como espíritu volcándonse en el espíritu.
Vivirán en total sabiduría y confianza.
Y aunque parecerá que todavía viven dentro de un cuerpo, éste será solamente un grano de Ser en las playas de ese océano infinito de Ser que son ustedes”.
Los caballeros no tenían idea de cuánto tiempo había transcurrido desde que Merlín comenzara a hablar.
Se sentían elevados a un espacio donde las esferas de Ser se abrían una tras otra como los pétalos de una flor.
Y cuando la última se abrió pudieron ver en su interior un diamante casi translúcido rotando en el centro. “¿Qué es eso?”, quiso saber Galahad, pero no se atrevió a preguntar.
“He ahí el Grial”, susurró Merlín.
“El desarrollo de su búsqueda los ha llevado hasta una visión de la meta — el punto de luz pura, la esencia diamantina que alumbra dentro de su alma”.
Los dos caballeros se arrodillaron en el suelo gélido y oraron en sus corazones por la gracia de merecer la visión.
“Vivan con devoción este momento”, dijo Merlín.
“Los he traído hasta aquí motivado por su deseo más profundo, pero ahora deberán conquistar ustedes mismos el verdadero Grial, no solamente su visión”. “¿El verdadero Grial?”, murmuró Percival. “¿Qué debemos buscar? ¿Esta misma imagen?”
“No esperen, no tengan expectativas”, advirtió Merlín a medida que se desvanecía la visión del Grial.
“El hombre busca símbolos, y los símbolos cambian de una era a otra. Pero lo que les he mostrado no es un símbolo sino la verdad.
El Grial es el punto cristalino del Ser dentro de sus corazones.
Sus facetas reflejan la luz, y a partir de esos tenues reflejos surgen todas las facultades de la mente y el cuerpo que ustedes perciben a través de sus sentidos.
Como reflejos son reales, pero mucho más real es este diamante transparente de Ser puro.
De pronto, Merlín bostezó echando la cabeza hacia atrás como si fuera la sensación más deliciosa del mundo.
Estiró los brazos y se puso de pie.
La oscuridad era casi total después de extinguirse el fuego, pero Percival y Galahad podían sentir los ojos de Merlín fijos en ellos. Les dijo: “Un día recordarán esta noche y preguntarán: ‘¿Quién eres tú, Merlín?’
Desde más allá de los confines del tiempo, les responderé de este manera: Soy aquel que no necesita de milagros.
Soy un mago y, para mí, estar aquí es suficiente milagro.
¿Qué podría ser más milagroso que la vida misma?”
El anciano desapareció con el último resplandor del fuego.
Percival y Galahad permanecieron inmóviles, sin decir palabra. Estaban aún bajo el hechizo del discurso de Merlín, pero a medida que éste se desvanecía, temblaron lamentando su regreso a la tierra. Al caer el alba echaron a andar hacia el castillo.
A la luz del nacimiento dorado del Sol, Percival vio al rey Arturo parado en la ventana de su recámara real; tenía su mirada fija en ellos. “¿Crees que debamos contarle esto?”, preguntó Percival, señalando hacia el castillo. Galahad sacudió la cabeza.
“Estoy seguro de que el rey sabe lo sucedido; tuvo que haberle pasado a él o, de lo contrario ¿por qué su renuencia a hablar del Grial? Pero te diré esto, hermano caballero.
Desearía que Arturo comprendiera que estamos con él en la misma búsqueda que propone Merlín.
Acordemos llamar a esta noche la noche de la cueva de cristal.
El rey sabrá lo que queremos decir”. Y aunque no habían estado en cueva alguna sino bajo el manto del firmamento estrellado, Percival estuvo de acuerdo inmediatamente.
* * *FIN * * *


Este libro fue digitalizado para distribución libre y gratuita a través de la red Digitalización: Elisa - Revisión y Edición Electrónica de Hernán Rosario - Argentina 20 de Abril 2003 – 22:56

El Sendero del Mago (Los Siete Pasos de la Alquimia)


SEXTO PASO
EL NACIMIENTO DEL VIDENTE
“Les dije”, continuó Merlín, “que la motivación del buscador era poder ver, y eso es algo que llega pronto.
El sexto paso, el nacimiento del vidente, está justo debajo de la superficie de todo buscador.
