martes, 26 de mayo de 2020

LIBRO DEL EGO.- CAPÍTULO 10: LA MEDITACIÓN (2ª PARTE) y final del capítulo.


Traspasa la mente —y el camino para traspasar la mente es muy sencillo—, hazte observador de la mente, porque el observar separa inmediatamente de ti lo que observas. Estás viendo una película, y hay una cosa cierta: que tú no eres el actor. Estás observando la calle y la gente que pasa, y hay una cosa cierta: que tú te has quedado al margen, que no estás en la calle en medio de la gente. Observes lo que observes, no eres tú.
En cuanto empiezas a observar la mente, se produce una experiencia tremenda... el reconocimiento de que tú no eres la mente. Ese reconocimiento, «Yo no soy la mente» significa el comienzo de la no-mente. Has trascendido la muchedumbre, las
voces, el caos de la mente, te has trasladado a los silencios del corazón. Ahí está tu hogar, tu ser eterno. Ahí está tu existencia inmortal, esencial.

El arte de la meditación consiste en trascender la mente.

El arte de la meditación consiste en trascender la mente, y Oriente ha dedicado casi diez mil años, toda su inteligencia y su genio, a descubrir cómo trascender la mente y sus condicionamientos. Los esfuerzos de esos diez mil años han culminado en el refinamiento del método de la meditación.
En pocas palabras, la meditación significa observar la mente, presenciar la mente.
Si eres capaz de observar la mente, mirarla en silencio —sin justificar, sin valorar, sin condenar, sin juzgar a favor ni en contra, simplemente observarla como si no tuvieras nada que ver con ella... No es más que el tráfico que circula por la mente.
Quédate al margen y obsérvalo. Y el milagro de la meditación consiste en que, simplemente observándolo, desaparece poco a poco.
En el momento en que desaparece la mente, llegas a la última puerta, muy frágil, que no está contaminada por la sociedad: tu corazón. En realidad, tu corazón te ofrece inmediatamente una entrada. Nunca te evita, está casi siempre dispuesto a que entres
en él para abrirte la puerta que lleva al ser. El corazón es tu amigo.
La cabeza es tu enemiga. El cuerpo es tu enemigo, el corazón tu amigo, pero entre los dos se alza un enemigo como el Himalaya, una enorme montaña. Sin embargo, se puede superar con un método muy sencillo. Buda Gautama llamaba a este método
vipassana; el patanjali lo llamaba dhyan. Esta palabra sánscrita, dhyan, en China pasó a ch'an y a zen en Japón, pero es la misma palabra. En otros idiomas no existe un equivalente exacto de zen, dhyan o ch'an, y se utiliza arbitrariamente la palabra meditación.

Pero hay que recordar una cosa: que sea cual sea el significado que aparece en los diccionarios, no es el significado que yo le doy. Todos los diccionarios dicen que meditar significa pensar en algo. Siempre que le digo a una mente occidental: «Medita», la pregunta inmediata es: «¿Sobre qué?». Esto se debe a que en Occidente no se ha desarrollado la meditación hasta el punto que se han desarrollado el dhyan, el ch'an o el zen en Oriente.
La meditación significa sencillamente conciencia, no pensar en algo, concentrarse en algo o reflexionar sobre algo. La palabra que se utiliza en Occidente siempre se refiere a algo.
Como yo la concibo, la meditación significa sencillamente un estado de conciencia.
Es como un espejo... ¿Acaso un espejo intenta concentrarse en algo? Refleja cuanto se pone delante de él, pero le es indiferente. Le es absolutamente indiferente que ante él se ponga una mujer guapa, una mujer fea o nadie. El espejo es una fuente de reflejos; la meditación, una conciencia que refleja. Tú sencillamente reflejas lo que se pone delante de ti.

Y mediante esa simple observación desaparece la mente. [Habréis oído hablar de milagros, pero este es el único milagro. Todos los demás son Cuentos.]
Jesús caminando sobre las aguas o transformando el agua en vino o devolviendo la vida a los muertos... son cuentos muy bonitos. Si se entienden simbólicamente tienen gran trascendencia, pero si nos empeñamos en que sean hechos históricos, es absurdo. Simbólicamente son hermosos. Simbólicamente, todo maestro devuelve la vida a los muertos. ¿Qué hago yo aquí? Sacar a la gente de la tumba. Y Jesús sacó a Lázaro de su tumba cuando solo llevaba muerto cuatro días. Yo he sacado de la tumba a personas que llevaban muertas años, toda la vida. Y como habían vivido tanto tiempo en la tumba se resistían a salir. Se resistían con todas sus fuerzas. «¿Qué haces? ¡Estamos en nuestra casa! Vivimos aquí en paz. ¡No nos molestes!»
Simbólicamente es cierto: todo maestro intenta darte nueva vida. Tal y como estás, no estás realmente vivo. Te limitas a vegetar. Si se interpretan los milagros como metáforas, poseen cierta belleza.
Recuerdo una extraña historia que los cristianos han suprimido de sus escrituras, pero que existe en la literatura sufí. Es sobre Jesús.

