lunes, 29 de febrero de 2016

EL LIBRO DE LA NADA OSHO



Capitulo III (Segundo Escrito)
LA VERDAD NO SE PUEDE BUSCAR
LA REALIDAD ESTÁ JUSTO AHI.
El LSD, la marihuana, la mezcalina o cualquier otra droga, solamente te producen un buen dormir, y al dormir bien, sueñas. Esos sueños están llenos de color, y tu vida es tan pobre y está tan llena de sufrimiento que prefieres vivir esos sueños a vivir en esta miserable vida. Preferirías (si esta fuera la única elección) vivir en un hermoso sueño antes que vivir en esta vida miserable.
Esta vida es como una pesadilla. Aunque lo único que te dé la droga sea un sueño luminoso, lleno de color, tridimensional, ¿por qué no tomarla? Porque ¿qué hay en esta vida? Y como la vida es tal caos prefieres los sueños. Las drogas, el alcohol, o cualquier otra clase de sustancia embriagadora, han sido usados siempre por la gente religiosa. Pero a través de ellos nunca se alcanza la realidad.
A través de ellos caes en un estupor, en un coma. Y en este coma puedes soñar. Y si has estado pensando mucho en Dios, puedes ver a Dios, porque puedes proyectar tus propios sueños. Los sueños se pueden guiar, dirigir. Si has estado pensando mucho en Cristo, entonces bajo la influencia de la droga se te aparecerá Cristo.
Es tu propia mente jugando contigo. Si has estado muy apegado a Krishna entonces ahí estará él, de pie, con la flauta en sus labios, bailando y cantando. Si un hindú, un devoto de Krishna, toma LSD, verá a Krishna, y un cristiano verá a Jesús, y un budista a Buda; pero eso tan sólo son proyecciones de la mente.
La realidad es triste, pero no persigas sueños, porque si eso es lo que quieres sólo hay una manera de hacerlo: ayudar a la consciencia a volverse inconsciente de nuevo. Una pequeña parte ha salido de la inconsciencia, y esa es la belleza del ser humano.
La agonía y el éxtasis de haberse convertido en una isla en medio de la inmensidad de la inconsciencia, pero esta es su belleza. Esta isla tiene que crecer más y más hasta convertirse en un continente.
A través de las drogas se sumergirá de nuevo bajo el agua, vivirás de nuevo como los animales, o como los árboles, que son hermosos en sí mismos, pero cuya forma de vida no es digna de ti porque de esta manera pierdes mucho. Y podrías haber alcanzado la realidad; esta isla podría haberse convertido en un continente.
Pero esto no ocurre solamente con las drogas; existen también otros medios sutiles para hacer que el consciente se vuelva inconsciente. Por ejemplo a través de la música, a través de cánticos. Si repites un mantra continuamente te dormirás, porque cualquier cosa monótona te llevará al coma. Existen medios sutiles, aparentemente diferentes a las drogas.
Se usan en todos los templos, en todas las iglesias; y en los templos y en las iglesias están en contra de las drogas, sin darse cuenta de lo que están haciendo. También allí se está usando una droga muy sutil, no tan burda como el LSD o la marihuana, pero aún así es una droga; porque al repetir una cierta palabra continuamente, te produce sueño, no puede producirte otra cosa. Te relajas. El mismo canturreo te produce un profundo aburrimiento.
Al repetir la misma palabra (ram, ram, ram) una y otra vez... ¿Qué otra cosa podría ocurrir? Porque la mente sola mente permanece atenta si ocurre algo nuevo, si no la mente se va a dormir. Si está ocurriendo algo nuevo, la mente está alerta. Si no ocurre nada nuevo, sólo ram, ram, ram, un canturreo, y sabes que va a seguir así infinitamente, la mente empieza a dormirse. Todas las madres lo saben. Cuando el niño no se duerme le repiten algún estribillo, muy simple, de dos o tres palabras, y lo repiten una y otra vez; una canción de cuna. Se convierte en un mantra, y el niño se duerme.
A la mente le ocurre lo mismo (no importa que seas un niño o un anciano), a la mente se la pone a dormir con canciones de cuna; pero el proceso es el mismo. Hay que parar el pensar, pero no volviéndose inconsciente. Hay que parar el pensar haciéndose más consciente, más alerta, más atento, dándose uno más cuenta, para que la energía que se pone en el pensar se mueva hacia ser consciente y surja en ti un testigo. Así que recuerda, no hay que parar el pensar a través de cánticos, sino convirtiéndose en un testigo del proceso del pensar; mirándolo, observándolo, siendo un observador en la distancia, siendo alguien que observa desde lo alto, desde la colina, mirando, viendo... Si miras y penetras profundamente en las palabras, empezarán a desaparecer.
Se formará un lapso, un intervalo. Las nubes desaparecerán y se verá el cielo azul. Entonces estarás alerta, sensible; no en coma.
Se disolverá más inconsciencia en la consciencia; tu llama crecerá, más alta, más viva, y podrás ver más, tocar más, oler más.