La búsqueda no entraña satisfacción en sí misma; la vida sería estéril y frustrante si todos tuvieran que buscar sin encontrar nada. Por fortuna, en el plan divino todas las preguntas traen sus respuestas, todas las metas acaban por encontrarse en su fuente. Una vez que se pregunten verdaderamente dónde está Dios, verán la respuesta. “No quisiera engañarlos con esto.
El nacimiento del vidente es tan revolucionario como cualquiera de los pasos anteriores.
Marca el final del ego, el final de toda identificación externa. Imaginen sus vidas como un cuadro en movimiento proyectado sobre una tela blanca.
Mientras están dominados por el ego, ustedes fijan su atención en las figuras en movimiento, las cuales ven como reales.
Cuando aparece en escena el buscador, comienzan a percibir la irrealidad de las figuras.
Pero con el nacimiento del vidente, se dan la vuelta para mirar la luz. Ahora ven la imagen de ustedes mismos como realmente es: una proyección débil hecha real por la aguda necesidad del ego de dar importancia a la mente y el cuerpo atrapados en el tiempo.
“El vidente ve más allá de esa motivación y ya no le cree.
En lugar de verse a sí mismo como un hogar de carne y hueso para el espíritu — un fantasma dentro de una máquina —‘ se da cuenta de que todo es espíritu.
El cuerpo es espíritu entretejido en una forma que los sentidos pueden ver, sentir y oler; la mente es espíritu en una forma que se puede oír y comprender.
El espíritu mismo, en su forma pura, no es ninguna de estas dos y se percibe únicamente a través de una intuición agudizada.
Han oído la frase: ‘Quienes Lo conocen no hablan de Él; quienes hablan de Él no Lo conocen’. Ése es el misterio del espíritu”.
“Pero, ¿acaso no estás hablando de Él ahora mismo?”, inquirió Galahad, confundido. “No en la forma como ustedes creen.
Cuando hablo de una piedra, ustedes la pueden ver y tocar.
Cuando hablo del espíritu, estoy apuntando a un mundo invisible. Desde ese mundo vuelan hacia nosotros flechas de luz para encender nuestras almas, pero no podemos devolver flechas de pensamiento”. “Eso suena muy misterioso”, murmuró Percival. “Una rosa sería misteriosa si solamente pudieran pensar en ella sin experimentarla jamás. El espíritu es una experiencia directa, pero trasciende este mundo.
Es silencio puro que desborda potencial infinito.
Cuando ustedes adquieren conocimiento sobre algo, adquieren conocimiento sobre una cosa; cuando adquieren conocimiento sobre el espíritu, se convierten en la sabiduría misma.
Todos los interrogantes desaparecen porque se encuentran en el seno mismo de la realidad, donde todo sencillamente es.
Cuando la mirada del buscador cae sobre algo, sencillamente lo acepta como es, sin juzgar. No existe la necesidad del ego de tomar, o poseer o destruir. Ante la ausencia del temor, esas motivaciones no se presentan porque la necesidad de poseer emana de la carencia.
Cuando no hay carencias para llenar, el simple hecho de estar aquí en este mundo, en su cuerpo, es la meta espiritual más elevada que podrían alcanzar”.
Esta parte del discurso de Merlín tuvo un impacto grande en Percival y Galahad.
Habían seguido con atención los primeros pasos, pero el ego, el realizador y el dador ya les eran conocidos.
Cuando el mago les habló del buscador, los dos caballeros se vieron a sí mismos como eran en ese momento. Sin embargo, el vidente los llenó de sobrecogimiento, como si fueran exploradores que alcanzaban la cima de una montaña y miraban un nuevo horizonte anhelado de tiempo atrás pero nunca antes experimentado.
“Deseo ser ese vidente del que hablas”, dijo fervientemente Galahad. Merlín asintió. “Eso significa que estás listo.
Para el mago hay solamente tres clases de personas: las que aún no han experimentado el Ser puro, las que ya lo han probado, y las que lo han explorado completamente.
Tú ya has probado y deseas explorar.
Para ti, este mundo comenzará a desaparecer como algo sólido para fundirse en la luz abrasadora de Ser.
En una tierra lejana llamada India, dicen que la vida comente palidece ante Dios, como una vela que parecía brillante en la oscuridad pero se torna invisible ante el Sol del medio día”.