JESÚS VA A UNA CIUDAD Y CUANDO ENTRA EN ELLA VE A UN HOMBRE A QUIEN RECONOCE. Lo había visto antes. Estaba ciego y Jesús le había curado los ojos. Aquel hombre iba corriendo tras una prostituta. Jesús lo para y le pregunta.
—¿Te acuerdas de mí?
El hombre responde:
—Sí, me acuerdo de ti, y nunca te perdonaré. Cuando era ciego era feliz, porque nunca había visto la belleza. Tú me diste ojos. Pues dime una cosa: ¿qué voy a hacer con estos ojos? Estos ojos se sienten atraídos por las mujeres hermosas.
Jesús no daba crédito. Se quedó perplejo, horrorizado. «Yo pensaba que le había prestado un gran servicio a este hombre y resulta que está enfadado. Dice: "Antes de que me dieras ojos no pensaba en las mujeres, ni pensaba que hubiera prostitutas, pero cuando me diste ojos me destruiste".»
Jesús deja al hombre sin decirle nada; no tiene nada que decirle. Sigue caminando y encuentra a otro hombre tirado en el arroyo, diciendo cosas absurdas, completamente borracho. Jesús lo levanta y recuerda que le había dado piernas, pero él también se siente un poco hundido. Le pregunta al hombre:
—¿Me conoces?
El hombre responde:
—Sí, te conozco. Aunque estoy borracho, no puedo perdonarte. Fuiste tú quien destrozaste mi vida tranquila. Sin piernas no podía ir a ninguna parte. Yo era una persona pacífica: ni peleas, ni juego, nada de amigos, nada de bares. Tú me diste piernas, y desde entonces no he tenido un solo momento de paz, de silencio. Voy detrás de esto, detrás de aquello, y al final, cuando me canso, me emborracho. Y tú mismo puedes ver qué me está pasando. ¡Tú eres responsable de la situación en la que me encuentro! Tendrías que haberme advertido de que si tenía piernas surgirían todos estos problemas. No me avisaste. Me curaste sin pedirme permiso.

Jesús se asustó tanto que abandonó la ciudad. No fue a ningún otro sitio. Se dijo: «Quién sabe qué clase de personas voy a encontrarme». Pero al salir de la ciudad vio a un hombre que estaba intentando colgarse de un árbol. Le dijo:
—¡Espera! ¿Qué estás haciendo?
El hombre respondió:
—¡Otra vez tú! Yo estaba muerto y tú me obligaste a estar vivo otra vez. Ahora no tengo trabajo, mi mujer me ha dejado porque piensa que un hombre que ha muerto no puede resucitar, cree que soy un fantasma. No quiere verme nadie. Mis amigos no me reconocen. Cuando entro en la ciudad nadie me mira. A ver, ¿qué quieres que haga ahora? Ahora que iba a ahorcarme, ¡otra vez apareces! ¿Qué venganza te estás tomando conmigo? ¿Por qué no me dejas en paz? Ya no puedo ni ahorcarme. Antes estaba muerto y tú me resucitaste, y como me cuelgue volverás a resucitarme. ¡Estás tan empeñado en hacer milagros que ni siquiera te importa quiénes tienen que
soportar tus dichosos milagros!

ME ENCANTÓ ESTA HISTORIA. Deberían conocerla todos los cristianos. No existe sino un solo milagro, y ese milagro es la meditación que te aparta de la mente. El corazón siempre te da la bienvenida, siempre está dispuesto a abrirte las puertas, a guiarte hacia tu ser. Y el ser es la totalidad, el bienestar definitivo.

La meditación no es sino un medio

La meditación no es sino un medio para que tomes conciencia de tu verdadero ser, que no ha sido creado por ti, que no tiene que ser creado por ti, porque ya es tú.
Naces con él. ¡Tú eres ese ser! No hay que descubrirlo. Si no resulta posible, o si la sociedad no lo permite, y ninguna sociedad lo permite, porque el verdadero ser resulta peligroso, peligroso para las religiones oficiales, peligroso para el Estado, para las masas, para la tradición, porque cuando una persona conoce su verdadero ser se convierte en un individuo... Deja de formar parte de la psicología de las masas, ya no es supersticiosa, no pueden aprovecharse de ella, deja de ser un borrego, no acepta órdenes.
Esa persona vivirá según su luz, vivirá siguiendo los dictados de su interior. Su vida tendrá una belleza y una integridad prodigiosas.

LA MEDITACIÓN TE AYUDA A DESARROLLAR TUS FACULTADES INTUITIVAS.

Comprendes con toda claridad qué puede satisfacerte, qué va a ayudarte a alcanzar la plenitud. Y sea lo que sea, será diferente para cada persona, para cada individuo: tal es el significado de la palabra «individuo», porque cada persona es única. Y buscar e investigar para encontrar ese carácter único supone una gran aventura, una gran emoción.



FIN DEL CAPITULO

LIBRO DEL EGO.- CAPÍTULO 10: LA MEDITACIÓN (1ª PARTE)



LA AUSENCIA DE PENSAMIENTO ES MEDITACIÓN

LA AUSENCIA de pensamiento es meditación. Cuando no se piensa es cuando llegamos a conocer a quien está oculto por nuestros pensamientos. Cuando no hay nubes aparece el cielo azul, y también hay un cielo dentro de ti. Aparta las nubes de los
pensamientos para verlo, para conocerlo. Se puede hacer. Cuando la mente está en calma y no tiene pensamientos, en ese silencio, en esa profunda irreflexión, en la ausencia completa de pensamientos se ve la verdad.
¿Qué se puede hacer para conseguirlo? Hay que hacer una cosa muy sencilla, pero te resultará muy difícil porque te has vuelto muy complejo. Lo que es posible para un recién nacido a ti te resulta imposible. El niño se limita a mirar, sin pensar. Solamente ve. Y simplemente ver es maravilloso. En eso consiste el secreto, la llave que puede abrir la puerta de la verdad.
Yo os estoy viendo. Simplemente os estoy viendo. ¿Lo comprendéis? Solo os estoy viendo, sin pensar. Y entonces desciende sobre mí una calma insólita, un silencio palpable, y se ve todo y se oye todo pero nada perturba la calma en el interior. Dentro no hay ninguna reacción, no hay pensamientos. Solo existe darshan, «ver».

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