Y tus acciones desarrollarán una nueva cualidad, la cualidad de la divinidad. Cuando un buda te toca, su forma de tocar es diferente. Tú también tocas, también sientes algunas veces la diferencia. Tocas a un hombre de una forma casual, le das la mano pero él no está presente. Sientes que su mano está muerta, cerrada; te saluda con una mano muerta. Puedes sentir que te han dado la mano pero que no te la han dado; que ha sido algo diplomático. La mano no estaba viva, no tenía calor, no se encontraba y se fundía con la tuya. En cambio otras veces te dan la mano con amor, y entonces hay una fusión, la energía fluye a través de esa mano, es una apertura. A través de la mano el ser viene a encontrarse contigo. Es cálida, está viva, confía en ti.
Cuando un buda te toca, es absolutamente distinto, la cualidad ha cambiado. Porque siempre que la consciencia es total, absoluta, todas las acciones se vuelven totales. Cuando toca, todo su ser se convierte en tacto. No es ninguna otra cosa. Todo su ser está en el tacto, todo su ser fluye en él. No está en ningún otro lugar más que en el tacto. En ese momento él no es ni ojos ni oídos; en ese momento todo su ser se transforma en tacto. Se vuelve todo tacto, y te sentirás iluminado a través de su tacto; una energía se ha movido en ti. Si no estás preparado para ello puede que hasta te provoque una conmoción desagradable. Si estás preparado, entonces lo disfrutarás, te maravillará. Cuando un buda te mira, todo su ser se convierte en ojos. No puede ser de otra manera, porque no está dividido en su interior. Cuando miras, miras y a la vez haces muchas otras cosas. El pensar prosigue, y por eso estás dividido. Tus ojos no son totales. Cuando un buda te mira, sus ojos son totales. Son como un sol brillante. Te penetran, hacen un agujero en tu ser, van directamente a tu corazón. Si le dejas, nunca serás el mismo otra vez. O por el contrario, puedes permanecer cerrado y él no podrá penetrarte. Aunque te toque, tocará un cadáver; puedes quedarte cerrado. Cuando la consciencia está presente, y hay acción, la consciencia y la acción se vuelven una totalidad.

Ahora intenta comprender estas palabras, son muy hermosas. Negar la realidad de las cosas es no ver su realidad; afirmar el vacío de las cosas es no ver su realidad. Negar la realidad de las cosas... HA HABIDO Filósofos que han negado la realidad de las cosas. Fíjate bien, esto se puede hacer de dos maneras.
Hay una historia preciosa. Ocurrió una vez: Akbar, el gran emperador mongol, dibujó una línea en la pared y le dijo a sus sabios que sin tocarla la hicieran más corta. Se quedaron perplejos y pensaron: «¡Eso es imposible!». Entonces uno de sus sabios, Birbal, dibujó una línea más larga al lado de la otra, sin tocar la primera.
Y al dibujar la línea más larga, la otra se volvió más corta.
Si dibujas una línea más pequeña entonces la primera se volverá mayor. Así que hay dos maneras. Una es hacer tu ser más grande; entonces el mundo se va volviendo cada vez más pequeño..., y llega un momento en el que tu ser se convierte en la totalidad, en Brahma, y el mundo desaparece, deja de existir. Y la otra manera..., esa otra manera es simplemente una artimaña, es empezar a decir que el mundo es una ilusión, maya, que no existe, que no está ahí. Negar la realidad del mundo e ir convenciéndose de que no existe, de que no es, de que es irreal, de que es sueño. Así que te convences de que el mundo es un sueño; y entonces sientes que eres real, pero ese sentimiento no es verdadero. Es tan sólo una ilusión.
La filosofía siempre hace eso; dice que el mundo no es real. Consulta a los védicos. A Shankara le ocurrió de una forma. diferente. Shankara realizó su ser: se volvió infinito, entonces el mundo desapareció, porque no puede haber dos infinitos.
Si te vuelves infinito, el mundo desaparece, lo absorbes, porque dos infinitos juntos no son posibles, sólo puede haber un infinito. Shankara se convirtió en el infinito, Brahma, lo absoluto; entonces pudo decir que el mundo es ilusorio, y estaba en lo cierto.
Pero esto no era un argumento filosófico, era un sentimiento religioso. Él lo sintió así, sintió que el mundo no existía.
Pero entonces sus seguidores se hicieron con la canción y la han estado cantando durante mil años. Ellos dicen que el mundo es ilusorio, que es maya, que no existe. Que no está ahí, que sólo existe en apariencia. A través de la filosofía puedes llegar a creer que sí..., puedes ir descartando, puedes convencerte de que no existe, puedes tratar de encontrar pruebas y argumentos que demuestren que es ilusorio. Y puedes convencer a tu mente de ello, y tendrás un sentimiento, un falso sentimiento, de que te has convertido en Brahma. Tienes que convertirte en Brahma, entonces el mundo se vuelve ilusorio, no viceversa. ¿Cómo te vas a volver Brahma si el mundo se vuelve ilusorio? Y no puede volverse ilusorio porque es tan sólo un concepto; piensa en ello. Los védicos siguen diciendo que el mundo es ilusorio, pero obsérvalos. Si les tiras una piedra, se enfadarán, se pelearán contigo. El mundo no es una ilusión; lo que ellos tienen es sólo un concepto, una filosofía. Y los filósofos pueden ser muy astutos.