Merlín se dirigió entonces a Percival. “Y a ti también te incluyo en esta etapa, sin importar la manera como crees que te juzgué”. Percival se sonrojó y luego tartamudeó:
“¿Cómo será esa nueva vida?” “Como siempre, se sentirá como un nuevo nacimiento. El vidente se diferencia del buscador en que ya no tiene que tomar decisiones y escoger.
El buscador todavía está inmerso en la ilusión en la medida en que va por ahí diciendo: ‘Aquí está Dios, aquí no está Dios’.
El vidente, por su parte, ve a Dios en la vida misma.
La larga lucha interior ha terminado por fin y el guerrero puede dejar atrás sus fatigas.
En lugar de la lucha experimenta que todos sus deseos se cumplen con naturalidad y sin esfuerzo. No hay señales externas que nos permitan reconocer a los videntes, pero en su interior ellos se sienten abiertos y a gusto; permiten que los demás sean como son, lo cual es la forma más elevada del amor; no les ponen obstáculos a los demás y tampoco a los acontecimientos, y han renunciado a todo sentido del ‘Yo”’.
Deepak Chopra.

El Sendero del Mago (Los Siete Pasos de la Alquimia)


QUINTO PASO
EL NACIMIENTO DEL BUSCADOR
“Durante mucho tiempo, el ego ha hecho lo que ha querido”, continuó Merlín.
“La pregunta ¿Qué es lo mejor para mí? ha predominado por encima de todas las consideraciones; el estrecho punto de vista individual ha sido el único con visos reales. Eso es apenas natural. Como dije, este mundo relativo tiene un propósito, a saber: enseñarles a convertirse en individuos.
Pero la individualidad con el tiempo comienza a abrirse y a ampliar sus horizontes. Podríamos predecir que, dado el libre albedrío, los seres humanos se limitarían a regodearse en un egoísmo cada vez mayor. Si el ego implacable y controlador tuviera la última palabra, quizás ése sería el desatino de los hombres; pero la alquimia funciona invisiblemente, en los pasajes recónditos del alma.
“Con el tiempo, el dador da el siguiente paso para convertirse en buscador.
En esta fase, las preocupaciones tradicionales y conocidas del ego se dejan de lado. El sentido del ‘yo’ comienza a crecer.
Ahora la persona ansía tener experiencias espirituales, y percibe una fuente de amor y realización que ni siquiera el amor más intenso de otra persona le puede dar.
Nuevamente, este giro produce un choque.
En su mejor versión, el dador es un filántropo.
Comenzó dando solamente a su familia y amigos, luego a las obras de caridad y a la comunidad, pero al final su espíritu de dar sólo se puede satisfacer cuando beneficia a toda la humanidad.
“Pero, ¿realmente puede uno dar algo de uno mismo a todos los seres del mundo?
Esta pregunta nos trae al límite de la individualidad; es una pregunta que sólo un santo puede responder.
Por lo tanto, es natural que la etapa de dar genere preguntas que no se pueden responder, preparando así el terreno para un nuevo nacimiento. El dador que deseaba abrazar al mundo descubre que éste ya no es fuente de realización.
Las cosas que una vez le produjeron placer comienzan a parecer sosas; en particular, la necesidad del ego de recibir aprobación y de sentirse importante ya no engendra satisfacción.
Surge la sed de ver el rostro de Dios, de vivir en la luz, de explorar el silencio de la consciencia pura — el impulso del buscador puede asumir muchas formas.
“Sin embargo, todos los buscadores comparten el sentimiento de que el mundo material no es quizás el sitio donde pueden realizar sus deseos. ¿Por qué sucede esto? ¿Acaso no está Dios en todas partes, no está el espíritu en el grano más pequeño de arena?
Sí y no. Dios puede estar en todas partes, pero eso de nada sirve si no se puede ver dónde está. El buscador busca a fin de ver”.
“Creo que ésta es la etapa en la cual comienza la búsqueda del Grial”, dijo Galahad. “En efecto, para algunos mortales ésta es la etapa en la cual el Grial se vuelve el símbolo de una necesidad interior profunda”, replicó Merlín, “pero cada etapa ha sido una búsqueda, hasta la pérdida de la inocencia.
Ustedes los mortales están obsesionados con dividir la realidad en bueno y malo, santo y pecaminoso, divino y no divino, cuando en realidad la vida es una corriente divina.
Un solo impulso, el impulso de poseer el conocimiento completo y la realización completa, es el que empuja la vida hacia adelante. “Pero tienes razón en un sentido. Con el nacimiento del buscador podemos dar por primera vez un nombre a un deseo que ha permanecido anónimo hasta ahora.
Trátese de Dios, el Grial, un Ser divino o un espíritu, no importa. Todos apuntan hacia una nueva necesidad profunda de escapar de los límites impuestos por el tiempo y el espacio.
La esencia del ser humano no tiene fronteras.
Ustedes nacieron a una vida universal.
El mundo parece estar limitado por el tiempo y el espacio, pero eso es sólo apariencia”. “¿Por qué debemos dejarnos engañar por las apariencias?” preguntó Percival. “El universo no les oculta nada”, replicó Merlín. “No hay engaño.
La apariencia de limitación se produce porque este mundo es una escuela o campo de entrenamiento.
Y la regla fundamental aquí es que tal como se vean a ustedes mismos, así verán al mundo.
Si ustedes se consideran inferiores o indignos, ese solo juicio mantendrá a Dios apartado de ustedes.
Podrán decir que desean a Dios, pero al mismo tiempo mantendrán esos juicios en su contra”. “Entonces Dios permanece alejado”, musitó Galahad con tristeza. “Y la búsqueda del Grial no termina jamás. Merlín lo miró con simpatía.
“El espíritu no podría mantenerse apartado aunque ustedes lo desearan, porque todo es espíritu. No hay sitios secretos donde él no habite. En lo que a Él concierne, no hay nada de malo en ustedes. “Déjenme hablarles más acerca del buscador, porque ésta es la etapa de la alquimia que atrae al mago hacia ustedes y también es la etapa para la cual los mortales están menos preparados.
Desde que eran lactantes, ustedes han deseado cada vez más cosas. El buscador es simplemente aquel cuyos deseos se han ampliado hasta el punto de no estar satisfecho sino hasta que se encuentre frente a frente con Dios.
Este deseo no es más ‘elevado’ que el de querer Juguetes o dinero o fama o amor.
Los juguetes, el dinero, la fama y el amor eran el rostro de Dios cuando eran lo más importante para ustedes.
Cualquier cosa que en su opinión pueda traerles la paz y la realización es su versión de Dios.
Sin embargo, a medida que maduran de una fase a la otra, se acercan más a la verdadera meta; su imagen de Dios se hace cada vez más verdadera, más cercana a su naturaleza de espíritu puro. Pero en cada paso hay divinidad”. “¿Estás diciendo que cualquiera que desee robar o asesinar está siguiendo un impulso divino? Después de todo, esos también son deseos”, anotó Percival.
“El amor es universal y, por lo tanto, no toma partido”, replicó Merlín. “Es probable que al ego no le agrade este hecho y diga, ‘Merezco el amor de Dios pero esa persona que está allá no’.
Dios no ve las cosas así. El ladrón provoca la pérdida de los bienes; el asesino provoca la pérdida de la vida.
Mientras esas pérdidas sean reales para ustedes, entonces obviamente condenarán a la persona responsable de causarlas. Pero, ¿acaso el tiempo mismo no acabará por desposeerlos de sus bienes y de la vida al final? ¿También el tiempo es un delincuente? Hay un punto de vista desde el cual el pecado es una ilusión.
Nada de lo que ustedes llaman pecado puede mancillar en lo más mínimo el amor de Dios”.
“¿Obtienen automáticamente los buscadores las visiones y experiencias que desean?”, preguntó Galahad. “Cada cual recibe la versión de lo divino que concibe en su mente. Algunos ven a Dios en visiones, otros en una flor.
Hay muchas clases de buscadores.
Algunos necesitan actos milagrosos de intervención y redención, otros siguen una fuerza invisible que habla a través de los sucesos más corrientes. El buscador sencillamente está motivado por la sed de una realidad superior.
Eso no significa que la etapa anterior de dar desaparezca.
Pero ahora el dar sucede sin motivación egoísta, ahora brota de la compasión. “Por primera vez se pone en tela de juicio la opinión de que el ego es todopoderoso y lo sabe todo.