Ocurrió una vez que: Un seguidor de Nagarjuna... Nagarjuna fue uno de los más grandes místicos que ha tenido la India: se hizo consciente de su ser infinito, y el mundo se disolvió.
Entonces llegaron los seguidores, y los seguidores son siempre copias, están destinados a serlo; a no ser que traten de penetrar en la realidad de ellos mismos y no tomen las palabras de su maestro como dogma.
Las palabras del maestro simplemente inspiran, provocan, ayudan, pero no se deben tomar como dogma, si no se convertirán en una filosofía. Tienes que realizarlas.
Y cuando las realizas, sólo entonces puedes decir: «Sí, el maestro tenía razón». ¿Cómo puedes decirlo antes? Pero es fácil mover la cabeza filosóficamente: «Sí». Llegaron los seguidores y uno de ellos, un gran filósofo, un hombre de muchos argumentos, demostró de muchas maneras que el mundo no existe. Fue llamado por el rey del país pues su nombre había llegado hasta la corte, y cuando acudió, el rey le preguntó: «¿De verdad crees que el mundo es irreal? Piénsatelo bien, porque yo soy un hombre peligroso. Yo no soy un hombre de palabras, soy un hombre de acción. Y haré algo que probará que el mundo no es irreal. Así que piénsatelo dos veces».
El hombre respondió: «No es cuestión de volvérmelo a pensar, lo he pensado millones de veces y estoy absolutamente convencido de que el mundo es irreal». Pero el filósofo no era consciente de lo que el rey iba a hacer. El rey tenía un elefante que estaba loco; mandó llevarlo al patio y allí mismo metieron al filósofo. Este comenzó a correr y a gritar perseguido por el elefante. El elefante le alcanzó.
Y en ese momento comenzó a suplicarle al rey: «¡Sálveme!. El elefante es real. ¡Retiro todo lo que he dicho!». Cuando fue salvado estaba temblando, sudando, lleno de moratones y sangrando por muchas partes. Cuando se recuperó de nuevo fue llamado ante el rey. El rey le preguntó: «¿Y ahora qué es lo que tienes que decir?».
Él contestó: «El mundo es irreal». El rey dijo: «¿Qué quieres decir? Cuando el elefante iba a matarte, dijiste que el mundo era real. ¿Y ahora cambias de opinión de nuevo?». El filósofo contestó:
«El elefante, el hombre, lo que dije: todo es irreal. El elefante, la locura del elefante, el hombre que ves delante de ti, el hombre que afirmó que el mundo era real: todo es irreal». El rey dijo: «Entonces mandaré traer de nuevo al elefante». Y el filósofo replicó: «Entonces volverá a ocurrir lo mismo otra vez: diré que es real. ¿Qué otra cosa puedo hacer?». La filosofía puede ser muy astuta. Puedes seguir engañándote a ti mismo y convencerte de que el mundo es irreal. ¿Pero qué necesidad hay de probar nada o de convencer a nadie?
La necesidad surge porque no sabes. Cuando sabes, no hay necesidad de convencer a nadie ni de discutir ni de demostrar nada. La filosofía es un sucedáneo del conocimiento. Si sabes, no hay ninguna necesidad de filosofar. Si no sabes, entonces sí hay necesidad, porque el conocimiento obtenido a través de la filosofía parece que fuera un verdadero conocimiento. No es cuestión de demostrar que el mundo es irreal.
Este sutra dice: Negar la realidad de las cosas es no ver su realidad...
Y su realidad es Dios, su realidad es la verdad. Ahí está el árbol. Si niegas su realidad niegas lo Divino en él, niegas la verdad en él.
El árbol es un hecho; un hecho es sólo lo que recubre la verdad.
El pájaro es otro hecho, pero la verdad es la misma. Algunas veces la verdad se presenta en forma de pájaro, otras en forma de árbol, otras en forma de roca, y otras en forma de hombre. Todas ellas son formas. Los hechos son formas, pero en cada hecho, si profundizas, está la verdad. Si niegas todas las formas, niegas el interior sin forma. Si dices que nada es real, entonces ¿cómo puede lo Divino, cómo puede Dios ser real? Si dices que este mundo es ilusorio, entonces ¿cómo va a ser real el creador de este mundo ilusorio? ¿Cómo puede un Dios real crear un mundo irreal? Es imposible, porque la realidad viene de la realidad; la irrealidad surge de la irrealidad. Un Dios real no puede crear un mundo irreal.
Y si el mundo es irreal, el creador también será irreal. Si niegas la factibilidad de las cosas, entonces niegas la verdad.
El sutra de Sosan dice: Negar la realidad de las cosas es no ver su realidad... Y esta realidad es verdad. ...afirmar el vacío de las cosas es no ver, de nuevo, su realidad. Y si dices que las cosas existen pero que están vacías, también esa es una postura filosófica; un poco mejor que la primera. La primera dice que el mundo entero es irreal, que no es, que no existe; que sólo existe en tu mente, y en ningún otro lugar; que es una proyección de tu mente, un pensamiento, que es como un sueño.