Por lo tanto, el nacimiento del buscador puede ser tremendamente turbulento. Imagínense como un coche tirado por caballos. Durante la mayor parte del tiempo no hay cochero y los caballos han llegado a creerse dueños del coche.
Entonces llega el día en que una voz suave, salida del interior del coche, susurra: ‘Deténganse’. Al principio, los caballos no oyen la voz, pero esta repite: ‘Deténganse’.
Sin poder dar crédito a sus oídos, los caballos galopan con mayor velocidad, sólo para demostrar que no tienen amo.
La voz interior no utiliza la fuerza; no protesta.
Solamente continúa repitiendo: ‘Deténganse’. “Eso es lo que sucede dentro de ustedes. El coche es su yo, los caballos son el ego, la voz que sale de adentro es el espíritu.
Cuando el espíritu se anuncia en escena, al principio el ego no escucha porque está seguro de su poder absoluto.
Pero el espíritu no emplea el tipo de poder al cual está acostumbrado el ego.
El ego está habituado a rechazar, a juzgar, a separar y a tomar lo que considera que le pertenece.
El espíritu es sencillamente la voz suave del Ser, afirmando lo que es. Con el nacimiento del buscador, ésa es la voz que comienza a dejarse oír. Pero deben estar preparados para la reacción violenta del ego, el cual no está dispuesto a renunciar a su poder sin dar batalla”. “¿Cómo puede terminar esa batalla si el espíritu no tiene poder?”, preguntó Percival.
“Dije que el espíritu no utiliza el poder al cual está acostumbrado el ego. Con el tiempo aprenderás que el espíritu no es otra cosa que poder, un poder de infinito alcance.
Es un poder organizador que mantiene en perfecto equilibrio a todos y cada uno de los átomos del universo.
Comparado con él, el poder del ego es absurdamente limitado y trivial. Sin embargo, este conocimiento llega únicamente tras renunciar a la necesidad del ego de controlar, predecir y defender. Su poder se limita a esas tres cosas.
Si su ego pudiese renunciar a ellas de una vez, no habría necesidad de pasos ulteriores en el camino del crecimiento; el nacimiento del buscador sería suficiente.
“Pero las cosas no suceden así. La voz del espíritu anuncia que hay una realidad superior. Ascender a ella es otra cuestión”.
“Yo creo que los buscadores deben ser escasos, considerando cuán dura es la lucha”, dijo Galahad.
“Muchos deben fracasar y perder la esperanza.
¿Es esa la razón por la cual nacen tan pocas personas destinadas a alcanzar el Grial?” “Todos nacen para alcanzar el Grial”, le recordó Merlín. “La razón por la cual los buscadores parecen escasos es principalmente cuestión de apariencias sociales.
La búsqueda es una experiencia completamente interior.
No es posible saber quién busca y quién no busca, con sólo mirar las señales externas.
La sociedad no otorga distinciones o premios especiales al buscador; éste puede retirarse y dejar atrás a la sociedad, o puede continuar ocupando una posición distinguida”.
“¿Cómo puede una persona reconocerse como buscadora?” preguntó Percival. “Las marcas internas del buscador son las siguientes: el impulso de dar brota de un amor desinteresado y de la compasión, sin desear nada a cambio, ni siquiera gratitud; la intuición se convierte en una guía digna de confianza para la acción, reemplazando a la racionalidad pura; se vislumbra un mundo nunca visto como la realidad superior; aparecen insinuaciones de Dios y de inmortalidad.
Estas señales llegan acompañadas de un goce mayor de la soledad, de una mayor confianza en uno mismo independientemente de la aprobación de la sociedad, de indicios del Ser y de la disposición a confiar. Los patrones adictivos comienzan a desaparecer.
La meditación y la oración se vuelven parte de la vida cotidiana.
Sin embargo, a medida que todas esas manifestaciones alejan a la persona del mundo material, ésta comienza a encontrar, paradójicamente, una conexión más profunda con la naturaleza, más comodidad con su cuerpo y mayor aceptación de los demás. Esto se debe a que el espíritu no es el contrario de la materia.
El espíritu lo es todo y la aparición de éste en su vida mejorará las cosas, incluso aquéllas que parecen contrarias”.
Deepak Chopra.