La otra filosofía, que es un poco mejor, dice que las cosas existen, pero que están vacías. Que no tienen ningún ser en ellas, que no tienen sustancia. Que están muertas, vacías por dentro. Que tan sólo son combinaciones; sin ningún ser. Que el árbol está ahí, pero sólo como una combinación; el árbol no tiene ser, no tiene atman. Si separas sus partes no quedará nada. Es como un mecanismo: si desmontas una máquina en piezas, no queda nada. Esto tampoco es verdad, porque el árbol existe como un ser, no como un compuesto. Hasta una roca tiene su propio ser. Cuando te vuelvas más sensible y observador verás que hasta una roca tiene sus estados de ánimo. Entonces cuando la roca esté feliz podrás sentir su felicidad, cuando esté infeliz podrás sentir su desdicha, y hasta cuando cante podrás sentir su canción. Pero tú necesitas muchísima sensibilidad porque, si ahora ni siquiera puedes escuchar la canción de un buda, ¿cómo vas a poder escuchar la canción de una roca? Estás ciego y sordo, eres insensible y lerdo. No eres consciente; tu consciencia es un fragmento tan pequeño que se agota en los hechos diarios, en la rutina diaria. Eres sólo lo suficientemente consciente para llegar a la oficina y regresar a casa sin tener ningún accidente en el camino; sólo esa cantidad de consciencia tienes. Pero no puedes sentir la roca, no puedes sentir el árbol. Ahora los científicos están descubriendo que los árboles tienen tal grado de sensibilidad que no te puedes ni imaginar. Los árboles le dan la bienvenida a la gente si esta es amistosa, y se cierran si es hostil. Si quien viene es el jardinero que va cortando y podando, los árboles se cierran. Aun antes de que él llegue..., en cuanto entra en el recinto, todo el jardín se cierra, porque viene el enemigo.
Gracias a profundas investigaciones, un científico llegó a la conclusión de que los árboles no sólo notan tus acciones, sino hasta tus pensamientos. Estaba trabajando en un experimento con una planta a la que habían conectado, mediante unos cables, a unos instrumentos sensibles a sus reacciones interiores. Y pensó: «¿Qué le pasará a la planta si la parto por la mitad?». La aguja del instrumento comenzó a oscilar frenéticamente; la planta había sentido el pensamiento. Entonces hizo muchos otros experimentos. No había llegado a cortar la planta, no la había dañado; ¡tan sólo tuvo la idea! Y siempre que expresaba esa idea la aguja volvía a indicar que la planta estaba muy preocupada y enfadada.
Y no solamente eso, sino que además, al cortar una planta, las plantas vecinas mostraban tristeza, preocupación, ira, ansiedad. Ahora existen instrumentos que pueden mostrar lo que ocurre en el interior de una planta, y tarde o temprano llegará a haber instrumentos que mostrarán lo que ocurre en el interior de una roca. Todo está vivo, nada está vacío. Todo está lleno de consciencia, diferentes tipos de consciencia; es por eso que no puedes penetrar en ellas. Es difícil debido a los diferentes lenguajes de la consciencia. Un árbol tiene un tipo de consciencia y una roca otro totalmente diferente. Es difícil comunicarse con ellos porque nuestros lenguajes son diferentes, pero si te vuelves más atento, más consciente, si no tienes la mente llena de pensamientos, entonces te podrás acercar incluso a una roca. Nada está vacío; todo tiene un ser propio.
Los hindúes siempre han sido conscientes de que todo tiene un Dios en su interior. Es por eso que ellos pueden adorar a un río, o venerar a un árbol, porque dicen que el Dios del árbol, el Dios del río, el Dios de la roca esta ahí... El mundo entero está lleno de Dios; nada está vacío. Cuando dices que las cosas están vacías, no ves, de nuevo, su realidad. Pero ¿por qué los filósofos tratan de demostrar que las cosas no son, o que están vacías? Lo intentan, porque si se pudiera demostrar que las cosas están vacías, eso probaría que tú estás lleno; en comparación tú estarás más lleno. Si todo a tu alrededor está vacío, te sentirás lleno. Pero este camino es falso. ¡Llénate! Esta argucia relativa no te será de ninguna ayuda. Cuando te llenes de amor, de consciencia, de meditación, entonces no verás que el mundo está vacío. De hecho, es debido a que tú estás vacío, que todo te parece vacío. Todo te parece vacío porque miras con ojos vacíos; te proyectas en las cosas. Si no tienes amor, entonces verás que no hay amor en el mundo. Si tienes un corazón que late con amor, sentirás el latido en todos los sitios, en todo lo que te rodea: en la brisa que pasa a través de los árboles, en el río que fluye hacia el océano. ¡Sentirás amor en todas las cosas! Serás capaz de sentirlo. Sólo puedes sentir aquello que tienes; no se puede sentir otra cosa. La filosofía es un truco para sentir de forma relativa.
Y todos somos víctimas de esto, porque todos somos expertos en esta clase de argucias. Por eso si alguien dice que tu vecino es una mala persona, que es inmoral, tú inmediatamente lo crees, porque si es maligno e inmoral, enseguida te conviertes en una persona buena y moral. Cuando alguien dice que tu vecino es un santo, una persona virtuosa y moral, no puedes creértelo. Dirás: «¡Demuéstramelo! ¿Qué pruebas tienes? ¿En qué te basas? Yo le conozco bien, es mi vecino. Y no es así en absoluto». ¿Por qué? En cuanto alguien dice algo en contra de otro, le crees inmediatamente, ni siquiera lo dudas. Por eso se cotillea tanto. Pero en cuanto alguien dice algo a favor de otro, inmediatamente te pones en guardia. ¿Por qué? Porque si él es tan bueno, inmediatamente tú te vuelves malo. Si él es un santo, ¿qué eres tú? Eres un imbécil. Si alguien es santo tú eres un pecador. Puede que no seas consciente de este juego, pero así es como funciona.
Hay dos caminos: o te vuelves un santo, o demuestras que todo el mundo es pecador. La filosofía va creando ese juego. Lo que sea que quieras ser, se lo niegas al mundo. Pero eso no va a servir de nada. Así no vas a engañar a nadie, sólo a ti mismo. Este sutra de Sosan dice:
Negar la realidad de las cosas es no ver su realidad; afirmar el vacío de las cosas es no ver, de nuevo, su realidad. Cuanto más hablas y piensas acerca de ello, más te alejas de la verdad.

EL LIBRO DE LA NADA OSHO



Capitulo III
LA VERDAD NO SE PUEDE BUSCAR
LA REALIDAD ESTÁ JUSTO AHI.
Siempre esperando cerca de tu corazón, cerca de tus ojos, cerca de tus manos. Puedes tocarla, puedes sentirla, puedes vivirla, pero no puedes «pensarla». Se puede ver, se puede sentir, se puede tocar; pero no se puede «pensar». Intenta entender la naturaleza del pensamiento. El pensamiento siempre es acerca de, nunca es directo. Puedes ver la realidad, pero si piensas en ella tendrá que ser acerca de y ese «acerca de» es la trampa, porque cuando piensas acerca de algo ya te has alejado de ello. «Acerca de» quiere decir indirectamente. «Acerca de» quiere decir que no verás la flor aquí y ahora, que pensarás acerca de ella, y ese «acerca de» se convertirá en una barrera. A través de este «acerca de» nunca llegarás a esta flor. Ver es algo directo, tocar es algo directo; pero pensar es algo indirecto. Es por eso que el pensar no toca la realidad.
Un amante puede conocer la realidad, hasta un bailarín puede conocerla, un cantante puede sentirla, pero un pensador sigue sin tocarla.
He oído acerca de un filósofo judío. Era un campesino ordinario pero muy filosófico. Se llamaba Yossel. Pensaba acerca de todo, como suelen hacer los filósofos. Le era muy difícil hacer nada porque el pensar llenaba todo su tiempo, y cuando por fin estaba listo ya había pasado la oportunidad. Una vez fue al mercado de una aldea cercana para vender su trigo. Le dijo a su esposa:
«En cuanto haya vendido el trigo, te mandaré un telegrama». Vendió el trigo obteniendo una gran ganancia, y luego fue a mandar el telegrama; entró en la oficina de correos, rellenó el impreso de envío y empezó a pensar en qué poner. Escribió:
«Trigo vendido provechosamente. Llego mañana. Amor y besos, Yossel». Entonces empezó a reflexionar y pensó: «Mi esposa se va a creer que me he vuelto loco. ¿Por qué "provechosamente"? ¿Acaso vendería el trigo con pérdidas?». Así que tachó la palabra "provechosamente". Entonces se preocupó más aún porque, si había cometido un error con una palabra, puede que hubiera cometido otros errores. Así que volvió a leerlo todo parándose a pensar en cada palabra. Y pensó: «¿Por qué poner: "Llego mañana"? ¿Acaso voy a regresar el mes que viene? ¿El año que viene? Ella ya sabe que voy a regresar tan pronto como haya vendido el trigo».
Así que tachó las palabras "llego mañana". Más tarde pensó:
«Mi esposa también sabe que he venido a vender el trigo, ¿entonces para que escribir: "Trigo vendido"? Y también tachó eso. Entonces se echó a reír y dijo: «Le estoy escribiendo a mi propia esposa, ¿para qué le voy a poner "amor y besos"? ¿Acaso le estoy escribiendo a la esposa de otro? ¿Acaso es su cumpleaños o algo por estilo?».
Y también tachó eso. Ya sólo quedaba su nombre: Yossel.
Y se dijo a sí mismo: «¿Yossel, te has vuelto loco? Tu mujer ya sabe tu nombre». Así que rompió el telegrama, contento de haberse ahorrado un dinerillo y algunas palabras sin sentido.
Pero así es como son las cosas: si vas pensando «acerca de», te pierdes la vida entera; poco a poco vas tachándolo todo. Y al final hasta tú acabas tachado; no solamente quedan tachadas las palabras, sino que al final hasta tú quedas tachado.
El pensar se convierte en humo; todo se vuelve humo y se acaba. Hacer algo se vuelve imposible; ni siquiera puedes mandar un telegrama. La acción se vuelve imposible porque es algo directo, y el pensar es algo indirecto. Nunca se encuentran.
Este es el problema que hay en el mundo. La gente que piensa, nunca actúa; y los que no piensan, actúan. El mundo es un caos.