El Sendero del Mago (Los Siete Pasos de la Alquimia)


CUARTO PASO
 EL NACIMIENTO DEL DADOR
“Con el tiempo, el ego se encuentra con una nueva noción”, agregó Merlín.
“Que la felicidad no está solamente en tomar, sino también en dar. El descubrimiento es trascendental, porque libera al ego de muchos tipos de temor.
Del temor al aislamiento, al cual conduce necesariamente el egoísmo total.
Del temor a perder, el cual surge porque es imposible aferrarse a todo para siempre.
Del temor a los enemigos, que desean despojarlo.
“Al convertirse en dador, el ego no tiene por qué vivir con esos temores, por lo menos no en la misma medida que anotes.
Ha resuelto un problema persistente.
Pero hay algo más profundo que está en funcionamiento al mismo tiempo. El dar conecta a dos personas, al dador y al receptor.
De esta conexión brota un nuevo sentido de pertenencia, no la pertenencia pasiva del bebé que pertenece automáticamente a la madre, sino la pertenencia activa de alguien que ha aprendido a crear felicidad. “Dar es crear.
También modifica completamente la perspectiva del ego.
Antes de nacer el dador, lo más importante era protegerse contra la pérdida.
Eso significaba la pérdida del dinero y las posesiones, pero también de la imagen de sí mismo, de su importancia.
Ahora la persona se desprende libremente de algo, pero no lo siente como una pérdida. El ego, por el contrario, siente placer.
Y qué asombroso, porque el placer de tomar nunca fue como este nuevo placer”. Galahad estaba pensativo. “El amor ha entrado en el corazón. De ahí la diferencia”. “Sí”, dijo Merlín.
“Mientras el ego persigue su interés egoísta, no siente amor.
Puede sentir un placer intenso o satisfacción propia o apego.
En ocasiones se les llama amor a esos sentimientos, pero la verdadera naturaleza del amor es desprendida y se necesita un acto de desprendimiento para sacar a flote el amor.
El dar no se limita a dar dinero o cosas a otra persona.
También está el servicio, el darse uno mismo y la devoción, el acto de dar amor en su forma pura.
“Por todas estas razones, el nacimiento del dador se siente como algo fresco y liberador. Aunque el ego continúa dominando, ha comenzado a mirar afuera de sí mismo.
La mayoría de las personas aprenden el placer de dar en la infancia; la mayoría de los padres enseñan a sus hijos a compartir con otros niños. Sin embargo, el verdadero nacimiento del dador se produce mucho más tarde.
Mientras la persona dé porque así se lo han pedido o porque cree que es lo correcto, no sentirá el placer profundo de dar.
El dar debe ser espontáneo, nacido de la noción de que ‘Esto es lo que deseo hacer’, y no ‘Esto es lo que debo hacer’.
“¿Es señal de que el ego está muriendo cuando comenzamos a dar?”, preguntó Percival. Merlín arrugó el ceño.
“En la alquimia no hay muerte.
No hay necesidad de que nada muera para llegar al Grial.
Esta vieja noción de la muerte del ego parte del supuesto de que Dios juzga negativamente algunas de las cosas del ser humano”. “Pero acabas de decir que el ego es controlador e implacable”, objetó Percival. “¿Es eso parte del plan de Dios para nosotros?”
“El plan de Dios es que ustedes se encuentren a ustedes mismos”, dijo Merlín. “No están destinados a llegar simplemente a una meta fija.
Si desean explorar cómo es el egoísmo, o la ignorancia, o el instinto asesino o la carencia total de fe, Dios permite todas esas experiencias. ¿Por qué no habría de hacerlo?
Puesto que no son juzgados, ninguna de sus actuaciones es buena o mala a los ojos de Dios”. “Pero eso es espantoso”, dijo Galahad. “¿Estás diciendo que un asesino y un santo son iguales?”
“Son iguales si el pecador y el santo son sólo máscaras tras las cuales se ocultan las personas”, replicó Merlín.
“El santo en esta vida puede ser el pecador en otra, y quien peca hoy puede estar aprendiendo a ser un santo mañana.
Todos esos papeles son ilusiones a los ojos de Dios.
No estoy diciendo que deban obligarse a ver las cosas de esta forma. Pero me solicitaron orientación y estoy aquí para mostrarles lo que les espera en el camino”.
Deepak Chopra.
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