Los estúpidos continúan actuando porque nunca piensan, se meten de cabeza en todo. Los Hitlers, los Napoleones, los Maos, siempre están haciendo cosas, y la gente sabia, los llamados pensadores (Aristóteles, o Kant, o Hegel), siempre están pensando y nunca hacen nada. El problema para un hombre que busca la realidad es cómo parar el círculo vicioso del pensar y aun así ser consciente. Porque los estúpidos tampoco piensan, pero no son conscientes.
Sé consciente; la energía que va al pensar tiene que volverse consciencia. La consciencia que se mueve en un círculo vicioso al pensar tiene que conservarse, tiene que purificarse.
El pensar tiene que parar, el girar de la consciencia tiene que parar, pero la consciencia no. La consciencia tiene que cristalizarse y la acción tiene que permanecer, la acción no debe parar. Al unir la consciencia y la acción inmediatamente alcanzas la realidad.
Y no sólo tú, sino que crearás una situación en la que otros también podrán encontrar la realidad. Te convertirás en el ambiente, en el clima alrededor del cual las cosas empezarán a ocurrir.
Esto es lo que ocurrió con Buda, con Sosan, con Chuang Tzu. Recuerda: la acción es buena; el pensar es un círculo vicioso, nunca te lleva a ninguna parte. Así que hay que dejar de pensar pero no de actuar. Hay gente que continuará pensando; dejará de hacer.
Eso es lo que ocurre cuando una persona renuncia a la vida, se va a la selva, a los Himalayas. Renuncia a la acción, no al pensar. Renuncia al mundo en el que se necesita la acción. Renuncia a la propia realidad, porque es a través de la acción que te pones en contacto con la realidad. Ver es una acción, moverse es una acción, danzar es una acción, pintar es una acción. Cuando haces cualquier cosa, sea lo que sea, te pones en contacto con la realidad. Tienes que volverte cada vez más sensible en tu hacer.
No hay que renunciar a la acción; la acción tiene que estar totalmente presente, porque ese es el puente a través del cual tú te mueves en la realidad y la realidad se mueve en ti.
Intenta comprenderlo, porque esto es algo muy básico; básico para mí: renuncia al pensar, no renuncies a la acción. Hay gente que piensa y piensa, hay gente que renuncia a actuar. ¿Pero qué van a hacer en los Himalayas? Allí toda la energía, al no ser usada en la acción, se irá al pensamiento. Se harán grandes filósofos. Pero la filosofía es una tierra de tontos; se vive en palabras, no en realidades.
El amor desaparece, sólo queda la palabra «amor».
Dios desaparece; porque él estaba en los campos, en el mercado, en el mundo, y ahora tan sólo queda la palabra «Dios». Las acciones desaparecen y sólo quedan los conceptos. Tu cabeza se convierte en todo tu ser. Evítalo. Nunca renuncies a la acción, renuncia solamente al pensar. Pero si renuncias al pensar cabe la posibilidad de que te vuelvas inconsciente o de que te conviertas en un estúpido. Puede que empieces a hacer cualquier cosa, puesto que ahora no sabes qué hacer y tampoco piensas. Puedes volverte loco. Uno tiene que renunciar a pensar, pero no tiene que hacerse menos consciente, más inconsciente. Al contrario, tienes que hacerte más consciente. En esto consiste todo el arte de la meditación: en cómo estar totalmente en la acción, cómo renunciar al pensar, cómo convertir en consciencia la energía que se empleaba en pensar.
Va a ser algo muy delicado y sutil, porque si das un sólo paso en falso caerás en la ignorancia infinita. ES FÁCIL dejar de pensar, pero entonces te dormirás. Esto es lo que ocurre cada día en los momentos de sueño profundo: renuncias, dejas de pensar, pero entonces dejas de estar presente, abandonas la consciencia.
Tu consciencia se ha identificado enormemente con el pensar, así que siempre que dejas de pensar caes en coma. Y ese es el problema. Uno tiene que dejar de pensar y al mismo tiempo no caer en coma, porque el coma no te llevará a la realidad. Al volverte inconsciente no vas a la realidad, simple mente te duermes: el consciente se ha disuelto en el inconsciente. Y tiene que ocurrir justo lo contrario: el inconsciente tiene que disolverse en el consciente. Si el consciente cae en el inconsciente, tú caes en un coma, y si el inconsciente penetra en el consciente y se convierte en el propio consciente, te iluminas, te conviertes en un buda, en un «Sosan». Y es muy fácil ayudar a la consciencia a que caiga en la inconsciencia, porque la consciencia es una parte muy pequeña. Una décima parte de tu ser es consciente, y las nueve partes restantes son inconscientes.
Sólo una pequeña parte se ha vuelto consciente, y hasta esa parte está siempre oscilando. Puede caer en cualquier momento, es muy fácil. Así es como ocurre cuando te intoxicas: tomas alcohol, y la consciencia cae en la inconsciencia. De ahí la atracción hacia el alcohol a través de todos los tiempos y en toda clase de climas y países. Esto es lo que ocurre cuando tomas cualquier droga: la consciencia cae en la inconsciencia. Es hermoso porque se deja de pensar. Dormir es hermoso, tienes muchos sueños. Y si eres un buen soñador entonces la droga te dará hermosos sueños; fantásticos, más coloridos que cualquier otro sueño, más luminosos. Te vas al paraíso, al mundo de los sueños, pero no vas a la realidad.

EL LIBRO DE LA NADA OSHO



Capitulo II (Tercer  Escrito)
EL CAMINO ES PERFECTO
NO TRATES DE SER PASIVO:
Porque el esfuerzo es parte de la actividad. Nadie puede tratar de ser pasivo. ¿Entonces qué hacer? Sé totalmente activo, así es como llega la pasividad.
Le sigue como una sombra, ha de seguirle. Piensa perfectamente y así llegará el no-pensar. No puedes dejar de pensar. No se puede dejar nada que esté incompleto, sólo puede dejarse lo perfecto. De hecho, lo perfecto se deja a sí mismo automáticamente.
Sé activo; la propia actividad crea la situación en la que la pasividad ocurre. Si has estado activo durante todo el día, totalmente activo en cualquier cosa que hayas estado haciendo... Cavando un hoyo en el jardín, o trabajando en una fábrica o en una tienda, o enseñando en una escuela; lo que sea que estés haciendo hazlo totalmente, y cuando caiga la tarde y se ponga el sol, una pasividad descenderá sobre ti. Esa pasividad es hermosa, tan hermosa como la actividad. ¡No hay nada que elegir! Ambas cosas son hermosas, y ambas se necesitan. No trates de ser pasivo. ¿Cómo puedes tratar de ser pasivo? Puedes sentarte como un buda, pero esa pasividad será sólo superficial.
En el fondo estarás intranquilo, hirviendo, como un volcán; en cualquier momento puedes entrar en erupción. Puedes forzar al cuerpo a sentarse en silencio; ¿pero cómo vas a forzar al ser? El ser es y es y es. Es por eso que no puedes dejar de pensar. La gente se sienta en zazen durante años, durante veinte, veinticinco años, seis horas seguidas cada día, tan sólo para tratar de silenciar la mente, y continúa esforzándose y esforzándose. De ahí mi énfasis en las meditaciones activas. Son un equilibrio.
Primero sé activo, tan totalmente que la pasividad le siga automáticamente. Cuando has estado activo y se ha movido toda la energía, quieres descansar. Si no has estado activo, ¿cómo va a llegar el reposo? La lógica dirá algo absolutamente distinto. La lógica dirá: «Reposa durante todo el día, y así podrás descansar maravillosamente por la noche».
Mulla Nasrudin fue a ver a su médico. Entró tosiendo. El médico le dijo: «¿Todavía tosiendo? Pero parece que la tos suena mejor». Nasrudin dijo: «Normal, me he pasado toda la noche practicando».
Si reposas durante todo el día, no esperes tener sueño por la noche. El reposo no te traerá más descanso; por el contrario lo que trae es actividad. Entonces, al tumbarte en la cama, empezarás a pensar y a moverte de un lado a otro.
Te pasarás la noche haciendo ejercicio. Y si fuerzas al cuerpo a reposar, entonces la mente tendrá que sustituirlo y tendrás pesadillas. No.
Un hombre sabio se equilibra y sabe que la vida se equilibra a sí misma.
Si haces una cosa (pero totalmente sin que quede nada por hacer, habiendo disfrutado de la actividad con toda la energía) entonces el descanso es automático, le sigue. Y cuando disfrutas del descanso le sigue la actividad, porque cuando reposas recuperas energía, te rejuveneces. Todo el cuerpo se llena, rebosa energía. Ahora tienes que compartirla de nuevo, tienes que liberarla con actividad. Y luego te volverás a llenar de nuevo. Es como las nubes: tienen que dejar caer la lluvia y luego se volverán a cargar; el océano está ahí para cargarlas. Tienen que descargarse, llover, y de nuevo volverse a cargar. El río tiene que descargarse en el océano y de nuevo se volverá a cargar. Cuanto más se descargue, más se llenará.
Sosan dice: «Sé totalmente activo, sólo así serás capaz de ser totalmente pasivo».
Entonces los dos extremos se encuentran y se alcanza un equilibrio sutil.
Este sutil equilibrio es sanyaktva, este sutil equilibrio es la tranquilidad.
Este sutil equilibrio es la paz más elevada que pueda existir, la cima, el clímax, el crescendo, porque cuando dos cosas se equilibran (el exterior y el interior, la actividad y la pasividad) de repente transciendes ambas.
Cuando ambas se equilibran, tú ya no eres ni esto ni aquello. De repente eres una tercera fuerza: el observador, el testigo. Pero no puedes luchar por conseguirlo. Cuando tratas de parar la actividad para alcanzar la pasividad, el propio esfuerzo te llena de actividad.
Mientras estés en un extremo o en el otro, nunca conocerás la Unidad. ¡Transciende los extremos! No seas ni un hombre mundano ni lo que llaman un hombre espiritual. No seas creyente ni seas ateo. No te vuelvas loco con las riquezas del mundo externo ni te obsesiones con la tranquilidad interior. Equilíbrate; el equilibrio debe ser la motivación.
Aquellos que no viven en el Camino único fracasan en ambas: actividad y pasividad, afirmación y negación.
Y ESTE ES EL RESULTADO: aquellos que eligen los extremos fracasan en ambos, porque si continúas siendo activo y activo, sin permitir la pasividad, ¿cómo te vas a revitalizar? Te acabarás volviendo un caparazón vacío, impotente, inútil, estéril. Eso es lo que les ocurre a los llamados triunfadores en el mundo, a los políticos, a los Presidentes, a los Primeros Ministros.
Para cuando han llegado a tener éxito, ya lo han perdido todo, ya no están ahí. Han triunfado, pero en el camino se han vendido a sí mismos; ya no son ellos mismos. Y lo mismo les ocurre a los que eligen lo interior, los introvertidos. Cuando llegan a su interior, sólo encuentran un caos a su alrededor. Si eliges un extremo, fracasarás en ambos. Si no eliges, triunfarás en ambos.
El equilibrio triunfa, el extremo fracasa.
A este equilibrio Buda lo llama el camino del medio, majihím níkaya, y Confucio lo llama el camino dorado. Permanece en el medio. Este es el oficio, el arte más elevado: estar justo en el medio, sin elegir, sin irse a la izquierda ni a la derecha. No seas ni de derechas ni de izquierdas; quédate justo en el medio. Si estás exactamente en el medio transciendes el mundo.
Entonces ya no eres ni un hombre ni una mujer. Eso es lo que Jesús dice. Entonces ya ni eres un ser materialista ni un ser espiritual. Entonces ya ni estás vivo ni estarás muerto. Ni esto ni aquello; el puente ha sido cruzado. Has alcanzado la meta. Y la meta no está en algún lugar en el futuro, está aquí entre los dos extremos. Ni odio ni amor... Recuerda, siempre que te encuentres con dos extremos, no elijas.
Trata de encontrar un equilibrio entre ambos. Al principio, debido al hábito, será difícil.
Ocurrió una vez que: Mulla Nasrudin estaba enfermo y fue hospitalizado.
Al rato alguien llamó a la puerta y entró una mujer de aspecto enérgico.
Ella dijo: «Soy su médico. Desnúdese, he venido a examinarle». Mulla preguntó: «¿Del todo?». La doctora contestó: «Sí, del todo». Así que se desnudó. La mujer lo examinó. Y luego le dijo: «Ya puede usted acostarse. ¿Tiene alguna pregunta que hacer?». Mulla Nasrudin contestó: «Sólo una: ¿por qué se ha molestado en llamar a la puerta?».
La mujer respondió: «La fuerza de la costumbre». Los viejos hábitos persisten hasta en tus gestos. Los hábitos son fáciles de mantener porque no necesitas ser consciente de ellos; se mantienen por sí solos. Ser consciente es difícil, porque para ti nunca ha sido un hábito.
Eliges fácilmente; condenas y aprecias fácilmente; rechazas y aceptas con mucha facilidad. Dices: «Esto está bien, o esto está mal», con demasiada facilidad, porque se ha convertido en un hábito a través de miles de vidas; siempre has estado eligiendo. Es un fenómeno mecánico.
Sin ninguna consciencia, en el momento en que ves algo, ya lo has juzgado y decidido. Ves una flor y dices: «Es hermosa», o: «No es hermosa». Inmediatamente entra el juicio (con la percepción, entra el juicio) entonces nunca serás capaz de permanecer en el medio.
Alguien que fue a ver a Chuang Tzu le comentó, refiriéndose a un hombre del pueblo: «Es un pecador, un hombre realmente malo, un ladrón»; y le criticó en muchos sentidos Chuang Tzu le escuchó y luego dijo: «Pero toca la flauta maravillosamente».
Luego llegó un segundo hombre (el primero estaba todavía allí sentado) y le dijo refiriéndose al mismo hombre: «Es un excelente flautista». Chuang Tzu dijo: «Pero es un ladrón». Ambos estaban presentes, así que exclamaron: «¿Qué quieres decir?». Chuang Tzu dijo: «Sólo estaba equilibrando la cosa un poco; y además ¿quién soy yo para juzgar a nadie? Ese hombre es un ladrón y un buen flautista. Para mí no hay ni rechazo ni aceptación.
Yo no hago ninguna elección. Él es lo que es. ¿Quién soy yo para juzgar o elegir un extremo u otro? Para mí no es ni bueno ni malo. Él es él mismo y sólo a él le concierne. ¿Quién soy yo para decir nada? Si digo algo es tan sólo para equilibraos a vosotros dos». Es difícil no elegir, pero inténtalo; en todo... Cuando sientas odio, trata de irte al medio. Cuando sientas amor, trata de irte al medio. Lo que sea que sientas intenta irte al medio. Y te sorprenderás de que hay  un punto entre cada dos extremos donde ambos dejan de ser; donde no sientes odio ni sientes amor. Esto es lo que Buda llama upeksha, indiferencia. Indiferencia no es la palabra adecuada. Upeksha quiere decir: un punto tan en el medio que no eres ni esto ni aquello.
No puedes decir «Amo», ni «Odio». Sencillamente no puedes decir nada, estás simplemente en el medio. No te identificas. Ocurre una transcendencia, y esa transcendencia es el florecimiento. Esa es la madurez que hay que alcanzar, la meta. Negar la realidad de las cosas es no ver su realidad; afirmar el vacío de las cosas es no ver su realidad. Cuanto más hablas y piensas acerca de ello, más te alejas de la verdad. Deja de hablar y de pensar, y no habrá nada que no puedas saber.
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